Entendiendo el Trastorno Límite de la Personalidad y su Impacto en las Relaciones

Las canciones de Los Salvajes se compusieron en los años sesenta, pero podrían haberse firmado ayer. Puede que sea por el ritmo, un punto más acelerado que el de sus coetáneos, por su sentido del humor, por el carisma de su cantante o por los tres motivos a la vez. No en vano, el grupo tuvo una estancia en Alemania que no fue muy distinta de la que vivieron los Beatles en Hamburgo. Y los años en los que su cantante, Gaby Alegret (Barcelona, 1944), trajo a España como promotor a los mejores grupos de heavy metal del mundo coincidió con la explosión del género.

El imaginario colectivo está repleto de historias romanticonas en las que chico guapo y normal se enamora de chica guapa, excéntrica y alocada. El cine nos ha regalado muchos de estos momentazos protagonizados por chicas ‘pixies’ y sus séquitos masculinos. Es probable que la primera imagen que venga a tu cabeza sea una lacónica Audrey Hepburn con un embelesado George Peppard en Desayuno con Diamantes de Blake Edwards (1961). Si eres más de la Nouvelle Vague, tal vez rescates a Jeanne Moreau con bigote en Jules et Jim de François Truffaut (1962). O tal vez sonrías al recordar a la histriónica Jane Fonda y al desquiciado Robert Redford en Descalzos en el Parque de Gene Sacks (1967).

Son retratos (muy superficiales) de mujeres audaces, pasionales, frágiles y valientes. Son diferentes. Tienen un encanto especial y no parecen regirse por las mismas normas que el resto de los mortales. Los protagonistas masculinos parecen sentir una atracción desmedida ante sus excentricidades y un impulso de protección ante su vulnerabilidad. Parecen pasar por alto su inestabilidad emocional y unas profundas dificultades para sentirse cómodas en su piel.

La fragilidad y espontaneidad aparente de una chica pixie puede enmascarar una enraizada dificultad para la regulación de sus emociones y el control de sus impulsos. Existe una clara distinción entre una persona emocionante e imprevisible y otra con un trastorno límite de la personalidad, sin embargo, a veces el límite puede ser confuso.

¿Qué es el trastorno límite de la personalidad?

¿Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP)?

El trastorno límite de la personalidad (TLP), también referido como personalidad borderline, es una etiqueta diagnóstica con una creciente presencia en la sociedad actual. Existe cierto consenso en que el TLP afecta a entre un 2% a un 5% de la población, con un mayor diagnóstico en mujeres que en hombres, lo cual no significa necesariamente que afecte a más mujeres más allá de las muestras clínicas o que sea un trastorno tipicamente femenino (el TLP está claramente infradiagnosticado en muestras clínicas masculinas). Sin embargo, el público general sabe muy poco sobre el trastorno.

Las características principales del TLP son la inestabilidad emocional y la impulsividad. Son rasgos que afectan a los diferentes ámbitos vitales de la persona que lo padece y de sus allegados.

El mundo de una persona con TLP tiende a construirse en términos de blanco y negro, los grises escasean. Tienen dificultades para controlar sus impulsos y medir las consecuencias de sus acciones (en sí mismos o los demás). Su estado anímico es cambiante, con episodios de intenso malestar, irritabilidad, ira o angustia que pueden ser seguidos de otros de aparente normalidad.

Las relaciones afectivas o interpersonales acostumbran a ser intensas, turbulentas e inestables. Se involucran rápidamente y de forma apasionada, independientemente de su género o preferencia sexual. Para el otro, esta pasión puede resultar fascinante inicialmente, y perversamente dolorosa e incluso adictiva en el medio plazo.

Amantes de los extremos, son personas propensas a cambiar su percepción los demás, pasando de la idealización a la demonización con facilidad. La persona con TLP es capaz de pasar en cuestión horas de un estado de entrega incondicional a otro de profunda aversión. El cambio puede justificarse en la más mínima decepción y a menudo es motivo de conflicto. Es común la victimización y el chantaje emocional. Es importante enfatizar en que los rasgos límite no implican ser una mala persona carente de empatía. La persona con TLP tiende a explicar su malestar en el comportamiento decepcionante del otro, y por tanto, a menudo y de manera involuntaria o no consciente, reprochan o chantajean a partir del sufrimiento que padecen.

Es frecuente que sufran una autoimagen o sentido de sí mismo inestable. Es decir, su autoestima es frágil y mutan con facilidad de objetivos vitales, valores, aficiones, etc. Consecuentemente, es común encontrar en el relato de las personas con TLP un sentimiento de vacío casi permanente o de insatisfacción crónica. La vulnerabilidad extrema despierta en el otro la necesidad de protección. En muchos casos, la pareja de una persona con TLP tiende a responsabilizarse de su cuidado. La dinámica relacional que se genera es ambivalente y compleja. En sus extremos, la persona con TLP puede mostrarse como una cría de animal herido a la más agresivas de las fieras.

El miedo al abandono o los celos también acostumbran a formar parte de la dinámica. Sienten tanto miedo al abandono, que en muchas ocasiones provocan la ruptura con tal de no ser rechazadas. Suelen presentar cierta intolerancia a la soledad y experimentan la necesidad de estar acompañadas, sintiendo ansiedad ante la separación (aunque sea temporal).

Para el otro, la demanda es tal que acostumbran a dejar de lado otras parcelas de su vida. El otro se ve atrapado un torbellino de emociones que desencadenan estados deprimidos o ansiosos recurrentes, y a menudo presenta dificultades para recuperar su vida anterior. En la mayoría de los casos, las parejas no conocen el trastorno o saben muy poco de sus implicaciones. En consulta acuden tantas parejas de personas con TLP como las propias personas con TLP.

Volviendo al cine, el espectador comparte con los protagonistas masculinos la tendencia a olvidar aquellos indicios que son incoherentes con la historia de amor que nos proponen. Jeanne Moreau se arroja al río Sena sin motivo aparente, salvo llamar la atención de sus pretendientes. Jane Fonda no tolera separarse de su pareja, y pasa de la dependencia absoluta a una demanda de divorcio en el momento que su noche deja de ser divertida. Y Audrey Hepburn mantiene un discurso verborréico y egocéntrico (y regado de alcohol) cuyo eje es la huida hacia delante y las dificultades de su oficio en la búsqueda de un millonario. Es igual, tanto coprotagonistas como espectadores perciben que son mujeres especiales, diferentes, y se las quiere tal y como son, con TLP incluido.

Infografía que resume los síntomas del Trastorno Límite de la Personalidad.

El Chantaje Emocional y la Manipulación

Puede resultar curioso, pero si alguien nos manipula y nos hace chantaje emocional es porque nosotros le hemos autorizado para ello. Sí, sí, como suena, le hemos dado vía libre para que nos manipule a su antojo. ¿Quieres descubrir cómo funciona el chantaje emocional y poner límites a la manipulación? En unas ocasiones, un exceso de empatía; en otras, los miedos que tanto condicionan nuestras vidas. Con frecuencia, la raíz del problema se encuentra en una baja autoestima. Las personas con complejo de inferioridad se comparan con los demás y creen que no tienen las mismas capacidades, que sus necesidades son menos importantes y tienden por ello a pensar que sus deseos son casi irrelevantes, incluso se sienten egoístas cuando tratan de priorizarlos.

Pues como contrapunto al párrafo anterior, existen personas que reconocen, defienden y priorizan sus necesidades con ahínco, pero que menosprecian o restan importancia a las necesidades y deseos ajenos. Aunque en teoría esto pueda considerarse sencillo, en la práctica, en la vida real, no lo es tanto, dado que las fronteras son más difusas.

De forma genérica, cuando frente a una determinada persona cambiemos nuestros objetivos, reneguemos de aquello que en el fondo deseamos, cuando nos sintamos egoístas y mal por perseguir nuestros deseos, cuando nos sintamos faltos de energía o incapaces de reaccionar y rebelarnos frente a lo que el otro nos impone, o cuando nos indican que tal relación o tal cosa no nos conviene y debemos olvidarla, son síntomas que podrían significar que estamos sometidos al chantaje emocional frente a la tiranía de una persona manipuladora.

¿Cómo podemos poner límites para no sufrir el chantaje emocional?

Si somos conscientes y estamos convencidos de ser víctimas de un chantaje emocional, lo primero es tomar distancia con el manipulador, ya que éste nos hace ser cada vez más dependientes. En este punto hay que decir que es frecuente que la persona manipulada intente cambiar al manipulador, pero este objetivo es muy difícil.

Para ello debemos enfrentarnos a nosotros mismos y preguntarnos qué puede ocurrir si no nos sometemos a las pretensiones del manipulador y a su chantaje emocional: ¿Nos dejará de hablar? ¿Nos abandonará? ¿Tratará de excluirnos del grupo? Y a renglón seguido preguntarnos: ¿Nos interesa mantener la relación del tipo que sea con el manipulador, basada en sometimientos y juegos de poder? ¿Nos da miedo la posibilidad de perder o enturbiar esa relación? ¿Por qué?

La autodefensa emocional consiste en aumentar nuestros recursos personales para no caer en chantajes ni manipulaciones. La manipulación y el chantaje emocional son mucho más corrientes en la vida de las personas de lo que te puedas imaginar. Si por ti misma o ti mismo no eres capaz de superar una situación de esta índole, nosotros te ayudamos.

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