El desgarrador testimonio de Caroline Darian: Hija de Gisèle Pelicot y su lucha contra el horror familiar

Este miércoles 22, la activista francesa e hija de la ya histórica Gisèle Pélicot, Caroline Darian, publica por primera vez en España su obra Y dejé de llamarte papá (Seix Barral, 2025). En ella, narra su historia personal tras descubrir los crímenes cometidos por su padre, hoy condenado a 20 años de prisión por drogar y someter a violaciones reiteradas a su exmujer.

Caroline Darian, en el foyer, la noche del lunes en el Palau de Congressos de Catalunya. Fuente: Xavier Cervera Vallve / La Vanguardia

Se trata de un relato autobiográfico salpicado de dolor, rabia e impotencia ante una realidad que rebasa los límites de lo emocionalmente asumible. Pero también de resiliencia y lucha tenaz por conseguir que la vergüenza y la culpa cambien definitivamente de bando. El coraje y arrojo de quien decidió que su juicio se celebrase a puertas abiertas se convierte en el leit motiv de su obra testimonial.

El descubrimiento del horror

Fue la tarde del lunes 2 de noviembre del 2020 cuando Caroline recibió la llamada de su madre. «Ella me explicó que había descubierto esa misma mañana que mi padre había estado drogándola durante unos 10 años para que diferentes hombres pudieran violarla. En ese momento, perdí lo que era una vida normal. Recuerdo que grité, lloré, incluso lo insulté.

Dominique Pelicot utilizó durante años un portal web para ponerse en contacto con decenas de hombres para violar a su esposa, a la que previamente drogaba para que estuviera inconsciente. Durante la entrevista en la BBC explicó que, días después de aquella terrible conversación con su madre que reveló que su padre era, según ella, «uno de los peores depredadores sexuales de los últimos 20 o 30 años», la policía se puso en contacto para mostrarle una serie de fotografías que habían encontrado en el ordenador de su padre.

En ella aparecía una mujer en una cama vestida en ropa interior. «Viví un efecto de disociación. Me costó reconocerme desde el principio», aseguró. En ese momento traumático y confuso uno de los policías le dijo: «Mira, tienes la misma marca marrón en la mejilla..., eres tú».

En la presentación, ha hablado de cómo se encuentra ella, su madre y su hijo de 10 años, víctima colateral de la "depravación" de su abuelo. El infierno de la hija de Pelicot, narrado en primera persona: las 9 frases con las que salda cuentas.

Caroline Darian es la hija de Gisèle y Dominique Pelicot, el hombre que, a finales del año pasado, fue condenado a veinte años de cárcel por drogar sistemáticamente a su mujer e invitar a decenas de hombres a que la violaran, mientras ella estaba inconsciente. Darian no es su apellido real (del que se "avergüenza"), sino la contracción de los nombres de pila de sus dos hermanos, David y Florian, que, tanto para ella como para su madre han sido un pilar fundamental en el desarrollo del juicio público que tuvo lugar en 2024.

Con admirable valentía, Gisèle aceptó que el caso se retransmitiera por televisión, con el objetivo de desenmascarar a su marido y al resto de sus agresores sexuales, además de visibilizar los peligros de la sumisión química. Es en este aspecto donde Caroline entró de lleno en el juicio pues, entre las múltiples grabaciones que la policía encontró sobre las agresiones sexuales cometidas, había dos fotografías en la que ella se reconoció como víctima.

Por mucho que su padre le jurara durante el proceso que "nunca la tocó", ella está convencida de que sí lo hizo (por medio del uso de las drogas) y de esa idea parte la redacción de su libro Y dejé de llamarte papá.

Dominique Pelicot. Fuente: El Mundo

El texto autobiográfico parte de los hechos acontecidos el día 2 de noviembre de 2020, momento en el que toda la familia se entera de que la policía - a raíz de una denuncia por acoso a unas niñas en un supermercado- había encontrado en el ordenador de Dominique varios vídeos en los que su madre, Gisèle, aparecía siendo violada por numerosos hombres. Entre ellos, estaba su padre. Y, en la carpeta, titulada bajo la palabra 'Abusos', también había dos fotografías de una chica joven de pelo castaño semidesnuda, que tenía un lunar inconfundible: el suyo.

