El economista y militar retirado Jesús Núñez Villaverde es una figura destacada en el análisis de conflictos y acción humanitaria. Actualmente, codirige el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) y colabora con diversos medios como especialista en información internacional.
Este gallego de origen y de corazón, residente en Madrid desde hace 30 años, nos ha recibido en su despacho de la Universidad de Comillas, donde también desarrolla su magisterio, para conversar amigablemente.
Actividad Profesional y Académica
Jesús Núñez Villaverde reparte su tiempo entre sus tareas como codirector del IECAH y como profesor universitario. Desde un punto de vista temático se dedica a la construcción de la paz y la prevención de conflictos violentos, aplicando este enfoque geográficamente al mundo árabo-musulmán y, más recientemente, al África Subsahariana.
Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)
El IECAH es una iniciativa privada que se puso en marcha hace 12 años con el objetivo de investigar sobre análisis de conflictos desde la perspectiva de la construcción de la paz y de la acción humanitaria. También lleva a cabo actividades de formación para personas en el ámbito de la cooperación al desarrollo, periodistas, y difunde sus ideas a través de los medios.
Núñez Villaverde se considera un privilegiado por tener la oportunidad de leer sobre los temas que le interesan, visitar países sobre los que ha estudiado y entrevistar a muchas personas. Aunque no está directamente involucrado en proyectos de terreno, su aportación se centra en informar, sensibilizar e influir políticamente.
Análisis de Conflictos y Perspectivas Globales
En su análisis global en tiempos de guerra, polarización y desigualdad, Jesús Núñez Villaverde se muestra preocupado por las perspectivas de futuro inmediato. Europa afronta importantes procesos electorales que anuncian un crecimiento de la ultraderecha, mientras la guerra en Ucrania no presenta atisbo de final negociado. Además, Gaza sufre una devastación que es reflejo de la tensión en Oriente Próximo y Oriente Medio. La amenaza del regreso de Trump se cierne sobre Estados Unidos.
El Ascenso de la Ultraderecha en Europa
“Hay que recordar que, en 17 de los 27 parlamentos de miembros de la UE, ya hay presencia de fuerzas de extrema derecha. En un contexto en el que muchos se sienten perdedores, marginados y afectados por un modelo de globalización desigual, no nos puede extrañar que los votantes pongan la vista en esos grupos que pretenden dar soluciones fáciles e inmediatas a problemas complejos. Inmigración y transición energética son dos ámbitos cruciales que demandan decisiones impopulares difíciles de encontrar. Necesitamos fórmulas de gestión de convivencia entre distintos".
“Las encuestas dan a entender que va a haber un crecimiento de posiciones conservadoras y de ultraderecha. Para quienes nos consideramos europeístas, es una mala noticia. Esas fuerzas no impulsan un proyecto de Unión Europea en el terreno político, económico y comercial. A día de hoy la UE es un actor imperfecto porque no ha logrado dotarse de una voz única. Lo vemos tanto en relación con el conflicto de Gaza como con el de Ucrania. Si añadimos que ya está en la agenda la ampliación a nuevos países, puede dificultarse aún más la operatividad.
Conflicto en Ucrania
“Recordemos que no empezó con la invasión rusa hace dos años, sino como mínimo en 2014. Lleva mucho recorrido y la solución no está cerca. Ningún combatiente puede imponerse. Ucrania no tiene capacidad demográfica, militar, industrial ni económica para derrotar de inmediato a Rusia y Moscú tampoco tiene la capacidad de derrotar definitivamente a Ucrania. La contraofensiva ucraniana no ha dado los resultados que podía esperar Zelenski. Rusia aguanta en las líneas defensivas, pero no anexiona más territorio.
