¿El Maltratador Nace o Se Hace? Estudios y Perspectivas

La descripción de las características principales del perfil psicológico del maltratador es un terreno de gran interés en el ámbito de la psicología forense. La capacidad individual de pensar, sentir y actuar es una propiedad única que se conforma en cada persona según su genética y la interacción con el entorno desde edades tempranas. Del mismo modo, teniendo en cuenta esta subjetividad individual, es posible agrupar y clasificar rasgos comunes para esbozar el perfil psicológico de un maltratador.

Aunque existen distintas clasificaciones de maltratador psicológico, como puede ser la de Maltratador Cíclico, Hipercontrolador o Psicopático, se pueden mencionar ciertas características comunes:

  • Suelen presentar una imagen en público y otra en privado.
  • La conducta violenta suele producirse en el contexto íntimo.
  • Tienden a minimizar la conducta violenta.
  • Recurren a la teoría de la provocación externa (la culpa la tiene la otra persona).
  • Tienen dificultad para identificar y describir sus sentimientos.
  • Suelen tener un humor cambiante.
  • Su objetivo principal es obtener sumisión y obediencia.
  • Presentan ideas rígidas acerca de la división de roles, educación de hijos, etc.

El especialista en el tema Jorge Corsi ha diseñado un test para la tipificación del maltratador que evalúa 28 ítems y ayuda al entrevistador a profundizar en las características del sujeto y su conducta agresiva.

Incidencia de la violencia de género en España.

¿Asociación con Trastornos Mentales?

En algunos estudios realizados en maltratadores se han descrito características de personalidad dependiente, obsesiva, paranoide o narcisista. Además, suele haber asociado un trastorno por consumo de sustancias, como por ejemplo el alcohol o estimulantes como la cocaína.

En general, se describe un procesamiento cognitivo rudimentario, concreto y poco flexible, y de carácter asociativo y poco reflexivo. Lo que limita la capacidad de afrontamiento, y puede incluso llegar a producir malestar crónico, frustración, y baja autoestima. Finalmente, una necesidad de búsqueda de la sensación de control a través de otros medios. Además, conviene aclarar que aún no se han descrito enfermedades asociadas que los eximan de su responsabilidad.

Predisposición al Maltrato: ¿Existe una Causa Específica?

Podemos referirnos a algunos conceptos como la predisposición a la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración, y la predisposición a la ansiedad como rasgo, además de la tendencia al consumo de sustancias como posibles situaciones que pueden tener parte de carga hereditaria y estar asociados a la predisposición hacia la violencia. Sin embargo, hoy en día, se considera el maltrato como un epifenómeno complejo con un origen multicausal, en el que interaccionan las construcciones socioculturales, el contexto individual y el historial personal.

Existe consenso de que el comportamiento violento se genera debido a factores biológicos, psicológicos, y sociales que interactúan simultáneamente y aún no se ha podido determinar el peso específico de cada grupo de factores.

Factores sociales que influyen en la violencia infantil

Consecuencias del Maltrato en la Víctima

Ahora, si analizas las consecuencias sobre la víctima, se pueden enumerar dos grandes grupos de consecuencias del maltrato.

Problemas emocionales

  • Síndrome de estrés postraumático
  • Estados disociativos
  • Depresión
  • Alcoholismo
  • Aislamiento
  • Baja autoestima y sensación de vulnerabilidad
  • Riesgo de suicidio u homicidio

Problemas físicos

  • Problemas crónicos de salud (alt. Gastrointestinal, alt. Musculoesqueléticas, y del sistema urogenital)
  • Trastornos de la alimentación
  • Problemas cardiovasculares

Infografía sobre las consecuencias de la violencia de género.

Abordaje Terapéutico de la Víctima

En la mayoría de los casos la intervención se realiza en red, pues suelen estar implicados abogados, trabajadores sociales, el sistema escolar, médicos, psicólogos, policías, profesionales de centros de acogida, etcétera. La escucha activa, y empática son esenciales en el abordaje de la víctima y su entorno. Ha de sentir que hay alguien que puede ayudarla y que respeta su criterio. El objetivo es que la víctima recupere el control de su vida, lo que hoy denominamos empoderamiento. Y para ello necesita recuperar la confianza en sí misma.

Como ya has visto, el perfil psicológico del maltratador ha suscitado gran interés en la psicología forense y la criminología por sus consecuencias en las víctimas, además del posible abordaje de las comorbilidades, también tiene implicaciones en la psicología clínica. Tanto la inestabilidad de la personalidad, y la impulsividad, como la rigidez cognitiva, asociada a consumo de sustancias, suelen ser rasgos característicos del maltratador.

Además, el contexto sociocultural y las creencias individuales en relación con la historia del sujeto interaccionan de forma multicausal. Las agresiones verbales, físicas, psicológicas y emocionales llevan a la víctima a sentimientos de culpa, baja autoestima y aislamiento.

Con mayor frecuencia se denomina a la violencia de género violencia machista, debido a que cada vez está más claro que esta violencia tiene su origen en un marco machista y todas las creencias, valores, estereotipos y roles que conlleva. No se puede negar que existen casos de hombres que sufren violencia tanto física como psicológica por parte de su pareja o expareja (violencia doméstica) y, al igual que en la violencia de género, es un delito. La desigualdad de género es perjudicial tanto para mujeres como para hombres y en los casos de violencia doméstica se puede observar cómo influye.

Pese a que esta afirmación no es un mito, sí lo es una de las justificaciones más comunes que intentan respaldarla, como es que las mujeres son más “malas” que los hombres y “expertas en el maltrato psicológico”. Ninguna víctima de ningún delito ha hecho nada para sufrirlo. Una mujer que sufre violencia de género no ha hecho nada para sufrir esas humillaciones, vejaciones o agresiones. La violencia de género se da en todos los países de todos los continentes, se ha dado a lo largo de la historia y se da en todas las clases sociales, sin distinción de edad, nivel académico o económico.

El maltrato físico en la violencia de género no surge de forma aislada, sino que existe un proceso previo en el que, entre otras cosas, se da un maltrato psicológico, muy difícil de apreciar en las primeras etapas, que hace que la mujer vea minimizada su autoestima y que provoca una gran dependencia emocional. El estado psicológico provocado por el terror que siente, la baja autoestima que le ha provocado el maltratador o la gran dependencia emocional surgida, entre otros factores, hacen que a la mujer le cueste mucho tomar la decisión de huir de esa relación.

Los hombres, por el mero hecho de pertenecer al género masculino, no son violentos. Esta generalización no tiene ninguna base científica. La violencia de género tiene un proceso y unas fases bien definidas que implican tener pleno conocimiento de lo que se está haciendo: enamoramiento, aislamiento, reducción de la autoestima... La violencia de género tiene su origen en una idea y unos valores (machismo), no en algo biológico. Si un maltratador no pudiera controlar los ataques de ira, le sucedería desde antes de empezar la relación. Además, los ataques de ira pueden sufrirlos en cualquier ámbito de su vida, rodeado de amistades, compañeros, vecinos… y con esas personas no muestran violencia.

Si bien el haberse criado en el seno de una familia donde existía la violencia de género es un factor de riesgo que puede provocar que ese niño, de mayor, reproduzca los roles que ha observado en su padre, este factor de riesgo no implica necesariamente que ese niño vaya a ser un maltratador.

Neurociencia del Maltrato

¿Difiere el cerebro de los maltratadores a nivel anatómico y funcional a los de otros hombres? La investigadora española Agar Marín estudia las variables neurocientíficas que puedan influir en la violencia de género y ha descubierto que los agresores machistas muestran una actividad cerebral distinta a la de otros hombres en cuestiones relacionadas con la toma de decisiones morales, la empatía y la regulación emocional.

Marín, doctora en Psicología por la Universidad de Granada, investiga el funcionamiento cerebral de hombres condenados por violencia de género para conocer si hay variables neurocientíficas que contribuyan al maltrato con el objetivo de ampliar el conocimiento que se posee de un fenómeno tan complejo y multicausal para ayudar a reducir su prevalencia y la reincidencia. "Hemos encontrado que los maltratadores tienen un patrón específico ante situaciones de violencia de género, pero no se puede contemplar en ningún momento como un daño, ya que muestran un funcionamiento cerebral normal ante situaciones que no son de violencia de género. En ningún momento esto puede merecer una reducción de su responsabilidad penal", explica Marín.

¿Nace o se hace?

"Un maltratador no nace, sino que se hace mediante la educación y todas las situaciones que va viviendo en esta sociedad patriarcal. Es el ambiente, no nace siendo maltratador, no es una herencia, su cerebro se moldea a través del contexto", incide. La investigadora deja bien claro que estas variables no son determinantes, no causan el maltrato, sino que son uno de los factores (además de los sociales, ambientales y psicológicos) que contribuyen a que se ejerza la violencia: "No estamos hablando de daño cerebral, sino de variables neurocientíficas que contribuyen a ejercer la violencia, pero no la causan por sí mismas. Forman parte de un conjunto de variables sociales, educativas e individuales de cada persona, por eso es importante estudiarlas para tener una visión completa".

Durante mucho tiempo ha habido rechazo a evaluar el funcionamiento cerebral al considerar que era una forma de justificar la violencia y Marín matiza que se trata justo de lo contrario, de disponer de más información para mejorar los tratamientos, la prevención y reducir la incidencia del maltrato: "Tenemos que saber qué pasa con las variables neurocientíficas, no podemos obviarlas. Si hay algo que no se analiza estamos perdiendo información sobre factores que pueden resultar útiles para luchar contra la violencia".

Marín ha llevado a cabo distintos experimentos para estudiar los mecanismos cerebrales de los agresores machistas mediante el análisis de resultados de resonancia magnética. Su investigación se enmarca dentro de un proyecto que evalúa el funcionamiento cerebral de los maltratadores y las secuelas que la violencia provoca en las mujeres víctimas.

En primer lugar, evaluó los mecanismos cerebrales de hombres maltratadores cuando procesaban dilemas morales sobre violencia de género. También que se deben plantear tratamientos psicológicos específicos para hombres maltratadores orientados a cambiar su sistema de valores machista.

En este estudio se descubrió además que los agresores machistas presentaban una alta tasa de "deseabilidad social", esto es, respondían en función de lo que creían más adecuado, no de lo que realmente pensaran.

"La muestra que he evaluado muestra un tipo de maltratador que fuera de casa es empático, regula sus emociones y es moral, lucha por los derechos de los demás, pero en su casa maltrata a su mujer y es poco empático con ella. En otros estudios, a nivel psicológico, ya se había encontrado que los maltratadores se consideran personas morales y defienden sus creencias hasta tal punto que se autoengañan si es necesario para mantener su autoconcepto moral", asevera Marín.

Como el procesamiento moral está relacionado con el emocional, la investigadora llevó a cabo un segundo experimento para evaluar la regulación emocional en agresores machistas.

En esta ocasión se comparó a tres grupos diferentes de hombres: maltratadores, otros delincuentes e individuos sin antecedentes penales. Dentro de la máquina de resonancia magnética, se les pidió que respondieran a distintas imágenes aumentando su emoción al máximo, reduciéndola todo lo posible y observándolas sin regular sus emociones. Las imágenes eran relativas a violencia de género, otras neutras y otras, desagradables.

El hallazgo es que los maltratadores activaban las mismas zonas cerebrales que el resto ante imágenes desagradables, pero su actividad difería con las relativas al maltrato: "Al cruzar los datos con test psicológicos, se relacionaba esta activación diferencial con una peor empatía y con estrategias desadaptativas de regulación emocional, lo cual podría indicar que muestran menor empatía con sus parejas, pero no en otras situaciones".

"La tesis arroja esperanza para los tratamientos psicológicos. No es que no tengan capacidad para regular sus emociones, empatizar o ser personas morales, por lo que con tratamientos enfocados y personalizados se puede trabajar en esos aspectos hacia sus parejas", sostiene la investigadora.

El Rol de la Educación

Incluso en el mejor de los sistemas educativos, la escuela no puede ser el único agente socializador encargado de crear una sociedad igualitaria y libre de violencia contra las mujeres. Todas las personas hemos crecido influenciadas por una cultura machista y desigual, y un sistema económico y social en el que aprendemos a competir con los demás, pero no a cooperar, a expresar nuestras emociones o a superar nuestras inseguridades.

Aquí hay algunas recomendaciones para educar en la igualdad:

  • Potencia una actitud crítica sobre los mensajes que mandan el cine, la música, la literatura y la publicidad. ¿Qué papel juegan las mujeres en el cine? ¿Cómo se habla de ellas en las canciones?
  • Habla con tu hijo sobre el amor y las relaciones afectivas. Potencia la idea de que elegir tener pareja es una opción personal tan válida como elegir no tenerla y de que el aspecto esencial en las relaciones interpersonales es el respeto mutuo.
  • Ayuda a tu hijo desde pequeño a cuestionarse el orden social de género establecido.
  • Coeduca, es decir, educa en igualdad. Esto implica que el proceso de crianza esté libre de estereotipos y expectativas relacionadas con el sexo del bebé. No hay colores, juguetes, personalidades, profesiones, emociones, sexualidades, etc. que sean exclusivas de un determinado género.
  • No toleres frases hechas, refranes, comentarios o chistes sexistas o que naturalicen la violencia.
  • Enseña a tu hijo que los conflictos siempre se solucionan a través del diálogo, sin gritos, insultos, faltas de respeto, intimidaciones o cualquier otro tipo de agresión.
  • La familia debe ser considerada por el menor un espacio seguro en el que poder expresar temores y dónde encontrar apoyo para afrontarlos.

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