El tema del aborto es complejo y multifacético, generando debates apasionados en diversos ámbitos. Para los cristianos, la preocupación central en este asunto es triple: el bienestar del bebé, la salud física y emocional de la madre, y el impacto en la sociedad. Una pregunta fundamental es si Dios considera al no nacido como una persona, lo que determinará cómo debemos abordar esta situación con amor y cuidado.
Embrión humano de aproximadamente 4 semanas después de la fecundación.
¿Qué Dice la Biblia Sobre la Vida Prenatal?
Aunque la palabra "aborto" no aparece explícitamente en la Biblia, esto no implica que Dios guarde silencio sobre el valor de la vida. El Salmo 139:13-15 declara: "Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra". Este pasaje sugiere que la vida humana comienza con la concepción.
Además, Lucas 1:41-43 relata: "Y aconteció que cuando oyó Isabel la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; e Isabel fue llena del Espíritu Santo, y exclamó con gran voz diciendo: ¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor?". Este evento subraya que el no nacido es reconocido como una persona con valor y propósito. La vida humana comienza con la concepción, pues el salmista David utiliza el pronombre personal yo (en varias formas) en los versos bíblicos citados.
En estos pasajes Dios se refiere a los nonatos, a uno lo consagró, a otro le señaló para servirle y al tercero lo llenó de su Espíritu Santo. No puede caber duda alguna en estos ejemplos de que el nonato es una persona. Para que no pueda existir reserva alguna de que éstos pudieran ser casos especiales, tomemos en cuenta a la Persona más singular de todas: Nuestro Salvador Jesucristo. Aún siendo uno en su género, las Escrituras nos dicen que en su naturaleza humana Él habrá de ser igual en todo a nosotros. ¿Queda duda alguna de que Jesús era una persona antes de nacer? Hasta el momento de su muerte en la cruz, Él vivió humanamente como usted y como yo. Por lo tanto, nosotros también somos personas desde el momento de la concepción. No se pueden hacer excepciones basadas en nuestro tamaño, nuestra apariencia externa o el lugar en el cual residimos. Tenemos un gran valor ante los ojos de Dios y lo debemos tener también ante los ojos de todas las personas.
Los versos de Proverbios 24:11,12 son especialmente significativos, pues perfectamente se pueden aplicar a los niños por nacer, a los que no tienen más defensa que nuestra conciencia cristiana. Salva a los condenados a muerte; libra del peligro a los que están a punto de morir. (Prov. 23:10).
Mateo 1:20 “Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo”. Aquí nos habla que la vida comienza desde la concepción. Según la escritura María no se encontraba con un feto o alguna forma de ser pre-vida dentro de ella, mucho antes de la formación completa de piernas, brazos y demás órganos dentro de su vientre, la Biblia dice que María llevaba dentro de si su “hijo”.
Es El quien esta a cargo del milagro de la concepción, formación y nacimiento no el hombre, Dios conoce cada parte de nuestro cuerpo, su cuidado en nuestra formación es su marca personal en cada uno. Jugamos a Dios cuando decidimos terminar una vida prematuramente. Dios tiene un plan por cada niño no nacido dice la Biblia en el Salmo 139:16: “Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos. Esto incluye quienes seremos, lo que pudiésemos lograr y cuando será el fin de nuestros días, según el plan de Dios.
El aborto corta el plan de Dios para vida del no nacido, la Biblia es clara cuando dice que es Dios el autor de la vida y que el plan de cuanto tiempo estaremos en esta tierra le corresponde decidir solo a El. NO IMPORTA cuando o como razonemos una justificación para el aborto, EL ABORTO MATA LO QUE DIOS CREO Y DIO VIDA.
El Perdón y la Reconciliación
El concepto de perdón es central en la fe cristiana. Una de las peticiones del Padre Nuestro se centra en pedir a Dios perdón por nuestras deudas o, en el lenguaje de la versión moderna más depurada, La Palabra: “por el mal que hacemos”. La palabra perdón trasmite la idea de expiación, por lo regular relacionada con un sacrificio, como ocurre en el Antiguo Testamente. Desde el punto de vista teológico el perdón hace referencia al pecado, y pecado, en la acepción etimológica comúnmente aceptada, significa “no dar en el blanco, errar”. Ahora bien, el recorrido bíblico nos lleva a la idea de que pecar es infringir una ofensa a Dios, incumplir sus mandamientos en su sentido más amplio.
