¿Instinto Maternal? Ciencia, Estudios y Realidades

Ser madre no es fácil, ya sea una mamá humana, de chimpancé o de gorrión. En general, la maternidad es una tarea que requiere una fuerte inversión de energía y, en los animales más cuidadosos, ingentes cantidades de tiempo y esfuerzo. Ellas parecen ser la clave que la naturaleza ha elegido, no siempre con la ayuda de los machos, para conseguir que los hijos salgan adelante.

El ser humano no está libre de estos instintos, pero enseguida aparece el matiz de la cultura, el conjunto de conocimientos que se transmiten de generación en generación. «Los humanos tenemos un instinto maternal muy parecido al de otros animales; tiene los mismos fines y se regula de la misma forma», explica Ángela Loeches, etóloga y zoóloga de la Universidad Autónoma de Madrid.

Al margen de los matices socioculturales, durante el embarazo y sobre todo a partir del nacimiento, los instintos transforman a la madre. El olor del bebé, el tacto de su pequeña mano y, sobre todo, la visión de su cara, son capaces de actuar como detonantes que activan una potente cascada de reacciones cerebrales. Y no solo eso. Desde los primeros días de vida del pequeño, esta hormona está formando un importante lazo de afecto entre niños y madres, tal como sostienen Ross y Young.

En este sentido, otros investigadores han demostrado que se puede inhibir el comportamiento maternal en roedores solo suministrando antagonistas de la oxitocina. Sea como sea, el instinto maternal transforma el cerebro.

Estudios realizados por Swain y Lorberbaum, entre otros, demuestran que las madres son capaces de reconocer los llantos de sus hijos, y que, cuando eso ocurre, se activan zonas del cerebro asociadas con el comportamiento maternal. Gracias a él, la madre se enfoca por completo en el bebé: aumenta su capacidad para reconocer las señales del pequeño, comienza a buscar el contacto visual, a expresar afecto y a reflejar los gestos del niño.

Estas transformaciones son claves en el desarrollo de la «sensibilidad maternal», una habilidad definida por la investigadora Mary Ainsworth como la capacidad de la madre para atender y responder a las necesidades de su hijo. Otros investigadores han destacado la importancia de este vínculo materno en la organización de los sistemas emocionales, sociales y cognitivos del bebé, y han subrayado su papel como primera experiencia social de los pequeños.

Para ser justos, lo cierto es que la mayoría de las investigaciones se han centrado en el vínculo maternal. Una posible explicación a este fenómeno puede encontrarse en los gametos, los óvulos y los espermatozoides. Desde el momento en que nació la reproducción sexual, y después la primera madre, hace mil millones de años, las hembras se han especializado en producir grandes células en un número muy escaso (las mujeres liberan un óvulo cada mes), cuya finalidad es alimentar al embrión. Esta diferencia inicial tuvo impacto en casi todos los animales y marcó cuál sería su comportamiento hacia las crías. Si los machos eran más negligentes, las hembras eran más cuidadosas.

Pero la relación coste-beneficio influyó en más aspectos del cuidado parental. En aquellos casos en que el ambiente es tan peligroso que los progenitores no pueden hacer mucho, los animales apuestan por producir mucha descendencia y no darles ningún cuidado. En otros casos, la única salida es protegerla, y para ello, como ocurre a veces en primates y aves, el macho cumple un papel fundamental, proporcionando comida, protegiendo el territorio o construyendo el nido.

Pero quizás humanos y animales tienen más en común de lo que parece a simple vista. La bióloga Lucía Gandarillas, cuidadora de gorilas en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, así lo sugiere:«Las gorilas tienen un instinto maternal muy desarrollado. Son muy protectoras y cuidadosas y se dedican todo el tiempo al bebé, tanto que a veces dejan de comer». Pero en ellos, como pasa en humanos, el instinto no lo es todo. Sin el apoyo de la familia, aquellas mamás primerizas que no se han criado con su madre, no saben cuidar a su bebé. «Aprenden a ser madres porque han sido hijas», concluye Lucía.

