Soy Lidia Sánchez y en este post quiero hablar sobre una de las preocupaciones más comunes después de dar a luz: recuperar el peso ideal. Muchas veces, nos preguntamos si debemos ponernos a dieta y cómo esto puede afectar la calidad de la lactancia materna. Primero, es esencial recordar que la naturaleza es sabia. Esos 5 a 10 kilos que ganaste durante el embarazo no están ahí por casualidad. Están destinados a ser usados durante la producción de leche materna, así que no te estreses innecesariamente por ellos.
¿No Adelgazas Dando el Pecho?
Este es un tema que genera mucha curiosidad y, a veces, preocupación. La lactancia materna puede ayudar a perder peso, pero el momento y la rapidez con que esto ocurre pueden variar considerablemente entre una madre y otra. Aquí te explicamos algunas razones:
- Tu cuerpo está en modo conservación: Durante la lactancia, tu cuerpo puede aferrarse a las reservas de grasa para asegurarse de que tienes suficiente energía para producir leche y cuidar de tu bebé.
- Cambios hormonales: Puede que no adelgaces dando el pecho porque las hormonas juegan un papel crucial durante la lactancia.
- Mayor apetito: Amamantar quema calorías, pero también puede aumentar tu apetito.
- Sueño y estrés: El cuidado de un recién nacido puede ser agotador y estresante, lo que puede afectar tus niveles de cortisol, una hormona que puede dificultar la pérdida de peso.
- Actividad física: Tal vez no tengas tiempo ni energía para hacer ejercicio como antes, y eso es completamente entendible.
- Genética: Cada persona tiene un metabolismo diferente. Algunas mujeres pierden peso rápidamente durante la lactancia, mientras que otras lo hacen más lentamente o incluso no ven cambios hasta después de dejar de amamantar.
Recuerda, lo más importante es que estás haciendo un trabajo increíble alimentando a tu bebé. Tu cuerpo ha pasado por muchos cambios y necesita tiempo para encontrar su nuevo equilibrio. No te presiones ni te compares con otras mamás.
Factores que Influyen en la Pérdida de Peso Durante la Lactancia
En términos generales, muchas madres pueden empezar a notar una pérdida de peso gradual alrededor de los 3 a 6 meses de estar amamantando.
- Inicio de la lactancia: Durante las primeras semanas después del parto, muchas madres experimentan una pérdida de peso inicial debido a la pérdida de líquidos retenidos durante el embarazo y al tamaño del bebé y la placenta.
- Demanda energética: Amamantar quema calorías adicionales. Se estima que la lactancia materna puede quemar entre 300 y 500 calorías al día.
- Duración de la lactancia: Algunas madres pueden empezar a notar una pérdida de peso más consistente después de los primeros tres meses de lactancia, cuando la producción de leche está bien establecida.
- Metabolismo y genética: Cada cuerpo es único. Algunas mujeres pierden peso rápidamente, mientras que otras lo hacen más lentamente.
- Estilo de vida: Mantener un estilo de vida activo y una alimentación equilibrada también influye en la pérdida de peso.
- Estrés: El estrés y la falta de sueño pueden dificultar la pérdida de peso.
Ten en cuenta que la pérdida de peso al amamantar puede variar ampliamente entre mujeres, pero en términos generales, la lactancia materna puede ayudar a perder entre 0.5 y 1 kilo al mes. Es importante recordar que la pérdida de peso debe ser gradual y saludable.
Infografía sobre la relación entre lactancia y pérdida de peso.
¿Qué Hacer Si No Adelgazas Después del Parto?
Si no adelgazas después del parto es normal que estés un tanto agobiada. Aquí te damos algunos consejos:
- Apuesta por una alimentación equilibrada: Opta por una dieta rica en nutrientes que incluya frutas, verduras, proteínas magras y granos enteros.
- Hidratación: Bebe mucha agua durante el día.
- Haz ejercicio: Una vez que tu médico te dé luz verde, comienza con ejercicios suaves como caminatas, yoga postnatal o estiramientos.
- Descansa: Aunque puede ser difícil con un recién nacido, trata de descansar y dormir lo suficiente.