“Desgraciadamente, no hay ahora mismo en marcha, hasta donde sabemos, ningún proceso de negociación entre las partes. El objetivo fundamental de Zelenski sigue siendo la expulsión de todas las tropas rusas del territorio ucraniano, algo fuera de su alcance. Rusia pretende controlar Ucrania en su totalidad, colocarla bajo su órbita, también algo fuera de su alcance. Queda por ver si el cansancio de la guerra lleva a las partes a una mesa de negociaciones. Estas no implicarían una victoria definitiva para ninguno, supondrían seguramente la fragmentación del país.
Conflicto Israel-Palestina
“Creo que la palabra solución ha desaparecido ya del vocabulario. No ha habido hasta ahora, tras seis guerras árabe-israelíes y dos intifadas, ninguna posibilidad de encontrar una solución justa, global y duradera . Más de setenta planes de paz han acabado en la papelera. Podemos seguir teniendo la esperanza de que algo así ocurra, pero si tenemos los pies en el suelo, podemos comprobar que a día de hoy Israel sigue contando con una superioridad abrumadora de fuerzas y la utiliza para castigar a los palestinos.
Estados Unidos y la Amenaza del Regreso de Trump
“Estados Unidos se presenta como la primera economía del planeta y la democracia más perfeccionada. Parece mentira que un país de esas características no tenga ahora mismo más que ofrecer a los votantes que, por un lado, un presidente como Biden, con problemas cada vez más visibles para gestionar el país, y por otro un candidato previsible ya como es Trump. La hipotética llegada de Trump puede ser vista como beneficiosa para algunos como Netanyahu y Putin. Claramente, sería una mala noticia para los europeos".
El Indo-Pacífico como Centro de Gravedad
“El centro de gravedad de los asuntos internacionales está ya en la zona Indo-Pacífico y va a seguir así durante mucho tiempo. Allí se visibiliza de forma más clara un escenario en el cual Estados Unidos va a pretender mantener esa posición de hegemonía, mientras que China está pretendiendo ser el sustituto. La confrontación dibuja un escenario que va a implicar a los países de esa zona del Pacífico y realmente a todo el planeta. Desde que hemos entrado en la era nuclear, la historia nos ha enseñado que la confrontación directa entre dos gigantes, como en este caso, queda en principio descartada. Eso no nos lleva a un escenario de tranquilidad absoluta ni mucho menos.Desde la perspectiva de los países miembros de la UE, China no tiene por qué ser lo mismo que para Estados Unidos. Para ellos es un rival estratégico. Para nosotros no tiene por qué serlo”.
Intervenciones en África
Malí: Una Intervención Militar Necesaria, Insuficiente y Tardía
Hace unos días me definiste telefónicamente la intervención militar en Malí con tres adjetivos: tardía, insuficiente y necesaria.
Jesús: Por supuesto. Tardía, en referencia a lo que Kofi Annan definió en su día como «alerta temprana y acción temprana». Los sistemas de alerta temprana nos venían advirtiendo ya hace tiempo de que en Malí estaban pasando cosas graves: fuerte hambruna, la 4ª revuelta tuareg -desde la independencia en 1960 esta parte de la población no siente atendidas sus demandas-, exportación de violencia generada por la crisis de Libia… Pero faltó la acción temprana: atender el problema de forma preventiva antes de que estallara de forma generalizada y violenta. Insuficiente, porque una vez más hemos recurrido solo a los instrumentos militares; en lugar de articular una estrategia de acompañamiento sostenido en el tiempo, multilateral, implicando a los actores internos y a los gobiernos regionales, y multidimensional, desarrollando instrumentos de cooperación, comercio justo, atención a las necesidades básicas de la población, negociación, mediación con los actores implicados en la escena política maliense para encontrar una solución no violenta. Necesaria, por último, porque llegados al punto en que movimientos yihadistas (AQMI) con actores locales como MUYAO y ANSAR DINÉ acaban secuestrando la revuelta tuareg para llevarla por otro camino, y avanzan hacia Bamako sin encontrar resistencia, había que actuar de manera urgente y con medios militares. Está en juego la existencia del propio Malí tal y como lo conocemos, en riesgo de caer en manos de unos yihadistas que podrían recrear aquí el Afganistán de los años 90 con el régimen talibán. En este momento era necesario cortar esa dinámica y no parece que hubiera otra manera que por medios militares, ya que en semejante ocasión difícilmente se podría negociar ni hablar de nada. Pero aquí vuelvo a repetir lo de insuficiente. Hoy, por ejemplo, la UE tiene una estrategia para el Sahel que no ha activado. Lo único que ha puesto en marcha es una misión de instrucción de los soldados de Malí.
