A Ulises le costó un montón de embrollos regresar a Ítaca tras haber finiquitado su participación en la guerra de Troya. Al viajero actual le basta con embarcarse en uno de los ferris regulares desde las cercanas islas mayores de Léfkada o Kefalonia -y esperar que el caprichoso mar Jónico no esté muy alterado o se suspenderá el trayecto- para desembarcar en una de las islas más bellas de Grecia y del Mediterráneo.
Las islas Jónicas representan el archipiélago griego más cercano a Europa, situado en el cristalino mar Jónico, a lo largo de la costa occidental de la Grecia continental. Este extraordinario grupo de islas, también conocido por el antiguo nombre de Heptaneso («Las Siete Islas»), comprende en realidad numerosas islas e islotes que ofrecen una mezcla única de naturaleza exuberante, aguas turquesas y riqueza histórico-cultural.
El archipiélago se distingue de otros grupos de islas griegas por su exuberante vegetación, aguas de profundidades récord (hasta 4.446 metros, las más profundas del Mediterráneo) y una extraordinaria variedad de paisajes que van desde playas de arena dorada a imponentes acantilados de piedra caliza. Su situación estratégica ha hecho de estas tierras la encrucijada de distintas civilizaciones, desde las antiguas póleis griegas a la dominación veneciana, desde la ocupación francesa al protectorado británico.
Las siete islas principales son Corfú, Paxos, Lefkada, Ítaca, Cefalonia, Zante y Citera, mientras que las más pequeñas son Antipaxos, Meganisi, las islas Diapontie (Erikousa, Mathraki, Othoni) y los islotes desiertos de las Estrofadas. El archipiélago no pasó a formar parte del Estado griego moderno hasta 1864, tras siglos de dominación extranjera que moldearon profundamente la cultura y la arquitectura locales.
Ítaca parece una isla inventada. Mirada en un mapa, se diría obra de la imaginación de J. R. R. Tolkien o cualquier otro genio de cuentos maravillosos. Un istmo que ejerce de cintura, une dos peñascos al norte y al sur. Tiene poco más de 100 kilómetros cuadrados. Es decir, es una isla pequeña. Pero su diabólico relieve hace que los desplazamientos no sean cortos. Tiene 100 km de costas. Una estrecha cordillera divide a la isla en dos, la zona norte y la sur. Repleta de vegetación, posee pintorescos pueblos marineros y de interior, una vida tranquila y monumentos de interés.
Para quien aún ande despistado: Ítaca era el reino de Ulises (u Odiseo), el protagonista del tal vez más embrujador relato de aventuras y viajes que jamás se haya escrito. El hombre volvía cansado de guerrear y quería llegar cuanto antes junto a su amada Penélope, que le esperaba pacientemente en palacio. Pero lotófagos, hechiceras, cíclopes, sirenas, beldades y otras fruslerías le demoraron veinte años.
Vecina de Kefalonia, la conocidísima isla de Itaka es famosa gracias a la Odisea de Homero por ser el reino y hogar del héroe épico Odiseo, también llamado Ulises. Ítaca fue el lugar que buscó continua y desesperadamente, como destino final durante su viaje.
Vathí: La Capital y su Encanto
El puerto en el que suele desembarcarse es Vathí, la capital. Y una vez se da un paseo por ella, la tentación es echar el ancla de por vida y ni siquiera ir a explorar el resto de la isla. Es una ciudad pequeña, mona hasta la extenuación. Por cierto, que una estatua de bronce de un Ulises superapolíneo preside el puerto pesquero.
La capital, Ithaki o Vaci, esta sobre una bahía cerrada y es un bello pueblo pesquero, con las casas más tradicionales de las islas Jónicas.
Explorando la Isla: Miradores y Paisajes
Total, que si se vence a la tentación del sedentarismo, hay que encaminarse hacia el norte y detenerse en el istmo de Aetós. Como la isla se alza abruptamente desde el mar hasta llegar a los 808 metros de altitud, la selección de miradores en los que detenerse a tener una panorámica casi general es numerosa. Sin embargo, el lado oriental es completamente diferente, arbolado y con cultivos de olivos que llegan, literalmente, hasta el rompiente de las olas.
Seguimiento de las Huellas de Ulises
Inevitablemente, hay viajeros que llegan con La Odisea en la mano para seguir el rastro de Ulises por la isla. Hay algunos sitios señalizados, como las ruinas de su palacio real cerca de Agios Atanasios o la cueva donde el rey Ulises escondió su tesoro antes de ir a palacio a darles una buena tunda a los pretendientes de su esposa, Penélope. La mayoría de visitantes se escandaliza ante el descuido de la zona, lleno de chatarra y basura. Las autoridades locales parecen menos sensibilizadas con el rastro del mítico relato que los forasteros.
