La Quinta del Biberón: Jóvenes en el Infierno de la Guerra Civil

La Guerra Civil española entre 1936 y 1939 dejó miles de historias marcadas a fuego en la memoria de los que sobrevivieron. Entre estos incontables capítulos, destaca la llamada ‘Quinta del Biberón’ o ‘Leva del Biberón’.

La guerra ya entraba en el tercer año de conflicto y las víctimas mortales alcanzaban las decenas de millares entre ambos bandos.

La Quinta del Biberón cumple cien años, aquellos que nacieron en 1920 fueron reclutados y enviados al frente a luchar y morir en la guerra fratricida que asoló España entre 1936 y 1939.

¿Quiénes eran "La Quinta del Biberón"?

La quinta del biberón es el nombre que recibieron los nacidos en los años 1920 y 1921, que fueron reclutados para defender la Segunda República española en abril de 1938 y a principios de 1939.

Al verlos uniformados dicen que Federica Montseny afirmó: «¿Diecisiete años? Pero si todavía deben tomar el biberón».

Jóvenes soldados de la Quinta del Biberón.

Hacia el final de la Guerra Civil, veintisiete mil muchachos nacidos en 1920 fueron llamados a filas. Se les llama la Quinta del Biberón, y muchos ni siquiera tenían dieciocho años cuando perdieron la vida en la sangrienta batalla del Ebro.

En abril de 1938, la Segunda República atravesaba uno de sus momentos más críticos de la Guerra Civil Española. El gobierno de Juan Negrín, acorralado por las derrotas en el frente, tomó una decisión desesperada: movilizar a miles de adolescentes para cubrir las enormes bajas y reforzar un ejército exhausto en retirada.

Así, con reclutamientos forzosos, cerca de 27.000 menores fueron arrancados de sus hogares y lanzados a la guerra. Les llamaron "La Quinta del Biberón", un nombre que nació de un grito de indignación.

En Jaén, se les conocía también como "La Quinta del Chupete", una ironía macabra que escondía una tragedia: niños de 13, 16 o 17 años, con uniformes a los que les colgaban fusiles que apenas podían levantar, jóvenes que no sabían nada de la vida y que fueron enviados a morir en las batallas más cruentas de la contienda.

Cuando entraron en batalla, sin apenas instrucción ni equipamiento, la mayoría no había cumplido los dieciocho años.

Ante su movilización hubo un clamor de protesta por parte de los propios reclutas y de sus familiares, pues se anticipaba en tres años las levas de los años 1941 y 1942, cuando los «biberones» cumplirían los veintiuno.

Con poca o ninguna instrucción, los enseres que habían traído de casa (cuchara, plato, manta, etc.), un fusil y las balas envueltas en un pañuelo marcharon a la batalla de mayores dimensiones en la historia de España, se estima que trescientos mil “hombres” la sufrieron durante cinco meses.

Reclutamiento de jóvenes soldados.

El Contexto Histórico

En febrero de 1938, las tropas sublevadas habían ocupado Teruel, y Franco preparó entonces una ofensiva en un amplio frente en Aragón con quince divisiones de infantería, además del Corpo di Truppe Volontarie (CTV) italiano.

En poco más de un mes, los sublevados llevaron a cabo el más espectacular de sus avances, llegando, incluso, a amenazar València y Barcelona.

El 15 de abril de 1938, las brigadas navarras al mando del general García Valiño llegaron al Mediterráneo en Vinaròs, chapotearon en el mar y saludaron mano en alto, triunfalmente, ante las cámaras de los noticiarios. Hacia el día 19, los sublevados controlaban ya 60 kilómetros de la orilla mediterránea.

En respuesta al fulgurante avance franquista, el nuevo gobierno de la República llamó a filas a cinco clases más de reemplazos. Al principio de la guerra, las fuerzas gubernamentales habían consistido en milicias voluntarias, más tarde militarizadas e incorporadas al Ejército Popular.

Veintiún años era la edad a la que se llamaba al servicio militar, pero, a mediados de 1937, ambos bandos habían incorporado a filas a mozos más jóvenes.

