Hiperpigmentación de las Falanges Distales en Lactantes: Causas y Consideraciones

La hiperpigmentación de las falanges distales del recién nacido es una dermatosis benigna transitoria de la infancia, autorresolutiva y no relacionada con otros trastornos cutáneos. Es un hallazgo habitual en los lactantes de piel negra, e infrecuente en las pieles más claras.

La pigmentación se observa durante los primeros meses de vida y disminuye en intensidad en el transcurso del primer año.

Melanocitos y producción de melanina.

Diagnóstico Diferencial

Es crucial diferenciar la hiperpigmentación de las falanges distales de otras afecciones cutáneas, como la sarna o escabiosis, que pueden presentar síntomas similares en lactantes.

La escabiosis o sarna ha acompañado al hombre a través de la Historia. Se conocen alrededor de 40.000 especies de ácaros en el mundo pero, según los expertos, el número debe ser aún mucho mayor.

La sarna o escabiosis es una dermatosis parasitaria que ha afectado al hombre desde la antigüedad; sin embargo, a finales del siglo XIX, se aceptó que el Ss era el agente causal. Se han descrito brotes epidémicos de sarna cada 20-30 años, aproximadamente, coincidiendo con períodos bélicos o cambios en el comportamiento de la sociedad.

Está producida por el ácaro Sarcoptes scabiei variedad hominis (clase Arachnida, subclase Acarina, orden Astigmata, familia Sarcoptidae), que completa su ciclo vital en el humano y afecta selectivamente a la piel. Se trata de una ectoparasitosis relativamente frecuente, que se adquiere por contacto directo de piel con piel, a través de fómites (toallas, ropas y sábanas).

Aunque la infestación por los ácaros de la sarna no es una enfermedad potencialmente mortal, el prurito persistente, no controlable, puede alterar la calidad de vida de los pacientes; llega a ser tan intenso que con frecuencia mantiene a la víctima despierta por la noche. A menudo, se complica con una infección secundaria.

La escabiosis es un problema frecuente de salud pública. Presenta una mayor prevalencia en las comunidades pobres de los países en vías de desarrollo. El hecho de que se facilite su contagio entre las personas con contacto físico estrecho y regular, explica que sea mucho más común en grupos que viven hacinados, en condiciones higiénicas deficientes y situaciones de promiscuidad.

Por ello, se entiende que tenga relación con el nivel socioeconómico y cultural de la población, los problemas sociales, la promiscuidad sexual, situaciones de hacinamiento, migraciones, la época del año y el desarrollo de catástrofes y desastres naturales. Es una enfermedad cosmopolita, con una mayor incidencia en países templados y fríos, sobre todo en épocas de invierno y otoño. Quizás se explique por la mayor tendencia al hacinamiento en relación con el frío.

A pesar de todo, y por las condiciones de vida actuales, con movimientos migratorios importantes, viajes de turismo o profesionales, hacia países que la sufren, la enfermedad puede afectar a cualquiera, no importa cuál sea su clase social o raza. Y, aunque implica por igual a ambos sexos y a todos los grupos de edad, por el particular mecanismo epidemiológico que mantiene, se explica la importante afectación familiar o de grupos cerrados.

Es por eso que en la gran mayoría de los casos se observan micro-epidemias dentro de los hogares, así como de ambientes cerrados donde conviven día a día: jardines de infancia, colegios, escuelas, cuarteles, cárceles, etc. Son, por tanto, grupos de riesgo, especialmente los niños, las madres de lactantes y los ancianos que viven en instituciones.

Se ha demostrado que, cuando el ácaro entra en una familia, los más susceptibles de padecerla son los menores de dos años, seguidos de las hermanas mayores y las madres. Es una enfermedad importante en la infancia; ya que, la prevalencia de la sarna se ha demostrado que es mayor en esta etapa de la vida.