Islamismo Político
Hay una realidad, el islamismo político está ganando en todas las sociedades árabes musulmanas que se expresan libremente: en su día en Turquía y en los Territorios Palestinos, y más recientemente en Marruecos, Túnez, Egipto… Es una realidad con la tenemos que contar, lo que obliga a considerarlos como interlocutores necesarios dado el apoyo que reciben de las poblaciones de esos países. Y para ello tenemos que reeducarnos, tratando de no confundir el islamismo político con el salafismo o el yihadismo. Con el yihadismo, que es terrorismo, tenemos que situarnos como con cualquier terrorismo: no pueden ser interlocutores, hay que eliminarlos pero ¿sólo con medios militares, como ha venido haciendo la administración Bush, padre e hijo? Está claro que eso no funciona. El camino es atender a las causas estructurales que lo crean y lo explican.
El Rol de Occidente en África
Hay una postura que yo me resisto a aceptar: los que dicen que hay que dejar a África sola, que resuelva sus propios problemas y avance. Creo que sola tardaría mucho más en superar los retos que tiene planteados. El asunto no es dejarla sola, sino acompañarla de forma adecuada. El protagonismo tiene que ser de ellos, a nivel local, en cada comunidad, en cada país y en su conjunto. Pero acompañémoslos no para explotarlos, como se ha venido haciendo a lo largo de la historia, sino entendiendo que nuestra seguridad y nuestro desarrollo, en este mundo globalizado en el que vivimos, depende de la seguridad y el desarrollo de los que nos rodean. Desde el terreno de las relaciones internacionales en el que yo me muevo- y dejando de lado el altruismo, la justicia histórica, la solidaridad, que son vuestros terrenos-, yo hablo de egoísmo inteligente: yo quiero ser desarrollado y quiero vivir seguro, pero para eso he llegado al convencimiento de que necesito estar rodeado de otros desarrollados, que no vivan ansiando desesperadamente lo que yo tengo y ellos no tienen y que para estar yo seguro tengo que rodearme de gentes que no me vean como una amenaza para ellos.
Daesh (ISIS)
Tenemos que recordar que Daesh es cualquier cosa menos una novedad. Hace diez años lo conocíamos como Al Qaeda en Irak, una de las franquicias de la red terrorista Al Qaeda, que actuaba fundamentalmente en el escenario creado a partir de la invasión de Irak en marzo de 2003 por parte de tropas estadounidenses y occidentales. Desde aquel momento lo que vemos es un movimiento a la deriva que ha intentado aprovechar los vacíos de poder que se han producido en Siria, con el estallido del conflicto desde marzo de 2011, y en Irak, en el contexto de un proceso electoral en la primera mitad de 2014, para terminar finalmente proclamando ese delirante califato en junio de ese mismo año.