La concesión del perdón, de la liberación, de la remisión de pecados o de la expiación, se lleva a cabo mediante dos posible vías: una, pagando uno mismo el precio del rescate; dos, apropiándose el rescate pagado por otro; en el caso que nos ocupa, la redención hecha por Cristo a favor de los pecadores, se enmarca en el segundo caso. Llegados a este punto, observamos que, si bien el precio para redimir la culpa ha sido ya satisfecho, su aplicación no se lleva a cabo urbi et orbi como si de una amnistía general se tratara, o de forma indiscriminada, sin tener en cuenta la actitud individual. La aplicación del perdón es selectiva, individualizada y precedida siempre por un acto de voluntad del propio individuo que la recibe; una voluntad que ha de expresarse mediante una solicitud consciente unida a un compromiso de no reincidencia (“vete y no peques más”, le dice Jesús a la mujer adúltera, de la misma forma como pudo decírselo al usurero Zaqueo o al digno Nicodemo).
Es crucial recordar que el perdón no es simplemente olvidar el pasado, sino más bien una gracia para restablecer relaciones y empoderarnos mutuamente. Este perdón es exigente, ya que quien lo recibe se compromete a entrar en la dinámica del perdón y a perdonar a su vez. La dignidad de quien perdona queda subrayada en este texto. Las personas podemos perdonamos siempre, absolutamente. Pero manteniendo lo que es nuestro. En este sentido el perdón exige la justicia El perdón exige acciones misericordiosas.
Muchas sociedades contemporáneas han tenido que hacer frente al conflicto sobre la moralidad o inmoralidad del aborto. Este conflicto también ha afectado a muchos cristianos que desean asumir la responsabilidad de proteger la vida humana no nacida manteniendo al mismo tiempo la libertad individual de toda mujer. Los adventistas queremos acercarnos a la problemática del aborto de forma que revele fe en Dios como Creador y Sustentador de toda vida, y que asimismo refleje la responsabilidad y la libertad cristianas.
La vida humana no nacida es un maravilloso don de Dios. El ideal divino para los seres humanos afirma la santidad de la vida humana, creada a imagen de Dios, y exige respeto por la vida prenatal. A pesar de ello, las decisiones que tienen que ver con la vida han de tomarse dentro del contexto de un mundo caído. El aborto jamás dejará de tener implicaciones morales, por eso no se debe destruir la vida embrionaria ni fetal de manera irreflexiva.
El aborto es uno de esos trágicos dilemas de la condición humana caída. La iglesia debería ofrecer apoyo compasivo a quienes se vean obligados a enfrentar personalmente la decisión de tener que provocar un aborto. Las expresiones de condenación no resultan adecuadas por parte de quienes han aceptado el evangelio.
La Iglesia no debe erigirse en conciencia de nadie; no obstante, ha de brindar orientación moral. La Iglesia Adventista no aprueba la práctica del aborto por razones de control de la natalidad, selección de sexo o conveniencia. A pesar de ello, en ocasiones las mujeres pueden verse ante circunstancias excepcionales que conllevan grandes dilemas morales y médicos, como la existencia de un grave riesgo para la vida de la embarazada, de serios peligros para su salud, de malformaciones congénitas del feto diagnosticadas adecuadamente, o de embarazos como resultado de violación o incesto. La mujer embarazada debe tomar la decisión final respecto a la posibilidad de interrumpir el embarazo tras haber llevado a cabo las consultas pertinentes. Para tomar una decisión de este tipo debe recibir la información lo más completa posible, la presentación de los principios bíblicos y la conducción del Espíritu Santo.
Los cristianos reconocen que su primera y principal responsabilidad es frente a Dios. Por eso buscan el equilibrio entre el ejercicio de la libertad individual y su responsabilidad hacia la comunidad de la fe y hacia la sociedad en general y sus leyes. Toman sus decisiones de acuerdo con las Escrituras y las leyes de Dios y no basándose en los patrones sociales.