Fue entonces cuando Caroline se dio cuenta de que ella también formaba parte de la "perversión" de un hombre al que, tal y como hemos podido comprobar en la presentación del libro, siempre se refiere como "Dominique" y nunca como progenitor. Porque el día en el que se destapó la verdadera personalidad de un padre al que ella "amaba" profundamente, dejó de dirigirse a él como tal.

La lucha contra la sumisión química

Además de llevar a cabo este cambio de denominación para distanciarse lo máximo posible de Dominique, Darian decidió transformar su impotencia en activismo para ayudar a mujeres como su madre. Actualmente se dedica en cuerpo y alma a defender, a través de distintas iniciativas, a las víctimas de violencia por sumisión química en el seno familiar.

Lo ha hecho principalmente a través de su asociación #MendorsPas: “Stop à la soumission chimique” (NomeDuermas: Stop a la sumisión química): en ella brinda apoyo integral a supervivientes de esta práctica, así como a las personas de su entorno cercano. Darian decidió transformar su impotencia en activismo para ayudar a mujeres como su madre.

“Como en otras situaciones de agresión en círculos cercanos, los fenómenos de control y el miedo a las repercusiones sociales y familiares impiden a las víctimas hablar o actuar. Y en el caso del sometimiento químico, el hecho de no tener recuerdos claros de la agresión ni del agresor, y de no reconocer los síntomas, dificulta especialmente la toma de conciencia de la propia condición de víctima”, indica en la web de la fundación. Por ese motivo aporta numerosas herramientas para identificar la sumisión a través de los síntomas mentales y emocionales que acarrea esta violencia.

El impacto en los hijos de agresores

El testimonio desgarrador de Caroline es el de miles de hijos de agresores silenciosos, hombres en apariencia “normales” y modélicos padres de familia, cuyas agresiones son descubiertas tras años de pacífica convivencia. Saberse hijo de un maltratador o violador trae consigo unas consecuencias traumáticas cuyos efectos pueden manifestarse durante años. Ello está contemplado en la misma Ley contra la Violencia de Género, que estipula que toda violencia ejercida contra la madre lo es también contra sus criaturas.

“En el caso de la hija de Pélicot hay una cuestión traumática en la ruptura de una idealización, es decir, este hombre era un buen padre para mí y de repente todas mis vivencias y todos mis recuerdos cobran otro sentido. Ahora me doy otras explicaciones, el relato y la narrativa sobre muchas cosas que han pasado en mi infancia ahora adquieren otro sentido”, explica a Público María Bilbao, psicóloga experta en menores víctimas de violencia.

Destruir el mito en torno a la figura paterna, teóricamente fuente de cuidados o, al menos, protección, requiere de una compleja tarea de gestión emocional. Ante el reto que esta desmitificación entraña, ya que genera en la persona sentimientos contradictorios y confusos, los hijos de agresores reaccionan de formas muy dispares: hay quienes son capaces de integrar ese shock y afrontar la realidad, incluso condenar públicamente las violencias, como ha hecho Caroline. Otros, no obstante, niegan esa violencia para evitar una ruptura de su estabilidad mental al conocer una realidad tan brutal.

Por eso es frecuente que algunos hijos traten de minimizar la gravedad de los hechos cuando descubren la verdad. Esto se debe principalmente a dos motivos: por un lado, como traslada la experta, hay quienes niegan que sus padres hayan cometido agresiones para evitar así “traicionar ese ideal de padre perfecto”. Es frecuente que algunos hijos traten de minimizar la gravedad de los hechos cuando descubren la verdad. “Se trata de figuras muy idealizadas que tienen a veces una parte muy seductora y narcisista en la que parecen padres estupendos y divertidos”, apunta. En este sentido, negar la violencia funciona como parte de un mecanismo cerebral tendente a evitar el sufrimiento psíquico y la quiebra del equilibrio emocional. Por otro, al peso que tiene el cuestionamiento todavía constante de los relatos de las denunciantes en la sociedad actual. Esa crisis de credibilidad propicia el autoconvencimiento, por parte de los hijos, de que esas agresiones no existen.

