El vínculo maternofilial es una de las conexiones más profundas que existen. Precisamente por eso, cuando se debilita o, en el peor de los casos, se pierde, las consecuencias no son buenas. Una infancia marcada por el abandono puede tener consecuencias psicológicas graves que afectarán al adulto, causándole un trauma que limitará sus sentimientos y relaciones a lo largo de su vida.
El abandono es una herida silenciosa en la que, en ocasiones, los síntomas no aparecen hasta la edad adulta. Lo que se conoce como el síndrome de la madre ausente puede manifestarse de diferentes formas y tiene un impacto significativamente negativo en el desarrollo emocional, cognitivo, y social de los niños.
Se produce cuando un hijo o una hija siente que no está recibiendo el apoyo emocional necesario de su madre. Esto ocurre por muchas razones, como la falta de tiempo debido al trabajo o las múltiples obligaciones, o cuando se atraviesa por situaciones personales difíciles. Aunque ella pueda estar físicamente presente, la ausencia emocional suele tener un impacto profundo.
Recuerda que la óptica de tus hijos es acorde a su edad y su madurez, y aunque a veces nos ausentemos por motivos razonables y válidos, es probable que ellos no logren comprenderlos desde su lógica, lo que puede llevar a conflictos de apego. Ante la perspectiva infantil de esta carencia, podría terminar por aparecer el síndrome de la madre ausente.
Es cierto que todas las hijas de madres nada amorosas y fuera de sintonía tienen experiencias compartidas. La falta de calor maternal y validación modifica su sentido del ser, las hace carecer de confianza en las conexiones emocionales o tener miedo de ellas y las forma de maneras tanto visibles como invisibles.
En una reciente entrevista, Francesca Neri hablaba de la complicada y dolorosa relación con su madre anafectiva. “Me pregunté muchas veces por qué no me quería”, contaba la actriz italiana en un programa de televisión.
Pero, ¿qué significa realmente crecer con una madre que no es capaz de trasmitir amor y seguridad? Con la ayuda del doctor Franco Merlini, psicólogo y psicoterapeuta de Humanitas Psico Medical Care, hemos intentado entenderlo mejor.
¿Qué es una Madre Anafectiva?
“Al hablar de madres anafectivas no debemos pensar en culpabilizaciones ni estigmatizaciones de género”, aclara el psicólogo y psicoterapeuta Franco Merlini. “Primero tengamos en cuenta que la mayoría de las vicisitudes inherentes al amor materno se producen principalmente en un área de inconsciencia de la que creo poder excluir cualquier forma de voluntad personal de la madre. También habría que considerar la cuestión de la relación de la mujer con lo femenino en su conjunto, los roles sociales, familiares, culturales y, no menos importante, su relación con el hombre -en el caso de una pareja heterosexual-. Sin embargo, en la base suele haber vivencias personales complejas o un pasado emocional particularmente difícil sufrido por la propia madre y, a su vez, por la madre de esta”.
Generalmente, cuando hablamos de madres anafectivas hablamos de madres incapaces de transmitir amor, de manifestar sus propias emociones y, por tanto, incapaces de empatizar. “Esto hace que el niño no se sienta entendido y mucho menos correspondido en sus necesidades afetivo-emocionales", afirma el psicólogo. ”Un aspecto grave, porque el niño se queda sin el alfabeto emocional que le servirá para interpretar su propio mundo interior, con graves repercusiones en las relaciones con los demás. Esto no impide que estas madres estén muy atentas ‒incluso ‘demasiado’‒ a las necesidades corporales y ambientales del niño".
En general, las madres anafectivas rechazan las manifestaciones de afecto como los abrazos y las caricias, están ausentes y pueden volverse agresivas o manipuladoras. El chantaje inconsciente que subyace en la relación con los hijos puede llegar a ser “si no te comportas como yo quiero, haces que me sienta mal”.
Es cierto que todas las hijas de madres nada amorosas y fuera de sintonía tienen experiencias compartidas. La falta de calor maternal y validación modifica su sentido del ser, las hace carecer de confianza en las conexiones emocionales o tener miedo de ellas y las forma de maneras tanto visibles como invisibles.
Estudios Sobre el Vínculo Afectivo
Un estudio de 2012 titulado Emotional Relationships between Mothers and Infants analizaba las diferentes investigaciones que a lo largo del tiempo han examinado los procesos que se producen en las primeras fases del apego entre madre e hijo, demostrando en qué medida la disponibilidad emocional de la madre durante los primeros años de vida del niño es un prerrequisito fundamental para su crecimiento.
