La partida de un gran maestro del cante no significa el fin del cante, sino su continuación, enriquecimiento y renovación. Esto se ha demostrado a lo largo de la historia con figuras como Silverio, Juan Breva, El Mellizo, Chacón y Manuel Torre, entre otros.
En un emotivo homenaje a su legado musical, Alex Gallardo, hijo del icónico cantante Miguel Gallardo y de la actriz Pilar Velázquez, ha lanzado una nueva versión de la inolvidable canción "Hoy tengo ganas de ti" con motivo del 75 aniversario del nacimiento de su padre. El punto de partida de este homenaje es una de las canciones más populares de su padre, Álex.
Miguel Gallardo.
Recuerdos Personales y la Chispa del Proyecto
La verdad es que me vinieron a la cabeza millones de recuerdos juntos, desde que era niño y me cantaba en el coche o me contaba cuentos con música clásica de fondo mientras estábamos tumbados en el suelo a nuestros momentos jugando al fútbol o divirtiéndonos en el parque de atracciones.
Hace cuatro años, durante la pandemia. Yo era una de esas personas que, durante los primeros meses, sentí bastante miedo, porque no sabía lo que estaba sucediendo. Dediqué mucho tiempo a pensar y recordé que mi padre me había inculcado dos valores muy importantes: la autenticidad y la honestidad.
Acogida del Homenaje
Está mal que lo diga yo, pero está siendo un éxito y la acogida está siendo increíble. El videoclip ha tenido 800.000 visualizaciones en dos semanas.
Videoclip de "Hoy tengo ganas de ti" interpretado por Álex Gallardo.
El Legado de Fosforito
De todos es bien conocido, Antonio Fernández Díaz nació en una de las épocas más difíciles de la historia de España, en 1932. Hambre y fatigas a espuertas. Guerra y posguerra, y un niño listo como el hambre con hambre de pan, pero más de nuevos horizontes. Esos los encontró en algo absolutamente etéreo, sin sustancia aparente, puro aire que se expulsa por la boca modulado a golpe de corazón: el cante flamenco.
Fue la pasión que ha atravesado su vida, desde los ocho años con que empezó a cantar por unas monedillas en las tabernas de su pueblo, hasta los 93 años con que su corazón se ha parado, reconocido ya con los más altos galardones que pudiera imaginar el hijo de una humildísima familia de Puente Genil. Habría que imaginar a ese niño -que hoy llamaríamos hiperactivo-, de un lado para otro, aprendiendo letras y melodías de cantes de viva voz, como hacían los juglares en la Edad Media, para guardarlos en su prodigiosa memoria -de la que hablamos aquí con motivo de su 90º cumpleaños- y reinterpretarlos de una manera distinta.
Y tendríamos que verlo también cuando, con solo 23 años, se alzó en mayo de 1956 con todos los premios del I Concurso Nacional de Córdoba, con la voz hecha cisco por una reciente enfermedad y las paredes del estómago con telarañas. Y triunfar luego, y recorrer el mundo con las únicas herramientas de su voz y su memoria. Y grabar decenas de discos, y recorrer varias veces la distancia que va de la Tierra a la Luna en coche para ir a festivales, peñas y teatros, y encontrar una compañera de viaje excepcional, Maribel, y formar una familia, y luchar como un titán para sacarla adelante.
Y cantarle las cuarenta a cuanto tonto se le acercara. Antonio aprendió de todos, de donde fueran, de gitanos y gachés, como debe ser. Son muchas las lecciones que ha dejado a artistas flamencos -ya sean del cante, baile o guitarra- y a aficionados. Una es que el cante está siempre por encima del cantaor. Esto tiene un peluseo y da para un tratado de estética de hondo -jondo- calado. Lo inmaterial por encima de lo material; lo inmanente sobre lo coyuntural.
Otra es que la palabra dada es ley, sin necesidad de papeles por medio. Antonio era refractario al chalaneo, la coba y la ojana, a decir que sí y luego, a la media hora, decir que ya no. Para Antonio cualquier tiempo pasado solo fue pasado, por eso instaba a mirar siempre al futuro. Esa es otra de las enseñanzas que nos ha dejado una de las personas más vitalistas que ha conocido uno en su vida. Como también es la de ayudar a quien empieza, ya fuera aficionado o artista.
Todos los que hemos aterrizado en el flamenco lo hemos hecho con la sensación de llegar tarde, por mor de los relatos que escuchamos a los mayores, que llevan el marchamo de lo mítico, como debe ser. Pero Fosforito, de alguna manera, inculcaba que uno tenía que ser hijo de su tiempo y que debía apreciar lo que se tiene alrededor, aquí y ahora. Su legado discográfico está al alcance de todos para que se escuche y se disfrute, para que se aprenda de él y se desaprenda, que es la mejor manera de aprender.
