La representación de la desnudez infantil en el arte es un tema que suscita controversia y debate en la sociedad actual. Es importante analizar este tema desde una perspectiva ética y cultural, considerando las implicaciones y los posibles efectos de dichas representaciones.
No propongo prohibir ni censurar nada. Me apresuro a aclararlo, porque sé por experiencia que tan pronto como alguien osa formular una crítica ética, en vez de estética, a una obra de arte, se alza un coro de voces acusadoras: ¡Censura! ¡Inquisición! ¡Corrección política! ¡Puritanismo!...
Como ahora sabemos (pero ha sucedido siempre), existe un problema gravísimo, masivo y universal de abusos sexuales cometidos por hombres poderosos contra mujeres y menores. ¿Tiene algo que ver en ello el arte? Si por “tener que ver” entendemos una relación inmediata y directa entre, por ejemplo, contemplar el cuadro Thérèse soñando o leer Lolita , y violar niñas, evidentemente no.
El arte, como escribe en el catálogo de la exposición Michiko Kono, “debe tratar lo feo, lo inmoral, lo cruel”; el arte “se caracteriza por su ambigüedad”; el arte es un juego.
El problema, como bien explica Mercedes Bengoechea en su contribución al libro colectivo El sustrato cultural de la violencia de género , es que “cuando toda una cultura ‘juega’ a lo mismo, deja de ser un simple juego. Y toda la cultura que nos rodea, sí, juega a lo mismo.
No es cualquier “crueldad” la que muestra, sino, con machacona insistencia, el sufrimiento de las mujeres: la ópera y la pintura están llenas de violadas y suicidas (Lucrecia, Dido, Tosca, Butterfly...), la iconografía católica, de Dolorosas, la publicidad o la fotografía de moda, de imágenes que evocan violación o muerte violenta, y todo ello con un aura de aprobación, de complacencia.
O, aunque sin violencia, la cultura nos muestra a las mujeres como objetos pasivos, inertes, ofrecidos a un varón deseante o depredador, desde las infinitas mujeres desnudas y tumbadas de la pintura clásica hasta esa poesía “amorosa” (Neruda, Salinas, Paz…) que describe a la amada no como una persona, sino como un cuerpo, a menudo mostrado no entero sino a trozos: los pechos, las piernas...
Y el problema, por último, es que quienes se sienten, comprensiblemente, incómodas o incómodos ante esas imágenes, textos o películas, no saben cómo, en qué términos, con qué argumentos, criticarlas, ni qué alternativas ofrecer.
Por mi parte, sugiero tres cosas. Una, leer a las y los teóricos que efectúan una crítica razonada y rigurosa del arte y la literatura desde una perspectiva social, política, de género, como los ya citados John Berger y las autoras de El sustrato cultural..., o como Griselda Pollock, Roszika Parker o Linda Nochlin para las artes visuales (¿cómo puede ser que sus libros no estén todavía traducidos?), Laura Mulvey o Teresa de Lauretis en el caso del cine.
De hecho, es lo que está haciendo ahora mismo el Thyssen: la exposición central es la de Balthus , cierto, pero otras tres, menos vistosas, la contrarrestan; me refiero a Pioneras , que expone obras de pintoras vanguardistas rusas (mujeres que son sujetos creadores, no objetos de la creación masculina), a la instalación The lightning testimonies, de Amar Kanwar, que recoge testimonios de violaciones en la India, y a Patriarcado , dos interesantes vídeos de Cristina Lucas y Eulàlia Valldosera que pudieron verse hasta el pasado 31 de marzo.
Tres: informar a las y los visitantes, no solo en el catálogo (donde este asunto apenas se aborda y se hace de forma, en mi opinión, excesivamente defensiva), sino en las cartelas, de la polémica. Museo Thyssen-Bornemisza. www.museothyssen.org.
El más famoso de ellos es sin duda Thérèse soñando (1938), que muestra a una niña de once años (su vecinita Thérèse Blanchard) recostada en una silla, con los ojos cerrados, la falda arremangada y las bragas a la vista. En el 2017, 12.000 firmas pidieron que fuera retirado de las colecciones del Metropolitan de Nueva York o por lo menos, “contextualizado”. ¿Por qué?
