Manilva, un pueblo que mira al mar desde sus campos verdes de vides y viñas, atesora un pasado antiguo tan profundo como el Mediterráneo. Esta localidad andaluza, que disfruta de su moscatel y sus frutas coloridas, ofrece una experiencia única a quienes la visitan.
Manilva se bebe el mar desde su cerro otero y lo contempla y lo vigila y lo mima como si fuera suyo. Se puede acceder a Manilva desde la N-340, la carretera junto al mar, más concurrida, y también desde la AP-7, la autopista de peaje.
Un Paseo por Manilva
La localidad de Manilva se sitúa en un altozano natural conocido desde tiempos inmemoriales como Loma de los Mártires, apenas a tres kilómetros del mar Mediterráneo. Un privilegiado otero que permite vislumbrar un horizonte de verdes intensos y azules brumosos, conformados por el reclamo visual de las vides y el imán cristalino del mar. Cuando las calles huyen hacia el horizonte quedan enmarcadas por los viñedos, por las montañas de la casareña Sierra de Crestellina, por el mar, por los cultivos de cereales y hortalizas...
Al visitar Manilva, es imprescindible tomar "Dirección Iglesia de Sta. Ana" hacia la derecha. Conduciendo entre las calles manilveñas hasta visualizar el templo y estacionando en la calle Pozo del Rey, se puede iniciar un recorrido a pie por la calle Nobel hasta llegar al templo. La portada del templo sorprende por el color oscuro de la edificación, de ladrillo visto. Es una parroquia de considerables dimensiones, con una portada colosal coronada por una torre campanario cuadrada. Los dinteles y marcos están pintados en grana. La puerta se haya configurada por tres arcos bajos de medio punto.
A la izquierda de la iglesia de Santa Ana se encuentra el cementerio municipal, y a la derecha, la plaza Romance de la Luna. Tomando la calle Iglesia hacia arriba, se nos abren algunas puertas que dejan entrever su interior fresco y umbrío. Las macetas penden de los balcones y sus colores pintas los muros de las calles. Llegando así hasta la calle principal, Doctor Álvarez Leiva, una pequeña avenida arbolada en la que encontramos hacia la derecha el ayuntamiento manilveño y hacia la izquierda la salida hasta el inicio de la circunvalación de Pedreta.
Regresando al coche, se puede descender desde Manilva hacia San Luis de Sabinillas.
Frutas Pascual e Hijos: Parada Obligada
Descendiendo desde Manilva hacia San Luis de Sabinillas paramos en "Frutas Pascual e Hijos", un clásico manilveño, parada obligada si se quieren adquirir pasas, mosto, vino dulce, moscatel, etc... Ojo, porque se sitúa en una curva cerrada y hay que tener precaución a la hora de estacionar. Es un sitio de esos con solera en la cual se aprietan turistas y manilveños por igual. Frutas deliciosas, quesos artesanos, frutos secos y, al fondo, las tinajas y botellas de vino de Manilva, dulce y evocador, perfecto para tomar frío como postre o para cocinar carnes... También hay botes y tarros de cristal con pasas y uvas en aguardiente.
Las cepas y las viñas se encuentran al borde mismo de la carretera entre Manilva y San Luis de Sabinillas. Se adentran en las calles primeras, en las pedanías haciendo honor a su historia pasada y presenta, más aún al eslogan que luce el ayuntamiento "Manilva: un racimo de sensaciones".
Así la página web del ayuntamiento señala que: "Entre 1515 y 1520 el duque de Arcos, señor del Condado de Casares, concedió las primeras tierras para viñas en lo que en aquellos tiempos eran los antiguos pagos de Manilva. A mediados de dicho siglo el viñedo se había extendido por muchas de sus lomas ocupando la mayor parte de las tierras aptas para este cultivo. Desde esos años la viña tuvo una gran expansión, llegando a los momentos de más esplendor durante el siglo XVII y una gran parte del siglo XVIII, debido sobre todo al comercio de vinos y aguardientes con comerciantes catalanes". Las viñas han estado presentes en la vida de Manilva hasta el punto de celebrar en el mes de septiembre la Feria de la Vendimia que tiene como seña de identidad más característica la pisa de la uva, que sirve para extraer el primer vino mosto del año, que seguidamente es ofrecido a visitantes y amigos para su degustación.
Bodegas Manilva, un año entre viñedos.
San Luis de Sabinillas y las Playas de Manilva
Descendiendo hasta la orilla del mar, se llega a San Luis de Sabinillas, el antiguo barrio de pescadores. Este lugar aún conserva su esencia, con barcas sobre la arena esperando salir a faenar. Manilva posee ocho kilómetros de playas con aguas cristalinas y equipamientos que les han valido la Bandera Azul europea. Desde las calas de la playa de la Cullera, conformadas por rocas y acantilados bajos, hasta la playa de la Duquesa, un arenal alegre y bullicioso, cada playa tiene su personalidad única.
La playa de Sabinillas se sitúa frente al casco urbano de Manilva y es la más concurrida, contando con todos los servicios de ocio, seguridad, higiene y limpieza. En la propia playa no es raro encontrar coquinas, conchas finas o navajas. Una decena de barcas reposan sobre la arena mientras otras, varadas, cumplen con el ritual malagueño de convertirse en cuna de brasas para los espetos de sardinas.
El Puerto de la Duquesa y el Fortín de Sabinillas
Caminando se llega hasta el Puerto de la Duquesa, un Puerto Deportivo cerrado con las casas a pie de pantalán y que en su extensión recoge todos los sabores del mundo, tal es la cantidad de restaurantes internacionales que se encuentran junto a los barcos atracados. El Puerto de la Duquesa es un complejo náutico y deportivo que alberga en sus instalaciones amarres y atraques y toda una amplia oferta de ocio que combina las expediciones marinas para observar la avifauna acuática, los servicios hosteleros de más alto nivel o la posibilidad de practicar deportes náuticos de todos tipo, desde los más arriesgados a los más templados y tranquilos. Puerto de la Duquesa es uno de los centros de ocio más destacados dentro de la Costa del Sol y ofrece al visitante la posibilidad de disfrutar de todos los servicios junto al mar.
Continuando camino hacia oriente, se rodea el Puerto de la Duquesa para dirigirse hasta el Fortín de Sabinillas, una construcción que, en la actualidad, sirve como tenencia de alcaldía y como Museo Arqueológico del Municipio. El edificio se levantó sobre unas antiguas ruinas romanas en el año 1767 con la intención de convertirse en una atalaya defensiva contra los ataques de los piratas berberiscos.
Gastronomía Local
Frente al fortín de Sabinillas hay un chiringuito que responde al nombre de "Andrés y maría", donde se puede disfrutar de buen "pescaíto" al borde del mar. Es un chiringuito concurrido, con parroquianos "de siempre" y turistas nacionales y extranjeros. Siempre bullicio, platos que van y que vienen, cartas completas con pescados plancha, "pescaíto" frito, mariscos...
Algunos platos típicos incluyen navajas, boquerones, tomate picado y gambones a la plancha. Los gambones saben a mar fresco y a sal gorda, y los boquerones están fritos de manera delicada.
Manilva ofrece una combinación única de historia, naturaleza y gastronomía que la convierten en un destino inolvidable.