Básicamente habría que destacar la corresponsabilidad que tienen los gobiernos occidentales en lo que ocurre actualmente en la región. Corresponsabilidad inicial en el nacimiento de esos nuevos Estados, creados a partir de una colonización fundamentalmente europea, que da como resultado países artificiales donde son obligados a vivir juntos quienes no tienen ningún deseo de vivir en común. Corresponsabilidad también a la ahora de situar al frente de los gobiernos de esos nuevos estados a individuos que no se distinguen precisamente por su carácter democrático o por su respeto a los derechos humanos, sino, más bien, por aprovechar los privilegios que les otorga su posición para beneficiarse de la explotación de las riquezas nacionales, al margen de las necesidades y las demandas de la población. En eso, Occidente es claramente corresponsable, primero bajo la batuta de Londres y después, desde mediados de los años cincuenta del pasado siglo, de Washington como hegemón mundial. Y corresponsabilidad hoy, puesto que en muchas ocasiones se ha jugado con fuego al promover la creación de “pequeños monstruos” que se pensaba que se podían controlar, como Al Qaeda en el Afganistán invadido por los soviéticos en los años ochenta o el propio Daesh, cuya emergencia y financiación se han permitido pensando que servía para debilitar a Al Qaeda.
Daesh, sin duda, porque ni es Estado ni es islámico. Manejar este último concepto para lo único que sirve es para continuar alimentando irrealidades y nutriendo la visión de que el islam sería algo parecido a lo que ahora mismo está haciendo Daesh, cuando de ningún modo debemos entenderlo así. Por lo tanto, Daesh, que es el acrónimo en árabe de ese grupo, es como creo que deberíamos denominarlo.
La Doble Vara de Medir y Arabia Saudí
La doble vara de medir es una evidencia que llevamos arrastrando mucho tiempo. Basta con dar un ejemplo relacionado con el conflicto árabe-israelí para entender además las violaciones del Derecho Internacional que se producen. Mientras que la invasión de Kuwait por parte de Irak -el Irak de Saddam Hussein− dio lugar a unas resoluciones de la ONU que desembocaron en la Operación Tormenta del Desierto; sin embargo, Israel ha invadido territorio soberano de algunos de sus vecinos y eso no ha tenido ninguna consecuencia, en la medida en que EEUU sigue avalando a Israel y le permite un margen de maniobra que ningún otro Estado tiene en el planeta. Esa misma doble vara de medir se pone de manifiesto ahora cuando el régimen saudí decapita y ejecuta, saltándose cualquier estándar internacional, de manera demasiado frecuente, sin ninguna consecuencia para un régimen que controla el 25% de las reservas mundiales de petróleo, mientras que cuando hace eso mismo Daesh, evidentemente, nos alarmamos y condenamos sin reservas este comportamiento.
Arabia Saudí es el ejemplo más claro, entre los muchos que hay, de la incoherencia occidental entre los valores y principios que decimos defender y la política internacional que realmente llevamos a cabo. Se trata de una política internacional dominada por la idea de la seguridad energética, que nos lleva a pensar que inevitablemente dependemos de Arabia Saudí y de su petróleo y, por lo tanto, hemos de mirar hacia otro lado cada vez que ese país contradice los estándares internacionales y nuestros propios presupuestos ideológicos. Es algo que sirve también para alimentar el antioccidentalismo presente en muchos países árabes desde hace mucho tiempo, ya que entienden que Occidente está apoyando a gobiernos que son impresentables en cualquier sentido de la palabra. El antioccidentalismo es un rasgo más de lo que esas sociedades en términos generales sienten hacia nosotros.
