El embarazo, también conocido como gestación, es el período que abarca desde la fecundación de un óvulo hasta el nacimiento de un recién nacido. En la especie humana, este período tiene una duración aproximada de nueve meses.
Los embarazos se datan desde el primer día de la última menstruación, calculándose la fecha probable del parto 40 semanas después. Este cálculo incluye un período inicial de dos semanas, en mujeres con ciclos regulares, en el que la mujer aún no está embarazada. Habitualmente, la fecha de la última menstruación es el único dato disponible para datar la gestación. En los casos en que se conoce la fecha de concepción, se sumarían 38 semanas a esa fecha.
División por trimestres
El embarazo se divide en trimestres, cada uno con características y connotaciones diferentes:
Primer trimestre
Abarca los primeros 3 meses o, contando en semanas desde la concepción, hasta la semana 13-14. Este es el período con mayor riesgo de pérdidas de embarazo, abortos espontáneos frecuentes debido a embriones con defectos cromosómicos o anatómicos que impiden su desarrollo normal.
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Es el período en el que se forman todos los órganos fetales, que estarán completos al finalizar este trimestre. También, esta etapa se asocia con las náuseas y vómitos del embarazo.
Segundo trimestre
Comprende desde la semana 13-14 hasta la 26-28. Durante este período, el feto crece y gana peso, la formación de sus órganos se ha completado en el primer trimestre, la madre se siente mejor y aún no experimenta las molestias del final del embarazo.
Tercer trimestre
Son las últimas semanas, en las que el feto adquiere un peso y volumen considerables, causando molestias a la gestante. Durante este trimestre, el feto madura sus órganos para adaptarse a la vida exterior, dejando de alimentarse y respirar por el cordón umbilical para hacerlo por vía oral y respiratoria.
Es el período a partir del cual el feto es viable en el exterior, por lo que se aconseja evitar grandes viajes o actividad física intensa.
En cualquier caso, los nueve meses y las 40 semanas desde la última regla, o las 38 a partir de la concepción, coinciden en la misma fecha estimada para el parto.
Cálculo del embarazo
Popularmente, el embarazo se calcula en meses, mientras que los ginecólogos lo calculan en semanas. Esta diferencia puede generar confusiones debido a las dos semanas de decalaje y a la imprecisión de equiparar los meses a cuatro semanas.
Además, la mayoría de las gestantes dan a luz en los tres o cuatro días anteriores o posteriores a la semana 40, aunque algunas se adelantan o retrasan dentro del período considerado normal para un parto a término.
Antes de la semana 37 se considera parto prematuro, lo que implica riesgos por la inmadurez del feto. Después de la semana 42 se considera postmaduro, presentando más frecuentemente complicaciones fetales por el envejecimiento de la placenta.
Ambos casos suponen un riesgo para el recién nacido y conviene evitarlos. Cuanto más prematuro, más problemas puede presentar el feto. Se han dado casos de prematuros extremos, de medio kilo y 24-25 semanas, que han llegado a sobrevivir, pero frecuentemente presentan problemas de salud graves. Por lo que cuantas más semanas en el útero materno, mejor, hasta llegar al término de las 37-38 semanas.
Definiciones relevantes
A continuación, se presentan algunas definiciones y comentarios relevantes sobre ciertos eventos del ciclo gravídico de la mujer:
- Mujeres en edad fértil: Desde el inicio de la pubertad hasta la aparición de la menopausia.
- Ovulación: Es el fenómeno en virtud del cual, el folículo de Graaf una vez maduro, se rompe y expulsa de su cavidad al óvulo o cirugía germinal.
- Fertilización o fecundación: En su sentido obstétrico, significa la unión de los elementos femeninos (óvulo) y masculino (espermatozoide), generalmente en la trompa de Falopio de la mujer, cinco a siete días después de la ovulación.
