La Otra Cara de la Maternidad: Una Realidad Compleja

La maternidad, a menudo idealizada, presenta una realidad mucho más compleja y desafiante. Más allá del amor incondicional, implica sobrecarga, cansancio y un constante reto para la salud mental. La cara bonita, dulce y tierna es conocida por todos, pero lo amargo, los llantos y los quebraderos de cabeza parecen venir de serie con el hecho de dar a luz y pocas veces se pone en el centro del debate.

Agotamiento Mental: Una Epidemia Silenciosa

Las mamás españolas están agotadas mentalmente. Un alarmante 78% de las madres en España reconoce sentirse "mentalmente sobrecargada", frente al 67% de la media europea, según el último informe 'El estado de la maternidad en Europa 2024'. Esta cifra refleja una realidad innegable: la maternidad también implica sobrecarga, cansancio y un reto constante para la salud mental.

La depresión posparto, la ansiedad o el 'burnout' materno se han convertido en un problema creciente y, aunque cada vez más visible, sigue siendo un tema que cuesta abordar en políticas sociales y en la vida diaria. A ello se suma la eterna ecuación de la conciliación personal y laboral, que aunque va dando pasos, aún arrastra desigualdades.

Y, por suerte o por desgracia, son muchas las mamás que no pueden tirar solas del carro. Porque la maternidad debería ser cosa de familia, pero demasiadas veces recae casi en exclusiva en ellas.

Libros que Iluminan la Realidad Materna

En los últimos años, los libros se han convertido en aliados valiosos, publicándose un sinfín de títulos que invitan a reflexionar, relativizar y, sobre todo, a sentirse menos "mala madre" cuando sientes que la etapa de crear una familia es más agria que dulce.

Desde Informalia han hecho una selección de libros que ponen palabras a lo que tantas madres padecen (y sienten) en silencio. Que la maternidad es maravillosa, ya lo sabemos, pero también puede ser una amargura.

Títulos Recomendados:

  • Querida yo: tenemos que hablar: La psicóloga Elizabeth Clapés firma un libro que, aunque no está escrito solo para madres, resulta un salvavidas para cualquiera que viva en ese torbellino de rutinas, emociones y hormonas que terminan en la misma pregunta de siempre: "¿Qué me pasa?". La autora propone un viaje sincero por las luces y sombras del día a día, invitando a parar, conocerse, aceptarse y, sobre todo, perdonarse. Porque ninguna mujer -y ninguna madre- es perfecta ni nace sabiendo.
  • Gracias al miedo, una historia de valentía, descubrimiento y amor incondicional: Fue en el verano de 2023 cuando Cristina Pedroche dio a luz a su primera hija, Laia. Hoy, ya es mamá de dos. Pero por aquel entonces, como llevamos repitiendo a lo largo de este artículo, el miedo se apoderó de su libertad, de su esencia y de su vitalidad. Un amor sobreprotector que terminó desbordando a una mamá llena de ilusión.
  • La otra cara: Esther Ramírez Matos, psicóloga y docente del IESMP, acaba de publicar La otra cara, una novela que aborda desde la ficción la crudeza de la depresión posparto, sobre todo por lo invisible del sufrimiento materno. La protagonista, Nélida, acaba de dar a luz y, en lugar de encontrarse con la imagen idílica de la maternidad que a menudo se presenta en la sociedad, se enfrenta a una serie de emociones desconocidas y desafíos incomprensibles.

Depresión Posparto: Un Problema Invisible

“Nunca antes se había sentido tan indefensa, tan expuesta, tan desnuda como desde que era madre. No era una madre poderosa, hermosa ni con dorados cabellos como salían en las fotos. La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que afecta a algunas mujeres después del parto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión posparto afecta a aproximadamente el 10-15% de las mujeres en todo el mundo. Sin embargo, esta cifra puede subestimar la prevalencia real debido a la falta de informes y de diagnósticos precisos.