Antes de empezar con los gritos de rigor: ¡Censura!
A continuación, se presenta una tabla comparativa de algunas de las obras de arte mencionadas en el texto, junto con las controversias que suscitaron:
| Obra de Arte | Artista | Controversia |
|---|---|---|
| Thérèse soñando (1938) | Balthus | Petición de retirada del Metropolitan de Nueva York por considerarse inapropiada la representación de una niña en una pose sugestiva. |
| Sparta | Ulrich Seidl | Acusaciones de explotación infantil durante el rodaje, incluyendo acusaciones de ocultar la temática de la película a los menores y exponerlos a situaciones de desnudez y violencia. |
Tabla comparativa de obras de arte y controversias.
El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, ha dicho este miércoles, al invitar a los mejores estudiantes de la selectividad a acudir informales a una fiesta que se celebrará en su honor que "las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes, y los hombres, cuanto más vestidos, más elegantes".
El alcalde ha hecho este comentario durante una recepción en el salón de plenos del Ayuntamiento a los diez estudiantes de Granada que han obtenido mejores notas en la selectividad, a quienes ha entregado un diploma, y a sus familiares.
Tras entregarles la distinción y al invitarles a acudir de manera informal a la fiesta que tendrá lugar esta noche en su honor en un hotel de la ciudad ha dicho: "Lo que sí os pido a vosotros y a vuestros padres (..) que vamos a ir de sport, no vayamos a ir muy elegantes.
Por el contenido de algunas de sus películas, la polémica lleva décadas revoloteando insistentemente sobre Ulrich Seidl como las moscas alrededor del ganado. En ‘Canícula’ (2001), un hombre le coloca a otro una vela encendida en el ano y le obliga a cantar el himno de Austria; ‘Amor’ (2012), la primera entrega de su trilogía ‘Paraíso’, empieza con una colección de primeros planos de disminuidos psíquicos que tuercen el gesto mientras montan en unos autos de choque; en la segunda entrega, ‘Fe’ (2012), la protagonista se masturba con un crucifijo; su documental ‘Animal Love’ (1996) retrata a gente que mantiene relaciones extremadamente disfuncionales con sus mascotas.
El austriaco ha sido criticado por situarse por encima de sus objetos de estudio en busca de la humillación, la burla y el empeño en provocar; se le ha tachado de cínico, de pornógrafo, de misántropo.
Y ahora, además, se lo acusa de ser un explotador infantil a causa de lo sucedido durante el rodaje de su nueva película, ‘Sparta’, uno de los títulos que este año compiten por la Concha de Oro, y cuya proyección tendrá lugar este domingo.
Los responsables del Festival de San Sebastián llevan días defendiendo su decisión de mantenerla en el concurso pese a la controversia. “Solo una orden judicial que lo establezca nos llevaría a suspender una proyección programada”, afirma su director, José Luis Rebordinos.
Basada en hechos reales, ‘Sparta’ cuenta la historia de un hombre con tendencias pedófilas que enseña artes marciales a niños; fue rodada entre 2018 y 2019 en el noroeste de Rumanía.
El pasado 2 de septiembre, la revista alemana ‘Der Spiegel’ publicó un artículo en el que se afirmaba no solo que Seidl ocultó deliberadamente a los menores -actores no profesionales que durante la filmación tenían edades comprendidas entre los 9 y los 16 años- y a sus padres la temática de la película, sino que los chicos fueron “expuestos a alcoholismo, desnudez y violencia durante la producción sin disponer de la preparación y el apoyo adecuados”.
Completado tras una investigación de seis meses que incluyó entrevistas con docenas de miembros del equipo de filmación, el texto describía cómo, durante el rodaje, un niño de 10 años acabó llorando y vomitando tras ser incitado a consumir alcohol mientras era acariciado por adultos, y que otro intérprete había sido filmado compartiendo una ducha con un adulto mientras este se afeitaba los genitales.
