La Mujer en la Literatura: Un Reflejo de la Sociedad y la Emoción Humana

La figura de la mujer ha sido un tema recurrente y multifacético en la literatura a lo largo de la historia. Desde representaciones de frustración y estigma social hasta la rebelión y la búsqueda de identidad, las autoras han explorado la complejidad de la experiencia femenina.

La Mujer y la Frustración

En Delirio amoroso, Alda Merini narra su paso por el centro psiquiátrico de Taranto como un reflejo de la sociedad que la estigmatizó. La protagonista se siente como un ser frustrado por la demencia, donde en aquellos tiempos el varón era sagrado y debía absorber todos los recursos morales y físicos de la familia y del ambiente. La protagonista quería una carrera, un trabajo respetado, una sonrisa cautivadora para el cliente, quería ser médico.

La obsesión nació en ella y se volvió poesía, bella, endecasílaba, porque le prohibieron tocar música. Es increíble la atonía mental que produce esa carencia. De esta manera, se entregó a la suerte. Ella pensaba suspirando: «¡Un libro mío, expuesto allí, quién sabe cuándo!» Tuvo que esperar treinta y cinco años.

La Rebelión y la Búsqueda de Identidad

En Baba Yagá puso un huevo, se presenta una imagen poderosa de mujeres que se rebelan contra la opresión y la injusticia. Imaginémonos que las mujeres, apenas una insignificante mitad de la humanidad, las Babas Yagás, sacan la espada de debajo de su cabeza y se lanzan a ajustar cuentas. Por cada bofetón, por cada violación, cada ofensa, cada lesión, cada escupitajo que recibieron en la cara.

Imaginemos solo que se levantan de las cenizas todas las novias y viudas incineradas en la India y empiezan a recorrer el mundo blandiendo la espada. Imaginemos todas esas mujeres invisibles que, a través de rejillas de hilo, atisban el entorno desde sus burkas búnker, esas que incluso se tapan la boca con unas cortinillas mientras hablan, comen, besan (porque la boca, ah, es tan impura, en la boca entran muchas cosas y muchas cosas salen de ella).

Imaginemos un ejército de millones de «locas», mujeres sin techo, mendigas; mujeres con rostros quemados por ácido porque unos autoproclamados justicieros masculinos se sintieron ofendidos al ver una cara femenina descubierta; mujeres cuya vida está completamente controlada por sus maridos, padres y hermanos; mujeres lapidadas que han sobrevivido y las que han muerto a manos de una muchedumbre masculina envilecida.

Imaginemos ahora que todas estas mujeres se arremangan las faldas y empuñan sus espadas… Que blanden sus espadas millones de prostitutas del mundo entero, las esclavas blancas, negras y amarillas que se venden en los mercados de la carne, esclavas violadas, maltratadas, privadas de sus derechos, a cuyos dueños nadie es capaz de pararles los pies… Que se ponen en marcha los cientos de miles de niñas infectadas de sida, víctimas de enfermos mentales, pedófilos, pero también de sus maridos legales y padres, que también ellas se lanzan…

Que se ponen en marcha las mujeres africanas con los cuellos presos de anillos de metal; que se ponen en marcha las mujeres de clítoris mutilados y vaginas cosidas; que se ponen en marcha las mujeres con pechos y labios de silicona, con rostros-bótox y sonrisas clonadas; que se ponen en marcha también los millones de mujeres hambrientas que paren niños hambrientos… Que se ponen en marcha los millones de mujeres que rezan a los dioses varones y a sus representantes en la tierra, ancianos impúdicos tocados con sus gorritos púrpura, blancos, dorados y negros, con tiaras, birretas, cufias, camauros, feces y turbantes, estos sustitutos simbólicos del pene, estas «antenas» con ayuda de las cuales comunican con sus dioses sin ser estorbados.

Imaginémonos que todos estos millones de mujeres, en vez de ir a las iglesias, mezquitas, templos y santuarios que, de todos modos, nunca han sido suyos, van en busca de su propio templo, el templo de la Mujer Dorada, si todavía necesitan algún tipo de santuario… Que dejan de inclinarse ante unos varones que tienen los ojos inyectados en sangre, que han causado la muerte de millones de personas, y siguen causándola.

En "Orión" se plantea la pregunta de si se puede ser ni mujer ni hombre, sino un simple espíritu. Una imperiosa necesidad de evadirse de su cuerpo la impulsa a clavar las uñas en la manta. Someterse a las leyes de la carne le resulta un doloroso suplicio. Y muerde la almohada y se retuerce en la cama llorando, entre espasmos de rebelión histérica. Poco a poco, los sollozos se vuelven intermitentes, fatigados. La crispación de los nervios se extingue sola.

En Invisible India, Artemisa descubrió que el mundo entero cabía en un solo lugar porque ese lugar era ella misma. Una noche de locura, movido más por el hastío que por el sentido común, el rey Zeus decidió permitir que su hija hiciera las cosas de otra manera: ella no quería casarse y luego pasarse toda una guerra esperando sentada a que su hombre, dios o no, experimentase la ritual metamorfosis de príncipe de palacio a curtido héroe; no quería hijos. Quería cazar.

Antes del amanecer había hecho el equipaje y partido rumbo a una nueva vida en el bosque. Pronto su fama se extendió y se le unieron otras mujeres, pero a Artemisa no le agradaba demasiado la compañía. Quería estar sola. En su soledad descubrió algo muy extraño. Siempre había envidiado la libertad de los hombres para vagar por el mundo a sus anchas y regresar llenos de gloria a esposas que meramente esperaban. Conocía aquello de las amas de casa y los amos de la historia, la gran división que hacía posible la vida. Sin llegar a rechazarla, tan sólo albergaba la esperanza de asumir las libertades que pertenecían al otro bando. ¿Y si recorriese el mundo y los siete mares como un héroe? ¿Descubriría algo distinto o las cosas de siempre pero con disfraces distintos?

En Cómo ser famosa, la protagonista soñaba despierta que sufría un accidente de tráfico gravísimo y mi cuerpo quedaba completamente destrozado. Y que, cuando por fin despertaba del coma, los cirujanos de la Seguridad Social lo habían reparado todo y habían eliminado toda la grasa y la piel sobrantes y yo volvía a nacer convertida en una chica delgada. Pesaba cincuenta y siete kilos, tenía una serie de pulcras líneas de puntos de sutura y por fin podía empezar mi vida de chica adolescente normal. Me habían reconstruido.

La Maternidad y el Dolor

En un fragmento, Rosa con Magda acurrucada entre los pechos adoloridos, Magda envuelta en el chal. A veces Stella cargaba a Magda. estaba celosa de ella. quería estar envuelta en el chal, escondida, dormida, arrullada por la mar­cha, ser un bebé, un pequeño de brazos. Magda tomaba el pezón de Rosa y Rosa nunca dejaba de caminar, una cuna andante. No había leche suficiente; a ve­ces Magda chupaba aire; entonces lloraba. Sin quejarse aban­do­nó las tetillas de Rosa, ajadas, sin siquiera el olor a leche, de modo que Magda agarró la esquinita del chal y lo ordeñó en su lugar. Chupaba y chupaba, inundando los hilos de humedad. El rico sabor del chal, leche de lino.

Rosa sabía que Magda iba a morir muy pronto; ya debía haber muerto, pe­ro ha­bía estado enterrada en las profundidades del chal mágico. Magda estaba muda. Nunca lloraba. Rosa la ocul­taba en las barracas, debajo del chal, pero sabía que un día alguien la dela­ta­ría; o algún día alguien, que ni siquiera sería Stella, se robaría a Magda para comér­se­la. Cuando Mag­da empezó a caminar, Rosa sabía que la niña iba a morir muy pron­to. Tenía miedo de quedarse dormida; se dormía con el peso de su pierna sobre el cuerpo de Magda; tenía miedo de asfixiar a Magda bajo su mus­lo.

La Mujer y la Locura

En un relato, la protagonista dice que la única diferencia es que ahora no tengo vida sexual, y sólo estoy esperando a volverme una mala persona. Luego, el médico dijo que no soy una asesina, sino que estoy loca, y me han mandado al manicomio.

El Perdón y la Compasión

En el prólogo de Juan José Gómez Cadenas sobre la novela *El papiro de Miray* habla de la «compasión oceánica» de Miray. En la novela no hay una clara intención en Miray de ir a perdonar a Salomé. Lo que hace es ponerle delante los pies de Cristo en la cruz, porque ella los ha visto. Miray le habla de los pies llenos de sangre. Le viene a decir que ha habido ya un hombre en la historia que ha cargado con toda la culpa sobre sus hombros.

En este contexto, la literatura se revela como una herramienta poderosa para explorar la condición humana, desafiar las normas sociales y buscar la comprensión y la empatía.

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Flora Prieto Huesca: Una Pionera en la Psiquiatría Infantil

Flora Prieto Huesca (Madrid, 23 de diciembre de 1909; Madrid, 24 de octubre de 1986) fue una pediatra española, pionera en Pediatría-Psiquiatría Infantil en el campo del psicoanálisis. Tuvo su actividad profesional en gran parte de la segunda mitad del siglo XX. En los años 50 estuvo vinculada a la Cátedra de Pediatría del Hospital Clínico San Carlos (Madrid) y al Instituto de Puericultura. Fue jefe de Psiquiatría Infantil en la Clínica Infantil La Paz (Madrid) en los años 60 y 70.

Se graduó en Medicina en 1946, en Madrid. Hizo un perfeccionamiento de estudios en Alemania, en el campo de la medicina psicosomática y, finalmente, derivó al psicoanálisis. Hasta 1940, en España no había paidoneuropsiquiatría propiamente dicha. Estuvo toda su vida profesional colegiada en Madrid, desde mayo de 1947.

Prieto mantuvo además una importante actividad cultural y en humanidades, en artes, música y literatura. Su legado médico y artístico subraya la importancia del desarrollo en humanismo y en humanidades, de estar atento a la cultura, no solo a la tecnificación.

Mariano Benlliure: Un Escultor de su Tiempo

Mariano convierte la pintura en escultura, o mejor dicho, hace una escultura que recuerda a la pintura, de ahí que podamos concluir que sus obras son el encuentro de las dos artes: composición, espacio y dibujo fusionados con el volumen, la forma y la textura, incluso el color se traduce en la combinación de volúmenes, en el logro de sombras y en la combinación de los materiales (mármol y bronce, terracota patinada, piedra natural y cerámica vidriada).

Mariano gozó de la clientela del “todo Madrid” durante su prolongada carrera. La sociedad madrileña acomodada y especialmente aristocrática gustaba de su ingenio para la decoración y encontró en él, al artista que supo llenar sus ansias de novedad a tenor de las nuevas modas.

En 1881 viaja a Roma junto a su hermano Juan Antonio, y donde ya residía su hermano José, abriendo un estudio que mantendría activo durante veinte años. Italia le permitió dominar las técnicas y materiales, conocer las fundiciones artísticas, visitar las canteras de Carrara y estudiar a los clásicos. Los nuevos y constantes encargos de monumentos en Madrid y distintas ciudades, hicieron que el artista ampliara su estudio, trasladándolo a la calle de Abascal, próximo al Paseo de la Castellana, que pronto se convertirá en punto de encuentro de los personajes más ilustres del momento, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias.

Madrid se ha convertido en su gran museo abierto y le debe también una estatua. Su casa-estudio de la calle de Abascal, frecuentada por políticos, artistas, intelectuales, toreros…, aportó popularidad de su nombre, colocado hacía tiempo en la cima de los autores más afamados en el país, de modo que el asistir a su casa ya era un «acto público obligado» para todo aquel que quería destacar en el mundillo de la popularidad.

A pesar de tantos años de lucha y triste vejez, Mariano Benlliure tuvo la suerte de morir tal como siempre deseó: trabajando, tallando una Entrada en Jerusalén que parecía indicarle que había llegado la hora de iniciar el camino de salida de este mundo.

Todos los que le conocieron y han transmitido sus recuerdos nos destacan enseguida su atractivo personal: un cuerpo ágil y vigoroso, con manos encallecidas como las de un jovial trabajador, con un rostro que atrae por sus ojos pequeños y expresivos, sano de color, densas patillas rizadas y poblado bigote, pero en especial prominentes orejas que él siempre destaca en sus autocaricaturas. Y sobre todo destaca en él una sonrisa franca, eterna y contagiosa, que se hace más cálida cuando con su afable cordialidad, tiende su mano llena de vitalidad.

Gállego define así su obra: «es romántico como Carpeaux en sus niños, guirnaldas y composiciones históricas; impresionista al jugar con los efectos de luz sobre las superficies con destelleantes detalles minúsculos; expresionista porque nos habla de emociones y sentimientos; simbolista porque en toda su producción pervive la idea de la vida y de la muerte; modernista por sus ritmos ondulantes, que recogen el movimiento de una suave brisa; fidíaco en sus detalles realistas; helenístico en sus figurillas menudas de terracota; y primitivista en sus relieves de gruesos trazos […] y sobre todo un enamorado de la naturaleza y de la vida que pretende aprisionar en el barro».

Como los grandes artistas del Renacimiento sabe captar en el modelo aquello que es constante, que constituye su expresión, el reflejo externo de su vida interior. El retrato, que obliga a ceñirse a lo natural, le permite ostentar la habilidad prodigiosa en el modelado.

La peseta de 1946 con estrellas 19-48, se conoce como «Peseta de Benlliure», por haber sido diseñada por el escultor.

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