- Pre-embrión: Elemento denominado así a partir de la fertilización o fecundación y la subsecuente división celular, hasta la formación del blastocito. En esta fase no se puede detectar la HCG en la circulación materna o en la orina, y en general, no es posible aseverar la existencia de un embarazo.
- Implantación o concepción: Se refiere a la fijación del óvulo fertilizado y al blastocito resultante en el endometrio uterino, y así conducir al inicio del embarazo o gestación; aproximadamente de nueve a 10 días después de la ovulación, y en donde la zona decidua del óvulo fertilizado, se pierde debido a la expansión del blastocito que penetra en los capilares del estroma endometrial, y así inicia la circulación de la HCG producida en el sincitiotrofoblasto invasor (precursor de la placenta y cordón umbilical). Esta hormona trofoblástica no se produce en condiciones normales en el hombre y la mujer, y es indispensable para la estimulación del cuerpo amarillo, para que este no involucione y continúe produciendo la progesterona necesaria para el mantenimiento del endometrio secretor, y así permitir en el seno materno, el desarrollo del embrión propiamente dicho y el progreso del embarazo.
- Embrión: EI producto de la implantación del blastocito y su sincitiotrofoblasto en el endometrio uterino, alrededor de cinco a siete días después de la fertilización; hasta el final de la décimo segunda semana de la implantación o concepción.
- Feto: EI producto del desarrollo del embrión implantado en el útero a partir de la décimo tercera semana de la concepción, hasta su expulsión o extracción.
- Embarazo: Es el periodo comprendido entre la implantación del sincitiotrofoblasto o inicio de la concepción, nueve a 10 días después de la ovulación; hasta la expulsión o extracción del feto y sus anexos (placenta y cordón umbilical).
Estas definiciones han sido adoptadas internacionalmente por numerosas instituciones médicas y científicas, y podrán solucionar situaciones que actualmente ponen en peligro la salud y bienestar de la mujer.
Detección de la ovulación
En el ciclo menstrual de mujeres normales en edad fértil, el día de la ovulación coincide con una elevación rápida de estrógenos y de hormona luteinizante (LH), o bien, el día que alcanzan su máximo nivel en el plasma, lo cual se manifestaría en los días siguientes por un aumento en la secreción de progesterona, por el ya formado cuerpo lúteo, cuyo principal metabolito se puede detectar en la orina con bastante exactitud, en forma de glucosiduronato de pregnancia.
Sin embargo, otros sugieren que el día de la ovulación, comprobando por ultrasonido la ruptura del folículo ovárico maduro, se puede establecer con mayor precisión cuantificando en la orina el rápido ascenso de la relación entre el glucosiduronato de estradiol y el glucosiduronato de pregnancia, lo cual indica la luteinización del folículo ovárico antes mencionado.
Estos conceptos sólo podrán ser válidos si los ciclos ováricos en la mujer fueran siempre de 28 días. Sin embargo, esto no siempre sucede así, ya que el "ciclo tipo de 28 días", sólo se presenta entre el 13% a 15% de las mujeres con menstruaciones normales; y en un 70% con ciclos entre los días 25 y 31, lo que sugiere que es más exacto relacionar cualquier valor aislado de pregnancia, a un día determinado del ciclo previo a la siguiente menstruación, y que no es posible predecir con exactitud el día de la ovulación ya sea clínicamente o bien, por medio de difíciles y costosas determinaciones hormonales, que pueden sugerir que la ovulación ya se presentó y por lo mismo, no es posible establecerla con anticipación.
