Nino Bravo: Una Voz Inolvidable y un Legado Perdurable

La voz profunda de Nino Bravo es una de las más conocidas de la música en España y Latinoamérica. El solista valenciano cantó himnos que trascienden generaciones como Un beso y una flor, Libre, Noelia o América, América. Su trágica muerte a los 28 años truncó una carrera que prometía mucho más, pero su legado sigue vivo a través de su música y los homenajes que se le rinden.

El 16 de abril de 1973, a las diez de la mañana, el BMW 2800 conducido por Nino Bravo, cuyo nombre artístico era Luis Manuel Ferri, sufrió un accidente en una curva de la N-III a su paso por Villarrubio, Cuenca. El vehículo se salió de la calzada y dio varias vueltas de campana. Gravemente herido, el artista valenciano falleció instantes después en una ambulancia que se dirigía a un hospital madrileño. Tenía solo 28 años. Sus dos acompañantes, los integrantes del Dúo Huma, lograron sobrevivir.

Ese día, el mundo de la canción ligera española lloró la pérdida de uno de sus símbolos. Muy pocos podían imaginar entonces que el éxito de sus pegadizas baladas iba a perdurar pasadas tres décadas. Que Noelia, América, América, Libre o Un beso y una flor sigan pegando fuerte en cualquier karaoke que se precie convierten a Bravo en uno de esos artistas que vive para siempre en el corazón de sus fans.

La historia de su primer éxito, Te quiero, te quiero (canción que dio título en 1970 a su primer LP) es también curiosa. Compuesta por Augusto Algueró para su mujer Carmen Sevilla, se escuchó por primera vez en la película argentina Aventura en Hong Kong (Daniel Tinayre, 1969) en voz de Lola Flores. Luego la cantó, sin pena ni gloria, Raphael y finalmente, por empeño del cantante, Nino Bravo.

Camilo Sesto y Nino Bravo protagonizan este lunes "El Legado de... las voces de los 70"

Un Mito en Escena: "Nino Bravo, el Musical"

Hoy se cumplen 36 años de su inesperada y terrible desaparición, pero el hombre que revolucionó el universo pop de los últimos años del franquismo ha dado un paso más al resucitar en los escenarios teatrales dentro de un musical.

«Es un mito. Ahora mismo está incluso por encima del grandísimo Raphael». El productor del espectáculo, Eliseo Peris, se deshace en elogios hacia el desaparecido cantante. Suya fue la idea de rememorar mediante 19 canciones su vida y trayectoria musical. Le ha costado «un año y medio» llevarla a la práctica. Su experiencia en el mundillo de la mano de trabajos de éxito como Beatles, la leyenda le permitió salvar los obstáculos. «Enseguida hablé del tema con Amparo, su viuda. Al principio la familia se resistía porque sólo quería un producto de calidad, y creo que lo hemos conseguido», relataba mientras da los últimos retoques a la creación.

El esperado estreno de Nino Bravo, el musical tuvo lugar el pasado 3 de abril en el Palacio de Congresos de Valencia y estuvo rodeado de una gran expectación. Hacía tiempo que el recinto de la capital del Turia tenía colgado el cartel de «No hay billetes», algo nada extraño si se tiene en cuenta que el artista es toda una institución en su tierra natal. La obra realizará hasta junio ocho escalas durante su gira por la península, entre ellas San Sebastián -el día 30- y Logroño. Después del parón veraniego recalará en Bilbao, si bien todavía no está fijada la fecha ni el auditorio que lo acogerá.

Quienes esperen un musical al uso, se equivocan. El propio Peris desvela que «ninguno de los intérpretes» hace las veces de protagonista. El inolvidable cantante está presente a través de una pantalla de doce metros de longitud instalada en la parte trasera del escenario, donde se intercalan imágenes o entrevistas inéditas cedidas por personalidades del mundo de la música de la talla de Augusto Algueró, José Luis Ulibarri o Juan Carlos Calderón. Una banda compuesta por diez músicos, un coro y cuatro jóvenes vocalistas elegidos en dos populosos castings ponen el toque distintivo a la obra.

Si los componentes de Class Music han buscado una fórmula para que nadie dé vida a Nino Bravo, es porque estaban persuadidos de que su cálida voz era única y difícilmente sustituible por un mero imitador. «Tenía un registro de tres octavas», recuerda a su vez el conocido periodista y productor musical Julián Ruiz, que le esperaba en un estudio de Polydor antes de su trágica muerte. El director del mítico programa Plásticos y Decibelios -en antena antes incluso de la llegada de la democracia a España- le presenta como un hombre «muy humilde, cariñoso y provinciano». En el buen sentido de la palabra, claro: «Yo le considero el Frank Sinatra español. No lo digo sólo por el estilo, seguramente más ajustado a los gustos latinos o mediterráneos, sino porque los dos tenían una voz característica e inigualable».

