Hoy Nace una Clara Estrella Tan Divina y Celestial: Significado Profundo

La festividad del nacimiento de la Virgen María proyecta su luz sobre nosotros. Como dijo el Papa Francisco: “María es el primer resplandor que anuncia el final de la noche y, sobre todo, la cercanía del día. Su nacimiento nos hace intuir la iniciativa amorosa, tierna, compasiva, del amor con que Dios se inclina hasta nosotros y nos llama a una maravillosa alianza con Él, que nada ni nadie podrá romper.

María ha sabido ser transparencia de la luz de Dios y ha reflejado los destellos de esa luz en su casa, la que compartió con José y Jesús, y también en su pueblo, su nación y en esa casa común a toda la humanidad que es la creación”.

El Nacimiento de la Virgen por Bartolomé Esteban Murillo

El nacimiento de la Virgen María es un anuncio del nacimiento de Jesús, el preludio de la Buena Nueva. Entre las fiestas con que la Iglesia honra a su Madre, es lógico que ocupe un lugar importante el recuerdo de su nacimiento. La llegada al mundo de la que habría de ser Madre de Dios, es un anuncio y un anticipo de la redención obrada por Jesucristo.

El Anuncio del Profeta Miqueas

El profeta Miqueas, al referirse al pequeño pueblo de Belén de Efratá, anuncia el alumbramiento del Mesías (cf. Miq 5,2), que pastoreará con la fuerza del Señor y gobernará con brazo firme (cf. Miq 5,3). Y el evangelista Mateo retoma la profecía: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Mt 1,23). La mujer que colabora en esta hermosa gesta, única en la historia, es Santa María de la Victoria, la Virgen de Nazaret.

La Luz en la Oscuridad

La humanidad ha vivido siempre en sombras de muerte, como dice el cántico del Benedictus. La noche con sus terrores y oscuridad está presente en nuestra sociedad. Una sociedad que no tiene la luz de Dios va dando tumbos y hace mucho daño a las personas. Cuando el ser humano vive y actúa sin la luz de Dios, comete actos que degradan su dignidad.

La figura de María es el resplandor que anuncia el final de la noche; la aurora que pregona la presencia del Sol, cuya luz disipa las tinieblas del corazón humano. Escuchamos frases como ésta: “Por su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado” (segundo responsorio de las lecturas del oficio). “Cuando nació la santísima Virgen, el mundo se iluminó” (segunda antífona de laudes). “De ti nació el sol de la justicia” (antif.).

María como Icono del Amor de Dios

Celebramos hoy con gran alegría la fiesta de la Virgen de la Victoria, nuestra Madre y Patrona. Os invito, queridos fieles, a contemplar hoy a la Virgen como “icono del amor de Dios”. Ella es imagen hermosa y nítida del amor a Dios y al prójimo.

El libro del Apocalipsis, que hemos escuchado, nos la presenta de modo maravilloso como un gran signo en el cielo: «Una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1). La Virgen, además, lleva la luna como escabel de sus pies. La luna, símbolo de la Iglesia según los santos Padres de la Iglesia, refleja la luz del sol, que es Cristo; María es como la Luna. Ella es Madre de la Iglesia, como la llamó el Concilio Vaticano II y es el reflejo más nítido de esa Luz divina.

Nuestra Señora de la Victoria, Patrona de Málaga

La Virgen de la Victoria experimentó de manera singular, como ninguna otra creatura humana, el amor de Dios; su vida quedó envuelta y arropada por el inmenso amor divino infinito. Y Ella nos enseña a confiar en el amor de Dios y a experimentar su presencia en nuestra vida.

La Maternidad de María y el Amor al Prójimo

La Virgen, amada por Dios y envuelta en su misterio, ama con amor maternal a todos sus hijos. Ella «está encinta, y grita con dolores de parto» (Ap 12,2), porque con amor nos alumbra para vivir la fraternidad con su Hijo y para gozar de la vida eterna. El amor de Dios nos capacita para amar al prójimo.

El cuidado maternal de la Virgen por nosotros le resulta doloroso, como le resultó doloroso y sufriente el amor por su Hijo, al verlo morir en la cruz como un malhechor. El Apocalipsis insiste en la guerra que el diablo, simbolizado por el dragón, sostiene contra la mujer y contra su descendencia, es decir, contra «los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17); se refiere a los cristianos.

Queridos cofrades y devotos de Santa María de la Victoria, ¡dejaos amar por Dios; dejaos acariciar y envolver por Él! ¡Dejad que la Virgen María os acaricie el corazón! ¡Aprended de Ella a amar a Dios y al prójimo! ¡Confiad en Ella como madre nuestra! ¡Contemplad su belleza esplendorosa y radiante y escuchad su corazón, porque Ella entiende de amor!

Como si de una nueva primavera se tratara, cuando el verano comienza a declinar, muchas iglesias, ermitas y santuarios de la diócesis florecen al calor de la devoción a la Virgen María. Numerosas advocaciones marianas se extiende por nuestra geografía: Carrascal, Bustar, Soterraña, Manto, Henar, Fuencisla&hellip, por nombrar algunas.

Estas muestras de religiosidad popular congregan, como otros eventos eclesiales, a un gran número de personas muchas de las cuales tienen la oportunidad de expresar unos sentimientos y emociones que en otro contexto no podrían o no se atrevería, debido a esa absurda vergüenza de manifestarse creyentes. La religiosidad popular nos habla de Dios y de su historia de amor con el ser humano. Una historia jalonada de momentos y de personas.

8 de Septiembre - La Natividad de María: La Historia que lo Cambió Todo

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