Embarazo y Adicción en la Pareja: Apoyo y Recursos

Desde tiempos inmemoriales, las sociedades han consumido drogas, a menudo con abuso, lo que produce efectos intensos en el estado de ánimo, el pensamiento y la emotividad. El uso abusivo de drogas y fármacos es tan antiguo como la civilización misma. Se denomina «drogas y fármacos de abuso» a una serie de sustancias psicoactivas, unas de origen natural y otras de síntesis, que tienden a ser consumidas de un modo exagerado o fuera de la pauta terapéutica.

Una parte considerable de la población consume sustancias con potencial adictógeno. Muchas personas son capaces de consumirlas con moderación o de forma esporádica, pero otras se convierten en consumidores compulsivos con enorme dificultad para abandonar el hábito. A este último grupo se les denomina «drogadictos», término que incluye la desaprobación social.

Es importante diferenciar entre «abuso de drogas» y «dependencia de drogas». La Asociación Psiquiátrica Norteamericana, en su manual DSM-IV, define el abuso de drogas como un patrón de consumo de sustancias que no llega a reunir los criterios de dependencia y que se manifiesta por consecuencias adversas significativas y recurrentes relacionadas con el consumo repetido de sustancias. Por otra parte, «abuso de drogas» se utiliza también como juicio de valor para referirse a la ingestión de drogas en cantidades y circunstancias que se desvían de las pautas sociales o médicas de una determinada cultura. Existen diferencias transculturales en lo que se considera abuso de drogas.

La «dependencia de drogas» es un trastorno conductual en el cual, como resultado de los efectos biológicos de una determinada sustancia, una persona tiene disminuido el control sobre el consumo de esa sustancia. Los efectos biológicos aislados no son suficientes para generar dependencia, ya que en su establecimiento intervienen también las características de la persona y el entorno en que se realiza el consumo. Lo característico de toda dependencia es la existencia de una compulsión a seguir tomando la sustancia de forma periódica o continuada.

En España, el alcohol y el tabaco constituyen las sustancias adictivas que ocasionan mayores problemas sanitarios. Le siguen en proporción el consumo no médico de fármacos hipnosedantes y después el de las sustancias ilegales. Entre éstas últimas, predomina el consumo de hachís y las denominadas «drogas de diseño».

La drogadicción representa uno de los grandes problemas de la humanidad, hasta el punto de ser considerada por algunos autores como una epidemia. Esta circunstancia hace que cada vez sea más frecuente encontrarnos con gestantes drogadictas. Aproximadamente la mitad de las mujeres que consumen drogas se encuentran en la edad de procrear (15-44 años). Durante años se mantuvo la idea de que el consumo de drogas de abuso conducía a la esterilidad, pero estudios estadísticos recientes refieren que, inicialmente, no llegan a causar esterilidad aunque pueden producir, a largo plazo, trastornos en la fisiología femenina y alterar así el potencial reproductivo de las mujeres.

El PAPEL de la PAREJA 👫 durante el EMBARAZO, PARTO y POSTPARTO: ACOMPAÑAR

Este artículo se enfoca en el apoyo y los recursos disponibles para parejas que enfrentan la adicción durante el embarazo, destacando la importancia de la terapia y el manejo adecuado de la situación.

Opio y Derivados: Efectos y Complicaciones

Los opiáceos incluyen los derivados naturales del opio (codeína, morfina), así como ciertas sustancias sintéticas (metadona, pentazocina, propixifeno, meperidina, etc.) y semisintéticas (heroína) derivadas de él. Consideraremos principalmente la heroína, dada su rápida difusión como droga de consumo no institucionalizado.

La heroína es la diacetil morfina, siendo la intravenosa la vía de consumo más común hasta la actualidad, aunque en los últimos años se constata un aumento de la vía inhalatoria. Se considera la droga más peligrosa, ya que desarrolla una rápida e intensa dependencia psicofísica, con fuerte capacidad adictiva, una intensa tolerancia y una gran toxicidad.