Las instituciones de la Iglesia deberían recibir orientaciones para desarrollar sus propias políticas institucionales, en armonía con las directrices que se presentan en este documento. «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3, NVI). En Cristo se halla la promesa de la vida eterna pero, puesto que la vida humana es mortal, los seres humanos hemos de enfrentar diversas dificultades repecto a la vida y la muerte. Los principios que siguen se aplican a la persona (cuerpo, alma y espíritu) como un todo indivisible (Gén. 2: 7; 1 Tes.
Dios es la Fuente, el Dador y el Sustentador de toda vida (Hech. 17: 25, 28; Job 33: 4; Gén. 1: 30, 2: 7; Sal. La vida humana posee un valor único puesto que, a pesar de su condición caída, los seres humanos siguen siendo creados a la imagen de Dios (Gén. 1: 27; Rom. 3: 23; 1 Juan 2: 2; 1 Juan 3: 2; Juan 1: 29; 1 Ped. Dios valora la vida humana no sobre la base de nuestros logros, sino porque somos creación de Dios y el objeto de su amor redentor (Rom. 5: 6, 8; Efe. 2: 2-6; 1 Tim. 1: 15; Tito 3: 4, 5; Mat. 5: 43-48; Efe.
A pesar de ser tan valiosa, la vida humana no ha de ser nuestra única preocupación. El sacrificio propio como resultado de la fidelidad a Dios y a sus principios puede ocupar un lugar de prioridad sobre la vida misma (Apoc. 12: 11; 1 Cor. Dios reivindica la protección de la vida humana y considera a los seres humanos responsables de su destrucción (Éxo. 20: 13; Apoc. 21: 8; Éxo. 23: 7; Deut. 24: 16; Prov. 6: 16, 17; Jer. 7: 3-34; Miq. 6: 7; Gén. Dios se interesa de manera especial en la protección de los débiles, los indefensos y los oprimidos (Sal. 82: 3, 4; Sant. 1: 27; Miq. 6: 8; Hech. 20: 35; Prov. 24: 11, 12; Luc.
El amor cristiano (agape) incluye la dedicación de nuestra existencia a mejorar la vida de quienes nos rodean. El amor respeta asimismo la dignidad personal y no tolera ni aprueba la opresión de una persona bajo el comportamiento abusivo de otra (Mat. 16: 21; Fil. 2: 1-11; 1 Juan 3: 16; 1 Juan 4: 8-11; Mat. La comunidad de creyentes ha sido llamada a demostrar el amor cristiano de manera tangible, práctica y abundante. Dios nos llama a restaurar con bondad al quebrantado (Gál. 6: 1, 2; 1 Juan 3: 17, 18; Mat. 1: 23; Fil. 2: 1-11; Juan 8: 2-11; Rom. 8: 1-14; Mat. 7: 1, 2, 12: 20; Isa.
Dios otorga a los seres humanos libertad de elección, aun cuando esta libertad pueda implicar consecuencias trágicas como el abuso de ella. Su renuencia a coaccionar al ser humano a obedecer requirió el sacrificio de su Hijo. Dios quiere que usemos sus dones de acuerdo con su voluntad y finalmente juzgará el mal uso que hayamos hecho de ellos (Deut. 30: 19, 20; Gén. 3; 1 Ped. 2: 24; Rom. 3: 5, 6, 6: 1, 2; Gál. Dios llama a cada ser humano de manera individual a tomar decisiones morales y a buscar en las Escrituras los principios bíblicos que las sustentan (Juan 5: 39; Hech. 17: 11; 1 Ped. 2: 9; Rom.
Las decisiones sobre la vida humana desde sus comienzos hasta su fin se toman mejor en el contexto de una relación familiar saludable y con el apoyo de la comunidad de la fe (Éxo. 20: 12; Efe. Las decisiones humanas siempre deberían estar enfocadas en la búsqueda de la voluntad de Dios (Rom. 12: 2; Efe. 6: 6; Luc. * El aborto, tal como se entiende en este documento, es todo acto cuya finalidad sea la interrupción de un embarazo ya establecido. ** La perspectiva fundamental de esta orientación se basa en un amplio estudio de las Escrituras titulado «Principios para una perspectiva cristiana de la vida», que figura al final de este documento (p.
Existen programas como el Proyecto Raquel, un camino de sanación y reconciliación que ofrece la Iglesia católica a personas que sufren después de un aborto provocado. El Proyecto no está restringido a personas creyentes («al margen de religiones o creencias hay una conciencia, un arrepentimiento espiritual hondo, espiritual en cuanto que no es solamente psicológico, está en la naturaleza humana», apostilla Isabel) sino a todo aquel que está sufriendo el síndrome post aborto. Esto incluye también a hombres (una de cada cuatro personas que acude a proyecto Raquel es varón): «El síndrome post aborto afecta a la pareja de la mujer tanto si intentó convencerla para que abortara como si intentó convencerla para no abortar, como si se entera posteriormente de que ha perdido un hijo… Y afecta a los hermanos del bebé abortado, si los hay o nacen posteriormente, y a los abuelos, que en muchos casos, sobre todo cuando se trata de chicas jóvenes, han presionado para acabar con ese embarazo. El síndrome se manifiesta a través de múltiples síntomas, muchos de ellos compartidos por los que han vivido la experiencia.
El itinerario de sanación y reconciliación consta de unas fases definidas, pero que se van ajustando a lo que cada persona puede y quiere hacer, porque se respeta, sobre todo, su libertad. «Si se le propone una tarea y esa persona tiene mucho bloqueo, no se la fuerza a cumplir ninguna fase. Sí que hay unos pasos que se ha comprobado que son efectivos para ayudar y para aliviar, pero nos da mucho respeto ponernos delante de alguien que sufre. ¿Quién soy yo para decir que yo te voy a curar? No, yo no te curo, yo te ayudo a que tú hagas un camino y aquella herida que tienes en el corazón se sane, el único que cura es Cristo». Algo muy común al principio de vivir el síndrome post aborto es la negación del sufrimiento. «Lo típico de haber vivido una experiencia traumática es negar que sufres por ello. Y no solo cuando has vivido un aborto. En cualquier experiencia traumática se pasa por la fase de negación. Así pues, la primera tarea es mirar de frente la realidad y hacer entender a la mujer que lo que le ocurre a ella les pasa a muchísimas mujeres que han pasado por la misma experiencia.
«El problema es que como legalmente se puede abortar, la gente que sabe que esa mujer ha abortado y la ve sufrir le dice que tiene que dejar de hacerlo, que ha sido su elección voluntaria, con lo cual todo se complica. Una vez aceptada esa realidad, la de la herida -«no se trata de regodearse en el propio dolor, sino de que el dolor que ya hay se integre»-, el segundo paso es el perdón y la reconciliación, con una misma y con los «facilitadores», ya que a menudo hay mucha ira hacia las personas que han tenido que ver con el aborto (muchos de los padres no se dan cuenta de la herida que puede nacer de ahí en la relación con su hija cuando han sido ellos quienes han presionado para que abortase) y lo mismo ocurre con las relaciones de pareja: es habitual que la mujer decida abortar presionada por su pareja y después del aborto se termine rompiendo esa relación. Incluso cuando una mujer ha puesto fin a a su embarazo porque pensó que su bebé podría dificultar sus estudios o su trabajo, a veces esas facetas también se resienten. La última fase, como después de cualquier pérdida, es ayudar a pasar el duelo, un duelo no reconocido y que a menudo la persona no ha tenido herramientas para superar. «Para cualquier madre la muerte de un hijo, en las circunstancias que sea, provoca un gran dolor.
Alma Cecilia Recio tuvo desde que nació una profunda educación católica. Sus padres lo eran, su familia siempre se preocupó de que ella y sus dos hermanas fuesen a colegios católicos y su abuela fue desde su infancia su gran apoyo en la fe. La repentina y prematura muerte de su padre tuvo fatales consecuencias en la vida de Alma, que desterró la luz de la fe y terminó por sumirse en la oscuridad del aborto. Inició así una lucha por la sanación que le llevaría, años más tarde, a entregar su vida a la evangelización y la ayuda a mujeres embarazadas.
Para Alma, no tener padre le generó fuertes crisis de autoestima desde su adolescencia y buscó en los chicos y en las relaciones, inconscientemente, suplir ese vacío. Ella trataba de mantenerse luchando y fiel a sus raíces, pero la noticia de su embarazo repentino la desbordó por completo. Asegura que "no quería hacerlo", que siempre estuvo "a favor de la vida" y que su "sentimiento de madre" era cada vez mayor, pero las presiones de su novio fueron más fuertes cuando tomó una decisión que destruiría una vida y buena parte de la suya.
Recuerda que fue "muerta de miedo" a la cita que tenía programada en un oscuro edificio. Lo recuerda como "un salón grandísimo, muy oscuro, con tantas mujeres que tenían que esperar en los pasillos". Hoy sabe que el temor con el que acudió al centro era "una clara inspiración del Señor para que reaccionase", pero la ceguera y su alejamiento le impidieron actuar. Cuando salió, Alma solo podía pensar en pedir perdón a Dios por lo que acababa de hacer y en tratar de tenerse en pieCreí que me iba a morir, estaba mareadísima, mi cuerpo temblaba y me pusieron en una camilla, pero no me quería morir ahí. No sé cómo saque las fuerzas, pero bajé donde me estaba esperando mi novio. La gente me miraba, estaba muy pálida y mi novio se asustó.
Cuando parecía que todo había terminado, la agonía no había hecho más que empezar: el síndrome posaborto había empezado."Empecé a tener mucha depresión y el dolor físico ya no era tan fuerte como el del alma. Me golpeaba y nadie se daba cuenta. Quería gritar a los cuatro vientos que me sentía lo más miserable del mundo", recuerda. Alma terminó dejando una relación que recuerda como "una tortura".
Guiada por Dios de vuelta a la fe, recuerda que sin motivo aparente la gente con que se cruzaba o que acababa de conocer le enseñaba nuevas iglesias y capillas a las que ir a rezar. Desde entonces le invadió una profunda "sed de Dios" y empezó a ir a adoraciones cada noche. "Pero seguía con mis pecados, acostándome con gente, hasta que me di cuenta de que era uno de los síntomas posaborto: muchas chicas caen en adicciones, otras se vuelven promiscuas… Empecé a confesarme y confesarme, pero me seguía sintiendo mal", recuerda.
De la sanación a la evangelización y el activismo provida, ella esperaba que fuese los demás, llorando y confesando siempre el aborto del que ella no se perdonaba. En esta ocasión, todo fue distinto. El sacerdote me dijo: `Tranquila. ¿Qué crees que era niño o niña? Le vas a poner un nombre, le vas a bautizar y cuando lo hagas vas a pedir que ofrezcan una misa por él. Le llamé Miguel Ángel y le bauticé. Desde ese momento, la sanación llegó a mí. Ahora lloro, pero sin dolor", relata.
Hoy, Alma sabe que su misión es reparar. Desde entonces, cuenta su historia y ayuda a muchas mujeres alertándolas de las consecuencias del aborto, ofreciendo ayuda material y rezando sin descanso por ellas. Se dedica por entero a su familia y a la oración con algún trabajo ocasional y destaca la importancia de educar a los hijos en la fe, no solo llevándoles a los sacramentos, sino explicándoles el por qué y su importancia.
En resumen, la perspectiva bíblica sobre el aborto es compleja, pero enfatiza el valor de la vida desde la concepción. El perdón y la reconciliación son posibles a través de la fe y el apoyo de la comunidad cristiana.
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Valor de la vida prenatal | La Biblia sugiere que la vida humana comienza en la concepción y tiene un valor intrínseco. |
| El aborto | Se considera un dilema trágico con implicaciones morales significativas. |
| El perdón | Es un componente esencial de la fe cristiana, ofreciendo sanación y reconciliación después del aborto. |
| Apoyo de la comunidad | La iglesia y otros grupos pueden ofrecer apoyo compasivo y recursos a quienes enfrentan esta decisión. |