A estas acusaciones se añadieron otras nuevas hace solo dos días, a través del semanario austriaco ‘Falter’. Una traductora que trabajó para ‘Sparta’ afirma que ella misma informaba a los responsables de seleccionar a los actores no profesionales en Rumanía de que no debían revelar el argumento de la película, y otro empleado asegura que Seidl animó a uno de los actores adultos a que se emborrachara antes de rodar una escena en la que debía insultar a un niño de 9 años.
El cineasta, por su parte, lo niega todo. “Los periodistas, sin molestarse en tener en cuenta la película en sí, denigran mi método de trabajo y me atribuyen intenciones que no pueden estar más alejadas de la realidad; no puedo permitir que eso quede sin respuesta”, replica en un comunicado publicado en su web oficial. “Ningún niño fue filmado desnudo o en una situación, postura o contexto de índole sexual. Durante el rodaje nunca sobrepasamos límites éticos ni morales”.
Sus palabras no impidieron que la película fuera retirada del Festival de Cine de Toronto, donde iba a celebrarse su estreno mundial hace poco más de una semana; el certamen alemán Filmfest Hamburg, asimismo, ha decidido retirar a Seidl el premio honorífico que tenía previsto entregarle a principios de octubre, aunque de momento mantiene ’Sparta’ en su programación en base a argumentos prácticamente idénticos a los que esgrime San Sebastián.
El festival “valora las películas en función de su interés y calidad”, explica Rebordinos, que ya se encontró en una situación similar el año pasado cuando defendió su decisión de conceder un Premio Donostia a Johnny Depp mientras pesaban sobre el actor acusaciones de maltrato doméstico.
Thérèse soñando de Balthus, obra que generó controversia por la representación de una niña en una pose sugestiva.
Análisis de la obra de arte: El método formalista y Heinrich Wölfflin | | UPV
“El espectador ve en el cuadro lo que el pintor sabe, pero el alma del cuadro es lo que el pintor ignora”. Leo esta reflexión que expresa los interrogantes del arte al salir de conversar con el artista Luis Gordillo (Sevilla, 1934).
Según sus escritos, la música provocó el descubrimiento de su conciencia creativa que luego ha desarrollado con la pintura.
¿Podría hablarme de este despertar estético? Aunque no sabía lo que estaba haciendo, mi actividad y mi experiencia artística empezó antes de la música.
Yo era muy niño y me iba al despacho de mi padre, que era médico, a escribir cuentos, en vez de jugar con mis hermanos. Yo tendría ocho o nueve años, pero no tenía una conciencia especial de estar haciendo algo artístico. Después vino la música, porque venía una profesora de piano a casa y nos daba clase a los ocho hermanos.
Aprendí a tocar el piano, y allí ya me di cuenta que improvisaba mucho, tenía una enorme facilidad. Me ponía a tocar libremente y sabía que allí ya había algo. Ahí me di cuenta de lo que era el arte, de lo que yo sentía cuando improvisaba.
Incluso pensé en dedicarme a la música. Y cuando pasé a la universidad -estudié Derecho- seguí tocando el piano. No, con la música sentía algo más profundo, porque lo que hacía con la pintura era algo todavía muy inicial. De hecho, dudé mucho si dedicarme a la música o a la pintura, pero desde luego me alegro mucho de haber optado por la pintura.
Yo pienso que la sensación de hacer arte, de expresarse artísticamente, está muy cerca del erotismo físico. Cuando se acierta, es una sensación tan atmosférica, tan amplia… Pienso que es un campo casi erótico, y también, en cierto modo, un campo cercano a la religión.
Pues no considero la pintura como una profesión, como la de un ingeniero. Pienso que la pintura es, más bien, una manera de ser, una manera de relacionarse con el mundo y, en el fondo, eso es la religión.
Desgraciadamente, yo he sido siempre una persona muy depresiva, y lo sigo siendo. Claro, la vida termina convirtiéndose en una lucha. La vida es problemática, para todos, pero sobre todo para unos más que para otros. Cuando tienes un carácter depresivo y angustioso como el mío, la verdad es que se pasa muy mal. Y creo que una de las maneras mías de librarme y de canalizar eso ha sido quizá el arte.