Pese a que influyen factores culturales, sociales, económicos y de atención médica, es importante destacar que se trata de un problema de salud mental que puede afectar a mujeres en todas las regiones y de todos los grupos demográficos. De hecho, la protagonista de esta historia tiene una situación cómoda: ella y su pareja tienen estudios superiores, un buen empleo, una vivienda. Pero su tránsito estaba siendo complejo, arduo, y, sobre, todo se sentía enormemente incomprendida.

El sufrimiento enorme de la protagonista es palpable en toda la novela, pero nadie parece darle importancia. Ni su madre, ni su pareja, ni sus amigas (a las que ya ni ve). ¿Estamos ciegos ante el sufrimiento materno?

“Se dan varias circunstancias. Las mujeres podemos tender a ocultar más de la cuenta acerca de nuestra salud mental y sobre todo en la maternidad. Podemos incluso aparentar felicidad e interiormente estar muy tristes. La novela está atravesada por muchos temas: la relación con nuestras madres, el dolor de nuestras infancias y su influencia en la vida adulta, la cuestión del retraso de la maternidad, el deseo materno, la relación de la maternidad y el trabajo, cómo cambia la relación de pareja tras la maternidad y el papel de cada cual, la soledad inmensa, el nulo sostén a las madres, la falta de dispositivos de detección de problemas de salud mental…

Ramírez cree que, para empezar, es clave la información. “Tener información nos ayuda a entender que esta realidad existe, que podemos vivir esta noria emocional y que muchos de nuestros cimientos se mueven en el posparto. Esto ayudaría a que las madres y familias vayan más preparadas a la maternidad. Además, necesitamos que se promuevan redes de contención para las madres que, en caso de necesitarlo, sujeten todo ese dolor y movimiento emocional.

Experiencias Personales: Un Reflejo de la Realidad

Hasta el día que supe que estaba embarazada, dudaba de si quería ser madre o no. Lo buscábamos, pero era una división constante, con miedo de perder mi vida: trabajar tanto como quería, deporte, montaña, pareja... Durante el embarazo me sentía juzgada por no mostrar una felicidad absoluta. Tenía miedo de lo que venía. Me encontraba muy bien y pude hacer vida normal hasta el final. No tenía una idea concreta de parto, no quería generar expectativas. Quería que fuera bien, eso era todo. Desde que rompí aguas hasta que tuve mi hijo en brazos pasaron 28 horas. Finalmente acabó en cesárea pero los dos bien. El posparto, horrible: el bebé llorando, yo también.

No entendíamos qué le pasaba, enganchado todo el día al pecho, uno te dice una cosa, el otro otra y cada vez que le tocaba comer yo miraba al cielo. Enfadada con el curso preparto. Mucho hablar del parto y del romanticismo de la lactancia materna, pero no de los inconvenientes que tiene y de los altibajos emocionales. No te explican que no pasa nada si sientes que no estás enamorada del hijo. Pasé al biberón y empecé a disfrutar.

Un parto precioso gracias, en parte, a la anestesia, el apoyo de mi pareja, al gran trabajo del equipo asistencial, y también, supongo, a mi calma y confianza de que todo iría bien. Los primeros días, el estado de euforia me mantenía con mucha energía, pero después vino el bajón. He pasado momentos muy duros porque mi pequeño no se agarraba bien al pecho y me hacía mucho daño, pero yo no he desfallecido. No se debe esconder la dureza de los primeros meses, porque muchas madres sufren en silencio y no es justo que nos tengamos que sentir tan solas. Tener dudas y miedos es lo más normal del mundo y no por ello nos tenemos que sentir malas madres.

Hace cinco años que vivo en Dinamarca, tres de los cuales con mi pareja, un chico holandés. La sorpresa fue cuando fuimos a la primera ecografía y nos dijeron que estaba embarazada de gemelos. No había leído mucho sobre el tema, así que todo lo cogí con ganas y sin miedos. La comadrona nos dijo que necesitaríamos ayuda externa al menos el primer mes después del parto, por lo que mis padres, jubilados, se mudaron a Copenhague dos meses. Nos ayudaron mucho. Recuerdo un último mes de embarazo muy duro y sintiéndome muy sola los meses antes del parto (me obligaron a dejar de trabajar en la semana 23) y después de que se fueran mis padres.

