Historia de las Casas Cuna en España: Un Refugio para la Infancia Desamparada

Las casas cuna en España representan una parte importante de la historia social del país, dedicadas a la protección y cuidado de niños abandonados o en situación de desamparo. Estas instituciones han evolucionado a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad.

Rueda de expósitos, un sistema para dejar bebés de forma anónima. Fuente: Wikipedia

Orígenes y Fundación de las Casas Cuna

En 1558 se crea en Sevilla, convocada en la Santa Iglesia Mayor, la Hermandad del Patriarca San José y de Nuestra Señora del Amparo. Sus fundadores fueron el arzobispo de Sevilla Fernando Valdés y el vicario general Juan de Obando, con la finalidad de recoger a los recién nacidos abandonados en la ciudad.

El «Hospicio de Niños Expósitos», fue una orden del Cabildo Catedralicio Hispalense en el siglo XVI. En 1590, al unirse la hermandad a la Cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús, establecida en el convento de San Pablo, pasaría a ser regida por el Cabildo de la Catedral.

Fue en el año 1627 cuando se trasladó a este punto de Sevilla en la hoy calle Cuna, que recibe su nombre del hospicio. En 1627, por iniciativa del cardenal Diego de Guzmán, se realizaron grandes reformas en su funcionamiento. La congregación primitiva se transforma en una junta, de la que formaban personalidades eclesiásticas y civiles, instituyéndose como protectores y presidentes de la misma a quien estuviese al frente de la diócesis. La nueva junta proporcionó una casas en la calle Federico de Castro, aunque el centro ocuparía distintas sedes hasta que se ubicó en la calle Cuna.

Nada más entrar una leyenda daba la “bienvenida”: “Porque mi padre y mi madre me desampararon, el Señor me recogió”, que debía resultar estremecedor pararse a pensar en todo ello.

Evolución y Características de las Casas Cuna

En 1806 se procede a la apertura de otra casa para niños de ilegítimo concepto, que pudieran tener el ampara necesario las jóvenes embarazadas en el momento del parto, “sin peligro propio ni de sus hijos”. Esto era aplicado, sobre todo para prostitutas que se quedaban embarazadas y eran acogidas al amparo de Nuestra Señora del Refugio o jóvenes que tenían “un desliz” con el típico señorito sinvergüenza.

El edificio constaba de dos patios y varias salas de uso común, así como de múltiples habitaciones destinadas a los niños y niñas acogidos. Acogió a cientos de niños y niñas que habían sido abandonados por sus padres o que se encontraban en situación de desamparo. Los pequeños eran cuidados por religiosas y por personal contratado por la institución, que se encargaba de su educación y formación.

La “Casa Cuna” de Sevilla se convirtió en una institución muy importante para la ciudad, que vio en ella una forma de atender a los más necesitados. Con posterioridad el edificio cesó en sus funciones en este emplazamiento y cedió su lugar a la “Casa Cuna” junto al Parque Miraflores, hoy sede de la Fundación San Telmo. Edificio de 1914 de Antonio Gómez Millán destacando el «aire» regionalista con ladrillos y azulejos. En su interior hay una capilla bendecida en 1922 en cuyo acto estuvo el rey Alfonso XII y la reina Victoria Eugenia. El retablo barroco sin dorar es del siglo XVIII obra de Francisco y Cayetano Acota.

Durante los siglos XVIII y comienzos del XIX la institución atravesó momentos de gran precariedad, pero en este siglo la asistencia a los necesitados se seculariza pasando a la Junta Municipal de Beneficencia. En este nuevo contexto desparecía en 1837 la junta de doce vocales, sustituida el 8 de abril de 1838 por una Junta de Señoras Protectoras Conservadoras de los niños expósitos, fundada por el gobernador Serafín Estébanez Calderón con la Diputación, el Ayuntamiento y la Junta Municipal de Beneficencia. Esta junta de señoras estaba integrada por un grupo nobiliario, que procuraba recursos para mejorar y organizar la casa.