En total, durante la Guerra Civil, la República emplazó hasta veintisiete clases de reserva y de quintas.

En febrero de 1938, se habían citado ya las clases de 1929 y de 1940, es decir, a hombres de treinta años y a muchachos de dieciocho.

La Batalla del Ebro

A pie de trinchera, los «biberones» enfrentaron las balas en una guerra que había comenzado cuando tenían catorce y quince años.

La Batalla del Ebro fue la más larga de la Guerra Civil: 113 días de bombas, disparos, hambre y terror. Más de 13.000 hombres murieron en la última gran ofensiva del Gobierno republicano, que veía cómo la victoria se le escapaba.

A lo largo de 115 días los españoles se mataron en el Ebro, donde fueron enviados a luchar por la República 30.000 menores de edad

La batalla del Ebro fue el combate final que determinó de manera incuestionable la derrota del Frente Popular. Franco y su Estado Mayor, tras vencer en Teruel y en Alfambra y llegar al Mediterráneo por Vinaroz, en el Ebro sentenció una guerra que ya estaba perdida para socialistas, comunistas e independentistas catalanes.

Vicente Rojo se equivocó una vez más al cruzar el Ebro sentenciando a muerte el sueño imposible de una España bolchevizada del Frente Popular.

A lo largo de 115 días de combate, entre el 25 julio y el 16 noviembre de 1938, los españoles se mataron en una gran batalla, la última de las reñidas en la larga lista de guerras civiles que habían asolado España a lo largo de su historia.

Arturo Pérez Reverte, en su novela «Línea de Fuego», ha puesto de actualidad y transmitido con acierto lo que fue el Ebro, un enfrentamiento que se saldo con más de quince mil muertos y sesenta mil heridos. Por su culpa, de forma literaria, para muchos lectores parece que la batalla ocurrió ayer.

Soldados republicanos durante la Batalla del Ebro.

Fue un enfrentamiento entre hermanos cuyos protagonistas más tristes fueron los jovencísimos soldados movilizados a la carrera por la República para evitar una derrota que era ya imparable.

La tragedia de la batalla queda bien representada por los soldados que han pasado a la historia como «La Quinta del Biberón».

El Gobierno de Negrín, en la esperanza de que el estallido de la II Guerra Mundial salvase a su república, no tuvo ningún remordimiento en llamar a fila a viejos y a niños.

La Quinta del Biberón, las levas de 1938 y 1939, arrastró al combate a 30.000 menores de edad, algunos con poco más de 14 años, que fueron enviados luchar y morir por la República en el último año de la guerra.

Al verlos uniformados dicen que Federica Montseny afirmó: «¿Diecisiete años? Pero si todavía deben tomar el biberón».

Muchos, muchísimos de ellos, cayeron en la batalla del Ebro.

“La Quinta del Biberón" desde la perspectiva republicana:

Experiencias y Testimonios

Siempre es un placer saborear la historia desde las fuentes primarias, individuos que han vivido los acontecimientos en primera persona, su relato sobrecoge. Emociona leer como recuerdan y se pregunta: ¿por qué yo sí y ellos no?

Precisamente, la parte de las entrevistas con los “biberones” es la parte más interesante de este ensayo.

Miquel Morera era un superviviente que con 104 años contaba su experiencia en la Quinta: «En mi compañía tenía ciento treinta y cuatro críos de diecisiete y dieciocho años que hace un mes aún estaban en sus casas: catalanes, valencianos, murcianos... Se les ordenó presentarse con cuchara, plato, manta y calzado. Algunas madres los acompañaban de la mano hasta la puerta misma del cuartel con bocadillos envueltos en papel de periódico».

En aquel momento, Miquel tenía tan solo 16 años. Su padre, maestro armero, se encontraba sirviendo en Teruel cuando le propuso que se uniera a él en la lucha. Según cuenta, los 16 años de antes no eran los de ahora. Ya con 14 años había tenido que ponerse a trabajar y a aprender un oficio.

Sin embargo, el caso de Miquel, que luchó con convencimiento y creía en una causa, no fue igual al de otros muchos jóvenes que se enfrentaron por obligación a la crudeza de la guerra.