Su principal mecanismo de transmisión es directo, por contacto íntimo de la piel de persona a persona, de por lo menos 10 minutos, incluido el contacto sexual. La probabilidad del contagio dependerá del número de parásitos que tenga la persona infectada y de la “duración” del contacto.

La higiene personal no necesariamente evita el contagio, pero puede variar la forma de presentación clínica, haciendo la enfermedad más leve y de difícil diagnóstico. En realidad, el contagio sexual de la sarna no deja de ser una eventualidad. En la actualidad, es considerada de transmisión sexual.

Menos frecuentemente, de forma indirecta, por compartir vestimenta, sobre todo prendas íntimas, ropa de cama, toallas… Se produce si están contaminadas con ácaros juveniles o adultos de personas infestadas, que han usado la ropa hasta 48 horas antes; ya que, el ácaro aislado tiene la vida limitada a 2-3 días.

Se han descrito diferentes ácaros que parasitan específicamente a sus respectivos animales, provocándoles patología también específica. En el caso del hombre, desde el punto de vista epidemiológico, se le considera a él como el principal reservorio de la sarna humana.

Las personas pueden infestarse por los ácaros de los animales de compañía, principalmente, los perros. Aunque la prevalencia de sarna en la antigüedad era muy elevada por la falta de higiene y de tratamiento específico, en la actualidad ha disminuido por los cambios higiénicos, cambios en los estándares de vida, tratamientos adecuados y, probablemente, por aumento de la población inmune a adquirir la enfermedad.

En la sarna, se produce una respuesta inmune de hipersensibilidad retardada contra el ácaro y sus productos (huevos y deyecciones). Se conocen alteraciones en el cociente T-helper-1/T-helper-2 en los pacientes afectos y la presencia de un aumento de la IgE, con eosinofilia que aparece a las 4 semanas de la infestación y que explican la existencia del prurito como síntoma cardinal del cuadro.

Se han publicado interesantes estudios que analizan las respuestas inmunitarias, tanto celulares como humorales, implicadas en la interacción parásito huésped, y que explican los diferentes patrones de comportamiento de los individuos expuestos a Ss.

Sarcoptes scabiei variedad hominis es un ácaro del suborden Acaridida, de tamaño pequeño, forma redondeada u ovalada y no segmentado. A simple vista, son difíciles de ver por su color blanquecino y pequeño tamaño (menor de medio mm la hembra y algo menor el macho). Posee 4 pares de patas cortas, las anteriores y las posteriores están provistas de órganos a modo de ventosas y el resto, terminan en unas cerdas largas, características de la especie.

El aparato bucal prominente se encuentra en el extremo anterior, y le sirve para alimentarse del estrato córneo de la epidermis. Desde el huésped inicial, y quizás movida por el calor y el olor, la hembra pasa a su nuevo huésped y, bien en la superficie de la piel o en las galerías del estrato córneo, la hembra es fecundada, muriendo el macho tras la cópula.

Excava túneles de 1-3 mm, avanzando de 0,5-5 mm por día, y en ellos coloca de dos a tres huevos ovalados al día y sus deyecciones. Y, al parecer, tan sólo un 1% de los depositados completarán su desarrollo hasta adultos. Esta frenética actividad la desarrolla por un lapso de 4-6 semanas y, después, muere. Durante una infestación normal, es posible encontrar de 5 a 15 hembras, llegando a miles en el caso de una sarna noruega.

Después de 3-8 días de haber depositado los huevos, las larvas salen de los mismos y se dirigen a la superficie de la piel. En menos de 10 días se transforman en hembras y machos adultos. Las formas juveniles excavan túneles en la epidermis, donde se alimentan de detritus celulares. El ciclo se completa en 2-3 semanas. Esto explica que el periodo de incubación sea de entre una a tres semanas.

El síntoma princeps de esta dermatosis es el prurito, con rasgos clínicos que lo hacen prácticamente inconfundible. La sarna es una dermatosis intensamente pruriginosa como consecuencia de la infestación y de una hipersensibilidad al ácaro. Analizaremos por separado el síntoma prínceps, el picor, así como las diferentes lesiones elementales.