Crecimiento en un hogar con violencia machista sin saberlo

La psicóloga señala que las consultas de salud mental están “repletas” de adultos que, tras haber normalizado la violencia durante buena parte de su vida, ahora han averiguado que sus progenitores son agresores o maltratadores psicológicos. “De repente hay una especie de desvelamiento de que esto que yo veía normal resulta que llevo viendo violencia toda mi vida”, subraya.

Nos referimos, sobre todo, a violencias que antes no eran cuestionadas ni siquiera por las instituciones y que incluso se daban por funcionales dentro de la familia. A medida que se deja de naturalizar la violencia patriarcal, se multiplican los mecanismos para identificar patrones agresivos. Esos patrones se confrontan porque dejan de verse como lógicos. Por esta razón -y gracias a las enormes transformaciones sociales del feminismo- hoy miles de mujeres han descubierto que ellas o sus madres fueron víctimas tras “desbloquear” ciertos episodios de su infancia.

Estos recuerdos, al principio aislados entre sí se van juntando y encajando con el tiempo, hasta conformar un puzle coherente en el que de repente todo cobra sentido. La mayoría desentrañan ese pasado cuando acuden a consulta médica. Lo hacen porque padecen síntomas vinculados a la experiencia de haber visto o recibido abusos, como puede ser cuadros de ansiedad. Eso sí, desconociendo inicialmente que se trata de una consecuencia de presenciar agresiones. “Hay muchísimo más trauma de lo que parece. Muchísima gente se da cuenta de adulta que ha vivido violencia en su casa y por eso se encuentra mucha sintomatología”, aclara la psicóloga. Estos síntomas incluyen desde pesadillas, patologías físicas y situaciones de estrés hasta problemas de baja autoestima.

Los apegos ansiosos a la hora de relacionarse con su entorno, en especial con las parejas, son también secuelas recurrentes, ya que sus modelos de referencia han sido inestables. Según un estudio publicado por el Ministerio de Sanidad, el 68,2% de los hijos de víctimas de violencia han presenciado, de alguna forma, el trascurso de episodios violentos, sobre todo ante agresiones físicas y abuso psicológico.

La especialista alegra que “ese hallazgo de la violencia va minando a la figura de apego, hace que se deteriore la relación hijo-progenitor y muchas personas adultas arrastran ese trauma toda la vida ya que ese efecto no desaparece cuando dejan de ser niños”. Es más, como destacan desde UNICEF, para sobreponerse al trauma de haber vivido en un entorno violento, los menores acaban desarrollando mecanismos de adaptación como la obediencia extrema o comportamientos violentos.

Aquellos menores que identifican perfectamente las agresiones como tales manifiestan lo que en el campo de la salud mental recibe el nombre de “apegos desorganizados”: se trata de reacciones a priori contradictorias entre sí, ya que los niños perciben la violencia hacia uno de sus progenitores y reaccionan con ira y rabia contra el agresor, pero al mismo tiempo lo normalizan para no perder a sus figuras de referencia. En general, como indica la mencionada investigación, los menores que han experimentado situaciones de violencia en casa presentan más desajuste, a nivel psicoemocional y conductual, que aquellos que nunca han vivido un evento de esta naturaleza.

Algunos llegan a culparse a sí mismos por haber originado situaciones violentas. Esto a la larga deriva, como establece la psicóloga, en comportamientos disruptivos, retraimiento, e incluso depresiones en niños y adolescentes, a la vez que merma el aprendizaje por las secuelas de la violencia. Además, numerosos estudios interrelacionan las violencias sexuales contra madres con el abuso sexual infantil de sus criaturas y a la inversa, es decir, que mujeres descubran haber sufrido abusos a partir de las historias de sus hijos.

“Es súper habitual que cuando se desvela un abuso en una menor, por ejemplo, a lo largo de un tratamiento, la madre descubra que también ha sido abusada, que si no lo tenía consciente, desbloquee ese recuerdo y recuerde que también ha sido abusada”, cuenta Bilbao. Según datos de la plataforma de salud mental y bienestar Somos Estupendas, 1 de cada 5 niños y niñas ha sufrido, sufre o sufrirá un abuso sexual infantil, es decir, se estima que aproximadamente un 20% de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso en la infancia.

Fuente: Muy Interesante

La condena y el proceso post-juicio

Tras la condena de 20 años y, sabiendo que su agresor ya tiene 70, la familia se mantiene a la "espera" de saber cuánto tiempo pasará realmente Dominique en prisión. Mientras tanto, cada familiar ha iniciado un proceso emocional post-juicio del que, con total sinceridad, nos ha hablado: "Gisèle va bien, continúa con su vida.