El SNC es el sistema biológico más afectado por los opiáceos y de su acción central derivan muchos de sus efectos sobre otros órganos. La acción sobre el SNC por vía intravenosa produce el llamado flash: sensación de placer intenso que dura escasos segundos. Posteriormente, aparece euforia, sedación, sensación de plenitud, junto con dificultad de concentración y de abstracción. Reduce la sensación de dolor y también la respuesta afectiva a éste, haciéndolo más tolerable.

El consumo continuado de heroína provoca el desarrollo de tolerancia para gran parte de estos efectos, pero se sigue produciendo una elevación del humor de 30-60 min de duración después de cada dosis. Posteriormente, se desarrolla el síndrome de abstinencia en caso de interrumpirse el consumo.

Sobre el aparato digestivo, el efecto opioide se ejerce de dos maneras: una central, que da lugar a náuseas y vómitos (por activación de la zona quimiorreceptora del área postrema) y el embotamiento del reflejo de la defecación, y otra periférica, que provoca una disminución de las contracciones propulsivas (por disminución del tono de las fibras longitudinales) y de las secreciones (gástricas y biliopancreáticas): estas alteraciones funcionales dan lugar a cuadros de dilatación del colon y, en raras ocasiones, del duodeno, constituyendo las formas más características del síndrome de abdomen agudo en los heroinómanos.

Entre las alteraciones endocrinas, las de mayor trascendencia son quizá la inhibición de la secreción de ACTH y gonadotrofinas (causa de los trastornos menstruales), y la estimulación de la secreción de la hormona antidiurética, que unida a la hipertonía de los esfínteres, inducen retención urinaria.

Respecto a la farmacocinética, la absorción de la heroína es buena por todas las vías de administración, metabolizándose a monoacetilmorfina y morfina, que son las responsables de su acción. Se excreta por vía renal, al igual que sus metabolitos. Esta excreción persiste durante 3 días dando en este tiempo orinas positivas a la morfina.

Efectos Durante el Embarazo

Los efectos, en general, son más el resultado del estilo de vida de la gestante que el resultado directo del consumo. La inmensa mayoría de estas mujeres no prestan la debida atención al cuidado de su salud, y muy raramente consultan al médico durante el embarazo, con un altísimo riesgo de complicaciones médicas y obstétricas.

Entre las complicaciones asociadas a la adicción a la heroína cabe citar un aumento de la incidencia de abortos, abruptio placentae o desprendimiento prematuro de placenta, amnionitis, diabetes gestacional, insuficiencia placentaria, preeclampsia y eclampsia, rotura prematura de membranas, retraso del crecimiento fetal intrauterino, parto prematuro y un mayor índice de cesáreas en este tipo de gestantes.

El síndrome de abstinencia rara vez es fatal para la madre, incluye un cuadro de agitación, midriasis, piloerección, rinorrea, dolores abdominales, irritabilidad muscular, calambres uterinos y mialgias. Durante el síndrome de abstinencia en la gestante hay una gran actividad muscular con elevado consumo de oxígeno, que origina en el feto un cuadro de hipoxia, que se agrava si además coincide con el parto.

Es frecuente la aparición de deficiencias en vitaminas, anemia ferropénica y anemia por deficiencia de ácido fólico.

La mayor parte de las complicaciones del consumo crónico de opioides derivan de la utilización de la vía parenteral. Las principales complicaciones de esta vía son el riesgo de sobredosis opioide, que es potencialmente mortal a causa del paro respiratorio, edema agudo de pulmón y coma, y los procesos infecciosos derivados de las malas condiciones higiénicas en las que se realiza la inyección: hepatitis, endocarditis, abscesos, sepsis y sida. Esta última enfermedad es responsable de gran mortalidad entre los usuarios de la vía parenteral. La prevalencia de seropositividad frente al VIH en heroinómanos es excepcionalmente alta en España (60-70%).

