Hijos Adultos Desconsiderados: Causas y Soluciones

Nadie desea tener hijos adultos desconsiderados y poco amables. Los extremos son perjudiciales, por lo que es fundamental analizar las causas y buscar soluciones para fomentar relaciones familiares saludables.

La Importancia de los Límites en la Infancia

Los límites en la maternidad y paternidad deben ser pensados desde una manera de empatizar con el menor, haciéndole entender el porqué a veces se puede o no se puede hacer algo. Los mayores deben ser conscientes sobre qué límites tienen los niños en casa que les conviertan en personas amables, que les aporten valores y les brinden un ambiente de seguridad emocional.

En la otra esquina, tenemos una vida en la que al no saber poner límites en los niños, estos pueden convertirse en hijos adultos desconsiderados, ante la ausencia de una figura de autoridad en el hogar que le proteja.

Por ello, la psicología infantil se ha enfocado en desarrollar actividades para trabajar normas y límites con padres, para ayudarles a crear un clima de respeto por las emociones de todos los miembros.

Cómo Establecer Límites desde el Amor

De esta manera, tanto vosotros como el pequeño podréis explorar juntos los límites en la maternidad y/o paternidad, además de poder adelantaros a escenarios futuros.

Otra manera de cómo poner límites desde el amor, es pidiéndoles que planteen soluciones o propuestas a las disputas que puedan estar enturbiando el ambiente hogareño.

Es normal que al poner límites en los niños, estos van a querer sobrepasarlos como una manera de asegurarse de que es un lugar seguro para ellos. Es parte del mecanismo natural.

Es decir, los límites en los niños pueden ser flexibilizados, de tal manera que puedan aprender a ganar autonomía. Los cambios nunca son fáciles, pero bien que valen la pena.

Tened presente que hablamos que las limitaciones de un niño están pensadas para prepararle a crecer y salir a la sociedad.

Si queremos que el poner límites en los niños funcione correctamente y que os hagan caso, es necesario que les pidáis ayuda. Por ejemplo: ¿qué tal si me ayudas a guardar los juguetes, mientras te preparo la cena?

En esto último, también podréis trabajar los límites en los niños si les dejáis participar en ciertas decisiones, como por ejemplo, podéis preguntarles si desean tomar la merienda antes o después del baño.

Conversad. Y para ello quiero dejaros uno de los más sencillos ejemplos de límites para niños en casa: supongamos que desea que le permitáis ver una hora más de su serie favorita el viernes por la noche, ¿qué podéis negociar con él o ella a cambio?

Especialmente para los más pequeños, es importante que al momento de poner límites en los niños que ya cuentan con cierta capacidad de ser conscientes de sí. No es lo mismo poner límites en los niños de dos años, que están experimentando el mundo a través de su tacto y gusto, que establecerlos para chicos de 5 o 7 años.

La mejor manera de poner límites en los niños es cumpliéndolos vosotros mismos, especialmente cuando los chicos ya tienen cierto poder de discernimiento. Ya os comenté que los chicos aprenden por lo que ven y hacen, no por meras palabras.

Los límites a niños se van a ver llevados a la desobediencia con muchísima frecuencia. Es normal, pues son creados en una etapa en la que los chicos comienzan a ganar autonomía.

Quien mucho amenaza no termina por cumplir, y la violencia nunca deja nada positivo.

La Manipulación y sus Efectos

Sí, decididamante estoy en contra de todos los manipuladores, pero también y en especial de las madres manipuladoras con sus hijos, porque el daño que causan es nefasto y duradero. Y abundan más de lo que parece.

Suele coincidir con madres a quienes no les ha salido bien su vida de pareja o han quedado solas y lo pagan con los hijos que se dejan, trantando de ganarlos para sus intereses, de culpabilizarlos, si estos tratan de vivir su vida (lógico en los adultos) con que si no tienen en cuenta el sufrimiento que padecen. Les recuerdan constantemente lo mucho que hicieron por sus hijos y lo que se han sacrificado.

