La lactancia materna es un proceso natural, pero a veces puede requerir adaptaciones y herramientas para asegurar que tanto la madre como el bebé tengan una experiencia positiva. Uno de estos recursos son las pezoneras, que han evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. Este artículo ofrece una visión detallada sobre el uso de pezoneras, abordando desde su historia hasta consejos prácticos para su utilización y cómo manejar problemas comunes como los gases en el bebé.
Evolución de las Pezoneras
Hace algunos años, las pezoneras eran vistas con recelo. Las más antiguas estaban hechas de materiales como cristal, plata o marfil. En los años 70-80, las pezoneras eran parcialmente de látex o de caucho rígido, duras y muy voluminosas, similares a las tetinas de los biberones. Debido a su rigidez y forma, el bebé no podía succionarlas adecuadamente, y la estimulación del pecho, crucial para la regulación de la producción de leche, no era óptima.
Afortunadamente, las pezoneras actuales son de silicona fina y muy blandas, lo que facilita una mejor adaptación y experiencia tanto para la madre como para el bebé.
¿Son Todas las Pezoneras Iguales?
No, no lo son. Las marcas más efectivas se diferencian por disponer de tallas. Las tallas permiten evitar que el pezón sufra durante su uso. Si la pezonera es pequeña para el pezón, este rozará contra la pared del capuchón, lo que producirá dolor y heridas.
Cuándo Considerar el Uso de Pezoneras
Las pezoneras pueden ser una herramienta útil en diversas situaciones:
- Cuando un bebé no se agarra al pecho: Después de haberlo intentado con ayuda de personal experto.
- Cuando el bebé rechaza el pecho: Después de haber iniciado la lactancia mixta o similar, es decir, que le hayan ofrecido biberón.
- Bebés prematuros: Los bebés prematuros se cansan al succionar y las pezoneras pueden ayudarlos a succionar más rato y con mayor efectividad.
- Madres con pezones muy planos o invertidos: Siempre vamos a fomentar una primera impronta temprana, es decir, que en la media hora después del parto el bebé inicie la lactancia materna por sí mismo.
Cómo Utilizar Correctamente las Pezoneras
Las pezoneras no se dejan sobre el pezón y la areola, es necesario evertir las alas para que la pezonera haga el vacío y se agarren al pezón.
Cómo y Cuándo Dejar de Usar Pezoneras
Para poder quitar la pezonera debemos tener claro que el bebé pueda prescindir de ellas. Si se enfada, las ponemos de nuevo inmediatamente. De todas maneras, sabemos que los bebés suelen dejar las pezoneras ellos solitos sobre los 3-4 meses. Llega el día en que ellos mismos las rechazan y se puede iniciar una lactancia sin pezoneras.
Problemas Comunes y Soluciones
Ingurgitación y Subida de la Leche
La subida de la leche o plétora se produce generalmente unos tres días después del parto. Otras veces la transición entre el calostro y la leche madura es gradual y suave, por lo que no causa síntomas. Esto no es nada preocupante y nunca debe hacer pensar que la madre “no tiene leche” o “no le ha subido la leche”.
En los casos de plétoras muy molestas o dolorosas, se puede intentar bajar la inflamación con medidas físicas como aplicación de frío después de las tomas y calor húmedo justo antes. Siempre con cuidado y según los resultados y el alivio que produzcan a la madre. Y especialmente se indica intentar un masaje de drenaje linfático sencillo conocido como “Presión Inversa Suavizante”. Después de la subida de la leche a menudo durante los primeros días se producen ingurgitaciones del pecho en diferentes momentos. Las medidas físicas de calor, frío y masajes también pueden ser de gran ayuda. En todo caso si se usan extractores ha de hacerse con precaución y según su efecto. Lo ideal es que la lactancia logre regularse de forma natural con el bebé mamando normalmente y a demanda.