El consumo crónico de heroína puede ocasionar, además, alteraciones de las funciones cognitivas y de la personalidad, así como sintomatología psiquiátrica asociada, en particular ansiedad y depresión.

Efectos sobre el Feto y el Recién Nacido

Los efectos que se han descrito debidos al consumo de opiáceos en el feto y el recién nacido son:

  • Bajo peso al nacer. Se debe principalmente a un retraso en el crecimiento intrauterino.
  • Aspiración de meconio. Debido a la hipoxia y sufrimiento fetal durante el parto.
  • Síndrome de abstinencia a opiáceos del recién nacido. A pesar de que el síndrome de abstinencia a opiáceos no es mortal en adultos, existen evidencias de que el feto es más susceptible a éste que la madre.

En cuanto a los síntomas, son similares a los que se observan en el adulto, y su aparición depende de los siguientes factores: dosis materna diaria de droga, duración de la adicción e intervalo desde la toma de la última dosis y el parto. Cuanto más intensa sea la drogadicción en volumen y tiempo, y menor sea el intervalo libre entre la última dosis y el parto, más fácilmente aparecerá el síndrome. Los síntomas más importantes son: digestivos (vómitos y diarrea), neurológicos (irritabilidad, hiperactividad, temblores, hipertonía, voracidad, crisis masticatorias, mioclonías, crisis de apnea e incluso convulsiones), respiratorios (taquipnea), cutáneos (lesiones por roce) y otros menos frecuentes, como: estornudos, bostezos, congestión nasal, insomnio y fiebre.

Los síntomas aparecen durante las primeras 24-48 h y raramente pasados los primeros 3 días. En el caso de la metadona, las manifestaciones son tardías (entre el cuarto y decimotercer día de vida), requiriendo períodos de tratamiento más prolongados.

Deberemos sospechar la existencia de un síndrome de abstinencia a opiáceos en recién nacidos por heroína cuando nos encontremos ante un recién nacido que presente alguno de los síntomas anteriores y se produzca alguno de los siguientes hechos:

  • Madres sin atención prenatal.
  • Madres que desean abandonar el hospital inmediatamente después de haberse producido el parto.
  • Madres con signos de adicción, como huellas de pinchazos, úlceras cutáneas múltiples curadas, historia previa de tromboflebitis repetitiva, etc.
  • Madres que reclaman medicación de forma frecuente, a grandes dosis y con gran resistencia a los analgésicos habituales.

Otros efectos incluyen inmadurez fetal, parto pretérmino, síndrome de muerte súbita infantil, hemorragia intracraneal, enfermedad de la membrana hialina, trastornos bioquímicos (hipoglucemia, hipocalcemia e hiperbilirrubinemia) y un alto riesgo de sepsis.

En los últimos años se observa una elevada incidencia del llamado síndrome de muerte súbita del lactante en niños nacidos de madres drogodependientes (alcohólicas y heroinómanas).

Actuación: Terapia Sustitutiva con Metadona

La mayoría de los autores coinciden en que es mejor no intentar la desintoxicación durante el embarazo. Existen evidencias que demuestran un aumento de riesgo de parto prematuro y muerte fetal intrauterina durante el síndrome de abstinencia materno.

La terapia sustitutiva con metadona es el tratamiento estándar en la adicción a la heroína, acompañada de suficiente información y consejo sanitario. Cualquier mujer embarazada debe ser advertida del peligro de consumo de otros opiáceos durante la terapia de mantenimiento con metadona.