Cambios Cerebrales Durante el Embarazo

Los cambios cerebrales durante el embarazo hacen que el bebé se convierta en el principal estímulo para la madre. ¿A qué se debe el “instinto maternal”? ¿Cómo afecta el embarazo al cerebro de las madres? Un estudio liderado por el Hospital Gregorio Marañón ha establecido las bases neurológicas que sirven para explicar esta reacción basada en el instinto y que modifica el sistema del placer y refuerzo en la madre, permitiéndole desarrollar una conducta dirigida a promover su supervivencia.

Estas modificaciones afectan directamente a la anatomía del cerebro y al vínculo entre madre e hijo, pero no repercute en el sistema cognitivo. Los responsables del estudio aseguran que si se identifican bien todos los cambios que tienen lugar durante el embarazo, se podrán esclarecer de manera más precisa las afectaciones cerebrales durante patologías posparto, que involucra a la salud de la madre y también a la del neonato.

Durante la investigación se analizó el cerebro de las mujeres antes y después del embarazo para tomar como referencia la situación previa a la gestación. El «instinto básico» de una madre de agrupar a su descendencia errante y devolverlos al nido depende de un conjunto específico de señales de células cerebrales, según encuentra un nuevo estudio en ratones.

«Nuestro estudio muestra precisamente cómo se genera un instinto maternal en el cerebro de los mamíferos», dice el investigador principal del estudio, Dayu Lin, profesor asistente en el Instituto de Neurociencia de 'NYU Langone Health'. Para el estudio, los investigadores monitorizaron la actividad cerebral en docenas de ratones hembra mientras interactuaban con sus propios cachorros y con los de otras.

Las pruebas mostraron que, entre los millones de células en esta región del cerebro, las pocas que tenían una proteína de señalización en su superficie llamada MPOA Esr1 eran las más activas eléctricamente cuando las madres ubicaban y luego llevaban a sus cachorros al nido. Estimular químicamente cientos de miles de estas células a la vez desencadena en los ratones madre la recogida inmediata de sus crías.

Incluso, los ratones vírgenes recuperaron crías que no eran suyas cuando estas células fueron activadas artificialmente. Buscando otras regiones del cerebro que apoyan este comportamiento instintivo, los investigadores rastrearon extensiones, o axones, de células nerviosas MPOA Esr1 a otra región del cerebro, el área tegmental ventral (VTA, por sus siglas en inglés), donde se produce la dopamina. En el nuevo estudio, los científicos descubrieron que la estimulación de los axones de MPOA Esr1 que se proyectaban al VTA de los ratones madre llevó, en cuestión de segundos, a la recuperación del cachorro.

Lin dice que su próximo equipo planea estudiar qué cambios ocurren en los cerebros de las madres para sensibilizarlos a sus cachorros en el tiempo entre el embarazo y la lactancia, cuando las células MPOA Esr1 se vuelven más activas.

Mitos y Realidades del Instinto Maternal

El instinto maternal es un concepto que a menudo escuchamos asociado a la maternidad. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es algo que todas las mujeres poseen de manera innata o es una construcción social que nos han inculcado? El instinto maternal se refiere a una inclinación natural que algunas personas creen que tienen las madres para cuidar, proteger y nutrir a sus hijos. Este término se ha popularizado tanto en la cultura como en la ciencia, pero no siempre se define de manera clara.