Visiten la cueva de Mármol o de las Ninfas, de enorme interés arqueológico y mitológico. Visiten también Perajori y la iglesia de la Dormicion, cercana al bello monasterio de los Arcángeles. Desde el monasterio bajen hacia el mar y encontrarán las calas más agradables del Jónico. Vayan también a los pueblos de Maracia, Pera Pigadi y la fuente de Aretusa o roca del cuervo, a la región de Aetos y los restos del mitológicos del palacio de Ulises, junto al monasterio de Panayia ton Cazaron, a los pueblos de montaña de Anoyi y Lefki, etc...
Uno de los pueblos más bonitos es el de Stavros y desde allí pueden ir al puerto de Polis. En Pelicata existe otro importante recinto arqueológico.
Hay dudas acerca de que la isla llamada Ítaca en la actualidad sea la patria legendaria de Odiseo. El autor describe 26 lugares específicos de Ítaca y ninguno de ellos parece corresponderse con la moderna isla. Existen varias teorías para explicar porqué esto es así, ninguna de las cuales es concluyente.
El Norte de Ítaca: Santuario y Puerto
En el norte de Ítaca hay dos lugares ineludibles. Uno es el santuario de la Dormición de la Virgen, sencillo pero hermosísimo, con unos frescos bizantinos. Y otro, el puerto de Frikes, donde alternativamente se puede tomar alguna compañía de ferris cuando los vientos se entuban en la protegida Vathí.
Sus playas son pequeñas y entrañables. Deben conocer las de Jirimbi, Paliocáravo, Lucha, Yidaki, Kioni, Poli y Amudaki.
Otras Islas Griegas Relacionadas con Homero
Una de las islas muy cercana a la península de Eritrea en la costa turca y separada solo por un estrecho canal es Chios (pronúnciese Jíos). Por su tamaño es una de las más grandes del Egeo Norte (y la quinta de las islas griegas) con una superficie de casi 850 km2. Su litoral se desarrolla a lo largo de 215 km en los que se alternan acantilados con pintorescas playas. Al territorio de Chios también pertenecen las pequeñas islas de Inousses, Psara y Antipsara.
La historia y la leyenda se mezclan en Chios de manera tan íntima que es imposible constatar el hecho de que, como dice la tradición, sea la patria de Homero, el padre de la Ilíada y la Odisea. De hecho, se puede visitar cerca de la capital la llamada Daskalopetra (la piedra del maestro) donde se dice que Homero se sentaba para impartir clases.
Ios se encuentra ubicada entre las islas de Naxos y Santorini., en el Mar Egeo. Su extensión territorial es de 108 km2., tiene un perímetro costero de 80 km., y su población llega a 1.500 habitantes. La isla se puede visitar a través de transbordadores que salen del puerto de el Pireo durante todo el año. La isla de Ios se encuentra a una distancia del Pireo de 11 millas náuticas, lo que significa un viaje en transbordador de aproximadamente 8 horas.
Según la tradición en la isla de Ios fue enterrado Homero, el famoso poeta de la antigüedad.
Sobre uno de los promontorios del norte de Íos, todo es silencio. Silencio tan solo irrumpido por el murmullo del Egeo y la musicalidad del viento constante que peina esta isla. Las vistas se abren hacia Naxos y Paros, las mismas que miran la tumba de Homero. Según la leyenda, este es el punto donde el escritor de la Odisea y la Ilíada encontró su último descanso, cumpliendo la profecía del oráculo de Delfos: “La isla de Íos es la patria de tu madre y te acogerá cuando mueras”. Aunque la atribución arqueológica siembra algunas dudas, el lugar embelesa con su poesía y misterio.
Allí, en lo alto de la colina de Psaropyrgos-Plakotos, dominando la bahía de Plakotos y junto a los restos de una torre fortificada que, en el siglo XVIII, fue identificada como la tumba del poeta por un conde holandés.
Nota de campo: Se atribuye al navegante Pasch van Krienen el descubrimiento de la supuesta tumba de Homero. Para encontrarla, se guio por una placa hallada en la capilla que hay frente a la catedral de Chora y que en su día fue el templo de Apolo. También utilizó un texto como fuente, la 'Descripción de Grecia' del historiador Pausanias, método que imitaría el millonario Heinrich Schliemann para encontrar los restos de Troya, basándose en la 'Ilíada' y sin emplear otra evidencia científica.
El terreno áspero y salvaje de Íos conserva la autenticidad de las Cícladas, ese círculo de islas que parecen orbitar alrededor de Delos. A pesar de su proximidad a Santorini, Íos ha seguido un curso más lento e íntimo. La electricidad no llegó hasta 1964. Al mismo tiempo en que fue descubierta por hippies europeos en busca de sol y libertad. Este primer turismo se vio secundado por jóvenes deseosos de fiesta, especialmente en la playa de Mylopotas, la más desarrollada y animada. Pero la fama festiva va quedando relegada por un turismo más consciente.