Se da la circunstancia de que, a comienzos de los 70, la Comunidad Valenciana dio una excepcional camada de cantantes melódicos. Juan Bau, Francisco, Jaime Morey, Juan Camacho... Todos tenían cierto parecido por el aire romántico que solían destilar sus canciones y encontraron su propio hueco en el complicado mundo de la venta de discos. Lo curioso es que los expertos postularan años después a un artista en las antípodas en los gustos tradicionales de la cantera levantina -Tino Casal- como sucesor de Bravo en los festivales.

Ruiz nunca lo terminó de ver en esa faceta. Será porque mientras con el intérprete de Eloise hablaba de David Bowie, con el tenor de Ayelo de Malferit hacía hacerlo de Sinatra.

El Reconocimiento Continuo

Un museo en su pueblo natal, miles de discos vendidos, club de fans con publicación propia... El legado del Nino Bravo es inmenso. Su figura ha sido homenajeada con profusión y canciones como Libre todavía suenan de cuando en cuando en las radiofórmulas, peso a lo cual apenas existen instantáneas de calidad del artista sobre un escenario. Menos aún en color. Tampoco le hizo falta ninguna campaña de marketing más allá de la inestimable ayuda de algunos pinchadiscos radiofónicos.

«Es una leyenda», proclaman Eliseo Peris y Julián Ruiz. Quién sabe, quizás el final trágico a su periplo musical haya resultado determinante para perpetuar su legado. Al igual que otros Elvis Presley o Kurt Kobein, murió en pleno «auge musical» y pasó a la historia subido en ese pedestal.

Cupido no quiso facilitarle la labor profesional a Nino Bravo y retrasó el inicio de su idilio con el gran público. Suena raro, porque el genio de la canción romántica ha hecho perdurar durante años ese amorío con millones de fans hispano hablantes, pero en sus inicios el cantante necesitó de un pequeño empujón mediático. Se lo dio vía radio otro valenciano de pro, el periodista Joaquín Prat. Sí, el presentador de El precio justo. «Tenía un programa nocturno en la Ser y a base de poner Te quiero, te quiero -a la postre el primer éxito del artista- hizo subir su popularidad como la espuma», desvela Julián Ruiz. Aquel hombre de penetrable voz, ex integrante de los Superson's y empleado de una joyería, se puso en órbita enseguida cuando apenas unos días antes la discográfica decía que «su estilo no terminaba de cuajar».

Las flechas del amor se incrustaron en Nino Bravo bastante antes que las del éxito musical. Una tarde del mes de diciembre de 1969, conoce a Maria Amparo Martínez en el Club Victor's de la capital valenciana, que ambos frecuentaban. Enseguida se gustaron. Dos años más tarde contraerían matrimonio en la más absoluta intimidad. La boda dio suerte al cantante, porque prácticamente coincidió con el relanzamiento de su carrera en los escenarios. «¡Triunfó incluso en Sudamérica!», recuerda Ruiz, amigo confeso del cantante.

Si los inicios en la élite musical fueron complicados, la llegada de Nino Bravo a ese restringido grupo de artistas que sonaba con asiduidad en las emisoras del país fue quizás aún más difícil. El quinteto Supersun's nació en 1962 y se separó apenas dos años más tarde. Tras cumplir el servicio militar y vivir una etapa personal de desorientación, el artista retomó en el 68 su carrera en los escenarios. Fue entonces cuando adoptó el nombre artístico que le catapultó al estrellato tan sólo meses antes de que Augusto Algueró le ofreciera grabar su primer single.

Cuando en 1971 la irrupción de Jesucristo Superstar revolucionó el mundo de los musicales a raíz de su polémico estreno en Broadway, el género estaba poblado por actores que cantaban. Hoy en día se da un proceso inverso. Basta con echar un vistazo a los anuncios de castings colgados en páginas webs en las últimas semanas en busca de nuevos talentos. «Se buscan tres cantantes que sepan actuar para un musical en Barcelona», dice un reclamo. Es muy probable que en el origen de ese cambio de tendencia en la contratación de profesionales se encuentre la obsesión por hallar una voz bonita o similar a la que tenían los grandes cantantes de las décadas de los 60, 70 e incluso 80, que en los últimos tiempos dan pie a muchas obras de éxito.