Entre las investigaciones analizadas figura el estudio titulado Effects of maternal unavailability on mother-infant interactions publicado en Infant Behavior and Development. El estudio destaca que los bebés de 4 meses se angustian más durante un silencio materno que durante la separación física da la madre, lo que sugiere que la falta de disponibilidad emocional de la madre puede tener efectos más preocupantes incluso que la ausencia.
La investigación Mother's presence is not enough: Effect of emotional availability on infant exploration publicada en Developmental Psychology, indagaba en los efectos de tener una madre anafectiva desde el punto de vista de los hijos que, por propensión natural, buscan en ella un apoyo. Las investigaciones han demostrado que la falta de disponibilidad emocional de la madre puede tener importantes repercusiones incluso en la capacidad del niño para sentir curiosidad y explorar el mundo. En otras palabras, la relación con una madre anafectiva puede limitar fuertemente la propensión del niño a abrirse a los demás y desenvolverse en la sociedad.
¿Cuáles son sus Consecuencias?
Más allá de los resultados que se desprenden de los diferentes estudios científicos, se ha demostrado que crecer con una madre incapaz de expresar amor y mostrar al niño una disponibilidad afectiva significa crecer sin lo que constituye un alimento fundamental para el desarrollo emocional. “A veces las consecuencias de ciertas carencias las encontramos, no por casualidad, en los distintos tipos de trastornos alimentario”, precisa el doctor Merlini, “desde la anorexia hasta la bulimia”.
En general, los efectos negativos en los niños (futuros adultos) pueden ser diferentes, como la baja autoestima, el miedo al abandono, la incapacidad para amar, la insatisfacción con los propios logros y, como reacción, la rigidez relacional, la culpa y la obsesión.
“Es evidente que muchas madres anafectivas son esencialmente madres deprimidas y, aunque no lo reconozcan, son los niños los que sufren las dramáticas consecuencias: tristeza, aislamiento, falta de vitalidad y espontaneidad, miedos relacionales, fobias y obsesiones”, explica el psicoterapeuta. “Sin embargo, no desarrollan una depresión real. De hecho, no tienen que enfrentarse a una pérdida, a un abandono real, a la violencia o a la negligencia física, sino que se vuelven muy parecidos, si no idénticos, a sus madres. Es decir, el niño se encierra en un nido”.
Consecuencias Específicas del Síndrome de la Madre Ausente
- Problemas de Autoestima: Los niños que experimentan una falta de conexión emocional con su madre corren más riesgos de desarrollar baja autoestima y una percepción negativa de sí mismos. Incluso sentir que no son lo suficientemente valiosos o amados.
- Dificultades al Vincularse: La ‘ausencia’ de la figura materna puede acarrear dificultades para establecer relaciones íntimas y seguras en la vida adulta. Al manifestarse el miedo al abandono, es probable que aparezca tarde o temprano un conflicto a la hora de confiar en los demás, abrirse y vincularse.
- Problemas de Regulación Emocional: La falta de un apego seguro dificulta la capacidad del pequeño para manejar sus emociones de manera saludable. Le será algo difícil expresar bien sus sentimientos y podría recurrir a comportamientos poco adaptativos.
- Búsqueda de Aprobación Externa: Los niños con síndrome de la madre ausente tienden buscar constantemente la aprobación de los demás, ya que no han experimentado una validación real en casa. Esto podría volverles dependientes de la validación externa para sentirse queridos.
¿Qué consecuencias puede tener en el vínculo afectivo en la edad adulta?
Según Freud, el vínculo entre madre e hijo es tan fuerte que influye necesariamente en las futuras relaciones de amor del individuo. En otras palabras, según esta teoría, el vínculo con la madre se toma inevitablemente de ejemplo como prototipo de las demás relaciones de amor. Si así fuera, ¿qué repercusiones tendría en las relaciones futuras la relación con una madre anafectiva?
Aunque cada individuo es un caso individual y no se puede generalizar, la falta de disponibilidad emocional de la madre puede predisponer a la dependencia afectiva: al no haber podido disponer del amor de la madre, el individuo podría verse abocado a depender emocionalmente de otra mujer.
Tener una madre anafectiva puede tener importantes repercusiones también en la vida adulta de una mujer, condicionando fuertemente sus relaciones interpersonales. El riesgo para una niña que ha crecido sin el amor de su madre suele ser desarrollar comportamientos basados en el deseo de complacer a los demás en lugar de complacerse a sí misma. No solo eso, también se corre el riesgo de buscar parejas que se comporten de forma similar a la madre, es decir, con una fuerte tendencia a criticar, juzgar o, en el peor de los casos, al abandono.
Aunque puede dejar cicatrices profundas, crecer con una madre anafectiva no significa tener que renunciar a la posibilidad de una vida satisfactoria caracterizada por relaciones estables y sanas.