Le intenté convencer de que estábamos bien y de todo lo que no podríamos hacer. Al final claudiqué y ya tenemos dos hijos. El primer parto fue provocado porque no quería salir y, cuando me lo trajeron, mi pareja me explicó cómo se cogía, ya que yo no lo había hecho nunca. Tuve depresión posparto. El segundo fue parto natural y, en contra de lo que se dice, me fue mejor. El primero era absorbente, y con dos debía repartir el tiempo. Todo más tranquilo. La idea del segundo era mía, porque soy hija única y quería que al menos hicieran piña entre ellos. Fallo. Se llevan menos de dos años y cada uno va por libre. La vida te pone en su sitio. Ahora toca decir que los amo mucho y no me arrepiento de la decisión.

Todo la vida huyendo de la maternidad. A los 38 me enamoro y quiero ser madre. La vida manda, rechazo hormonarme. Duelo superado. Descartado el plan B, vamos por el A. ¡Dos acogidas de bebés, dos embarazos de cinco horas! El primer bebé está en casa una semana. El segundo, casi dos años. ¡Las despedidas rompen el corazón -nuevo duelo- pero compensa tanto...! Nuestros hijos nos hicieron padres. Ahora practico la maternidad inversa: madre con Alzheimer.

Parto con fórceps. Se lo llevan a aspirar. Grietas en el pecho. Enganchado casi todo el día. No duermo. Me duelen los pechos. Me duelen los bajos. Tiene hambre. No tengo hambre. Llora. Lloro. Completamos lactancia materna. Lloro muchísimo. Coge peso. Sonrío. Revisión en el CAP, aconsejan dejar de hacer mixta. Les hago caso. Llora. Tiene hambre. Vuelvo a la mixta. Lloro, no soy buena madre, no tengo bastante leche para alimentarlo. Cólicos... ¿Debe ser porque hago mixta? Llora, lloro. Coge peso. Sonríe. A partir del mes y medio la cosa mejoró. Fuera el dolor de barriga y el niño, un pedazo de pan. ¿Fueron las hormonas? ¿Fue que le costó el primer contacto con el mundo? ¿O quizás fue que fui capaz de entender que ningún niño viene con un manual de instrucciones? Cuando nos fuimos conociendo la cosa fue mejorando.

Primer trimestre: náuseas y vómitos, superado. Segundo trimestre: relajante, tranquilo. Tercer trimestre: baja laboral y tiempo para mí y para él, para prepararlo todo. Vamos a clases de preparto, donde te explican todo lo que está relacionado con el parto, lo que da más miedo afrontar. Pero el parto, con suerte, dura unas pocas horas. Lo que viene después, no. Un mes y medio antes de lo que esperaba se truncan todos mis planes y el niño nace con aguas teñidas y dos kilos de peso. Se lo llevan corriendo. No lo veo hasta el día siguiente. Este no era el parto que me habían contado en las clases. Lo primero que cogí fue un sacaleches y no a mi hijo. Estuvimos en la unidad de neonatos un tiempo y, después, para casa. No dormíamos.

De día todo se ve diferente -sales a pasear, lo ves feliz y tú eres feliz y sacas tiempo de donde puedes para cuidarte-, sin embargo, cuando llega la noche, pánico total. La gente opina -abrígalo, este niño tiene hambre, no lo acostumbres a los brazos- y todo el mundo sabe más que tú.

Ahora mismo tengo una niña que está a punto de cumplir 4 años y un niño, a punto de cumplir 2. Los recuerdos que tengo de los embarazos son fantásticos, los añoro a menudo, me sentía radiante. Ninguno de los dos partos fue rápido ni fácil. Descubrí la sanidad pública y grandes profesionales. El primer posparto, complicado, muchas lágrimas, cansancio, grietas y soledad. Mucha soledad. El segundo posparto, otro mundo, más bien una lucha para estar sola con mi bebé.