Quizá una prueba del ansia por encontrar reconocidos vocalistas esté la estrecha relación que mantiene ahora el género con la televisión; más en concreto, destaca el trasvase de protagonistas con Operación Triunfo. Esa historia de amor entre el mundillo y el conocido concurso dio comienzo en la primera edición del programa con la incorporación de Gisela al musical de Peter Pan, pero sigue vigente, como demuestra que otra mujer -Sandra- fuera seleccionada el año pasado para el papel de María Magdalena en la última versión de Jesucristo Superstar. Para el espectáculo creado ex profeso en homenaje al célebre Nino Bravo se ha recurrido también a cuatro artistas vocales con dotes interpretativas -David Castedo, María Marín, Carmen Rodríguez y José Valhondo-. De los actores con buena voz, ni rastro.

Aunque ninguno de los protagonistas es famoso. «Queremos dar importancia a la persona que da nombre a la obra, de ahí que hayamos optado por gente sin nombre», explican en la productora.

Cierto es que últimamente se estrenan en España más musicales que nunca, pero en las productoras especializadas andan con la mosca detrás de la oreja por la incidencia negativa que la crisis tiene en el taquillaje. Algunos cifran la pérdida de público en un 25%, si bien otros hablan de un descalabro cercano al 40%. «La gente consume menos cultura», se lamentan en dos empresas consultadas. ¿Cuestión de prioridades?

Nino Bravo en 1972

«A Nino Bravo lo hizo la gente», aseguraba Eva Ferri, hija del cantante nacido en Aielo de Malferit el 3 de agosto de 1944. Ahora, y hasta el próximo 28 de octubre, el Ateneo de Valencia abre sus puertas a Nino Bravo, la exposición, la mayor muestra sobre la vida -muchas veces desconocida- del cantante más internacional que ha tenido la Comunidad Valenciana.

El precio de la entrada es de 6 euros y la exposición se completa con un concierto -el éxito está siendo tal que la institución ya está prevenida por si hacer falta añadir otra fecha- en el que Eva Ferri, Felipe Garpe y Sheila García repasarán los grandes éxitos del músico.

Dividido en 7 espacios temáticos que repasan su vida personal y profesional, para Eva Ferri la exposición «salda una deuda» con el cantante ya que rendirle este homenaje, en el centro de la ciudad, permitirá a mucha gente adentrarse en la vida de Luis Manuel Ferri Llopis -Manolito, como le llamaban sus amigos de la infancia-.

Una parte importante de la muestra son los fondos del museo de Aielo de Malferit dedicado a su persona, pero, como explica el comisario de la muestra Darío Ledesma, «muchos coleccionistas privados, que se resisten a dejar algunos de sus objetos al museo, han accedido a hacerlo ahora ya que saben que es por un tiempo limitado». Eso explica la cantidad de objetos nunca vista.

Entre las piezas más destacadas figuran frikadas como el vinilo de Puerta de amor editado en Perú (1971) que, por error, fue publicado con la imagen de del artista Barry Ryan y tuvo que ser retirado del mercado. Se puede disfrutar también, y por primera vez, del cortometraje de 16 milímetros en color y con una duración de nueve minutos que incluye tres videoclips independientes (Noelia, Te quiero, te quiero y Mi gran amor).

Aún así le dio tiempo a abrirse paso en América Latina donde triunfó (y se le sigue recordando) en Perú, Colombia, Chile, Argentina y México (de ese país le llegaron varias ofertas para hacer cine, incluido un western). En Alemania, Francia o Portugal también se publicaron sus discos.

Otra faceta importante de Nino Bravo, que se olvida, es la de empresario. Harto de depender de Madrid -nunca quiso abandonar Valencia- fundó su propia empresa (que bautizó como Barni) para llevar sus asuntos (club de fans incluido) . De hecho cuando murió iba hacia la capital de España con los miembros del grupo Humo para que grabaran las voces del que sería su disco de debut.

La gran cantidad de revistas de la época y fotografías personales dan a conocer un parte poco conocida de su carrera. De hecho, su boda con María Amparo Martínez Gil fue en la más estricta intimidad: el único fotógrafo que acudió fue su amigo Jesús Torres.

Carles Jardí, responsable del aspecto fotográfico de la muestra, ha recuperado algunas icónicas. Entre ellas, una en la que aparece con un aspecto más rockero (de su época con los Superson, antes de la mili) o, todo vestido de blanco, en la primer parte de en su primer gran bolo, en el Teatro Principal de Valencia.