Ha encontrado una especie de serenidad desde que terminó el proceso judicial, aunque se enfrenta a su continuación porque hay un recurso. En mi caso, aunque de forma global estoy bien, todo ha sido agotador y siento que mi duelo no ha terminado. He tenido que lidiar con muchas emociones, como la vergüenza de llevar el apellido Pelicot, aunque no lo use. La vergüenza de ser hija de uno de los mayores de depredadores sexuales de la historia.

Pero me he dado cuenta de que no son las víctimas de delitos sexuales los que deben llevar la carga de la vergüenza a sus espaldas", ha dicho en rueda de prensa. Ése mismo pensamiento - empoderante - fue el que llevó a su madre a permitir que el juicio fuera público, para que los acusados no tuvieran "el regalo" de declarar a puerta cerrada y decir "lo que les diera la gana". Y, aunque su propósito fue un éxito - y masivamente apoyado por la opinión pública - Darian se encuentra en medio de un proceso interno en el que ha llegado a preguntarse "si el crimen cometido por Dominique podría ser algo genético", temiendo que hubiera heredado la maldad de un familiar tan directo.

El allegado por el que más se ha interesado la prensa es, sin duda, su hijo de diez años y nieto de Pelicot. En entrevistas posteriores, y a pesar de la "magnífica relación" que mantenían niño y abuelo, Caroline aseguró que le había contado "toda la verdad" del caso, para que pudiera iniciar su propio proceso: "Mi hijo lleva tres años en terapia y, afortunadamente, va al colegio y lleva una vida de un chico de su edad. La vida que le corresponde.

Sabe que su abuelo ha hecho cosas muy graves. Siempre le hemos dicho la verdad porque nos parece que forma parte de su proceso de sanación", ha concluido. En cuanto a si ella iniciará también un proceso de acusación contra su padre por lo que el propio tribunal calificó como "las noches en blanco de Caroline", dice que no tiene "pruebas suficientes" para demostrar que fue víctima de agresión y sumisión química.

Por ello, se ha comprometido en la visibilización global de este tipo de agresiones, advirtiendo de que el uso de la burundanga y demás drogas que anulan la voluntad de la víctima, "no está presente sólo en los bares y discotecas", sino que uno lo puede sufrir en su propia casa.

Tabla: Resumen del caso Pelicot

AspectoDetalle
Víctima principalGisèle Pelicot
AgresorDominique Pelicot
DelitosSumisión química, violaciones reiteradas, abuso sexual
Condena de Dominique Pelicot20 años de prisión
Número de agresores condenados51
Libro de Caroline DarianY dejé de llamarte papá
Asociación de Caroline Darian#MendorsPas (Stop a la sumisión química)

Reflexiones finales

Caroline Darian define a su padre como un "monstruo". "Cuando miro hacia atrás, no recuerdo realmente al padre que creía que era. Miro directamente al criminal, al criminal sexual que era. Él sabía perfectamente lo que hacía y no está enfermo. Es un hombre peligroso. No hay manera de que pueda salir. De ninguna manera. «Pero tengo su ADN y la razón principal por la que me comprometo tanto con las víctimas invisibles es también para mí una forma de poner distancia real con este tipo», contó, a la vez que afirmó que, aunque «está agotada por el juicio», «está bien».

Caroline Darian, en su lucha contra la sumisión química, busca visualizarla y trata de que las víctimas denuncien más estas situaciones aunque muchas no tengan recuerdos nítidos de las agresiones. Incluso considera que muchos casos se quedan sin denunciar porque puede que las víctimas ni siquiera se den cuenta de que fueron drogadas. Ella siente que también ha sido una víctima.

Tras destapar el caso de su madre, la Policía contactó con Caroline cuando encontró en posesión de su padre dos fotografías en las que veía a una mujer inconsciente acostada en una cama, vestida únicamente con una camiseta y ropa interior. Era ella. "Sé que me drogó, probablemente para abusar sexualmente de mí, pero no tengo ninguna prueba", añade.

CASO PELICOT | Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot: "Mi padre debería morir en prisión"| EL PAÍS

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