Grietas en el Pezón
En ocasiones, puede aliviar aplicar crema de lanolina purificada, cuyo efecto es favorecer una cicatrización en húmedo, y evitar por lo tanto la formación de costras duras y secas que son arrancadas por el bebé en cada toma. Otras veces aparecen grietas en lactancias más avanzadas y pueden ser debidas a afecciones dermatológicas como por ejemplo eccemas; que suelen causar enrojecimiento picor y piel seca o descamada. Suelen ocurrir en madres con piel sensible y que han tenido eccemas en otras partes del cuerpo.
Solución para evitar los gases en los bebés
Gases en el Bebé
El niño cogía mucho aire y tenía la barriga como un globo con el ombligo salido hacia afuera incluso, no solo por las pezoneras, probablemente por el agarre deficiente aún con ellas, ya que si el agarre es bueno, no hay razón para que entre aire, ni con ni sin pezoneras.
Efectivamente tenía mucha tensión cervical y craneal y obviamente gases, de ahí su barriguita hinchada.
Experiencia Personal
Alejandro nació por parto inducido tras 31 horas de bonita espera por rotura de bolsa. Al nacer pesó 3,430 gramos de amor. Pasamos dos días en el hospital y de vez en cuando venía alguna matrona a revisar el agarre, a ver si estaba bien, si el bebé comía… Yo había leído que al principio el bebé dormía mucho para recuperar fuerzas del parto y después ya no tanto y así fue. La segunda noche Alejandro lloraba bastante más que la primera que casi no lloró y ya la tercera (primera en casa), no olvidaré la mirada mía y de mi marido: a las tantas de la madrugada sentados con él llorando en brazos, pensando “qué hemos hecho”. El pobre mío estuvo toda la noche llorando sin parar y el problema era que tenía mucha hambre, muero de pena aún al recordarlo.
En fin, no supe en ese momento interpretar las señales de él pero sí las mías. Seguro que sabéis esa sensación de “algo no va bien” que se te engancha en la barriga y sube al pecho y no para de darte vueltas en la cabeza ¿verdad? Desde el hospital ya me lo parecía, Alejandro daba dos chupetones fuertes al pezón y ya está; después ponía como cara de “asco”, que no era tal, sino de esfuerzo. Las matronas que pasaban me indicaban que no tendría ganas, que todo estaba bien… Tan sólo una se fijó en mi pezón y vio que no lo tenía lo sacado que se supone que debería y me dio un ingenioso artilugio: una jeringuilla para hacer el vacío y sacar el pezón. Como sospechaba que la cosa no iba bien, sobre todo por su llanto, ya que yo no sabía qué se sentía al tener a un bebé mamando bien en el pecho, me saqué leche y se la di con una cucharita primero y después con una jeringuilla al lado de mi pezón para que aprendiese a succionar (truquitos que se me iban ocurriendo, guardados en algún rincón de mi mente gracias algunas lecturas como “Somos la leche” de Alba Padró).
Al quinto día de nacer mi bebé pesaba 2.840, había perdido muchísimo peso, mi matrona revisó el agarre y mi pezón y mandó corriendo a comprar pezoneras a mi marido. Me enseñó a ponerme las pezoneras y estuvo con nosotros casi dos horas mientras Alejandro hizo su primera toma correctamente. Me dijo que más adelante podría quitarlas, pero yo, en aquel momento, tras sentir lo que era que mi hijo comiese bien (casi orgásmico), ni lo pensé.
Al principio empecé a quitarlas en mitad de alguna toma, lo dejaba empezar con la pezonera en un momento se la quitaba y lo dejaba mamar sin pezonera y luego volvía a ponerla para finalizar, según fuese viendo su reacción. Al principio con mucho miedo a que perdiese peso por quitarlas pero nunca perdió, al revés, ganaba unos 200 g a la semana. Así lo fui haciendo, hasta que en un par de días empecé a quitársela en algunas tomas completas. En las tomas en las que quería estar más cómoda, se la dejaba puesta, como por ejemplo si estaba yo comiendo, al tener mucho pecho y el pezón que sobresalía poco, tengo que sujetar la teta con la otra mano y era más cómodo dejar la pezonera porque así él mismo sujetaba el pecho mamando.
Hoy miro atrás y siento que estoy muy orgullosa de como lo he hecho, actualmente Alejandro tiene 4 meses y ya ni nos acordamos de ellas.