La evolución del aspecto de Bravo a lo largo de los años es muy curiosa, ya que fue un artista difícil de encasillar para sus casas discográficas. Por ejemplo, en la portada de su primer EP (1969) -que incluía los temas Como todos y Es el viento- tiene pinta de bon chic. Nada que ver con la solemnidad y la elegancia con la que solía vestir la corbata o del mono que le diseñó José Izquierdo con las letras N.B.

«Nino Bravo es más que América o Un beso y una flor, es un artista con más de 60 canciones en su haber.

Por último, recordad la dimensión que tuvo Nino Bravo en su época. «No fue un músico que ha ido creciendo con el tiempo a base de nostalgia, fue uno de los grandes de su época, que llenaba auditorios, se le invitaba a los principales programas de televisión, y cuyas canciones las componían los letristas más importantes, los mismos que hacían las de Julio Iglesias, Raphael o Rocío Jurado.

Nino Bravo, la exposición abrió sus puertas el 28 de agosto al 29 de octubre y permanecerá abierta todos los días desde las 10:00 horas hasta las 20:00 horas. El precio para el público en general entre semana es de 6 euros, con entrada reducida de 4 euros para jubilados, socios del Ateneo y niños a partir de 8 años. Para niños hasta los 7 años la entrada es gratuita. El precio para fines de semana es de 7 euros, con entrada reducida de 5 euros para jubilados, socios del Ateneo y niños a partir de 8 años.

El próximo 6 de septiembre un concierto homenaje al cantante estrenará el recinto Roig Arena. Los impulsores del evento, en el que participarán muchos artistas, aseguran que van a traerle de vuelta con tecnología inédita e Inteligencia Artificial. En la presentación, a la que ha acudido la cantante Marta Sánchez, este martes en Valencia, el promotor Paco Moreno ha remarcado que esto “no es un tributo, es un reencuentro”.

En el concierto, celebrado con motivo del 80 cumpleaños del tenor, están confirmados artistas de primera línea como David Bisbal, Pablo López, Malú, Marta Sánchez, Chambao, Niña Pastori, Miguel Poveda, Antonio Carmona, Andrés Suárez, Victor Manuel, Revolver, Pitingo, Eva Ferri y Juanjo Bona.

Un beso y una flor tiene 107 millones de reproducciones en Spotify, y Libre, 41 millones. La cantante Marta Sánchez ha expresado lo que Nino Bravo supone para ella. “Me hace especial ilusión formar parte del homenaje. Fue un viaje muy corto para él que deja un maravilloso legado musical en España. Recuerdo de niña escucharle en mi casa y a nadie dejaba indiferente. Su voz era un prodigio”.

La artista ha recordado que le hizo “ilusión grabar Libre en el disco homenaje con Universal de 2009. Para mí es una joyita en mi repertorio". Moreno, socio de la promotora de conciertos Westin Mayer, ha añadido que “Marta fue la primera artista que confirmó su presencia”.

La hija de Bravo, Eva Ferri, que cantará en el espectáculo, ha participado en la presentación. “Para mí hablar de Nino es un cúmulo de orgullo. Su voz es la banda sonora de muchas personas, no era solo suya”. La segunda hija del artista ha asegurado que se trata de un concierto que “no ha sucedido nunca” y que “vamos a sentir que Nino está aquí, en su tierra”. Ferri ha expresado “gratitud y emoción” a los impulsores del evento.

Los organizadores han asegurado que en el cartel “hay varios artistas valencianos”, pero no han querido desvelarlos.

“Hace un año, con el director de la compañía, Antonio Luna, decidimos hacer un evento así y no era un simple concierto. Combina lo clásico y lo futurista. Es el primer evento de esta magnitud en su ciudad y Nino literalmente estará con nosotros. Habrá avances tecnológicos inéditos e implicación de la familia y artistas. Una experiencia que no ha visto nunca España, ha señalado Paco Moreno.

Maricruz Laguna, de la agencia de representación GTS, ha explicado que “cuando Westin llamó a nuestras puertas nos pareció un proyecto super bonito. La respuesta de los artistas para el homenaje ha sido brutal. Hay más que anunciarán a posteriori. La familia de Nino ha sido el principal motor para que saliera adelante. El Roig Arena ofrece muchas oportunidades para la música en directo y va a ser un referente mundial”.

“El concierto es la punta del iceberg del 80 aniversario de Nino Bravo. Habrá lanzamientos discográficos, se recuperará parte de la obra, lanzaremos merchandasing... Desde Latinoamérica nos preguntan si hay opción de llevar el concierto a otro país", ha expresado Laguna.

Luis Manuel Ferri Llopis nació en el municipio de Aielo de Malferit, en La Vall d’Albaida, en la provincia de Valencia en 1944.

Publicaciones populares: