La invención de la escritura fue un paso de gigante para la Humanidad. Hasta entonces las historias se transmitían oralmente, y todos hemos jugado a contar una pequeña historia al oído de otra y esta a la siguiente, y comprobar que tras varios pasos la historia resultante difería mucho de la original. Por eso, cuando se inventó la escritura encontramos la forma de “grabar sobre piedra”, en algunos casos literalmente, nuestras historias.
Realmente esto no ocurrió de golpe ni en un solo sitio. Naturalmente la escritura (las escrituras) no se inventó de golpe, ocurrió en sucesivos pasos. Lo primero fue la invención de los números (otra invención que ocurrió en muchos sitios) probablemente para llevar la contabilidad de la que derivaría los primeros textos escritos. De nuevo sorprende que esto ocurriese en distintos sitios.
Durante años se creyó que la escritura se inventó en Mesopotamia y de ahí paso a Egipto. Aquí nos referiremos a la invención de la escritura de la que se derivaría la nuestra (la latina, aunque no debe confundirse escritura con alfabeto) y para ello hemos de remontarnos al Egipto, al periodo predinástico (hace 5000 años). En 1997 una expedición alemana encontró 300 jarras y tablillas de arcilla en la necrópolis de Umm el-Qaab, Abidos, que mediante carbono -14 se dataron de entre 3300 y 3200 a. C.
La invención de la escritura está unida al Principio de REBUS que permitió utilizar signos e imágenes para funciones totalmente distintas a lo que parecen. Para remontarnos a los orígenes remotos de nuestra escritura tenemos que retroceder hasta Egipto y Mesopotamia. A menudo se habla de los jeroglíficos en Egipto y del cuneiforme en Mesopotamia como dos polos contrapuestos.
La Historia de la Escritura | Videos Educativos para Niños
Los Primeros Sistemas de Escritura
Los primeros inventores de la escritura fueron los sumerios, quienes habitaban el Sur de la Mesopotamia. El primer código de escritura apareció allí en el año 3100 antes de Jesus, y poco después la escritura vuelve a ser inventada a casi 1600 kilómetros de distancia, en Egipto.
Parece ser que los egipcios tomaron la idea de la escritura de los sumerios, ya que hubo contacto entre las dos culturas; pero los símbolos utilizados por ambos fueron completamente distintos. Mientras tanto en el valle del río Amarillo, el pueblo chino también inventaba la escritura. Los incas fueron los únicos en el mundo en desarrollar una espléndida civilización sin llegar a conocer la escritura.
No hay un único origen de la escritura; nació de forma independiente en diferentes partes del mundo. Parece que las primeras personas que escribieron fueron los sumerios y los egipcios alrededor de 3500-3200 aC. No está claro cuál de esos dos pueblos inventaron la escritura en primer lugar, si bien parece que la escritura egipcia tuvo alguna influencia sumeria y no al revés.
Eran pueblos que habían conocido a la agricultura para algunos miles de años y que sentían la necesidad de un sistema de notación para los productos agrícolas. Por lo general, los soberanos imponen impuestos sobre sus propios temas como los productos agrícolas. Ellos usan estos recursos con el fin de pagar por la construcción de palacios y templos, para mantener el ejército, los oficiales de la corte, la corte, etc. También en los intercambios comerciales gente sentía la necesidad de que se les permita realizar anotaciones mercancías. Lo mismo es válido para las ofertas que fueron traídos a los templos.
La invención de la escritura fue seguida de cerca de muchas otras innovaciones propias de la edad neolítica, tales como la construcción de ciudades, el uso del bronce, la invención de la rueda, la rueda del alfarero y el telar para tejer. En este periodo, la agricultura y la cría de propagación y fue siempre más importante ser capaz de indicar los bienes y de las personas en cuenta los documentos y en las operaciones comerciales.
La escritura nace de la necesidad de expresar de forma gráfica las ideas, en relación con el sonido de la lengua hablada, y de la búsqueda de un método de dejar constancia de lo realizado. Así pues, la comunicación fue desarrollándose poco a poco y fueron apareciendo diversas formas de representar las palabras.
Pictogramas en Egipto y Mesopotamia
Como primeras formas de expresión encontramos los pictogramas del Antiguo Egipto y Mesopotamia, alrededor del 4 000 a.C. En estas civilizaciones se creó una escritura icónica, donde cada dibujo o pictograma representaba una palabra. Si bien es cierto que fue un importante avance dentro del mundo de la comunicación, todavía quedaba un largo camino por recorrer ya que los pictogramas estaban sujetos a la interpretación del que los leía.
Con el tiempo, la escritura fue evolucionando hasta la identificación de un sonido con un signo concreto, apareciendo así los sistemas silábicos. Cada palabra se descomponía en sílabas, y cada sílaba poseía un símbolo correspondiente. El primer sistema silábico del que existen pruebas fue el cuneiforme, inventado por los sumerios hacia el segundo milenio a.C.
Las primeras escrituras conocidas fueron la cuneiforme y la jeroglífica. El cuenco expuesto en primer lugar ayuda a explicar la evolución de la escritura cuneiforme. Es un cuenco de arcilla que se utilizaba como unidad de medida de cereal: la ración de comida con la que se pagaba a los trabajadores de las obras públicas en Mesopotamia hace más de 5000 años. De ahí que su pictograma forme parte de la representación de la noción “comer”, junto a una cabeza de perfil que significa “boca”.
Con el tiempo, el pictograma de la cabeza modificó su posición, apareciendo tumbada. Más tarde, los pictogramas se esquematizaron y se convirtieron en un signo, sin más relación con los pictogramas originales que el significado. Por su parte, la escritura jeroglífica, compuesta de pictogramas, ideogramas y signos determinativos, resulta igualmente compleja. La inscripción que aparece en la parte posterior de la escultura del faraón Nectanebo I, permite ahondar un poco un este tipo de escritura. En ella, figuran los nombres del faraón, entre los que aparece un ideograma, un brazo, que significa exactamente lo que representa. También hay ideogramas algo más complicados, por ejemplo, el compuesto por la figura de un pato y, a su derecha, un círculo. El pato representa la noción de Hijo, mientras el círculo representa al dios Ra.
Fig. 1. Antiguo Egipto y Mesopotamia. Autor: Свифт. Fuente.
Fig. 2. Dados infantiles versus jeroglífico egipcio (Karnak). Autor: Guillaume Lelarge.
El Desarrollo del Alfabeto
Pero como ves, este sistema resulta muy difícil aprender a escribir con tantos tipos de signos. Además, iban creando nuevos signos y otros iban desapareciendo cuando dejaban de serles útiles. Había que inventar un sistema más eficaz y más simple y que reprodujese de forma más clara el lenguaje hablado.
Pues… fueron también los fenicios, que vivían en la zona de la actual Palestina y Siria. Las primeras letras que inventaron fueron las consonantes. Esto ocurrió hacia el 2700 a.C e inventaron un total de 23 signos que reproducían sus consonantes pero… ¡no tenían vocales! A pesar de sus dificultades y limitaciones, el sistema de escritura fenici fue muy importante, ya que sentó las bases de toda la escritura alfabética posterior.
Fig. 3. Fenicia y sus rutas comerciales. Autor: Bourrichon.
Para responder a las necesidades del lenguaje hablado, un nuevo paso en la evolución fue el alfabeto griego. Pero no hubo uno, sino que tuvo diferentes variantes, según la zona donde se emplease. Así, por ejemplo, existió el griego occidental y el griego oriental. Además -hijo- también es a los griegos a quien debemos la escritura de izquierda a derecha.
Y tanto, los romanos crearon un alfabeto moderno en torno al siglo I a. C. tras la conquista de Grecia. Su alfabeto estaba fuertemente influenciado tanto por el etrusco como por el griego. Hubo algunos conatos anteriores a esa fecha, pero fue el de este periodo el que cristalizó.
Pues se debe a dos fenómenos muy relacionados entre sí. El primero fue la romanización del continente europeo. Los romanos, fueron desplazándose poco a poco por diferentes lugares y fueron dotando a sus gentes de su cultura y enseñando sus letras. Ambos fenómenos contribuyeron a que se conociera en toda Europea Occidental y de ahí, con el tiempo, a buena parte del mundo.
Pero la tarea no fue tan sencilla. Nosotros, los españoles, fuimos desarrollando distintos tipos de letras a partir de la que nos habían enseñado los romanos, y creamos y utilizamos el alfabeto visigótico, después el carolino, después el gótico y el humanístico hasta que la imprenta se encargó de fijar -para siempre- los tipos gráficos.
La Evolución Continua de la Escritura
Cuando clasificamos distintas escrituras podemos atender a varios criterios. Uno de ellos, de los más superficiales, es cómo están hechos los signos, qué forma tienen o a qué se parecen. Hablar de “jeroglífico” ―que no es exclusivo de los egipcios aunque el término sí se empezara a aplicar a esa escritura en concreto― es simplemente hacer referencia a que en los signos reconocemos elementos de la realidad (animales, plantas, edificios, personas…).
En el caso del cuneiforme, como su nombre nos indica, las unidades de las que se componen los signos son trazos y “cuñas”, aunque los registros más remotos muestran una etapa más parecida a lo que entendemos por jeroglífico. Con ello quiero decir que definir un sistema de escritura solo como “jeroglífico” o “cuneiforme” hace que la descripción se quede coja. No habla de cómo se relaciona el signo gráfico con la lengua, que es quizá lo más significativo.
Desde esta perspectiva, sin ser sistemas idénticos, ni mucho menos, las distancias entre el jeroglífico y el cuneiforme disminuyen un poco, aunque en el caso del cuneiforme sea algo difícil escoger un único modelo: más o menos el mismo sistema ha sido empleado para el sumerio, el acadio, el hitita, el elamita, el hurrita o incluso el persa. En ambos sistemas encontramos signos o conjuntos de signos fonéticos, es decir, que representan sonidos o grupos de sonidos, como lo hace nuestro alfabeto latino, y otro tipo de signos que remite a conceptos (ideogramas) o palabras concretas dentro de la lengua (logogramas).
| Sistema de Escritura | Características Principales | Ejemplos de Lenguas |
|---|---|---|
| Jeroglífico | Uso de imágenes para representar palabras y sonidos | Egipcio antiguo |
| Cuneiforme | Uso de cuñas para formar signos | Sumerio, Acadio |
| Alfabético | Un signo para cada sonido | Griego, Latino |
Durante mucho tiempo se había pensado que el jeroglífico egipcio se creía que era dependiente de la escritura mesopotámica. En los años sesenta proliferaron las hipótesis difusionistas que venían a sostener que la escritura solo se había inventado una vez, en Mesopotamia para más señas, y que a partir de ahí se habría expandido. Este paradigma está con justicia hoy de capa caída entre los especialistas, aunque la relación entre el nacimiento de la escritura en Egipto y Mesopotamia no está nada clara.
Todo parece apuntar a que se dieron muy próximos en el tiempo y la mayoría de los que estudian las primeras escrituras hoy en día prefieren tratarlos como procesos independientes, no tanto porque no pudiera existir una conexión sino porque, de haberla habido, ha quedado ya ―o al menos de momento― fuera de nuestro alcance. Muchos de los tópicos sobre el surgimiento de la escritura en Egipto y Mesopotamia que eran casi indiscutibles hasta los años 90 se han venido cuestionando y repensando en los últimos años.
A modo de ejemplo: siempre se contraponía que mientras que la primera escritura cuneiforme estaba vinculada a la contabilidad, en Egipto estaba ligada a la religión. Bien, parece, sin embargo, que los primeros testimonios de jeroglífico egipcio pertenecían también a la esfera de la administración. La secuencia cronológica tampoco funciona ahora: los primeros testimonios en los que podemos reconocer escritura ya no están en Mesopotamia sino en Egipto.
Es probablemente en la primera mitad del segundo milenio antes de la era común cuando estas tradiciones ajenas empiezan a tener influencia en el Levante, es decir, en la región siro-palestinense. Sí, pero no solo. “Lineal”, como “jeroglífico” o “cuneiforme” hace solo referencia al tipo de trazo, en este caso predominantemente líneas, con el que se escriben las letras. Desde este punto de vista, el alfabeto latino también es lineal.
Pero antes de la escritura fenicia encontramos un paso fundamental, de los más importantes que vamos a ver en este breve repaso: el protosinaítico. En la primera mitad del II milenio aec., Egipto explotaba en la península del Sinaí las minas de turquesa, pero los trabajadores no eran egipcios, sino hablantes de alguna lengua semítica. Pues esta comunidad va a ser la responsable de la adaptación del jeroglífico egipcio a una lengua semítica de una manera más bien sistemática.
Toma por ejemplo el jeroglífico el rectángulo abierto de izda. de la Fig, 3, que representa la planta de una casa. ‘Casa’ en egipcio se escribía con dos consonantes p y r, que nosotros, convencionalmente, leemos como per porque realmente no sabemos cómo sonaba. Pero qué pasa cuando los hablantes de esta lengua semítica hacen la adaptación. Ellos reconocen el signo como una casa, pero en su lengua ‘casa’ no es pr sino algo como bayt-. Entonces al adoptar el signo del diagrama de la figura, ya no le dan el valor fonético que tenía en egipcio, sino uno nuevo, en función de cómo se decía ‘casa’ en su lengua. Que era bayt, pues para ellos va a representar b, la primera consonante de la palabra.
Un abyad es, básicamente, un alfabeto que solo nota las consonantes y no las vocales. Los sistemas alfabéticos presentan una novedad: tiende a haber un signo para cada fonema de la lengua. Es importante dejar claro que es eso, una tendencia y que rara vez se alcanza una equivalencia 1:1 perfecta. Desde el punto de vista del aprendizaje, los alfabetos presentan una ventaja frente a otros sistemas como el silabario cuneiforme: un número mucho menor de signos, más fácilmente memorizable.
Este “alfabeto” ugarítico es muy interesante porque, en primer lugar, vemos de nuevo cómo la tradición mesopotámica cuneiforme y la levantina alfabética, deudora del jeroglífico egipcio, se fusionan. El alfabeto ugarítico en lugar del alef, que es una consonante, tiene tres. Esto se debe a que cada uno de ellos representa la consonante alef más una vocal y, además, uno de ellos sirve para notar la secuencia de cualquier vocal seguida de un alef al final de sílaba. Es importante dejar claro que no se trata de la escritura de una vocal sino de una secuencia determinada de consonante + vocal o vocal + consonante. En esta diferencia respecto al abyad fenicio, que sigue más directamente lo que hemos llamado la tradición alfabética lineal, probablemente se dejan sentir de nuevo la importancia de esos dos polos de los que hablábamos al principio, el egipcio y el mesopotámico.
El jeroglífico egipcio rara vez se preocupa de escribir las vocales, como en el ejemplo de pr, cuya vocalización no conocemos con certeza, y parece que de algún modo configuró esa forma de alfabeto sin vocales que llamamos abyad. Ya empiezan entonces a aparecer las vocales dentro de la escritura alfabética y nos vamos acercando a nuestro modelo. Probablemente la siguiente gran innovación en cuanto a la escritura de las vocales dentro de las tradiciones alfabéticas son las llamadas matres lectionis.
No se tratan propiamente de vocales sino, más bien, de consonantes que funcionan como ayudas o pistas para la lectura. Además, suelen ser algo ambiguas: por ejemplo, un waw como mater lectionis suele apuntar a un timbre [o] o [u] mientras que yod a [i] y, a veces, [e].
Pero si hay un descendiente del alfabeto fenicio conocido ese es el alfabeto griego. El paso de la escritura fenicia a la griega es, junto con el de la griega a la latina, uno de los más populares, de los mejor conocidos entre un público general. ¿Esto se corresponde con la realidad? Yo te diría que no, contrariamente a lo que muchos expertos, especialmente helenistas, te pudieran decir. En primer lugar, hay que tener presente que el alfabeto griego no es el único alfabeto dependiente de un abyad semítico que encontramos por la zona; no se trata de algo tan excepcional ni único.
Al contrario: tenemos alfabetos para unas cuantas lenguas indoeuropeas, algunas del grupo anatolio (licio, lidio), con alfabetos muy parecidos al griego. Más importante, tenemos el alfabeto frigio que se atestigua por primera vez unos cien años antes de las primeras inscripciones griegas. El relato tradicional hace de todos estos alfabetos adaptaciones locales del griego, pero es complicado conciliar esto con los datos no solo cronológicos ―se suele esgrimir una hipótesis ad hoc, que el griego se hubiera adaptado mucho antes de las primeras inscripciones documentadas, quizá en soportes perecederos, pero, ya puestos, nada impide emplear el mismo argumento para las escrituras minorasiáticas― sino estrictamente gráficos.
Hay formas de las letras que encontramos en los alfabetos no-griegos de esta zona que responden bien a los abyads semíticos y que, por el momento, no hemos documentado en griego. El problema subyacente es el relato del excepcionalismo griego. Buena parte de la historia de la escritura que se ha hecho está cargada de un helenocentrismo abrumador, a veces inconsciente.
Desde el punto de vista “técnico”, el alfabeto griego innova un rasgo, la escritura explícita de las vocales usando signos libres, es decir, reutilizando como vocales signos con valores consonánticos (alef, ayin, he) que no existían en la lengua griega. Muchas veces este proceso ha sido calificado como una genialidad, algo que ocurrió una única vez y que es por definición irrepetible, miraculoso, pero la verdad es que responde a unos criterios más bien lógicos y, por ende, accesibles de base a cualquier ser humano.