La Importancia de la Lactancia Prolongada
El concepto de lactancia prolongada se emplea de forma inexacta. Una acción se describe como “prolongada” cuando tiene unos límites concretos, que no es el caso de la lactancia materna. En las sociedades tradicionales la lactancia prolongada era lo común. Por lo tanto, no deberíamos emplear el término “prolongado" para todas las lactancias, puesto que cada mujer decide cuánto tiempo quiere emplearla como fuente de alimentación a su hijo.
No existe un estándar y una duración adecuada. Pero sí unas recomendaciones sustentadas con evidencia científica de que cuanto más se alargue mayores beneficios obtendremos. Estos beneficios se asocian a la disminución de la malnutrición infantil en países subdesarrollados, en los cuales el acceso a una alimentación sana y equilibrada resulta un reto diario.
Hace dos siglos nadie hablaría de lactancia prolongada, puesto que se alimentaba a sus hijos al pecho durante el mayor tiempo posible, o hasta que la mujer deseara, lo que solía ocurrir hasta los dos años de edad. Es a partir del siglo XX, con la industrialización generalizada y la aparición de leches de fórmula cuando se comenzó a publicitar que estas eran superiores a la leche materna.
En el niño: a nivel sanitario se observan sus beneficios tanto durante el tiempo de amamantamiento como en los siguientes años de vida, disminuyendo la incidencia de cáncer, enfermedades autoinmunes o metabólicas como la diabetes. En la madre: la lactancia materna disminuye la incidencia de cáncer de mama y de ovario. Además disminuye el riesgo de padecer obesidad y diabetes tipo 2.
Aunque existen muchos mitos y leyendas respecto a los riesgos que supone para la madre la lactancia prolongada, la realidad es que actualmente existe poca evidencia científica que la respalde. Tradicionalmente se ha comentado la posibilidad de pérdida dentaria y pérdida de masa ósea.
Se ha hablado mucho de las posibles complicaciones sobre dar de mamar embarazada de nuevo. La realidad es que no aparecen tales complicaciones. Tan sólo en algunos casos determinados se podría plantear su retirada, como si se da una amenaza de parto prematuro, en los cuales se deben de evitar cualquier estimulación oxitócica.
El útero gestante tiene receptores de oxitocina que son los que desencadenan contracciones. Durante el proceso de mamar se activa la secreción endógena de oxitocina y ésta puede favorecer o desencadenar contracciones.
Investigación Reciente sobre Lactancia y Obesidad
Evidenciar que las crías de roedores que se alimentan con lactancia materna durante más tiempo tienen menos probabilidades de ser obesas durante la edad adulta, incluso expuestas a una dieta rica en grasas, ha sido el último hito científico del equipo de investigadores gallegos del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN), el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular e Enfermidades Crónicas da USC (CiMUS) y el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS). El trabajo, publicado en la revista Nature Metabolism, ha sido dirigido por Luisa María Seoane.
“Estamos muy satisfechos porque, por primera vez, hemos descrito el mecanismo mediante el cual la lactancia protege frente al desarrollo de obesidad con efectos a largo plazo en la edad adulta”, señala Luisa Seoane. Este fenómeno puede explicarse, según los autores, por la liberación de una proteína conocida como factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21) desde el hígado, que puede llegar al hipotálamo, la región del cerebro que desempeña un papel clave en el control del consumo y la utilización de energía en el organismo.
Una vez en el hipotálamo, el FGF21 activa los receptores de dopamina, un neurotransmisor con múltiples funciones biológicas. Aunque se ha estudiado ampliamente el impacto de la nutrición materna en la descendencia, los mecanismos por los que la lactancia materna influye en el equilibrio energético a lo largo de la vida todavía no se conocían.
Los investigadores aclaran que “se necesitan investigaciones futuras para determinar si estos efectos ocurren también en humanos a través de estudios clínicos y comprender mejor los beneficios metabólicos a largo plazo de la lactancia materna”.
Recomendaciones Adicionales
La alimentación de la madre lactante es uno de los temas más recurrentes en la consulta de nutrición. Debemos recordar que los pilares básicos de nuestra salud son seguir una alimentación saludable, evitar el estrés, tener un buen descanso y seguir una vida activa, evitando el sedentarismo. Éstas serían como las “cuatro patas” que hacen que la “silla de nuestra salud” se mantenga estable. Pero es verdad que, con un bebé pequeñito en casa, algunos de estos aspectos, como el de tener un buen descanso, pueden verse afectados, sobre todo en según qué épocas.