El síntoma cardinal de la sarna es el picor, común en todos los pacientes. Suele iniciarse de forma insidiosa a los 15-20 días después del contagio (periodo de incubación), salvo en reinfestaciones, donde puede acortarse a 1-3 días. Paulatinamente, se va exacerbando y es difícil de controlar. La intensidad es máxima en la noche, al acostarse, no siendo extraño que llegue a producir insomnio.

También, puede producirse prurito durante el día, pudiendo interferir en las actividades de la persona (ésta no puede evitar rascarse); por otra parte, las uñas, al rascar, producen lesiones que fácilmente son contaminadas por bacterias, complicando el cuadro. Abarca todo el cuerpo con excepción de la cabeza y la espalda. Sin embargo, esto puede variar en el paciente inmunocomprometido y en los niños de corta edad, donde normalmente el prurito es más generalizado, con un rascado incontrolado e insatisfactorio.

  • Lesiones directas: Aquellas producidas de forma directa por el ácaro. Las de mayor valor diagnóstico son los denominados “surcos acarinos”. Expresión externa de los túneles epidérmicos labrados por la hembra, a la par que digiere la epidermis. Son trayectos lineales, levemente sobreelevados y eritematosos, y que miden varios mm. Al final de los mismos, se detecta una fina vesícula que corresponde al sitio donde está alojado el parásito: la denominada eminencia acarina o perla escabiótica o vesícula perlada de Bazin. Son lesiones vesiculosas, transparentes, menores de 1 mm. En ocasiones con eritema perivesiculoso, debido a la reacción inflamatoria que se genera. La hembra buscará, para poder penetrar mejor, áreas con estrato córneo más fino. Esto explica que, aunque los podemos encontrar por cualquier área anatómica, sin embargo, son mucho más frecuentes, en zonas de pliegues.
  • Lesiones indirectas: Las producidas como una reacción cutánea a la presencia del ácaro y por los efectos lesivos del rascado. Encontramos pápulas, lesiones sobreelevadas y eritematosas de distribución bilateral, simétrica y generalizada. La combinación del prurito y las lesiones elementales configura una erupción con particularidades propias, altamente diagnósticas. Cronológicamente, en el primer momento de la infestación, son las lesiones directas (vesículas y surcos) los elementos más fácilmente detectables.

Se ha descrito sarna en edades muy tempranas, incluso a partir de los 15 días de vida. Por ello, la topografía de la enfermedad varía en relación con la edad del niño. Así, en los lactantes, afecta prácticamente a todo el cuerpo, pudiendo encontrarse lesiones en áreas muy típicas de este grupo de edad y evocadoras del diagnóstico, como son el cuero cabelludo y la planta de los pies y palmas de mano (Fig. 1). En estas dos últimas localizaciones, no es extraño observar elementos pustulosos, tipo acropustulosis palmoplantar, donde es raro encontrar al ácaro.

Figura 1. Topografía de la sarna en el lactante.

Recientemente, se han revisado estas formas de acropustulosis infantil en niños incluidos en programas de adopción internacional(3), que han pasado las primeras etapas de su vida en instituciones de acogida con no muy buenas condiciones higiénico-sanitarias. Se manifiestan en forma de brotes recurrentes, vesiculosos, intensamente pruriginosos y surgidos a partir de infestaciones escabioticas previas en la mayoría de ocasiones. Los pies se afectan el 100% de casos y, algo menos, las manos. Pueden afectarse también el dorso de los dedos. No hay afectación oral y no hay otros miembros de la familia afectos.

Los episodios duran varias semanas, pero pueden recurrir semanas o meses después. Se ha comprobado su asociación hasta en un 50% de los casos con dermatitis atópica. Y se insiste en reconocer la entidad como tal y no interpretarla erróneamente como: enfermedad mano-pie-boca, impétigo, infección herpética, sífilis congénita, foliculitis pustulosa eosinofílica infantil, síndrome de Gianotti-Crosti, psoriasis pustulosa infantil, eccema dishidrótico o sarna recurrente (evitando así repetición de tratamientos escabicidas innecesarios).