Posteriormente se atribuyó a la Junta Provincial de Beneficencia la administración de la casa y se dejó a la sociedad de señoras la misión protectora de los niños expósitos y de la fundación. Así pues, aquéllas cuidaban de que las nodrizas lactaran a los niños por sí mismas, aconsejaban sobre la higiene de los niños y problemas de lactancia.

Desde diciembre de 1838 se hacen cargo del régimen interno del establecimiento una primera fundación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl compuesta por cinco hermanas siendo su superiora sor Francisca Ustariez.

Una real orden de 3 de abril de 1846 prevee la creación de "hijuelas" dependientes de la casa provincial y otra de 1848, circular de 3 de abril, establecía la Casa de Expósitos como centro benéfico provincial junto al Hospital de San Lázaro y el Hospicio y por la Ley de Beneficencia de 20 de junio de 1849 y su reglamento de 14 de mayo de 1852 se crearon las hijuelas en las cabezas de los partidos judiciales de Utrera, Carmona, Écija, Morón, Cazalla y Osuna.

La referida ley de 1849 privaba a las señoras de la mayor parte de sus atribuciones, quedando como la mas importante el cuidado de los niños externos que las señoras nombradas al efecto seguirían atendiendo por parroquias. Por real decreto de 6 de julio de 1853 se instituyó al frente de la casa central una junta administrativa nombrada por la Diputación Provincial, compuesta por un director, un secretario contador y un depositario. Los expresados cargos eran desempeñados gratuitamente por personas caritativas y de buena posición social. El director sería el jefe del establecimiento y el supervisor de la sociedad de señoras.

El decreto de 17 de septiembre de 1868 suprime las juntas de beneficencia y la Ley Provincial de 20 de agosto de 1870 reasume las competencias de beneficencia a favor de las diputaciones provinciales, pasando a depender la Casa de Expósitos de la Diputación Provincial de Sevilla. El servicio del establecimiento siguió confiado a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Asimismo formaban parte del personal las nodrizas internas, las amas externas de lactancia y las externas de destete.

Desde 1886 la Diputación Provincial se encargaría de la administración directa de los establecimientos benéficos. Las antiguas juntas encargadas del gobierno de las instituciones continuarían, pero sólo con el carácter de juntas directivas. El presidente y vicepresidente de la junta de gobierno habrían de ser diputados provinciales. El personal de oficinas quedaba refundido con el de la secretaría de la Diputación.

Funciones y Beneficiarios

La casa acogería a niños abandonados, hijos de madres solteras, de casadas fruto de relación extramatrimonial, de viudas pobres, de viudos con hijos recién nacidos, de matrimonios sin recursos, madres sin suficiente leche para criar o que por necesidades de trabajo no pudieran atenderles.

Los niños expósitos eran asistidos en la casa central y en sus seis hijuelas desde el día de su ingreso hasta que cumplían la edad de seis años, que pasaban al Hospicio.

En 1913 la Junta de Señoras Protectoras y Conservadoras de Niños Expósitos de Sevilla promueve la construcción de un nuevo edificio en unos terrenos de la Huerta de San Jorge, cedidos a tal efecto en tal año por su presidenta Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija, en los que el arquitecto Antonio Gómez Millán contruirá en 1914 un magnífico ejemplo del estilo regionalista. A la bendición de la capilla en 1924 asistieron el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Hay que destacar el impulso del pediatra José González-Meneses Jiménez, director de la casa en 1919.

Entre los años 1971 a 1987, impulsada por su director, el pediatra Ignacio Gómez de Terreros, la actividad del centro se orienta prioritariamente a la promoción de las adopciones. La institución terminará desapareciendo como tal en 1987 y siendo sustituida por la labor de los Servicios de Atención a la Infancia de la Diputación Provincial en colaboración con la Junta de Andalucía.