El objetivo de la terapia de mantenimiento con metadona es estabilizar a la paciente drogodependiente sin necesidad de producirle un síndrome de abstinencia a opiáceos. Presenta para la embarazada una serie de ventajas:

  • Reduce el consumo de opiáceos ilegales, así como el de otras drogas.
  • Ayuda a la mujer drogodependiente a salir del ambiente en que vive y elimina su comportamiento ilegal.
  • Previene fluctuaciones en las concentraciones de droga maternos.
  • Mejora la nutrición materna, con lo que se consigue un aumento de peso del feto.
  • Mejora la capacidad de la mujer drogodependiente para participar en programas prenatales y contribuye a su esfuerzo en la rehabilitación.
  • Aumenta las habilidades de la mujer para preparar el nacimiento de su bebé.
  • Disminuye las complicaciones obstétricas.

La metadona es un agonista opiáceo, de vida media larga que puede ser administrado por vía oral. Se absorbe rápidamente tras su administración. El inicio de...

El Rol de la Pareja en el Proceso de Recuperación

La pareja de la persona adicta es, sin dudas, una de las que más directamente sufren las consecuencias derivadas de la compulsividad por el consumo de drogas de su cónyuge. Pero también ella puede desarrollar emociones negativas que den lugar a comportamientos perjudiciales que terminan por profundizar y complicar el cuadro de adicción. La adicción es una enfermedad que afecta al entorno familiar en general, no únicamente a la persona que sufre la impulsividad incontrolable por consumir. Esto es más sencillo de comprender si se piensa en la familia como un sistema donde la acción (o inacción) de cada una de las partes afecta, inevitablemente, al resto.

En este sentido, la pareja es con quien se construye el proyecto de vida y con quien se gestiona la familia. Esto determina una mayor interacción y complicidad o, al menos, una relación de iguales donde suelen estar presentes ambas condiciones. Pero, por un lado, las actitudes generadas por la adicción tornan disfuncional la relación de pareja. Y, por otro, las relaciones de pareja disfuncionales pueden fomentar la adicción de uno de sus miembros.

Aunque puedas ser una persona conocedora de lo que implican las adicciones, descubrir que tu pareja ha desarrollado esta enfermedad te deja sin aliento. Es una reacción natural, que está por sobre la comprensión de una realidad teórica. La primera sugerencia para ayudar a una pareja adicta es buscar la ayuda de una persona especialista en adicciones que pueda orientarnos sobre cómo proceder. En muchas ocasiones, estas personas son ex adictas recuperadas con formación académica especializada.

Ahora bien, además de esta premisa fundamental (acudir a una terapeuta especializada), existen patrones generales sobre cómo actuar frente a la adicción de la pareja, y cómo no hacerlo.

Qué hacer:

  • Márcale límites claros de convivencia y responsabilidades.
  • No escondas las consecuencias de sus actos promovidos por la adicción.
  • Entabla con ella una comunicación abierta y honesta.
  • Habla del problema desde un enfoque personal o grupal.
  • Pregunta de forma sutil y cariñosa: “¿Cómo te sientes?".
  • Muestra tranquilidad y comprensión: “No estás solo/a. Estoy aquí para ayudarte. Vamos a salir".
  • Intenta que toda la familia preste su apoyo.

Qué no hacer:

  • Evita acuerdos o tratos a cambio de que “reduzca el consumo”.

En función del caso, en Adictalia sugerimos que el apoyo emocional hacia una pareja con adicción debe regirse por las normas del “amor duro”. Esto implica mantener un equilibrio entre las acciones disciplinadas y el alcance de las acciones de afecto. La empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, conforma una condición fundamental para comunicarse con la persona adicta. Pero esto no implica renunciar a las necesidades personales, sino un punto de partida indispensable para conectar y acordar soluciones.

Existe un consenso casi unánime en el campo terapéutico acerca de la importancia que tiene la familia en el proceso de recuperación de una persona con adicción. El pronóstico de recuperación aumenta cuando el entorno familiar se involucra en el tratamiento de la adicción. Esto implica que, frente a la aparición de la enfermedad, la persona cónyuge busque la ayuda de especialistas en adicciones.