  1. Uno de los mitos más comunes es que todas las mujeres, al convertirse en madres, desarrollan automáticamente un instinto maternal que las capacita para criar y cuidar de manera perfecta a sus hijos. Para algunas mujeres que han sido madres, la llegada de su bebé puede generar una mezcla de angustia y miedo, dudas y temores, sentimientos que contrastan con la imagen idealizada de lo que ‘deberían’ estar viviendo: “¿Seré una buena madre? ¿Seré capaz de atender sus necesidades y cuidarle adecuadamente?”.
  2. La idea de que sentirás una conexión automática y profunda desde el primer momento puede generar mucha presión. La maternidad es una experiencia que se construye paso a paso. No siempre llega como un torrente de emociones positivas desde el principio, y eso también está bien. Cada mujer vive este proceso de manera distinta, así que si no sientes que es el momento más maravilloso de tu vida, no te castigues por ello.
  3. Es crucial desmentir esta creencia. Cada experiencia de maternidad es única, y no sentir un instinto maternal inmediato no te hace menos madre ni menos capaz de criar a tu bebé.
  4. Por suerte, existen indicadores que hablan de una revolución en el rol paterno. Por ejemplo, un estudio reciente de la Universidad de Bar Ilan, en Israel, revela que ciertas áreas del cerebro de los padres altamente implicados en el cuidado de sus bebés muestran una activación similar a la de las madres durante el embarazo.
  5. Nos encantaría que fuera cierto, pero lamentablemente no es así. El instinto maternal no es infalible. Aunque pueda ayudarte a tomar decisiones, criar a un hijo es un camino lleno de ensayo y error.
  6. Este mito supone que solo las madres biológicas tienen instinto maternal, lo cual es totalmente falso.

Base Biológica y Manifestaciones

  1. Es totalmente cierto que el instinto maternal tiene una base biológica. Durante el embarazo y el posparto, el cuerpo produce hormonas como la oxitocina, también conocida como “la hormona del amor”, que fomenta el apego y los cuidados hacia el bebé.
  2. Aunque el término está asociado a las madres, el instinto maternal puede manifestarse en cualquier persona que ejerza un rol de crianza, como padres - como hemos visto anteriormente-, pero también en abuelos o cuidadores.
  3. El instinto maternal no es uniforme. Algunas mujeres sienten un fuerte impulso desde el principio, mientras que otras pueden tardar más en desarrollarlo.
  4. Aunque el instinto maternal puede no ser inmediato, suele desarrollarse con el tiempo y la práctica.
  5. El instinto maternal no solo está relacionado con las hormonas; también se nutre del amor, la empatía y el compromiso que se construye día a día.
  6. Al igual que cualquier aspecto de la maternidad, el instinto maternal puede fluctuar. Hay días en los que te sentirás más segura de ti misma y días en los que tendrás dudas.

El instinto maternal, cuando se siente, puede ser una herramienta maravillosa en la crianza. Eso sí, siempre es bueno complementarlo con un poquito de lógica, información y adaptación a lo que realmente necesita tu peque. ¿Has oído alguna vez que las madres tienen un sexto sentido? Desde el nacimiento, la madre observa atentamente las expresiones del bebé: los diferentes tipos de llanto, los movimientos de sus manos, las sonrisas y también los berrinches. Este instinto, afinado con la experiencia del día a día, refuerza la confianza de la madre en su capacidad para proteger y cuidar a su hijo.

Un fuerte instinto maternal puede ayudar a las madres a responder rápidamente a las necesidades de sus hijos, creando un entorno seguro y acogedor. Aunque el instinto maternal puede ser una fuerza positiva, también puede llevar a la sobreprotección si no se maneja con cuidado.

¿Qué Hacer si No Sientes el Instinto Maternal Inmediatamente?

Si no sientes que el instinto maternal esté presente de manera inmediata, no te preocupes.

  • Busca apoyo: Hablar con otras madres, familiares o profesionales puede ayudarte a sentirte más segura y apoyada en tu rol.
  • Aprende sobre crianza: La información es poder.
  • Confía en ti misma: La maternidad es un proceso de aprendizaje. Es normal cometer tener dudas.