El primer paso importante es reconocer que se ha sufrido una carencia y dejar a un lado el sentimiento de culpa. Aunque es cierto que los hijos de madres anafectivas crecen con la convicción de no merecer el amor materno, cuando llegan a la edad adulta es esencial que reconozcan que ellos no tienen la culpa de esa falta de afecto.
Cómo Prevenir el Síndrome de la Madre Ausente
Las consecuencias descritas son realmente preocupantes, pero prevenirlo y construir un vínculo sólido y seguro es posible. Estas son las consideraciones y las pautas más importantes para conseguirlo:
- Tiempo de Calidad: Asegúrate de pasar tiempo de calidad con tus hijos e hijas todos los días. Esto implica estar presente emocionalmente, escuchar de forma activa sus preocupaciones y demostrar interés genuino en sus actividades. Como es lógico, todas las madres podemos tener días buenos y malos. Por eso es crucial entender que la relación se construye a lo largo del tiempo, así que no te desanimes si algún día te parece particularmente difícil; descuida, es normal. ¡Cada nuevo día es una otra oportunidad de hacerlo mejor! Las dosis estables de afecto serán los ladrillos con los que tus hijos construirán su fortaleza en el futuro. No desaproveches la oportunidad de acompañarlos, contenerlos y estar presente, por ellos y por ti. El tiempo pasa para todos, y disfrutarlo de forma consciente será clave.
- Comunicación Abierta: Fomenta una comunicación abierta y honesta con tus hijos. Construye un espacio en el que se sientan cómodos compartiendo sus sentimientos y pensamientos contigo. La confianza es importantísima a la hora de brindarles seguridad, así que no subestimes las buenas charlas.
- Apego Seguro: Responde de manera sensible a sus necesidades emocionales. Bríndales consuelo y apoyo cuando lo necesiten, para que desarrollen un apego seguro contigo. No importa si el problema que plantean te parece nimio, probablemente para ellos sea un suceso trágico producto de su edad y madurez. Acompáñalos recordando que a su edad había muchas cosas que también a ti te asustaban. Y, sobre todo, intenta tener paciencia. No solo con tus hijos, sino también contigo misma. A menudo, la maternidad está idealizada y no siempre es un camino de flores y paisajes soleados. A veces llueve y truena, pero no te olvides de que siempre escampa.
- Establecer Rutinas: Las rutinas en la infancia proporcionan a los niños una sensación de seguridad y previsibilidad fundamental. Establecer horarios regulares para actividades familiares puede parecer algo menor, pero no lo es; les ahorra la sensación de caos e inestabilidad.
- Cuida de Ti Misma: Como madre, también es importante cuidar de ti y mantener un equilibrio entre tus responsabilidades y la maternidad. No siempre es fácil, y cada familia es un mundo, pero para poder brindarle a tus hijos lo mejor, también debes ofrecértelo a ti misma.
Cómo construir un vínculo de apego seguro entre padres e hijos desde bebés hasta la adolescencia
Sanando la Herida del Abandono
Para trabajar el sentimiento de abandono y no hacer una lesión demasiado profunda, primero se recomienda aceptar el hecho de sentir y expresar las emociones, tanto las de ayer como las de hoy. Entonces uno realiza un trabajo sobre sí mismo para tratar de reconocer los momentos en que nos sentimos abandonados. Después es importante resolver los abandonos y temores reales de abandonar la escuela.
Finalmente, toca hacerse la siguiente pregunta: frente a este o estos abandonos, ¿cómo te protegiste? ¿Ahora tienes una perspectiva diferente de la vida y lo que has experimentado, lo que le permite aceptar dejar de lado ese sentimiento y el miedo al abandono? ¿Estás listo para dejar ir a esa persona desaparecida en tu vida y continuar tu camino? A partir de este día, iniciarás el proceso de comenzar a construirte como persona y elegir quién quiere ser. Para encontrarte, te aconsejamos que dejes espacio para la creatividad.
Recuerda que, aunque no sea un proceso fácil y en ocasiones nos cause dolor, sólo si nos enfrentamos al problema, podremos buscar la forma de hallar la solución. No debemos ignorar lo que nos hace daño, porque eso no valdrá de nada. Debemos hacer caso a nuestras emociones, liberarlas y entenderlas como primer paso para resolver aquello que nos está perjudicando. Acudir a un profesional que nos oriente y apoye a través de escucha y empatía será de gran ayuda.
En definitiva, es esencial que tomemos medidas para construir un vínculo sólido con nuestros hijos e hijas, proporcionándoles tiempo de calidad, apoyo emocional y una comunicación en la que prime la confianza.