Es por este motivo que otros métodos naturales y/o tradicionales, se utilizan con frecuencia en la práctica de la planificación familiar, conocidos con los nombres de "métodos del ritmo" o de "abstinencia periódica", los cuales son bastante ineficaces y conducen a menudo a embarazos no deseados, y en algunos casos, a que las parejas involucradas recurran al indeseable recurso del aborto provocado, generalmente en condiciones primitivas e insalubres, lo cual es una causa frecuente de ingreso a los hospitales, de las mujeres que recurrieron a estas prácticas o que no utilizan algún método anticonceptivo más efectivo, y que generalmente, presentan hemorragia uterina no controlada e infecciones del tracto urogenital, que contribuyen en forma importante a las altas tasas de morbilidad y mortalidad materna, observadas en países como el nuestro, en el que además se presentan altos índices de pobreza y analfabetismo.
Fertilización o fecundación
Este concepto tradicionalmente se ha utilizado por numerosos investigadores biomédicos y ginecoobstetras, e inclusive por legisladores y funcionarios públicos de reconocido prestigio, como sinónimo de concepción o embarazo, y ha sido motivo de controversia y prolongadas discusiones.
Sin embargo, estos avances médicos y científicos, obtenidos en el campo de la reproducción humana y en particular, en el tratamiento de dos casos de infertilidad femenina utilizando novedosos procedimientos de fertilización asistida, han permitido a ciertos especialistas en infertilidad femenina realizar la denominada "fertilización in vitro" (FIV), en folículos maduros (óvulos) de la mujer con espermatozoides masculinos, por lo general en cajas de Petri, medios de cultivo adecuados, y así permitir su desarrollo hasta la fase de formación del inicio (preembrión), que puede ser congelado o implantado en el endometrio de la mujer infértil en un momento preciso del ciclo ovárico, y así inducir el desarrollo del embrión con el que se conseguirá la iniciación del tan deseado embarazo.
Es evidente que estoy poniendo como ejemplo el caso de una mujer que ovula normalmente, que presenta un proceso obstructivo inoperable o alguna otra patología comparable, en ambas trompas de Falopio; que su pareja tenga una espermatogénesis normal y que se cuente con el equipo y materiales adecuados para obtener el o los óvulos maduros por métodos endoscópicos, y la existencia de laboratorios bien equipados y personal entrenado en las técnicas utilizadas, y en particular, a la capacidad y experiencia del ginecólogo tratante y sobre todo de endocrinólogos, andrólogos y embriólogos.
Existen otras formas de reproducción asistida que incrementan la posibilidad de embarazo y entre éstas, se incluyen la hiperestimulación ovárica controlada (HOC) y en algunos casos en que el factor masculino está alterado, se agrega a esta FIV la micromanipulación de las gametos en el laboratorio, realizando en forma directa la introducción de un espermatozoide de calidad óptima al interior de un óvulo, para avivar posteriormente al desarrollo del o los preembriones transferibles al interior del útero, mejor conocido como "Inyección intraplasmática del espermatozoide".
Como se puede deducir de todos estos procedimientos de fertilización asistida (FIV), en donde es posible fertilizar óvulos maduros con espermatozoides, ambos de origen humano, en cajas de Petri; no se puede designar al producto obtenido como un embarazo o concepción y mucho menos como un ser humano, inclusive en los procedimientos in vitro de transferencia nuclear de cuidas somáticas (SCNT) en animales, en los que ni siquiera se requieren espermatozoides del macho; no se puede decir que el producto de este procedimiento sea un embarazo. En ambos casos, el embarazo o concepción es efectivo hasta que esta unión de cuyas se implanta en el momento oportuno en el endometrio de una mujer adulta o hembra adulta, dependiendo del tipo de procedimiento seguido.
Implantación del blastocito o preembrión y formación del embrión
Científicamente hablando, se ha definido la implantación en el ser humano, como el proceso biológico, histoquímico e inmunitario, en el cual el blastocito y su trofoectodermo invasor se adhiere a la superficie del endometrio uterino, penetra el epitelio de la mucosa uterina y finalmente, queda engibado en el espesor de dicha mucosa. Para que tenga lugar este fenómeno se requieren importantes cambios previos en las células endometriales, que inicialmente son transformadas por el efecto de las hormo...