Uno de los elementos que conviene tener claro para entender cómo Daesh está adquiriendo su poder es su papel como instrumento en la competencia por el liderazgo regional que se viene dirimiendo desde hace tiempo. Por un lado, Irán ha vuelto a la escena internacional, una vez liberado de las sanciones, con lo que deja de ser un paria internacional y va a poder seguir desarrollando la estrategia de exportar su modelo revolucionario al resto de la región. Por otro, Arabia Saudí, como líder del mundo musulmán suní, pretende evitar como sea que esto llegue a ocurrir, y está jugando con fuego. Siria, por ejemplo, es un escenario fundamental en el que se percibe que hay una confrontación de intereses: Irán está apoyando al régimen de Bashar al Asad (alauí y, por lo tanto, adscrito a la familia chií), mientras que Arabia Saudí está alimentando y financiando a grupos rebeldes contra ese régimen. Uno de los principales elementos con los que juega es precisamente Daesh, un grupo que es evidentemente problemático, pero que el régimen saudí entiende que le sirve para crear problemas a su rival sin entender, de nuevo, que jugar con fuego tiene el riesgo de que te puedes quemar. Y Daesh, tras haber recibido esos apoyos y haber aumentado, con ellos, su capacidad de acción, puede efectivamente volverse contra quienes lo han financiado inicialmente o contra sus propios aliados. Daesh, en cualquier caso, no es un producto del régimen saudí, sino un actor que Arabia Saudí ha intentado manejar. Recordemos también que Daesh se funda a raíz de la liberación de muchos yihadistas que habían sido encarcelados por el régimen de Bashar al Asad y que es un grupo donde podemos encontrar la huella occidental. Su líder, Abu Bakr Al Bagdadi, fue detenido en 2004 por EEUU durante la invasión de Irak y fue liberado unos meses después. En este apoyo a grupos como Daesh podemos entender que hay un propósito de generar fragmentación dentro del movimiento yihadista para que, matándose entre ellos, acaben siendo más débiles y, por tanto, menos amenazantes.
Daesh vs. Talibanes
Si los comparamos con los talibanes, y partiendo de que ambos optan por la violencia, la principal diferencia es que los talibanes en ningún caso han ido más allá de intentar controlar territorio afgano. Ellos, de identidad pastún fundamentalmente, entienden que son el grupo llamado a liderar Afganistán, pero nunca han pretendido nada que suene a internacionalismo terrorista. Daesh, por el contrario, no solamente trata de derribar regímenes locales, sino que también entiende en su estrategia la necesidad de atacar objetivos en países occidentales. Eso no ha ocurrido con los talibanes. Por tanto, ambos son grupos que optan por la violencia, unos la utilizan para conquistar el poder en un solo país, en Afganistán, con el fin de organizar ese país a su modo y manera; y otros pretenden, en el delirio en el que están imbuidos, crear incluso un califato a escala mundial.
Daesh responde evidentemente a lo que es, una franquicia de Al Qaeda, y, por tanto, comparte los mismos modos de actuar en determinados momentos de la ya larga historia de Al Qaeda, que se remonta a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Por un lado, se plantean como objetivo el derribo de los regímenes de los países árabo-musulmanes para crear en ellos sociedades reguladas por la ley islámica y, por otro, atacan al llamado “enemigo lejano”, es decir, a Occidente, en la medida en que es Occidente el principal apoyo de los regímenes políticos que hay en la zona. Es así como se explica el hecho de que intenten atacar objetivos también en Occidente. Una de las diferencias que cabe hacer hoy entre Al Qaeda y Daesh es que Al Qaeda ha renunciado al control físico de un territorio, mientras que Daesh -y esto ya se ha repetido anteriormente con otros grupos como Boko Haram (en Nigeria) o Al Shabaab (en Somalia)- ha optado por el control de un territorio que le sirva como feudo principal a partir del cual intentar crear un califato global. Al Qaeda renunció a ese objetivo hace tiempo, entendiendo que implicaba un esfuerzo que iba a ser inmediatamente anulado por fuerzas enemigas -básicamente occidentales y gobiernos locales− y, sin embargo, vemos cómo Daesh está intentando replicar otra vez ese mismo modelo, un modelo que cabe pronosticar que no será sostenible en el tiempo.