La resolución espontánea a los 3-5 años de edad es la norma y su información a los padres puede ayudar a tranquilizarlos ante la recidiva de lesiones. Ocasionalmente, se han descrito niños con brotes ocasionales a lo largo de los años.

Apreciaremos zonas de eccematización o lesiones impetiginizadas, que pueden dificultar la observación nítida de surcos y vesículas, al igual que nódulos en la axila y zona del pañal, incluso puede haber ampollas (frecuentes en los lactantes). El lactante se muestra irritable, por la falta de sueño secundario al prurito y con sobreinfecciones añadidas

La denominada sarna ampollosa, rara entidad, fue referida inicialmente en un niño de dos años y, posteriormente, ha sido descrita muy ocasionalmente. En niños en edad escolar y adolescentes, las lesiones tienen la topografía del adulto; es decir, marcada tendencia a ubicarse en los pliegues.

Las podemos encontrar por cualquier área anatómica; sin embargo, son mucho más frecuentes, por este orden, en: región interdigital, axila, ingles e interglútea. Y también en cara interna de antebrazos, brazos y anterior de muñeca. En mujeres adolescentes, es habitual la afectación de la zona areola y pezón, y en el hombre, lesiones en el pene y escroto. También, en abdomen y región periumbilical en ambos sexos.

Los ácaros tienden también a esconderse sobre la piel debajo de los anillos, brazaletes o pulseras de reloj. No es infrecuente que, en algunos casos, la erupción y el picor puedan persistir varias semanas, incluso meses, después del tratamiento adecuado con los escabicidas. En caso de encontrar una sarna costrosa en niños sanos, debe investigarse la posibilidad de alteración de la inmunidad. En RN, esta forma de presentación se debe a la inmadurez de la respuesta inmune.

Los síntomas son más graves que en la forma normal. Clínicamente, el aspecto varía notablemente con respecto a la morfología tradicional, ya que, bajo las múltiples lesiones costrosas e hiperqueratósicas distribuidas por manos, pies, rodillas, codos e incluso cuero cabelludo y cara, habitan numerosísimos ácaros (Fig. 3). El prurito, por el contrario, es mínimo y no corresponde a la extensión ni a la intensidad de las lesiones.

Especialmente afectas se encuentran las superficies flexoras, dorso, cabeza, región retroauricular y zonas palmar y plantar. La piel muestra descamación, que incluso puede ser generalizada, provocando un cuadro de eritrodermia, habitualmente sin prurito.

Figura 3. Sarna Noruega.

Hay distrofia ungueal con compromiso del lecho ungueal y con engrosamiento de las uñas. La piel engrosada dificulta el tratamiento, ya que los productos tópicos difícilmente la atraviesan. Estas formas se asocian a una alta mortalidad por las complicaciones que pueden aparecer, si no se hace un buen diagnóstico y un buen tratamiento.

Sarna nodular: como forma de reacción exagerada a antígenos acarinos con presencia de nódulos pardo-rojizos, firmes al tacto, llamativos y localizados preferentemente en escroto, glande, glúteos y área periumbilical. Pueden incluso persistir hasta semanas después de un correcto tratamiento.

Sarna animal: se han encontrado especies de Ss que parasitan a determinados animales que conviven con el hombre por motivos laborales o de compañía: ganado bovino, cerdo, caballo, llamas y alpacas, conejos y al perro, según sea la especie p...

En resumen, aunque la hiperpigmentación de las falanges distales es generalmente benigna y transitoria, es fundamental realizar un diagnóstico diferencial adecuado para descartar otras afecciones cutáneas que puedan requerir intervención médica. La evaluación por un profesional de la salud es clave para la tranquilidad de los padres y el bienestar del lactante.

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