Lo que sí está claro es que las mujeres que amamantan recuperan más rápido y mejor la “figura” (evidencia A), sobre todo si la lactancia materna dura más de 6 meses (AEP). Uno de los mayores factores de riesgo que impiden perder los “kg de más” ganados durante la gestación es el posible exceso de peso de la madre previo al embarazo. De ahí la importancia de empezar un embarazo con un peso saludable. Además, otro factor a tener en cuenta son los hábitos alimentarios que se han seguido durante la gestación, y si el aumento durante el embarazo fue muy grande.
Por supuesto, no es buena idea hacer durante la lactancia (ni en cualquier otro momento de la vida) dietas absurdas, desequilibradas y milagrosas, saltarse comidas o seguir pautas y recomendaciones similares sin base científica de ningún tipo. Evita cualquier tipo de dieta “con nombre propio y apellido” y, a pesar de todo, no se ha de hacer una dieta restrictiva ni de menos de 1.800kcal/día. Lo que sí está demostrado es que una dieta controlada y equilibrada no afecta a la cantidad ni a la composición de la leche materna. La criatura sigue ganando peso mientras la madre se adelgaza de forma controlada y saludable.
Lo mismo que en cualquier otra época de la vida, si se quiere que el adelgazamiento se mantenga, es importante hacer ejercicio, además de la dieta. En este sentido, se recomienda llevar una vida saludable y seguir una dieta equilibrada, limitando alimentos superfluos, cárnicos procesados, embutidos, quesos grasos, salsas, ultraprocesados, comida rápida, etc.
- Dar el pecho, lactancia materna.
- Seguimiento frecuente por parte de un Dietista-Nutricionista: con objetivos saludables, realistas, sencillos y accesibles.
- Minimizar el sedentarismo.
- Persistencia y autocontrol: perder peso es un objetivo a largo plazo, lo alcanzaremos sin prisas y caminando pasito a pasito.
- No está prohibido picar entre horas, pero que sea saludable.
- Disminuir un poco el tamaño de la ración.
- Para beber: agua.
- Para comer: “comida real”.
Es conveniente acudir a un profesional, Dietista-Nutricionista, para realizar una dieta realista que ayude a la mamá a conseguir sus objetivos de la manera más adecuada, ya sea para perder peso durante la lactancia o para poner orden en sus hábitos alimentarios, los de ella y de toda la familia.
Ahora ya sabes por qué no adelgazo dando el pecho. Conociendo las causas y la solución que puedes llevar a cabo, es el momento de relajarte y disfrutar de esta bella experiencia que te está regalando la vida.
¿Qué COMER en la LACTANCIA? 🥕🍗 Alimentos para Mamás Lactantes
Uso de Fármacos para la Pérdida de Peso Durante la Lactancia
En los últimos años, tratamientos como la semaglutida (Ozempic, Wegovy), tirzepatida (Mounjaro) o liraglutida (Saxenda) han ganado popularidad como fármacos efectivos para controlar el apetito y reducir peso. Sin embargo, es crucial considerar lo siguiente:
- Falta de estudios en humanos: Ninguno de estos medicamentos ha sido evaluado adecuadamente en mujeres lactantes.
- Posible paso a la leche materna: Aunque no hay datos concluyentes, se sospecha que estos fármacos, al ser moléculas relativamente grandes (análogos de GLP-1 y GIP), podrían pasar a la leche materna en pequeñas cantidades.
- Riesgo vs. beneficio: En medicina, muchas decisiones se toman valorando el riesgo y el beneficio.
Aunque se trate de una lactancia prolongada -como ocurre en muchas madres que continúan con tomas ocasionales después del primer año-, la recomendación médica no cambia. Afortunadamente, hay muchas maneras de abordar el control del peso sin comprometer la seguridad del bebé ni la salud de la madre.
Si estás dando el pecho, incluso aunque tu bebé ya tenga más de 2 años, no es recomendable utilizar semaglutida, tirzepatida ni liraglutida. Si tienes dudas o necesitas orientación personalizada, habla con tu médico o nutricionista de confianza. Pierde peso con la ayuda de nuestros especialistas.