Casa de Expósitos de Diego Valenzuela

La Casa de Expósitos era un establecimiento fundado por Diego Valenzuela, canónigo de la Catedral, por testamento otorgado en 27 de agosto de 1582 en el que deja establecido que, a su muerte, se haga venta de sus bienes y el producto lo disfrute su hermano Antonio Valenzuela y su mujer, María de Mendoza, para que éstos hagan una obra pía si él no lo hiciere y que la hagan a favor de los expósitos.

La situación económica de esta Casa siempre fue deficitaria. En 1639 eran casi 200 los expósitos recogidos en ella y la carestía de la vida hacía imposible mantenerlos con las pocas rentas de que disponía. En los siglos XVIII y XIX la situación sigue siendo semejante: gran número de expósitos, pocas rentas y nodrizas mal pagadas.

Al hacerse la clasificación de los establecimientos benéficos de la capital en 1847, la Casa de Expósitos fue considerada establecimiento provincial y se unió al Hospicio de Mujeres en el mismo edificio. En el reglamento formado por la Junta Municipal de Beneficencia ese mismo año, aparece con la denominación de “Casa de Maternidad” aunque las normas que se dan regulan sólo la atención a los expósitos, sin citar en ningún momento a las mujeres embarazadas.

En consecuencia de estas normas, la atención a la infancia necesitada va a quedar repartida entre la Casa Cuna y Maternidad, con sus hijuelas de expósitos de los pueblos, y los Hospicios En los nuevos reglamentos de los establecimientos aprobados en 1887 vemos que ya se habla de Casa Cuna y departamento de Maternidad, ambos a cargo de un director facultativo y las Hermanas de la Caridad. Al primer departamento, de Inclusa y expósitos, pertenecen las criaturas ilegítimas y después los huérfanos de padre y madre, pobres, completamente desvalidos, que no hayan cumplido la edad de 7 años, así como los huérfanos de madre a quienes los padres no puedan proporcionar nodriza por falta de recursos.

Por otra parte, la Casa Cuna estaba dividida en tres secciones: de lactancia, hasta los 16 meses; de destete, desde los 16 meses hasta los 4 años; de párvulos, desde esta edad hasta los 7 años

A finales de 1939 se produce un cambio en los Centros asistenciales de la Diputación. Los Hospicios de hombres y mujeres pasan a denominarse Colegio Internado de Santo Domingo y Colegio Internado de Santa Teresa, manteniendo sus funciones, pero los niños pequeños de 0 a 4 años pasan a un edificio alquilado en la avenida del Generalísimo que se denominará “Instituto de Puericultura” u “Hogar del Niño Jesús”.

Durante este periodo de 1940 a 1952, Maternidad permanece en el palacio de Villardompardo, llevándose a cabo obras de reforma y ampliación previa adquisición de una finca colindante.

El Caso de la Casa Cuna de Úbeda

Abandono infantil

Úbeda fue una de las ciudades andaluzas que experimentó durante la baja Edad Media mayor desarrollo urbanístico, económico y demográfico. Ello tuvo como consecuencia añadida el abandono frecuente de niños nacidos fuera de la norma; hijos del desamor, la pobreza y las rígidas normas sociales imperantes. Por ello desde comienzo de la modernidad surgieron instituciones caritativas orientadas sobre todo a bautizar a los niños que se abandonaban por las calles, un espectáculo público escandaloso para las hipócritas conciencia del momento. Todo ello fue favorecido en esta ciudad del Reino de Jaén por la temprana fundación del convento de Santi Espíritu, orden hospitalaria cuyos religiosos, canónigos regulares de san Agustín, habían recibido del papado la misión de atender a los expósitos desde que la orden de San Juan de Dios se dedicaba a la atención de pobres.