En contraste con Mylopotas, el resto de las playas de Íos son solitarias y casi vírgenes, como Theodoti, en la costa noreste, bañada por aguas que cambian de verdes a zafiros. Más al este, Psathi está custodiada por las ruinas de Paleokastro, antigua fortaleza veneciana. Al sur se sitúa Manganari, desde donde casi se puede tocar Santorini.
Nota de campo: En Manganari se forman varias piscinas naturales que apenas cubren y son aptas para acudir con niños. Para llegar a esta y otras playas, hay que estar dispuesto a superar un sinfín de curvas y un fuerte descenso al final, ya que la carretera principal bordea las cadenas rocosas del centro de la isla para precipitarse luego hasta el mar.
La verdadera vida isleña se concentra en Chora, sobre una colina por la que descienden casas blancas alrededor de una hilera de iglesias. Perderse por sus callejuelas laberínticas es especialmente emocionante al anochecer, cuando las recoletas plazas se llenan de músicos.
A las afueras, las antiguas murallas de la ciudad dan inicio a una red de caminos desde los que explorar los mejores secretos de Íos.
Nota de campo: Entre los bancales de piedra para el cultivo y los campos reservados para el pastoreo de cabras, abundan las capillas. Son tantas porque los pastores no querían ni podían regresar cada semana para rezar en la iglesia dejando el ganado abandonado. Muchas son de uso familiar. Incluso hay una al lado del reciente Museo Gaïtis-Simossi, que expone obras del pintor Yannis Gaïtis y de la escultora Gabriella Simossi. El edificio lo proyectó su hija como un homenaje a la obra de ambos y un diálogo con el paisaje.
Estas rutas, vitales históricamente por comunicar el puerto con Chora y el interior rural, han sido recuperadas para acercar iglesias perdidas, bancales de cultivo abandonados y huellas arqueológicas. Uno de los senderos conduce al yacimiento de Skarkos, un asentamiento que data del tercer milenio a. C. Su urbanismo en espiral recuerda al caparazón de un caracol y revela un núcleo crucial en las rutas comerciales del Egeo.
“Estamos un paso más cerca de descubrir el antiguo misterio”, dijo el asesor Robert Bittlestone que ha trabajado con profesores de historia clásica y geología para unir las piezas del intrigante puzzle.
Nadie sabe si Odiseo o su ciudad existieron realmente. Hasta ahora, se pensaba que el reino de Ítaca estaba en la isla jónica de Ithaki.
Bittlestone, que quedó intrigado por el misterio mientras estaba de vacaciones en Grecia, unió la ayuda del clasicista de Cambridge James Diggle y el geólogo de Edimburgo John Underhill para perforar un agujero de 122 metros en la franja que une Paliki con el resto de Kefalonia.
El equipo dice que las avalanchas y los corrimientos provocados por terremotos podrían haber llenado un antiguo canal de mar. “Existen evidencias de que estamos tras la pista correcta”, afirmó. “Durante miles de años la gente ha pensado que Homero estaba equivocado en la descripción de Ítaca.
Cómo Llegar a las Islas Jónicas
El transporte aéreo es la forma más rápida de llegar al archipiélago jónico. Corfú tiene el aeropuerto internacional más importante de la región, al que llegan en verano numerosos vuelos directos de compañías de bajo coste y tradicionales, con una duración aproximada de 1 hora y 30 minutos.
Zante y Cefalonia también están bien conectadas durante los meses de verano, mientras que el aeropuerto de Aktion/Preveza (para Lefkada) recibe principalmente vuelos chárter. Durante los meses de invierno, se suspenden muchas conexiones directas, por lo que es necesario hacer escala en Atenas o utilizar las conexiones marítimas.
Los transbordadores interinsulares conectan eficazmente las distintas islas: desde Corfú hay conexiones con Paxos y las islas Diapontie, mientras que desde Cefalonia se puede acceder fácilmente a Ítaca, Lefkas y Zante.
Quienes prefieran explorar el archipiélago con más libertad pueden optar por alquilar un coche directamente en la isla elegida, aprovechando las numerosas agencias locales y las tarifas competitivas, sobre todo si se reserva por Internet con antelación. Las carreteras de las Islas Jónicas suelen estar en buen estado y bien señalizadas, aunque a algunos centros turísticos costeros sólo se puede llegar por caminos de tierra o senderos.
📖 La ODISEA de Homero: RESÚMEN en 8 minutos.
Tabla Resumen de las Islas Jónicas
| Isla | Características Destacadas |
|---|---|
| Corfú | Arquitectura veneciana, playas cosmopolitas, exuberante vegetación. |
| Zante | Playa del Naufragio, tortugas Caretta caretta, cuevas marinas. |
| Cefalonia | Naturaleza salvaje, playa de Myrtos, cueva de Melissani. |
| Lefkada | Playas espectaculares, ideales para deportes acuáticos. |
| Ítaca | Tranquilidad, autenticidad, atmósfera homérica. |
| Paxos y Antipaxos | Cuevas marinas, playas de arena blanca y aguas cristalinas. |
| Citera | Mitología, paisajes variados, tradiciones locales. |