Podríamos seguir y seguir, pero toca hacer una crónica luctuosa, que es lo que corresponde ahora, pues su figura se ha glosado y se seguirá glosando siempre, como corresponde a los clásicos. Antonio se operó hace un mes de un problema de arterias. La intervención salió bien pero en el hospital contrajo una infección que lo obligó a permanecer ingresado una semana. Cuando le dieron el alta se fue a casa con un tratamiento de antibióticos que siguió al punto, como solía hacer con todo.
El día 24 de octubre lo visité y lo noté magníficamente, algo débil aún pero muy entero. Me convidó a una deliciosa compota de batatas que acababa de hacer (bromeé con que mi madre la solía acompañar con manzanas y membrillos, el fruto estrella de Puente Genil) y hablamos largo y tendido de las cosas que tenía proyectadas, algunas en común, y del optimismo con que arrostraba la convalecencia. Muchos jóvenes de veinte años no tienen esas ganas de hacer cosas que tenía Antonio.
Ayer, 13 de noviembre, me llegó a las 10 de la mañana la terrible noticia. El resto es bien sabido: el Ayuntamiento de Málaga decretó dos días de luto oficial y habilitó la capilla ardiente en su sitio principal, el Salón de los Espejos, para que familiares y amigos pudieran darle el último adiós. En el sepelio Antonio, su hijo mayor, me dio algunos detalles: el miércoles 12 le rebrotó de nuevo la fiebre -amainada antes por los antibióticos- y marcharon para el hospital. “En esta sí que me muero”, fueron las palabras a su primogénito.
Sintió que esta vez la corná iba por derecho. A las 7:30 de la mañana del día 13 falleció. El consuelo es que ha sido rápido. En la capilla ardiente me comentaba el cantaor malagueño Antonio Calderón, de 89 años y ferviente admirador del maestro, que el lunes había estado jugando al dominó con él de compañero en calle Malasaña, en un local que tienen unos amigos. Gonzalo Rojo -que lo ha conocido como pocos y que estaba visiblemente afectado- me dijo que había quedado citado el miércoles para comer con él y con Luis Adame, el dueño del Tablao El Cordobés, de Barcelona, gran amigo de Antonio.
Estas cosas, que parecen anecdóticas, no lo son, sino que dan idea de que Antonio Fernández Díaz era un joven de 25 años encerrado en un cuerpo de 93. Todos los que han convivido con él tienen anécdotas compartidas con el maestro, y ahora una congoja. Un reducido grupo de amigos tenemos, además, una pena añadida. Luis Soler, mi querido tío, empezó a dirigir y coordinar un trabajo de investigación junto a Fernando Sanjuán, Paco Cabrera y Paco Roji, que recoge la vida de Antonio y en el que se analiza su obra grabada.
La enfermedad -¡ay!- de mi tío hizo que tuviera que abandonar y que me uniera al grupo para terminar lo que se empezó años atrás. Corrigiendo galeradas del libro nos ha pillado el toro y de manera mortal. Aun así hay espacio para el consuelo pues los ratos que hemos pasado todos con Antonio han sido momentos que no están pagados con nada del mundo. Es noche cerrada y fuera se oye llover. El agua cae lentamente, con talento, con ganas de empapar bien la tierra, para que siga el ciclo de la vida. Maestro, has tenido talento hasta para irte.
Un Proyecto Catártico
Tras la pandemia, decidí quitarme la máscara y empecé a hacer música en español y más melódica, que también tenía pero no había dado a conocer. Después tuve dos hijos y el ver como adoran a su abuelo a pesar de no haberlo conocido, me hizo meterme aún más en este proyecto que he demorado por lo mucho que me costó aceptar la muerte de mi padre. He tardado años y he necesitado mucho psicólogo y ejercicio físico para entenderla.
De hecho, estuviste diez años sin escuchar la voz de tu padre. -Es que no soportaba oír su voz. Mi padre y yo, que soy hijo único, estábamos muy unidos. Tanto que, cuando se divorciaron mis padres, me quedé a vivir con él. Hace una pausa y confiesa: “Lo que muy pocos saben es que mis padres volvieron a estar juntos al final.
Entonces, por lo que me cuentas, este proyecto ha tenido que ser un reto muy importante para ti. -Más bien, ha sido una catarsis. Me ha ayudado a cambiar mi visión de los once de noviembre, el día en que murió mi padre. Hasta este año, había sido siempre una fecha triste y negra.