Así en las dos ciudades de Jaén donde se establecieron conventuales de esta antiquísima encomienda, Baeza y Úbeda, pese a su proximidad geográfica, funcionó ya desde el siglo XVI una cofradía y casa cuna que llevaba el nombre de Santi Espíritu, encargada de coordinar acciones que evitaran el espectáculo cotidiano de ver cadáveres de recién nacido abandonados; cofradías que tenían en el convento solo su lugar de referencia, pues estos conventos nunca tuvieron casa-cuna en sus dependencias, ni su religiosos realizaron labores directas de atención a los expósitos.

Así, aunque a la casa cuna llegaban bastantes donativos, cuotas por conciertos, y recibía legados testamentarios, los niños ingresados morían por hambre, frío y suciedad, amontonados en casas ruinosas regentadas por un ama; casas que se llamaban “cunas”, pero eran solo un lugar de agonía para todos los niños que allí esperaban que alguna mujer pobre quisiera sacarlos a darles pecho por unos pocos reales al mes. Amas de cría que los devolvían pronto a la cuna por no recibir ni ese miserable estipendio. Solo se salvaron unos cuantos “prohijados” por particulares; adoptados, aunque no en el concepto moderno del término, pues no se obligaba a los padres adoptivos a tratarlos como hijos propios.

Por todo ello la Casa cuna de Úbeda, cuyos datos estadísticos hemos podido estudiar a fondo, constituye uno de los mayores dramas sociales del pasado y una prueba más del colosal fracaso en la atención a grupos marginados del Antiguo Régimen. Ejemplifica además la corrupción interna de estos conventuales del Santi Espíritu, hasta el extremo que el obispado de Jaén acabó por prohibirles dar nuevos hábitos y tuvo que separar las propiedades de los expósitos de las específicas de este convento, que desapareció por sus propios errores antes de las desamortizaciones. En su ruina habían arrastrado a la muerte a miles de recién nacidos.

Dado que el abandono de niños fue generalizado en todos las poblaciones, y que en la mayoría no haba lugares para acogerlos, un alto porcentaje de los niños que se abandonaban en la inclusa de Úbeda, depositados en sus campos y calles, en puertas de iglesias y conventos, o echados al torno de la cuna, eran forasteros. Por eso los mayordomos responsables de esta obra pía establecieron ciertos sistemas de control para obligar a los pueblos vecinos a pagar un canon, en metálico o especie, para recibirles sus niños, que eran trasportados por cosarios -algunos llegaron hasta de Yeste, en la actual provincia de Albacete- en condiciones de crueldad extrema para un recién nacido.

En consecuencia, lo sucedido en la casa cuna de Úbeda es extrapolable a todos los demás pueblos, e indicativo del escaso valor que tenía la vida de un niño que había nacido fuera de las estrictas normas del momento.

Datos Estadísticos de la Inclusa de Úbeda (1665-1788)

Entre 1665-1788 se registraron en los libros de Asiento de la inclusa de Úbeda 6.417 ingresos de expósitos, con un valor medio anual de 56,78 ingresos para los 113 años que hemos estudiado (faltan datos de algunos años). El seguimiento individualizado que he realizado a cada expósito, hasta conocer su destino último, me ha permitido saber que el 11, 81% de estos niños son prohijados (758 expósitos), momento en que quedan fuera del control de la obra pía de S. José, sin que ya sea posible seguirles la pista (ocasionalmente alguno de los prohijados fue “devuelto” nuevamente a la Cuna, por circunstancias diversas). Sólo 120 expósitos (1, 87% del total de ingresos) son recuperados por sus familiares al poco tiempo de haber ingresado. Todos los demás niños fueron teóricamente “criados” a cargo de la Cofradía de S. José, bien en domicilios de amas externas, que cobran entre 20 y 16 res. vn. al mes por este trabajo, bien dentro de la inclusa, mantenidos allí sin amas de leche, “desabiados”, hasta que mueren.