Y sí, cansancio, cuerpo desfigurado, espalda maltratada, dificultades con el tiempo para conciliar tanto como haría falta y dudas de estar haciéndolo bien más a menudo de lo que me gustaría. Pero volvería a hacerlo ahora mismo.

Nuestro primer hijo fue muy deseado. Un embarazo sin más problemas que un poco de náuseas y ardores. A la semana 40+6 empiezan las contracciones. Rompo aguas y vamos al hospital. Ocho horas aguantando contracciones y tengo muchas ganas de empujar. Me hacen un tacto y estoy de 4 cm. Me desanimo mucho y pido epidural, no puedo más. Se para todo y al atardecer empieza a haber sufrimiento fetal. Tres ginecólogos en la sala y con episiotomía, fórceps y maniobra de Kristeller. Hoy soy consciente de ello y me siento muy mal después de haber sufrido violencia obstétrica. Diecinueve horas más tarde nació nuestro hijo, y no dormimos mucho desde entonces. Ahora ha cumplido tres años. La lactancia y el posparto son una montaña rusa de emociones. Y es mucho más duro de lo que te han contado. En los cursos hay que concienciar más sobre el posparto y la lactancia y no tanto sobre el parto.

Mi maternidad ha sido un cúmulo de emociones positivas y negativas. Después de más de 4 años de intentos buscando el embarazo, con toda la carga de frustración que supone, me quedé embarazada después de haber pasado antes por una operación de ovarios (con diagnóstico de endometriosis incluido) y un aborto. Ahora que mi hijo tiene 22 meses empiezo a disfrutar de esta etapa de la vida, pero me ha costado una dura recuperación de la cesárea y una larga depresión posparto. Puedo decir que, por más que me explicaron algunos aspectos de la maternidad, al ser madre me he dado cuenta de que nunca nadie se atrevió a decirme las verdades duras y oscuras de tener hijos. Combinar la vida laboral y la maternidad es el siguiente tropiezo cuando has empezado a ver la luz después de los primeros meses de la nueva vida maternal. Un despropósito más, un reto personal que sé que durará mucho tiempo.

Embarazo inesperado, dulce y feliz viajando entre tres países. Parto muy desagradable, incluso violento, agresivo y muy poco respetuoso, pero una hija magnífica. Miedo de no saber, misterio de todas estas emociones nuevas, inquietudes, ilusiones, desilusión de no tener bastante leche, magia de poder compartir todos los momentos, incluso la alimentación, con el padre.

Fue una cesárea programada a las 37 semanas. Todo fue bien. Los días en el hospital fui como un robot. Hacía lo que me decían. No era yo. En casa empecé a ser consciente de ello. Mi compañero fue clave. Hasta aquel día, el peso de ser padres lo llevaba yo. A partir de aquel momento ya lo empezamos a compartir. Desde que llegamos a casa hasta al cabo de un mes, cada día por la noche lloraba. Mi compañero me decía: «Tranquila, es el desajuste hormonal». Al mismo tiempo me sentía mal, porque se suponía que debía estar feliz. El tercer día comprendí que era hormonal y que cuando lo sentía debía llorar y esperar a que pasara. La baja de maternidad la cedí a mi marido y pudimos estar los dos con la niña casi seis meses. Eso fue clave para hacer equipo al 50-50.

Maternidad en Cifras: Cambios y Tendencias

La maternidad ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. A continuación, se presentan algunas cifras clave que reflejan estos cambios:

Indicador Dato
Tasa de hijos por mujer en España 1,16 (una de las más bajas de Europa)
Media europea de hijos por mujer 1,46
Aumento de mujeres que son madres a los 40 o más 27,9% en 10 años
Número de niños nacidos con técnicas de reproducción asistida Más de 40.000
Hogares monoparentales Casi 2 millones (más del 80% liderados por mujeres)
Edad media de abandono del hogar paterno en España 29 años

¿Cómo Vivir Este Cambio Tan Radical?