La pareja en la recuperación de una persona adicta puede actuar como un condicionante a favor o en contra. A favor, porque el apoyo emocional que le brinda resulta clave para que no se sienta sola en este difícil momento en que lucha contra la compulsividad. Por eso resulta imprescindible que el entorno, en particular los cónyuges, se comprometan con el tratamiento. Esto implica, en la mayoría de los casos, asistir a terapia familiar para revisar los patrones de comportamiento que pueden estar influyendo en la conducta adictiva.

La familia conforma un sistema orgánico. Por un lado, la adicción de uno o una de sus integrantes puede responder, en parte, al tipo de relaciones que se establecen dentro de este entorno. En muchas familias las relaciones tóxicas favorecen el desarrollo de comportamientos compulsivos. Revisar y mejorar las dinámicas de interrelación entre integrantes de la familia. Muchas veces éstas son disfuncionales como consecuencia de la adicción, pero también como origen de la misma. En algunas ocasiones en que las relaciones familiares son muy conflictivas, resulta recomendable que la persona en tratamiento se mantenga lejos del entorno.

Ayudar a una pareja adicta implica también asistir a terapia con ella para mejorar las habilidades de comunicación. Esta dimensión de la relación suele encontrarse muy afectada por las dinámicas tóxicas propias de la adicción.

Las personas que desean ayudar a una pareja adicta deben, ante todo, cuidar de su propio bienestar y salud frente a las consecuencias de la enfermedad. Por la forma insana en que se inculca la forma de amar, los cónyuges que no consumen anteponen las necesidades y cuidados de la persona que sí lo hace a las propias. Esta forma de actuar se conoce como codependencia, una patología que adquiere las formas de la propia adicción.

La codependencia o coadicción se manifiesta en familiares en forma de pensamientos y conductas desajustados, compulsivos como el propio consumo, que implican un alto grado de malestar, casi siempre en relación con la persona adicta. Estos comportamientos y emociones que surgen por el impacto de la adicción afectan negativamente la relación con el individuo adicto.

Cuando se convive con una persona adicta durante un tiempo, la adicción promueve irrupción de miedos, frustración, rabia, tristeza, deseos de venganza, ansias de control permanente… Son sentimientos provocados por las acciones incontrolables e irracionales que caracterizan la adicción: mentiras, robos, violencia, manipulaciones, descuidos, entre otros. El problema es que esas emociones pueden volverse patológicas y derivar en codependencia o coadicción.

Preguntas clave para la reflexión:

  • ¿Busco ayuda externa si no puedo manejar los conflictos con mi pareja adicta?
  • ¿Estoy entrenando formas de controlar sentimientos negativos como la ansiedad y el estrés provocados por la adicción de mi pareja?

Si la persona sufre de codependencia, será más difícil (aunque no imposible) que pueda ayudar a su pareja adicta. Por tanto, resulta deseable que, al mismo tiempo que su cónyuge, acuda a terapia para tratar su coadicción. Este tipo de terapias son en general de tipo cognitivo conductual.

Las parejas de personas adictas acuden a terapias individuales y también con sus parejas. Pero, sobre todo, en formato grupal, donde se encuentran con otras familias con las que comparten sus testimonios. Los centros de desintoxicación disponen de grupos para parejas y familiares, así como de terapias específicas.

Las parejas no consumidoras también cumplen un papel importante en ayudar a evitar las recaídas de las personas ya recuperadas. Las terapias de pareja conductuales se han mostrado efectivas para que las personas mantuvieran la abstinencia y enfrentarán con éxito situaciones de riesgo. Este formato terapéutico, añadido al individual, incrementa la tasa de abstinencia.

Fomenta el consumo de comidas saludables: frutas, cereales, yogur. Incentiva los ambientes ordenados, aseados, abiertos.

Factores Efectos en el Feto/Recién Nacido
Consumo de Opiáceos Bajo peso al nacer, Aspiración de meconio, Síndrome de abstinencia
Estilo de Vida Materno Complicaciones médicas y obstétricas
Falta de Atención Prenatal Mayor riesgo de complicaciones

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