Es una parte negativa esencial en mi vida. Es un coñazo insoportable, esa es la verdad. Por otro lado, no tengo pruebas de que exista una relación entre mi manera de ser angustiosa y la pintura, de que sea una salida, etc. Pero pienso que puede serlo.
Es una manera de relatar, de hacer ejercicios de positivismo, de expresar el mundo negativo y soltarlo. No es tan anormal que eso sea así. Lo que pasa es que, a veces, la pintura llega a ser tan importante que te quedas sin nada, como al borde. Es una trampa.
Tú le concedes tanta importancia y te basas tanto en la pintura para sobrevivir que desechas muchas cosas. Pero tiene muchos más recursos. ¡Siempre he tenido mucha facilidad para escribir! ¡Y tengo el piano, y tengo a mi señora!
Pero cuando te hundes, te hundes del todo. Ya no tienes ganas de hacer nada, y la pintura es lo que más me ayuda.
Ahora bien, esta visión tan hospitalaria de la estética no creas que a mí me agrada mucho. De cara al lector, insistir tanto en eso -y aunque sea verdad- me da una impresión desagradable, como si estuviera presumiendo de estar angustiado. Yo, en mi vida normal, disimulo muy bien. Incluso tengo una parte irónica, un poco cachonda, una ironía un poco negra, que me sale espontáneamente.
Luis Gordillo, artista.
¿Cuál es su interés por la innovación permanente? ¿Tú te imaginas a un científico que no esté investigando algo que no se conoce? ¡No va a estar investigando algo que se inventó hace veinte años! En la ciencia eso es radicalmente así y, en el arte, no tanto. Pero yo veo las cosas que hacen los jóvenes y pienso, “¡Luis, te has quedado mustio!”.
El arte hoy día -no ya la pintura, puesto que los jóvenes apenas pintan ya-, es decir, las artes plásticas, las artes visuales, están en unos planteamientos que cada día llego menos. Entonces, lo que yo hago, ¿qué es? ¿qué valor tiene? Eso es algo que yo siempre me he cuestionado. Claro, tengo respuestas para defenderme de esto.
He cambiado mucho, cierto, pero han sido cambios distintos. Es como si fueras un conservador revolucionario, una cosa mixta, porque evidentemente hoy ningún pintor es un revolucionario.
Yo nunca he tenido la sensación de haber dado con una explicación escrita de mi obra. Yo puedo explicar cómo lo hago, qué siento, etc. Pero tengo la sensación de que soy torpe. Hay que echarle tiempo.
Los antidepresivos y estas cosas no me han hecho absolutamente nada. Entonces el paso siguiente es ir a una terapia de este tipo, que tampoco creo que sirva para mucho. Para mí, en cierto modo, hay también un erotismo en ello. Yo, ahora que ya tengo una experiencia larga con el psicoanálisis, pienso que el único psicoanálisis que realmente me sirvió fue el primero, que duró ocho años.
No me sirvió para quitarme la angustia, pero sí para trabajar bien y tener una vocación clara. Por otro lado, eróticamente hablando yo era un fracaso espantoso, y me arregló bastante, cosa que no es ninguna bobada. ¡Y es que lo que yo sufrí con las señoras en mi juventud fue espantoso!
La verdad es que ese psicoanálisis me puso en situación y, en el fondo, fue fantástico. Sin embargo, la angustia, la depresión, no me la quitó. Fíjate, yo he seguido con el psicoanálisis, no sé si teniendo esperanza de que me curaran, pero sí porque lo necesitaba.
Y esa necesidad es algo agradable, aunque sólo sea por el placer que te produce. Actualmente, voy cada quince días a un señor a soltar… A mí, la verdad, me viene muy bien hablar, soltar barbaridades. Además, como te dan libertad -la esencia del psicoanálisis es esa libertad absoluta-, no has de tener una normalidad en el lenguaje. En la base del psicoanálisis hay eso.