En otros casos les acusan de ser malos hijos, egoistas o desconsiderados para doblegar su voluntad. Les angustian comentándoles los fallos cometidos en lo que ellas consideran sus deberes familiares.

Todo esto no es ilógico si los hijos se comportan de verdad de forma irresponsable y desconsiderada pero en los que se comportan normalmente es injusto, por el daño inmerecido que produce.

Por tanto lo que se debe hacer es estar prevenidos para detectar esas conductas de manipulación a partir de ese instante, impermeabilizarse y rebelarse antes de que el mal no tenga ya remedio.

De no hacerlo se exponen a vivir impregnados de la culpa y verse limitados en sus vidas, amén de deteriorar y salpicar sus relaciones emocionales de pareja. O sea, que hay daños no solo personales sino también colaterales.

Los hijos más sensibles, débiles y responsables son las víctimas más propicias de estos comportamientos.

Cierto es que hay hijos que son expertos en librarse de tales consecuencias. No me refiero a estos.

La Adolescencia: Un Periodo de Transición

Todos sabemos que la adolescencia es un periodo de tránsito que discurre entre la infancia y la edad adulta. También comprendemos que es una etapa de grandes cambios a nivel biológico, emocional y relacional. Pero, ¿por qué tendemos a tener una visión tan negativa de la adolescencia?

La característica fundamental de la adolescencia es la necesidad de formar una identidad propia, de lograr cierta independencia dentro del núcleo familiar y de buscar referentes externos con los que identificarse. En el proceso de construir la propia identidad, el adolescente querrá formar parte de un grupo elegido por él mismo, querrá sentirse parte de algo nuevo, de un grupo social no elegido por los padres. No hay nada negativo en esto.

La búsqueda de referentes externos hace que, en contraste, las posiciones familiares sean vistas como anticuadas y sobreprotectoras. Los padres pueden ser cuestionados por imponer límites que al adolescente pueden parecerle absurdos o desconsiderados.

Los adolescentes suelen tener fuertes sentimientos de frustración ante las injusticias y algunos límites familiares pueden ser calificados así: “no es justo”, “los demás sí lo hacen”, “tú no me entiendes”… Esa capacidad de reflexionar sobre lo justo o injusto, esa energía y motivación, es propia de la edad. ¿Cuándo la van a tener si no es ahora?

A la necesidad de lograr la aprobación de los demás, de gustar a los amigos, se une la necesidad de experimentar, de probar diferentes comportamientos y looks, de transgredir normas y curiosear. Es cierto que estas conductas se gestionan desde un cerebro todavía en formación. El córtex pre-frontal, encargado de la toma de decisiones y del control de impulsos está todavía en desarrollo, por este motivo la demanda cada vez mayor de autonomía no siempre va acompañada de una asunción de responsabilidades por parte del adolescente.

Ante la necesidad de autonomía y la frustración, el adolescente puede mostrarse a veces agresivo. La agresividad por parte del adolescente no es sólo la que se manifiesta de forma física (portazos, lanzamiento de objetos, empujones…) sino también de forma verbal (amenazas, insultos, comentarios despectivos…)

Como siempre, dependiendo de la intensidad y la frecuencia de estos comportamientos estaremos hablando de un comportamiento que se engloba dentro de la “normalidad” o, por el contrario, de una situación de pérdida de control que debe ser tratada por un psicólogo especialista en psicología infantil y adolescente.

Si quieres acompañar a tu hijo en el maravilloso proceso de hacerse mayor, las reglas cambian al pasar a esta etapa. Déjale hablar y expresar su punto de vista. Negocia límites asociándolos a responsabilidades. En el momento que haya una agresión: párala. Ten presente que, en la adolescencia, como en el resto de etapas de nuestros hijos, tu modelo de conducta es el que realmente le va a enseñar cómo comportarse.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

La controversia suscitada sobre su existencia se la puede situar a raíz de la notica publicada en un periódico alemán en 2012 donde se afirmaba que el “descubridor” del TDAH, Leon Eisenberg (1922-2009), confesó pocos meses antes de morir que “este trastorno realmente no existía”. Esta afirmación fue producto de una mala traducción del artículo original, donde se hablaba sobre el incremento de diagnósticos de enfermedades mentales.