El rasgo fundamental, desde mi punto de vista, es que existe una competencia por el liderazgo del yihadismo global actualmente entre Al Qaeda, con Ayman al Zawahiri a la cabeza, y Daesh, con Abu Bakr al Bagdadi al frente, en contra de lo que algunos quieren dar a entender, acerca de que Al Qaeda estaría poco menos que desaparecida, cosa que no responde a la realidad. Al Qaeda sigue activa, con capacidad y con voluntad para matar, lo que sucede es que Daesh, que ha nacido dentro de la red Al Qaeda −ya he dicho antes que fue en su día conocida como Al Qaeda en Irak−, en un momento determinado empieza no solo a no obedecer las órdenes recibidas desde el núcleo central de Al Qaeda, sino a pretender sustituir a esa Al Qaeda que ve como alicaída, con lo que entra una dinámica que les lleva a una competencia cada vez más clara. El escenario en el que eso se ha vivido de manera más directa es Siria, puesto que allí Jabhat al Nusra, la franquicia de Al Qaeda, se ha encontrado frente a Daesh, lo que evidencia esa fragmentación del movimiento yihadista y la competencia por el liderazgo del yihadismo global, algo que sigue a día de hoy. Referente a la otra cuestión, Daesh es en la actualidad una marca que, digámoslo así, “vende” mejor dentro de ese mundo, y eso ha generado que reciba declaraciones de lealtad de algunos grupos que anteriormente habían expresado su fidelidad a Al Qaeda. Boko Haram ha cambiado de nombre para llamarse ahora Wilayat al Sudan al Gharbi, pero también el grupo egipcio Beit Al Mahdis, muy activo en la península del Sinaí, ahora ha derivado en Wilayat Sinaí (leal a Daesh) y eso mismo ha ocurrido en otros lugares donde, como digo, grupos que habían mostrado su lealtad a Al Qaeda ahora cambian de bandera, entendiendo que obtienen mejores resultados asociándose a esa marca.
Riesgos en Europa tras los Atentados de París
Después de los atentados de París existe la preocupación entre los líderes occidentales de que Europa se consolide como centro de reclutamiento y se acabe convirtiendo en polo de atracción de jóvenes desencantados y sin futuro. ¿Qué riesgos hay en este sentido? ¿En qué medida ese peligro ilustra el fracaso de las políticas europeas que debían fomentar la cohesión social?
El riesgo es obvio y real, puesto que ya vemos cifras de reclutamiento en diferentes países que van desde apenas poco más de cien personas en España hasta los aproximadamente 2.000 en Alemania o Francia. Por tanto, claro que hay jóvenes que se están incorporando a las filas del yihadismo global, no solo de Daesh, sino también de Al Qaeda y otros grupos. En ese sentido, lo que tenemos que entender es el fracaso de las políticas de integración de las sociedades occidentales que llevan a determinados individuos a pensar que la violencia terrorista es el único modo mediante el cual van a resolver sus problemas, entrando en una ensoñación que les hace verse, poco menos, como líderes y salvadores de la humanidad. En cualquier caso, no deberíamos caer en el error de pensar que el terrorismo yihadista es la principal amenaza que pende sobre nuestras cabezas como sociedades occidentales. Hay un sobredimensionamiento, una magnificación de la amenaza que es, sin ninguna duda, una amenaza real, pero que no es del nivel que se nos quieres presentar en ocasiones. Pensemos que, con datos de 2014, en todo el planeta se produjeron algo más de 32.000 muertes por atentado terrorista, de las cuales el 80% se registraron en Pakistán, Afganistán, Siria, Libia y Nigeria, no en Alemania, España o EE UU. Por lo tanto, ¿somos parte de la amenaza? Sí, sin ninguna duda. ¿Somos el objetivo fundamental del yihadismo? No, en ningún caso. La inmensa mayoría de las muertes son de ciudadanos de identidad musulmana localizados en esos países. Por supuesto, tenemos que preocuparnos de esa amenaza, que es una amenaza real, y tenemos que procurar que no haya individuos de nuestras sociedades que se incorporen a esos grupos; pero, desde luego, sin caer en el error de considerarla la única amenaza o pensando que puede resolverse por métodos militares.
La amenaza terrorista magnificada funciona entonces como una cortina de humo…
Sí, es cada vez más claro, y esto es una dinámica que viene de atrás, que trata de generar un sentimiento de temor permanente en nuestras sociedades porque de ese modo, en e...