Tú sueltas y después esa materia que sueltas se va organizando.
Pero yo diría que en mi pintura, y en el arte en general, tú aportas realmente todo el inconsciente, todo ese material de borrachera. Y luego, día a día, eso se va metiendo en cajoncitos, y tú mientras tanto sigues con los dos lenguajes: uno liberatorio y otro encajador.
Un proceso de autoconocimiento... Yo soy muy pesimista a este respecto. Soy muy negativo. No tengo una visión de mí positiva. Evidentemente, es un motor. Pienso que todos los artistas lo tienen. Es una insatisfacción creativa, podría decirse. Eso, en mí, sí que funciona: cómo lo negativo se transforma en positivo.
Hay pintores -la mayoría- que tienen una juventud creativa, crean un estilo y luego se pasan el resto de su vida repitiendo. Hay algo mágico en ciertas cosas, que precisamente se dan cuando uno es joven y todavía no ha aprendido.
Fíjate, yo trabajo mucho con fotos. Ya en los años setenta las utilizaba. Y, por ejemplo, ya hace tiempo que trabajo con ordenador, a través de un taller que hace de pasadizo entre toda la técnica nueva y mis deseos. Las prestaciones que te da son muy estimulantes. Yo las he aprovechado, en cuanto me he dado cuenta de ellas. Es decir, que en mí hay una cabeza exploradora, pero se mantiene dentro del campo de lo pictórico.
Últimamente me he dado cuenta de un hecho. Yo antes disfrutaba muchísimo viendo las cosas nuevas. Hasta un determinado momento de mi vida, he seguido todas las cosas de la vanguardia, porque me interesaba mucho. Pero desde hace algún tiempo lo que más me interesa es la pintura italiana, la del Renacimiento, la del manierismo y la del Barroco.
La tensión entre el caos y la forma es un elemento central de su personalidad y su estética. ¿Cómo lleva esa tensión entre la libertad y el control?.
Cuando se habla del caos y de la forma, eso me recuerda que mi padre era de Valladolid, muy castellano, de una familia muy buena. Y mi madre, en cambio, era de la cava de los gitanos de Triana, por tanto ni siquiera del proletariado. ¡Y la familia de mi padre bajó y la de mi madre se hizo millonaria! Tenían una fábrica de ladrillos fantástica y, en cierto modo, se encontraron en la mitad del camino. Una traía el caos, la otra, la forma de una clase distinguida.
El Premio Berggruen de Filosofía y Cultura, fundado por el Instituto de Nicolas Berggruen, ha premiado este año a la filósofa Onora O’Neill, Baronesa O’Neill de Bengarve, con 1 millón de dólares.
Su trayectoria filosófica no se ha limitado a la docencia en las aulas de Universidades como Columbia o Cambridge, sino que ha transcendido al ámbito político. Entre otros muchos cargos es Miembro de La Cámara de los Lores, forma parte de la Comisión para la Igualdad y los Derechos Humanos, ha sido presidenta de la Academia Británica, es miembro del Consejo Nuffield en Bioética y de la Comisión Asesora de Genética Humana.
No ha habido grandes premios en humanidades y en ciencias sociales. Pienso que el premio refleja la función de liderazgo de la Fundación en la comprensión de que, hoy en día, decir que la ciencia es ciencia y que nada más es necesario es una declaración obsoleta.
En el siglo XX, en concreto desde la década de 1930, corrientes de pensamiento como el positivismo lógico afirmaban que la ética, junto con la metafísica, la religión o la estética, carecían literalmente de significado. Consisten en un mero conjunto de afirmaciones que no se pueden justificar.
Esta forma de pensar se extendió por muchas universidades, desde Argentina a Canadá, pasando por Australia, EEUU y Reino Unido. Ante este nihilismo hubo una respuesta pública que fue el movimiento por los derechos humanos, la Declaración Universal de 1948 de Naciones Unidas y la Convención Europea de 1950.
Y se crearon las instituciones encargadas de que esos derechos se cumplieran. Lo grave era que este impulso para restablecer un relato sobre la justicia había abandonado la ética. Se pensaba que la ética era personal, subjetiva.