¿Soy mala madre si no sé qué necesita mi hijo? ¿Qué quiere mi hijo de mí? Probablemente estas sean algunas de las preguntas que te atormentan cada día. Pero sin ir más lejos, no sentir instinto maternal no significa que seas una mala madre. Es posible que necesites más tiempo para adaptarte o que tu conexión con tu hijo se desarrolle de una manera diferente. E incluso en algunos casos, la falta de instinto maternal puede estar relacionada con condiciones como la depresión posparto (si sientes que esto podría ser tu situación, busca apoyo profesional).

Pero también hay que tener en cuenta que influyen otros factores como el deseo que se transmite y se aprende en relación con lo vivido como hijo y en conexión con una cultura y contexto determinado. Si te has declinado por esta opción debes saber dos cosas: la primera es que no eres rara. Y la segunda es que no eres la única ni lo serás. El papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de muchas mujeres a día de hoy - sobre todo de mujeres jóvenes- no es la de ser madres.

El instinto maternal es un concepto complejo que puede ser diferente para cada mujer. No es una receta mágica que garantice una maternidad perfecta, ni debe ser una fuente de presión. Recuerda que ser madre no significa ser perfecta. Es un camino lleno de desafíos, aprendizajes y recompensas, y cada paso que das cuenta como un acto de amor hacia tu hijo.

ASÍ funciona el CEREBRO de tu HIJO 🧠 | Marian Rojas Estapé

Adopción en Bonobos: Un Comportamiento Altruista

Los chimpancés y los bonobos, además de ser dos especies emparentadas, son las dos especies de primates vivas genéticamente más relacionadas con los seres humanos y su comportamiento siempre ha llamado la atención de zoólogos, primatólogos, etólogos e incluso antropólogos. Pero si bien ambas especies son muy parecidas entre sí, es cierto que cada una de ellas siempre ha hecho gala de una serie de comportamientos particulares y característicos.

Así, por ejemplo, mientras que los chimpancés siempre se han mostrado más territoriales, hostiles y agresivos con su conespecíficos, sus alianzas intergrupales se fundamentan principalmente en alianzas entre machos, y su jerarquía social, en la mayoría de los casos, está basada en relaciones de fuerza; los bonobos se caracterizan por mantener una convivencia más pacífica donde es mucho más frecuente la alianza entre machos y hembras, e incluso donde el sexo, y no la violencia, juega un papel fundamental en establecimiento de las relaciones sociales.

Ya se trate de bonobos o chimpancés, no es difícil observar en ellos algunos de los comportamientos de los que hacemos gala los seres humanos. La competición, la traición o la hostilidad, así como la cooperación, las alianzas o el altruismo, forman parte de la naturaleza de estos primates tanto como de la propia naturaleza humana. Uno de estos comportamientos es la adopción, entendida como el acto de tomar la descendencia de otro individuo y tratarla como propia.

La adopción es un comportamiento poco habitual, no obstante ampliamente documentado en varias especies de mamíferos, generalmente entre parientes cercanos o pertenecientes al mismo grupo. Sin embargo lo que ahora ha observado un equipo de primatólogos de la Univeridad de Kyoto, ha sido la adopción de dos crías de bonobo ajenas al grupo social de las madres adoptivas, un comportamiento jamás estudiado hasta el momento en primates superiores.

Los detalles se han dado hoy a conocer en un artículo publicado en la revista Scientific Reports bajo el título Two wild female bonobos adopted infants from a diferent social group at Wamba, en el que Nahoko Tokuyama, autora principal del artículo, y sus colegas, describen las observaciones realizadas en cuatro grupos de bonobos salvajes entre abril de 2019 y marzo de 2020 en la Reserva Científica Luo en Wamba, en la República Democrática del Congo.

Bonobos y la Familia Política

Según explica Tokuyama, profesora del Centro de Colaboración Internacional y Estudios Avanzados en Primatología -CICASP- y del Instituto para la Investigación de los Primates de la Universidad de Kioto, Flora, una hembra de 2,6 años, fue adoptada por Marie, una hembra adulta de 18 años y ya madre de dos crías pequeñas. Ruby, otra hembra de 3 años, fue adoptada por Chio, en este caso una hembra de entre 52 y 57 años cuya descendencia ya había emigrado a un grupo social diferente.