Eisenberg afirmó que este trastorno estaba siendo sobrediagnosticado y que había que plantearse ser más preciso al respecto. Hay que destacar que no se puede atribuir a una sola persona el descubrimiento del TDAH.

Eisenberg fue un psiquiatra infantil que llevó a cabo estudios sobre el efecto de los fármacos en niños con problemas de concentración durante la segunda mitad del siglo pasado.

Los primeros registros datan de 1798. Alexander Crichton, describió las características de lo que actualmente entendemos como TDAH presentación inatenta.

Más tarde, en 1845, Heinrich Hoffmann, escribió la obra “Pedro el Melenas”, un conjunto de 10 cuentos sobre problemas psiquiátricos en la infancia y adolescencia.

En 1902, George Still, publicó un artículo en el que describió a un grupo de niños con síntomas similares a lo que hoy en día se diagnosticaría como TDAH con presentación combinada: niños que no dejaban de moverse y lo tocaban todo, desconsiderados con los demás, que no parecían preocupados por las consecuencias de sus acciones, con un carácter escandaloso, que manifestaban una gran falta de atención y parecían carecer de “control sobre su conducta”.

Still se refirió a este conjunto de síntomas como un “Defecto de Control Moral” y falta de inhibición volitiva, cuya atención se veía supeditada a aquellos estímulos que les ofrecían una gratificación inmediata.

Desde Still hasta los años 50, el TDAH fue concebido como el resultado de un daño cerebral. A finales de los años 50 surgen diferentes hipótesis. En 1960 se presenta la hiperactividad como un trastorno del comportamiento, coincidiendo con la visión conductista.

En la década de los 70, la dificultad para mantener la atención y para controlar los impulsos, es decir, los aspectos cognitivos, empiezan a adquirir relevancia frente a la hiperactividad.

Son muchos años ya de experiencia y de trabajo, tanto con las personas que lo sufren, (y hablo de personas, porque no sólo son niños, sino también de adultos), como con sus familias. Lo que inquietó a Eisenberg fue el sobrediagnóstico, pero no negó la existencia del TDAH.

La revista médica Lancet Psychiatry, publicó en febrero de 2017 un estudio: “Diferencias en el volumen cerebral subcortical en sujetos con TDAH en niños y adultos”. Se trata de un estudio internacional en el que participaron 1713 personas con TDAH y 1529 controles con edades entre los 4 y los 63 años. Este estudio ha añadido más evidencias sobre la base neurobiológica de este trastorno. Se descubrió que las personas con TDAH poseen una reducción en el volumen de estructuras subcorticales del cerebro.

Cómo poner límites SALUDABLES a tus hijos (y a las personas) | Dr. César Lozano

Reflexiones Finales

Querido lector, ten en cuenta lo siguiente: Nadie es un padre o madre perfecto. Los errores son normales. Aunque vuestros niños ya tengan cierta edad, nunca es tarde para hacer las cosas bien, para cuestionar nuestros métodos y hacer las cosas lo mejor posible. Después de todo, eso es parte de la vida.

Tal vez en vuestra infancia no hubo tal acompañamiento emocional, y aunque cada caso es particular, a veces debemos comprender que los padres y cuidadores hacen lo mejor que pueden con las herramientas que tienen a la mano.

Luego de haber leído este pequeño artículo, quisiera preguntaros: ¿qué límites tienen los niños en casa? ¿Estáis seguros de cumplir en pleno con una educación basada en el respeto y el desarrollo de la autonomía individual del pequeño?

En Academia de Emociones La Experiencia, váis a poder indagar en vuestras propias experiencias de vida, esas que son tan primordiales para la relación con vuestros chicos.

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