Exacto, pero el alfabeto latino procede de un alfabeto griego. La escritura griega no fue en origen siquiera unitaria y hay al menos cuatro grandes grupos de alfabetos griegos que habitualmente se denominan por un color debido a un mapa que publicó Kirchoff a finales del siglo XIX [Fig. 5]. Bien, pues el alfabeto griego que llega a la península itálica es el de Eubea, que es uno de los alfabetos “rojos”. A ello se debe alguna de las divergencias entre los alfabetos clásicos latino y griego.
Por ejemplo, cualquiera que haya estudiado un poco de griego sabe que Χ χ representa un sonido velar, parecido a nuestra j, pero ese mismo signo aspado es el que en nuestro sistema se emplea para la grafiar la unión de dos sonidos ks, es decir, nuestra X x. Esto ya es un rasgo que estaba presente en el alfabeto griego de Eubea.
El Mito del Perfeccionamiento de la Escritura
Al seguir la historia de nuestra escritura da a veces la impresión de que es un proceso de perfeccionamiento, algo casi predestinado. No necesariamente, aunque muchos, incluidos algunos especialistas, asuman de una manera u otra que sí. Los procesos históricos no son lineales ni teleológicos y cuando se presentan así en lo que se convierten es en mitos. El “alfabetocentrismo”, como lo denomina Cardona, uno de los mejores antropólogos de la escritura, es, llanamente un constructo eurocentrista.
Al alfabeto, con sus vocales, se le atribuyen propiedades que poco tienen que ver con la escritura: que es el sistema más perfecto, el que mejor refleja la lengua e, incluso, el que permite el desarrollo de un pensamiento superior, más lógico, más racional, más occidental. Todo ello, por supuesto, además de contraintuitivo es fácticamente falso. Una escritura busca adaptarse de la mejor manera posible a una lengua concreta en un espacio cultural preciso; hay estudios, por ejemplo, que sostienen que el sistema logosilábico del chino es más práctico para ese conjunto de lenguas de lo que sería un alfabeto.
La estructura morfológica del fenicio concuerda bastante bien con la ausencia de notación de las vocales. La prueba definitiva de que no se trata de un proceso evolutivo tendente a un supuesto modelo perfecto la dan aquellas escrituras en las que parece que la evolución no solo se detiene sino que retrocede. Un ejemplo geográficamente cercano: las escrituras paleohispánicas, anteriores a la llegada de griegos y romanos a la península ibérica, parecen provenir también en buena parte del abyad fenicio, pero resulta que no son ni alfabetos ni consonantarios, sino silabarios. No es un caso aislado.
La escritura podría simplificarse como un modo gráfico, humano, de transmitir y conservar la información. La escritura es un ritual, implica conocimientos específicos, por lo que la escritura opera como una clave secreta. Las primeras huellas de la escritura no tenían vínculo a la escritura hablada y se conocía como “proto-escritura”. Se considera que el primer alfabeto comenzó en Egipto alrededor del año 2000 A.C. con una adaptación de los jeroglíficos e incluían solo consonantes. La primera escritura alfabética fue alrededor del año 1850 A.C en Sinaí.
Se le dio a los símbolos egipcios un valor fonético, y se extendió rápidamente. Los dos alfabetos más importantes en términos de escritura que descendieron del fenicio son el arameo y el griego. Las herramientas requeridas para poder escribir fueron desarrollándose de la mano de las sociedades mismas que la utilizaban. Al comienzo se escribía sobre tablillas de arcilla, luego se utilizó la madera, pieles, y principalmente el papiro. El papiro es un papel elaborado a través de plantas, y fue una invención de los egipcios.
A la vez, mientras cambiaba el soporte se fueron desarrollando herramientas útiles para facilitar la escritura misma. La primera herramienta de escritura portable como tal fue la pluma de ave que se sumergía en tinta. Curiosamente se utilizaba la sección dura para escribir en occidente y la parte blanda para la caligrafía asiática. El grafito cambió la portabilidad y facilidad de la escritura, abriendo ese mundo a mayor parte de la sociedad.
Hoy en día existen variedad de lápices, con diseños muy originales. Luego apareció el bolígrafo, una invención que permitía derramar la tinta de una manera delicada, y por supuesto la pluma estilográfica. El primer registro de la pluma estilográfica fue en el siglo X, pero la primera pluma estilográfica con cartucho reemplazable fue en mayo de 1827.