"La madre biológica de Flora, Fula, visitó el grupo social de Marie antes de que Marie cuidara de Flora, sin embargo no fue observada interactuando con los demás miembros del grupo y se desconoce si todavía está viva", explica Tokuyama. Respecto a Ruby, los investigadores no identificaron a su madre biológica.

Los autores creen que estas adopciones se produjeron cuando observaron que Marie y Chio brindaban atención materna a los bebés: las hembras adultas transportaron a las crías de un lugar a otro, las asearon, las amamantaron, y les proporcionaron cobijo durante períodos de más de 18 y 12 meses respectivamente. Por otra parte, el análisis de muestras de ADN mitocondrial fecal indicó que tanto las crías como sus cuidadoras no estaban relacionados por ningún grado de parentesco.

Los hallazgos indican que la adopción en bonobos puede no solo involucrar casos en los que existan relaciones familiares o sociales preexistentes entre madres y crías o entre madres adoptivas y biológicas, por lo que los autores sugieren que las posibles adopciones pueden haber sido impulsadas por el altruismo de los bonobos, una fuerte atracción por los bebés y una alta tolerancia hacia los individuos ajenos al propio grupo social.

Entre otras hipótesis barajadas también se sugiere que la aloparentalidad -la forma de cuidado parental en la que la crianza de la prole no se lleva a cabo por los progenitores - es una forma en que los individuos pueden aprender conductas de cuidado, aumentando así las posibilidades de supervivencia de su futura descendencia.

Maternidad: Conducta Maternal vs. Instinto

Isabel M. Localización: Presencia: Salud mental, investigación y humanidades, ISSN-e 1885-0219, Nº. españolObjetivo principal: definir la maternidad como conducta maternal y no como instinto, ya que esta se desencadena ante una determinada situación en la que intervienen múltiples factores que conforman la realidad maternal de cada mujer y que condicionan su conducta. Además, se tratarán de identificar los factores desencadenantes y motivacionales que constituyen y determinan una conducta ante el hecho de la maternidad.

El concepto de instinto integrado en el contexto de maternidad no es adecuado, pues supondría aceptar la maternidad como un hecho innato, desprovisto de aprendizaje y modificación. Metodología: revisión temática multidisciplinar de diversos autores que han fundamentado o discutido, durante los siglos XX y XXI, el concepto de instinto maternal y las conductas maternales o han presentado matizaciones acerca de las mismas.

Resultados principales: ser madre supera el hecho biológico y adquiere una connotación integral debido a sus implicaciones sociales, culturales, históricas y psicológicas. A la conducta materna se le asigna una connota-ción más amplia con respecto al denominado instinto maternal, al deberse a cuidados maternos en constante evolución.

Conclusión principal: la utilización del concepto de instinto maternal no es el más adecuado. EnglishObjective: To define motherhood as maternal behavior and not as instinct, since it is triggered by a certain situation: motherhood, which involves multiple factors that make up the maternal reality of each woman and condition her behavior. They will also try to identify the triggers and motivational factors that constitute and determine a behavior in the face of maternity.

The concept of instinct integrated in the context of motherhood is not appropriate that it would be to accept motherhood as an innate fact, devoid of learning and modification. Methods: Multidisciplinary thematic review of various authors who have based or alluded, during the twentieth and twenty-first centuries, regarding the concept of maternal instinct, maternal behaviors or qualifications about them.

Results: being a mother overcomes the biological fact and acquires an integral connection due to its social, cultural, historical and psychological implications. Maternal behavior is assigned a broader connection with respect to the designated maternal instinct, due to maternal care in constant evolution. Conclusions: The use of the concept of maternal instinct is not the most appropriate.

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