Cada maternidad es distinta y es algo que quiero dejar claro con mi libro. Cada mujer lo vive de una manera y no hay reglas universales. Habrá quien viva la maternidad como una ‘brisa de verano’ y siga siendo la misma de antes, pero normalmente suele ser una etapa muy intensa que te genera contradicciones, te pone frente a ti misma, por no hablar de maternidades especiales, cuando no es la maternidad que esperabas, cuando estás sola, sin ayuda, cuando sientes la precariedad del mundo que te rodea... No puedes quedarte igual, aunque puedes redirigirlo hacia algo positivo. Para mí, la maternidad es una experiencia intensamente transformadora.

En esta sociedad creemos que somos tan buenos como son nuestros hijos, como si fueran nuestro reflejo, y en el momento en que rompemos eso y entendemos que nuestros hijos no necesitan una madre perfecta sino una madre presente e imperfecta, pero real, con tus errores y contradicciones, ahí disfrutamos más y dejamos de frustrarnos tanto. Eso, además, los libera a ellos de la obligación de ser perfectos también.

Para mí es imprescindible. El humor nos salva, nos permite sobrellevar las inclemencias de la vida de un modo más agradable, nos permite comunicarnos con más facilidad con nosotras mismas y con nuestros hijos.

Y empecé a entender. Empecé a entender porque empecé a contar cada vez más cómo había sido mi experiencia maternal. Y empecé a escuchar. Había testimonios muy positivos y otros que no lo eran tanto. Y la culpa empieza a irse. No era blanda, no era rara, simplemente había tenido una experiencia diferente. Diferente a lo que está mitificado, pero no muy lejos de lo que muchas madres habían vivido.

Hay padres que hacen esto en compensación por no pasar todo el tiempo con sus hijos que consideran que deberían. O para compensar la culpa por haber tenido que dejarlo en la guardería muy pequeño para irse a trabajar. O por otras muchas cosas.

Pero, es cierto, que en las sesiones individuales y en los talleres, me he encontrado con varias mujeres que esa compensación les viene por el embarazo, el parto, el post-parto o por todo a la vez.

Podéis o no compartir la noticia, sólo la pareja protagonista sabrá lo que necesita hacer. Quiero que os quedéis con algo muy importante: el daño es el mismo lo sepa quién lo sepa.

Como he dicho antes, no es un duelo que suela ser públicamente reconocido ni socialmente expresado. La pareja llega a sentir que no se le permite hablar sobre su pérdida porque su bebé no ha llegado a nacer, pero las parejas tienen derecho a expresar y, francamente, creo que nos haríamos un favor a todos si hablamos más de la realidad. Lo único que necesita la pareja es que se les valide su dolor.

Cuando piensas que por fin has conseguido dormir a tu bebé tras 1 hora de paseo, nanas, mecerle, teta y todo lo que se te ha ocurrido.

Y este agotamiento no solo es físico. También me refiero a un agotamiento psicológico por atender a una personita que depende 100% de ti.

Tú quieres hacerlo bien. Que si mejor no dejar nunca llorar. Que si mejor ser buena madre. Que mejor ignorarle en las rabietas. Que mejor ayudarle en los deberes escolares. Que si……. Mil opiniones. Tantas como expertos.

La maternidad no baja del cielo. No siempre es solo la barriga la que crece o las náuseas que aparecen hasta el tercer mes; a menudo ocurren otras cosas como problemas circulatorios, diabetes gestacional, gastritis, aumento excesivo de peso, lumbago, náuseas, anemia severa, salivación excesiva, etc. Y también sucede que algunos de estos cambios no se resuelven con el parto, sino que permanecen.

Lo primero que cogí fue un sacaleches y no a mi hijo. Estuvimos en la unidad de neonatos un tiempo y, después, para casa. No dormíamos. De día todo se ve diferente -sales a pasear, lo ves feliz y tú eres feliz y sacas tiempo de donde puedes para cuidarte-, sin embargo, cuando llega la noche, pánico total.

Todo sobre la depresión y ansiedad en la maternidad

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