Le habría encantado…¡seguro! -¿Cuál ha sido el momento que más has disfrutado? -Ha habido dos momentos mágicos: cuando grabé la canción en el estudio y cuando rodé el videoclip. El director nos pidió al actor que da vida a mi padre y a mí que estuviéramos abrazados al menos tres minutos para poder rodar bien los planos y luego poder sustituir la cara. ¡Nunca había abrazado tanto tiempo a nadie! Recuerdo que en la capilla ardiente de mi padre, en el tanatorio, sentí como se me apagaba el alma por el dolor. Mira por donde, este abrazo me curó.
Actuando con su Padre Gracias a la Inteligencia Artificial
Me dije: “Por fin he podido cantar con él en un escenario”. Habíamos cantado mucho juntos en casa, mientras tocaba el piano, pero este momento es mágico.
Es cierto que hubo un tiempo en el que procuré no se me conociera como el hijo de Miguel Gallardo. Es más, me hice llamar Álex Rebels durante mucho tiempo. Pero, a día de hoy, no me agobia. Es más, me enorgullece y encanta poder llevar el nombre de mi padre a lo más alto.
Emocionalmente, sí, porque a nivel profesional creo que ya he hecho muchas cosas y puedo sentirme relativamente seguro. Yo diría que lo que más siento es la necesidad de decirle: “Papá, ojalá pudieras estar aquí para que te sintieras orgulloso del trabajo que estoy haciendo contigo”.
Siempre he visto como paraban a mi padre para saludarle o preguntarle cosas. Pero la grandeza total la estoy viendo ahora, que estoy haciendo esto. Estoy viendo la acogida que está teniendo no solo en Latinoamérica, sino también aquí, en España e incluso en Hungría , donde está teniendo muchísimas reproducciones.
Tenías veinticuatro años cuando murió. Tu perdiste un padre, ¿qué perdimos los demás? Yo creo que una maravillosa persona. No sólo por lo que yo viví, sino por la gran influencia que ejerció en muchas personas. Hace unos días, un amigo suyo de toda la vida me dijo, entre lágrimas, que era lo que era gracias a mi padre. Eso a nivel personal.
En el número de hijos que tengo: dos. (risas) En serio, nunca me he planteado si le he superado en algo o no. Siendo sincero, creo que todavía me queda mucho para poder superarle.
Yo creo que estaría encantado con sus nietos y de ver como tienen esos valores que él me transmitió. Ellos, además, han puesto una foto de su abuelo en la mesa donde comemos para que como con nosotros todos los días.
Planes Futuros
El deseo de Álex ahora es hacer dos discos con canciones de su padre. "Mi padre tenía unas cuantas canciones revisitadas de sus grandes clásicos y dejó algunos temas inéditos. mi idea es primero sacar un disco con los clásicos, cantadas la mayoría de las canciones por los dos. Y después hacer lo mismo con otro disco de temas inéditos".
Un Largo Silencio: Homenaje de Miguel Gallardo a su Padre
Un largo silencio es el homenaje de Miguel Gallardo a su padre. Francisco Gallardo fue de esos españoles que sufrieron la guerra civil, y el largo franquismo, en silencio. Tras unas vivencias muy traumáticas, de las que nunca quería hablar, el dibujante consideraba a su padre un cobarde. Pensaba que nunca había asumido riesgos y que por eso siempre vivía temeroso y preocupado por lo que hacía su rebelde hijo.
Francisco Gallardo fue un soldado republicano durante la guerra civil. Había escrito unas 30 páginas relatando sus experiencias en el conflicto bélico (hasta 1940), que su hijo decidió recuperar como base de una nueva novela gráfica. Es una obra que combina las reflexiones personales de Gallardo padre y las viñetas de Gallardo hijo, que narran los hechos que vivió su progenitor.
Un largo silencio es un gran ejercicio de memoria histórica, ya que recupera los recuerdos de una de esas personas invisibles durante mucho tiempo, a las que les tocó vivir una guerra fratricida, y posteriormente casi 40 años de dictadura. Pese a su largo silencio, el protagonista tenía muy claro que la gente de su clase tenía que luchar por la República, “por los que no tienen y nunca han tenido nada“.
Con respecto a la publicación inicial, la obra ha sufrido algunos cambios para la nueva edición de Astiberri; tiene más páginas y documentación; el color también ha cambiado y pasa del bitono inicial a los tres colores de esta nueva edición. Su dibujo se adapta perfectamente a la crudeza de los hechos que describe. Su diseño y presentación tiene la apariencia de un cuaderno de notas, como si de un dietario de la época se tratara.