Jaume Calbet, otro superviviente de la Quinta, también relató su experiencia. Él tenía 17 años y recuerda que no era consciente de a qué se enfrentaría.

Plasma muy bien la esencia de la Quinta al contar que cuando fueron llevados al parque Samá de Reus no durmieron porque se pasaron la noche tirándose paja unos a los otros mientras jugaban. Aquella noche ninguno imaginaba lo que se sentiría al matar a otro hombre.

Calbet contó: «Estuve en el Frente de La Fatarella, La Serra de Cavalls, aguanté, el primer día de la séptima ofensiva de los nacionales, desde primera hora de la mañana hasta que oscureció, la artillería por un lado y a la aviación por el otro, hasta que se hizo de noche. No puedo olvidar que a mí un obús me sepultó medio cuerpo en tierra y piedras. En esa batalla perdí a dos compañeros. A mi amigo Fornós, por un trozo de metralla que le impactó en la cabeza, y al otro, porque un obús le destrozó toda una pierna. Insisto. Cuando vas a algo así, no piensas en nada. Ni que puedes matar ni que te pueden matar o herir».

Algunos de estos jóvenes ni siquiera habían probado el alcohol, algunos lo hicieron antes de la batalla para elevar el ánimo. Además, no iban preparados, tuvieron que luchar en alpargatas y sin uniforme.

Según Jaume Calbet: «Yo solo tenía 17 años. De lo que realmente tenía ganas era de jugar, de hacer bromas con los amigos, de reírme de todo... Pero me lo quitaron. Me robaron la juventud».

El Legado de la Quinta del Biberón

Los supervivientes acabaron en penales y en cárceles franquistas, en campos de concentración o en batallones disciplinarios, y debieron cumplir luego un largo servicio militar.

Todos conservaron para siempre el terrible recuerdo de esa guerra en la que combatieron en alpargatas y sin cartucheras. La sarna, los piojos, la sed, las caminatas, la metralla.

Las voces quebradas de los chiquillos moribundos en el campo de batalla llamando a sus madres. Los compañeros muertos, enterrados a centenares en la Venta de les Camposines. Una pesadilla repetida noches tras noche a lo largo de los años en el momento de cerrar los ojos.

Más de la mitad de estos jóvenes reclutados no consiguieron ver acabar la guerra.

Sin embargo, la suerte de los que sobrevivieron fue muy dispar: una parte de ellos acabaron prisioneros por los ejércitos del dictador Francisco Franco, otra parte conseguiría abandonar el país y a la dictadura que no compartían llegando a Francia donde vivirían sino corrían la mala suerte de ser capturados y encerrados en campos de concentración; otros no salieron de España terminada la guerra y acabaron presos en Vitoria, Miranda del Ebro, Zaragoza, Barcelona e incluso en el Sáhara español; la mayoría de estos jóvenes acabarían afortunadamente en libertad aunque nunca olvidasen la injusticia que la situación del país les obligó a vivir, su ideología política o redención fue la causa por la que los franquistas no castigaron con mayor énfasis a unos jóvenes maduros a base de cicatrices.

Muchos de éstos reconocieron posteriormente estar coaccionados u obligados a alistarse al bando republicano por la orden de Manuel Azaña.

Después de sufrir los padecimientos y las penurias de la guerra, los supervivientes tuvieron que volver a casa para ser arrestados junto a sus familiares. Morera, por ejemplo, estuvo en una prisión y luego fue trasladado a un campo de concentración.

En la actualidad y desde 1983, un número reducido de supervivientes y familiares de esta quinta formaron la ‘Agrupación de Supervivientes de la Leva del Biberón’.

Organización que ha rememorado diversos actos relacionados con el trágico suceso de una guerra entre españoles.

Aspecto Detalles
Reclutamiento Jóvenes nacidos en 1920-1921, movilizados por la República en 1938-1939.
Número de reclutas Aproximadamente 27,000 jóvenes.
Motivación Cubrir bajas y reforzar el ejército republicano.
Batalla principal Batalla del Ebro, donde muchos perdieron la vida.
Legado Recuerdo del sufrimiento y la pérdida de la juventud en la guerra.

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