Algunos hablaban de valores personales, elegidos por cada persona, por lo que se vió la necesidad de un debate público sobre criterios éticos comunes. Y ahí es donde Kant podía aportar sus argumentos. Mi pregunta era: ¿tiene Kant esos argumentos?, ¿son buenos? He pasado todos estos años intentando aclararlo.
Sin duda. Si quiero tener una razón que pueda convertirse en razón para todos, por ejemplo ética, política, o sobre la justicia, tengo que asegurarme de que lo que doy como razón puede ser aceptable para todos. No es que todos tengan que estar necesariamente de acuerdo con ella, sino que todos puedan entenderla como un modo de actuar razonable.
La confianza es una de las bases de la sociedad como usted bien ha dicho. Las pruebas empíricas de la falta de confianza son mucho peores de lo que la gente cree. En Reino Unido se sigue confiando mucho en profesiones como la de juez o enfermera. Pero es cierto que algunos medios de comunicación se comportan muy mal.
Me ha asombrado mucho The New York Times estos últimos días, con su campaña contra el presidente Trump, aunque quizá con razón pero, ¡menuda campaña!.
En cuanto a la confianza en general, tendríamos que hablar mejor de fiabilidad, porque tenemos confianza sólo en personas o instituciones fiables. Me parece un error insistir tanto en los derechos sin poner en relación con ellos los deberes. Los héroes o los santos del pasado pensaban en qué debían hacer ellos, no en qué les deberían dar. Porque qué debemos hacer es una cuestión básica.
Por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial se hizo hincapié en el deber patriótico, en la idea del deber de servir al rey y al país. Luego, cuando la guerra resultó tan terrible y desastrosa, la población se volvió en contra del deber patriótico. Sin embargo, el deber no ha de ser algo relacionado con los valores subjetivos y personales. Tenemos que compartir valores para vivir en sociedad.
No debemos caer en una concepción errónea de la libertad y la autonomía. La libertad humana se puede usar con fines morales o no. Pero se usa con fines morales sólo cuando al actuar adoptamos principios que son válidos para todos. Kant nunca habló de personas autónomas, porque la autonomía no atañe a la persona sino al principio.
Si la autonomía correspondiese a la persona, los actos morales serían sólo decisiones arbitrarias de los individuos, tal como defiende el existencialismo. No engañar es uno de los deberes fundamentales. Cuando miro la tecnología, me pregunto si de aquí a 20 años tendremos democracia, porque si no encontramos formas de solucionar esto no la tendremos.
Las personas están recibiendo mensajes y contenidos distribuidos por robots, no por otros seres humanos, y mucho menos por conciudadanos. Aun cuando quisiéramos hacerlo, sería muy difícil reglamentar la parte de Internet a la que accede la mayoría. En primer lugar, por las múltiples jurisdicciones; y segundo, porque a los responsables de las redes sociales y a los proveedores de servicios de Internet es técnicamente muy difícil exigirles que funcionen como editores.
Si la información se publica con una identidad adecuada, el individuo es responsable del contenido, pero si es anónima, el proveedor del servicio de Internet tendría que asumir la responsabilidad. Vivimos tiempos peligrosos.
El uso inadecuado de los canales de comunicación públicos es tan contaminante y poderoso que debilita la base de la política democrática propiamente dicha. La sociedad ha progresado de manera sorprendente pero no parece que este progreso esté haciendo a la gente más feliz. Es extremadamente aterrador y resulta muy difícil saber qué ocurre realmente.
Cada tragedia es individual, pero no es infrecuente en las personas que sientan que nadie las quiere, que todos las odian y que son inútiles. A veces, en los colegios, los niños se unen contra un niño en particular. Leemos noticias de padres que tienen que cambiar a sus hijos de colegio. Es crucial mantener una buena comunicación con los hijos, porque en cuanto empiezan a ocultarse se convierte en un problema enorme. Mi hijo y su esposa, por ejemplo, se aseguran de que su niño en el colegio tenga mucho deporte, mús...
