Las leyendas urbanas e historias de terror son cuentos y creencias populares que, pese a contener elementos sobrenaturales o inverosímiles, se presentan como hechos reales. Se transmiten por tradición oral, de boca en boca, y van embelleciéndose con cada nueva versión, creando un folclore contemporáneo. Se ceban en la superstición y en el morbo, y casi siempre tienen cierta moralina, “si haces tal -o si no lo haces-, te pasará esto…”.
Estas leyendas urbanas e historias de terror suelen tener un origen desconocido o incierto, pero se difunden con rapidez gracias a los medios de comunicación o las redes sociales. Algunas se basan en hechos reales, pero se exageran o se distorsionan para crear un efecto más impactante. Otras son pura invención, pero se aprovechan de los miedos o las inquietudes de la gente para generar credibilidad.
A continuación, exploraremos algunas de estas leyendas que se esconden en los bosques y otros lugares misteriosos.
Duérmete con HISTORIAS de Criaturas LEGENDARIAS de España
La Dama de Blanco
Es una leyenda urbana parecida a la anterior, y también está extendida por todo el mundo. En ella, una mujer vestida de blanco aparece durante un breve periodo de tiempo en alguna zona rural. Su historia suele estar relacionada con alguna tragedia de carácter local. Son mujeres que han perdido a hijos, maridos o han sido víctimas de una traición y su espíritu vaga sin descanso clamando venganza.
En el medievo, cuando esta fantasmagórica figura aparecía significaba que alguien cercano, de la familia o del vecindario, iba a morir. En la tradición inglesa, la Dama de Blanco custodiaba un tesoro, pero murió repentinamente, antes de que pudiera revelarle a nadie dónde se hallaba escondido. Cuentan que en el siglo XIX la dama blanca se apareció hasta tres veces al hijo de los dueños del castillo de Blenkinsopp en Northumbria, pero es cierto que en esa parte de Inglaterra todos los castillos tienen sus leyendas de fantasmas. La dama Blanca en Gales también guarda un tesoro. Cuando un hombre tuvo el valor de acercarse a ella, le recompensó con la mitad. En su avaricia, él se lo llevó todo, pero la Dama de Blanco reaccionó, y con sus poderes sobrenaturales, mató al codicioso abusón.
En la capital madrileña también hay una dama de blanco que, noctámbula y sin asomo de vértigo, se pasea de noche por el techo de la casa de las Siete Chimeneas en la Plaza del Rey. Se trata de Elena, hija de un montero de Felipe II y supuesta amante del rey que pereció en extrañas circunstancias y que, según varios testigos, sigue deambulando por la villa y corte. Pero por las alturas.
La Casa de las Siete Chimeneas, en pleno centro de Madrid, está encantada y por las noche se pasea por el tejado el fantasma de Elena.
El Bosque Encantado de Lugros
Según dicen en Lugros, un padre y un hijo entraron en el bosque remontando por la orilla del río, pero en algún momento el niño se perdió y nunca fue encontrado su cuerpo. Cuentan que aún vaga por las umbrías sin saber que ha muerto, llorando y llamando a su padre. Algunos pastores y senderistas aseguran haber escuchado los lamentos.
Con este misterioso escenario de fondo, los alumnos y alumnas de la Fundación Empresa y Juventud se adentraron en una ruta de senderismo con el objetivo de descubrir las distintas formas de fotografiar el entorno animal y vegetal de la Dehesa del Camarate (Lugros) utilizando tanto cámaras como dispositivos móviles. La ruta, que se inició en el Horcajo y transcurrió junto al río Alhama, desembocó en «El Bosque Encantado» y finalizó en el Tentadero, una antigua finca en ruinas. Los colores otoñales aparecen y se imponen los tonos rojizos, ocres y amarillentos en un paisaje donde la vegetación y la fauna son las verdaderas protagonistas.
El alumnado pudo avistar y fotografiar a dos de los personajes que habitan en «El Bosque Encantado». La primera de ellas era una lugareña que estaba escondida en uno de los edificios derruidos y que contó a los participantes la leyenda de Lugros.
Criaturas Míticas de Extremadura
En Extremadura, las leyendas cobran vida a través de criaturas que personifican los miedos y misterios de la región. A continuación, exploramos algunas de estas figuras:
- La Serrana de la Vera: En lo alto de la Sierra de Tormantos, se cuenta la historia de La Serrana de la Vera, una mujer mitad humana y mitad yegua, cuya fuerza descomunal y belleza salvaje la convierten en una figura temida. Se dice que seduce a los hombres solo para sacrificarlos. Sin embargo, detrás de esta leyenda existe otra historia, menos sobrenatural, pero igual de poderosa. Dicen que La Serrana era, en realidad, una mujer que, harta de las restricciones de la sociedad de su tiempo, huyó a las montañas en busca de libertad. Vivía una vida solitaria, lejos de las normas impuestas, lo que alarmó a los gobernantes del condado, quienes temían que su ejemplo inspirara a otros a seguir su camino, y por eso forjaron la terrible leyenda.
- El Machu Lanú: En las sombras de los montes hurdanos, se oculta El Machu Lanú, una criatura con cuerpo de cabra y un rostro humano deforme. Su voz cavernosa se escucha entre los árboles, y quienes la oyen saben que es mejor no voltear. Aparece con un vendaval, levantando ráfagas que hacen temblar a quienes se cruzan en su camino. Este ser representa el lado seductor y prohibido que el ser humano teme aceptar, un reflejo del mundo de las sombras donde los secretos y las vergüenzas se mantienen a raya. Su figura, con un pie en lo humano y otro en lo salvaje, recuerda que todos llevamos dentro una bestia que lucha por salir.
- El Escornáu: El Escornáu era una criatura aterradora que sembraba el pánico en el pueblo de Ahigal. Con el cuerpo medio jabalí y medio caballo, un cuerno gigantesco en la frente, una piel impenetrable, un hambre insaciable, era un ser de lo más temible. Pero un día, las mujeres de Ahigal, decididas a poner fin al reinado del Escornáu, se armaron de valor y subieron al monte. Llevaron con ellas el estandarte de la Virgen, pues decían que lo que Dios había traído, solo el podía llevarselo. Al verlas, el Escornáu no dudó: rugió con toda su furia y corrió hacia ellas, con su cuerno brillando bajo la luz del sol. Las mujeres, sin retroceder, levantaron el estandarte, y la criatura, al encontrarse frente a esa fuerza que nunca había visto, comenzó a hincharse, hasta que su cuerpo explotó en mil pedazos. Las mujeres regresaron al pueblo con el cuerno, un trofeo de su valentía.
- La Genti de Muerti: En las noches más oscuras, se dice que La Genti de Muerti aparece, trayendo consigo el frío y el silencio de la muerte. Estos jinetes espectrales, un hombre y una mujer ancianos, surgen de la nada, montados en caballos pálidos que no emiten sonido al galopar. Los relatos cuentan que, si escuchas sus voces susurrando “somos Genti de Muerti”, el fin se aproxima para alguien en la comunidad. Los aldeanos los ven como heraldos de la muerte, y su aparición se asocia con el fallecimiento de alguien en el pueblo. La figura de estos jinetes se ha convertido en una advertencia, un recordatorio de la inevitabilidad de la muerte y del respeto hacia lo desconocido.
- La Jáncana: La leyenda de La Jáncana habla de una criatura deforme, que acecha en los bosques. Con una sola mirada, revela su rostro arrugado y su único ojo en la frente, mientras que otros dos pequeños ojos se esconden en la nuca. La Jáncana se aparece a aquellos viajeros que se han perdido, y lo hace en forma de una doncella cautivadora. Juega con ellos, haciendo que se extravíen más y más. Finalmente, cuando se cansa de su juego, La Jáncana les ofrece sus alhajas, diciéndoles que pueden elegir llevarse lo que deseen. Los viajeros eligen siempre las tijeras de oro, ya que es lo único que parece verdaderamente valioso. Esto enfurece a La Jáncana, pues se dice que está bajo el hechizo de un viejo maleficio, que solo se romperá cuando alguien, al elegir, diga que desea llevarse todas sus alhajas y a ella también. Es entonces cuando revela su verdadera forma, monstruosa y aterradora, y toma sus tijeras de oro para cortar la lengua de su desafortunada víctima.
- El Pelujáncanu: En las oscuras profundidades de los montes hurdanos, habita el Pelujáncanu, un ciclope de gran tamaño, un gigante de un solo ojo. Su imponente figura, cubierta por un denso pelaje, lo distingue como un monstruo formidable, pero es su extraña cabeza calva, adornada por un único pelo, lo que verdaderamente aterroriza. Cuentan las viejas historias que el Pelujáncanu podía derribar árboles con un solo golpe y levantar piedras gigantescas como si fueran hojas secas. Poderoso y despiadado, el Pelujáncanu es una figura que recuerda a los aldeanos que la naturaleza salvaje siempre está cerca, esperando la oportunidad de desatar su furia.
- El Duende Jampón y La Pomporrilla: Cuando la noche se adueña de las casas y todo parece en calma, dos criaturas antiguas recorren los hogares sin ser vistas. El Duende Jampón es pequeño, pero con pies enormes que lo obligan a dormir de pie. Su cuerpo elástico le permite colarse por cualquier rendija hasta alcanzar la cocina. La Pomporrilla, en cambio, no roba comida, sino orden. Oscura, encorvada y silenciosa, entra por chimeneas y rincones olvidados para moverlo todo de sitio. Objetos donde no deberían estar, muebles cambiados, caos absoluto. Cuando ambos pasan por una casa en la misma noche, el amanecer trae silencio, despensas vacías y un desorden imposible de explicar.
Otras Leyendas y Creencias
Además de las leyendas específicas de ciertos lugares, existen otras historias y creencias que forman parte del folclore popular:
- La Autoestopista Fantasma: Esta leyenda urbana lleva circulando siglos, adaptándose a los distintos medios de transporte. Consiste básicamente en que una mujer hace autostop al borde de una carretera: Un coche se detiene y se sube a la parte de atrás. Al llegar a una peligrosa curva, la autoestopista advierte del peligro. Cuando el vehículo ha rebasado la curva, la mujer ha desaparecido misteriosamente. Luego, el conductor, o conductor y copiloto, se entera de que en ese punto murió trágicamente una mujer.
- El Hombre del Gancho: Otra historia indispensable en todo fuego de campamento que se tercie. Una pareja en coche busca un lugar oscuro y discreto donde dar rienda suelta a sus arrumacos. Llegan a una zona apartada. El chico detiene el vehículo y pone la radio para que haya algo de música de ambiente. En mitad de sus actividades amatorias, la canción que suena se detiene y un locutor advierte de que un peligroso loco se ha escapado de una institución cercana. Un hombre con una característica física muy llamativa: donde debería estar su mano, luce un gancho. La chica se asusta, el chico la tranquiliza para seguir con el cortejo, pero ella insiste, se quiere ir a casa. El chico acepta a regañadientes. Cuando llegan a su destino, la chica sale del coche y comienza a gritar histéricamente. Hay un garfio sanguinolento clavado en la parte posterior del vehículo.
- El Camarero Fantasma: Todo el mundo conoce a alguien que conoce a alguien que, estando de viaje, se fue a tomar una copa a un bar solitario del pueblo en el que se alojaba. Para pasar el rato y desconectar tras muchas horas al volante, el conductor consume varios gin & tonics en animada conversación con el camarero. Según la leyenda, el forastero vuelve al día siguiente y se encuentra con otro barman. Al preguntar por su compañero, si es que ese día libra, se entera con estupefacción de que el establecimiento había estado cerrado la noche anterior.
Estas leyendas y muchas otras continúan transmitiéndose a través de generaciones, manteniendo viva la rica tradición oral y los miedos ancestrales que habitan en la imaginación popular.