Muerte lenta o rápida, pero inexorable: el 32% de estos expósitos encargados a la Cofradía muere antes de cumplir el mes, el 27,47% lo hace antes de los tres meses y sólo el 2,26% supera los 3 años. Al final morirán todos: me consta la muerte de los 5.465 niños “criados” por cuenta de la obra pía de S. José. Esta cifra supone el 86,16% de mortalidad respecto ingresos totales para todo el periodo, descontados los adoptados y recuperados, a los que he querido imaginar “supervivientes” de tan terrible masacre. Por lo tanto, en esta Casa-Cuna murió el 100% de los expósitos “criados” por la institución tutelar.

La indiferencia con la que el mayordomo escribe al final de cada ficha de asiento que un niño está «desabiado», sin alimento, refleja el “acostumbramiento” ante la muerte de unos niños que estorban, nacidos para agonizar de hambre ante el endurecido corazón de unos cofrades “piadosos”. No hay que buscar muchas explicaciones: en Úbeda la mayoría de los niños expósitos murió de hambre. Y sobran otras interpretaciones más suaves para expresar tanto horror.

Niños procedentes de todos los pueblos de un entornos geográfico, de 39 localidades diferentes, que mandan a esta casa cuna de Úbeda más de 2.000 niños en la época citada, para no verlos morir en sus pueblos; lo que representa que el 33.7% del total de los ingresados en los libros de asiento de esta institución son foráneos. Hijos de todos y de nadie.

Concepto Cantidad Porcentaje
Ingresos totales de expósitos (1665-1788) 6,417 100%
Niños prohijados 758 11.81%
Niños recuperados por familiares 120 1.87%
Mortalidad antes del mes N/A 32%
Mortalidad antes de los tres meses N/A 27.47%
Mortalidad superando los tres años N/A 2.26%
Niños fallecidos bajo cuidado de la Cofradía 5,465 86.16%

La Casa Cuna de Armilla: De Leprosería a Hospicio

Existe en la localidad de Armilla, lindando con el término municipal de los Ogíjares, uno de esos edificios que han visto pasar el tiempo y que está repleto de historias personales y vivencias. El edificio, propiedad de la Diputación de Granada, forma parte del conjunto de Residencias y Centros Sociales de los que esta institución dispone en dicha población. Todos ellos cumplen en la actualidad una labor social impagable y en muchos casos insustituible. Quizás desconozcan la interesante y aún viva historia de la 'Casa Cuna'. No se denomina así por azar o capricho. Lo que en el principio de su existencia empezó siendo una leprosería, terminó por convertirse en un hospicio.

Tuvo su germen con la Constitución de 1812, “la Pepa”. En ella se asientan los pilares de la posterior reglamentación en materia de beneficencia en España. Hasta entonces el estado venía siendo el principal valedor de dichas competencias. El papel que ha jugado la Diputación Provincial a lo largo de los años de su existencia ha sido determinante.

Virgilio Castilla, Presidente de la Diputación de Granada en 1931, fue quien impulsó inicialmente la labor social que hasta hace unos años ha venido desarrollando la 'Casa Cuna'. Lo que en sus principios fue ideado para acoger a enfermos de lepra, enfermedad devastadora a principios del siglo pasado, acabó siendo un hospicio. La Casa Cuna, en particular, cumplía una doble función social. La de acogida de niños y niñas por un lado, y por otro la de proporcionarles una educación y un futuro estable mediante un trabajo. Tampoco podemos olvidarnos de la congregación de las Hermanas de la Caridad.

La que fue antigua y hermosa iglesia dentro de este edificio ha sido reconvertida a día de hoy y tras unas obras de adecuación en sala de exposiciones y multiusos. En dicha muestra encontramos planos, documentos -algunos de ellos notariales y en forma de actas de constitución-, proyectos y multitud de fotografías que forman parte de su semblanza en forma de crónica histórica.

Publicaciones populares: