El sueño es fundamental tanto en niños como en adultos, pero puede verse alterado con la llegada de los hijos. El dormir toda la noche de un tirón es una cuestión madurativa a la que no siempre se le da la importancia que requiere. De hecho, en España, los niños se acuestan más tarde y se levantan antes que los europeos, y esta falta de descanso repercute en su desarrollo cognitivo y físico.
Desde antes del nacimiento, los niños tienen neuronas cerebrales con capacidad de ejercer como “reloj biológico”, controlando el sueño y la vigilia. Este reloj biológico se ve influenciado por las condiciones medioambientales de luz-oscuridad. En condiciones de oscuridad, el cerebro segrega melatonina, que facilita el sueño, mientras que la luminosidad exterior inhibe esta hormona. Aproximadamente, a partir del tercer mes de vida, el bebé aprende a sincronizar estas dos informaciones, coincidiendo el ciclo vigilia-sueño con el ciclo día-noche.
Es importante entender que todos los bebés son diferentes y tú conoces al tuyo mejor que nadie. Estás aprendiendo sobre sus horas de sueño, conoces los pequeños gestos que revelan que están cansados y qué es lo más adecuado para que se duerma.
¿Cuántas horas necesitan dormir los niños?
Las necesidades de sueño varían considerablemente y no hay un patrón homogéneo. Sin embargo, aquí hay algunas pautas generales:
- Recién nacidos: Duermen un total de 16 horas diarias, en 6 - 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia.
- 1 a 6 meses: La duración de los despertares nocturnos va disminuyendo y empiezan a dormir de manera continua durante la noche.
- 2 a 4 años: Duermen unas 10 horas por la noche, más dos siestas habituales.
- A partir de los 3 años: Disminuye la necesidad de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.
- 5 a 10 años: El sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto, aunque el número de horas de sueño suele ser superior.
- Adolescencia: El número de horas de sueño disminuye hasta un promedio de 7 a 8 horas, lo cual podría ser insuficiente.
Pasados los 7 años, no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno.
¿Cuándo debemos sospechar un problema de sueño en un niño?
Se debe sospechar un problema de sueño si al niño le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche, o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día.
Causas conductuales y psicológicas de los problemas de sueño infantiles
- Malos hábitos: Al igual que en el adulto, en los niños pueden producirse dificultades para iniciar o mantener el sueño. Los rituales de conciliación son necesarios en los niños, y con frecuencia el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño, no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…).
- Estrés: Debido a horarios irregulares, sobre activación, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad de separación. Los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad.
Otra causa frecuente de las dificultades para iniciar el sueño es la realización de siestas largas por la tarde, por ello, ante un problema de insomnio infantil, una de las primeras medidas a considerar va a ser la reducción o incluso supresión del sueño diurno (siestas).
Incluso en la seguridad de un hogar feliz los niños pueden llegar a tener miedo de la oscuridad o de criaturas imaginarias situadas en las esquinas oscuras del dormitorio. Sea cual sea el caso, la respuesta de los padres tiene que ser siempre de apoyo. Hay que hablar con el niño de sus temores y miedos.
En los niños de más de tres años pueden utilizarse técnicas de refuerzo positivo como premios si su conducta es la apropiada.
Causas médicas de insomnio infantil
Algunos problemas médicos que convienen descartar ante un niño con insomnio:
- Alergias: Los niños afectados dormirán de modo fragmentado e interrumpido.
- Dolores: Las otitis y los cólicos son muy frecuentes en los niños.
- Enuresis: Es probable que la enuresis sea el más estresante de los trastornos del sueño para el niño, ya que no solamente es una fuente de pérdida de sueño, sino también de vergüenza.
- Enfermedades crónicas: En principio, cualquier enfermedad crónica es susceptible de causar alteraciones persistentes del sueño.
Otras causas médicas que deben ser tenidas en cuenta son problemas dentales, gastrointestinales, alergias y apnea del sueño. También es conveniente descartar la presencia de parásitos.
El sueño de los niños con hiperactividad infantil
Durante el sueño, el síntoma más característico es la presencia de despertares frecuentes y de sueño inquieto.
Los problemas relacionados con el sueño son comunes en estos niños, presentando el 16.5% dificultades de iniciación del sueño y el 39% despertares nocturnos. Es importante el diagnóstico precoz y el tratamiento, ya que el trastorno de hiperactividad y la falta de sueño se retroalimentan mutuamente.
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¿Qué hacer? Plan de tratamiento para el insomnio infantil: El método Ferber
A finales de los años 70, el pediatra norteamericano Richard Ferber publicó un método conductual para el manejo del insomnio infantil que se popularizó en todo el mundo. La base de este método es la extinción del llanto a lo largo de un periodo breve. Pero este método no está hecho para todo el mundo.
En términos muy generales, las recomendaciones que podemos establecer son:
- Si sospechamos que la causa puede ser médica, hay que acudir al especialista con el niño, para resolver el problema.
- Si sospechamos que la causa puede estar en hábitos de sueño mal aprendidos o problemas conductuales, podemos intentar poner en marcha el siguiente plan, acudiendo al psicólogo o al médico especializado en estos problemas si pasada una semana no conseguimos resultados.
La base del tratamiento es tan sencilla cómo hacer que el niño aprenda a realizar la transición entre la vigilia y el sueño sin la participación de sus padres. Todo el tratamiento se debe de realizar en menos de una semana y, si sigue fielmente las instrucciones, las posibilidades de éxito son elevadas.
El niño debe de aprender a dormirse solo, bajo unas condiciones que se puedan reproducir cuando se despierte a media noche.
Colocar al niño en la cama o cuna con sólo aquellos objetos favoritos y que puedan permanecer junto a él durante toda la noche para que se acostumbre a dormirse junto a estos objetos y los asocie con el sueño. Así, si se despierta en medio de la noche, podrá volver a dormirse sin necesidad de nadie.
La habitación debe de estar oscura, tranquila y con una temperatura confortable.
Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.
El proceso deberá ser repetido (manteniendo el tiempo de espera en no más de 2 a 5 minutos durante la primera noche) hasta que el niño esté dormido.
Las noches sucesivas, se van alargando progresivamente los tiempos esperados para pasar a tranquilizar al niño si llora. Los tiempos de espera suelen ser proporcionales a la edad de los niños (a mayor edad, se debe esperar más tiempo).
La mejoría suele verse generalmente a partir de la tercera noche. Los despertares nocturnos suelen ser más cortos, y el llanto va siendo más débil y breve. El niño va aprendido a quedarse dormido por sí sólo sin la ayuda de sus padres.
Regresión del sueño
Cuando un niño está durmiendo bien y de repente se despierta con frecuencia, evitando el sueño y resistiéndose a las siestas, se habla de regresión del sueño. En realidad puede aparecer a cualquier edad. Basta mirar a la lista de posibles causas para ver hasta qué punto es impredecible.
Estás aprendiendo sobre sus horas de sueño; conoces los pequeños gestos que revelan que están cansados y qué es lo más adecuado para que se duerma. Por supuesto, es muy frecuente que el niño pase una mala noche o dos, pero la regresión como tal suele durar entre dos y seis semanas.
Tú, que eres quien mejor conoce a tu niño, averiguarás probablemente si se trata de una regresión, y lo harás rápidamente. Cuando le prodigas tus caricias habituales y notas que nada parece surtir efecto la posibilidad es real.
Es importante asegurarte de que no le pasa nada, que no tiene síntomas. Recuerda que es temporal. Llegará a su fin. Es normal y por supuesto no debes culparte. Mantén tus propias rutinas relajantes antes de acostarte.
Consejos adicionales durante la regresión del sueño:
- Procura evitar que el bebé se agote, pues podría dificultar más el sueño. Podría necesitar una siesta adicional o irse antes a la cama.
- Prueba a darle una toma (biberón, papilla) adicional antes de acostarse. Podría funcionar, aunque sería temporal, pues podría deberse a un brote de crecimiento.
- Prueba a dormirle. Es una cosa muy personal, solo tú sabes cómo. Echarte a su lado, dormirle en brazos o simplemente estar en el mismo cuarto… hazlo de modo que te sea cómodo.
- Pide ayuda, llegado al caso. La regresión del sueño puede ser dura para los padres. Verte privado de sueño puede volverte impaciente, irritable y de mal humos. Como siempre te decimos, sé amable contigo mismo. Si lo necesitas, pide ayuda, como te acabamos de decir y tómate una tarde libre.
La importancia de la siesta
Dormir unos minutos después de comer es una costumbre profundamente arraigada en muchas culturas, especialmente en países mediterráneos. La ciencia avala que dormir siesta es bueno. La llamada “siesta después de comer” coincide con un leve aumento en la melatonina, lo que facilita el sueño.
Lo ideal es que este descanso ocurra entre las 13:00 y las 15:00 horas. Superado ese rango, aumenta el riesgo de que interfiera con el sueño nocturno. En adultos sanos, una siesta de 20 a 30 minutos es suficiente para obtener sus beneficios sin caer en un sueño profundo que provoque inercia del sueño (la sensación de pesadez o aturdimiento al despertar).
La duración recomendada de la siesta puede variar dependiendo de la edad y de lo que busques lograr. En el caso de los adultos, la investigación sugiere que lo mejor es que la siesta no exceda los 30 minutos para aprovechar al máximo beneficios como un mejor estado de alerta, un rendimiento cognitivo superior y un ánimo más positivo.
Las siestas de 10 a 30 minutos son las más efectivas, mientras que las de 30 a 60 minutos pueden ofrecer beneficios adicionales en la memoria.
¿Dormir siesta es bueno para todas las edades?
La siesta está especialmente recomendada en niños y personas mayores. En bebés, forma parte esencial del desarrollo neurológico y físico. Durante los primeros años de vida, el sueño diurno complementa al nocturno en la maduración cerebral.
Pero ¿a qué edad dejan de echar la siesta los niños? Aunque varía según el desarrollo individual, la mayoría de los niños dejan de necesitarla entre los 3 y los 5 años. No obstante, algunos continúan echando la siesta hasta los 6 o incluso los 7 años, especialmente si tienen rutinas escolares exigentes.
En adultos mayores, la siesta puede ser beneficiosa siempre que no sustituya un sueño nocturno adecuado y no se extienda más de 60 minutos. En estos casos, puede ayudar a compensar los despertares nocturnos más frecuentes relacionados con la edad.
