El increíble caso real de trillizos separados al nacer y su sorprendente reencuentro

La historia que vamos a presentar es de aquellas que hacen reflexionar sobre la naturaleza humana y los límites de la ciencia. Un clásico de las clases de Psicología de la universidad era debatir sobre qué era más determinante, si la carga genética de un individuo o su entorno educativo y sociocultural, si lo innato o lo adquirido. El profesor contaba ejemplos y experimentos, siempre tan interesantes como inquietantes.

Esto es lo que vamos a encontrar en el documental británico Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle, que además de muchas importantes nominaciones en diferentes premios, obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance de 2018.

LA TRISTE HISTORIA DE LOS TRILLIZOS SEPARADOS EN LA INFANCIA POR UN EXPERIMENTO CIENTÍFICO

Festival de Sundance

Un encuentro fortuito que revela un secreto oscuro

La aventura real comienza en 1980, cuando un chaval de 19 años llega por primera vez a la universidad Sullivan County, al norte de Nueva York. Todo el mundo le acoge con gran entusiasmo, para su sorpresa y regocijo, incluso algunas chicas le besan con gran alegría. Él no sale de su asombro, ¡qué gente más maja!… hasta que uno le da una palmada en la espalda y le llama «Eddie». Pero él no se llama Eddie, se llama Bobby.

La historia deja de hacer gracia cuando sus respectivos padres adoptivos se dan cuenta de que ellos y sus hijos han sido víctimas de un maquiavélico y minucioso experimento científico por parte de Peter Neubauer, un psicólogo austriaco afincado en Estados Unidos tras la llegada de Hitler al poder, ayudado de Viola W. Bernard. Para llevar a cabo sus planes contó con la colaboración de la agencia Louise Wise Services de Nueva York, dedicada a la adopción de niños judíos. Neubauer no tuvo escrúpulos en impedir que estos niños se criaran juntos y felices y en ocultarles -a ellos y a sus padres adoptivos- que tenían hermanos. El que había huido del régimen en que Mengele justificaba cualquier barbaridad en nombre de la ciencia, se iba a Estados Unidos a hacer algo parecido.

La película es fresca y amena, sostenida por unos hermanos que son bastante folklóricos, y que hacen muy accesible la historia. Los testimonios de sus padres son a menudo conmovedores, y ciertas recreaciones de ficción, eficaces. En 2007 se publicó un estudio sobre este aterrador caso, titulado Idénticos desconocidos, y escrito por Elyse Schein y Paula Bernstein. En 2017 ya hubo otro documental, The Twinning Reaction y en 2018 un episodio televisivo titulado Secret siblings.

La historia de Bobby, Eddy y David: Del cuento de hadas a la tragedia

La de Bobby, Eddy y David es una historia única, uno de esos historiones que hacen soñar a los reporteros con el Pulitzer y a los directores de documentales con taquillazos y paseos por la alfombra roja. Lo difícil es clasificarlo. Cuando saltó a los periódicos de EEUU, allá por los años 80, se consideró un cuento de hadas, la crónica de unos trillizos separados cuando eran bebés que se reencuentran tras casi 20 años por puro azar. Su historia es fascinante. E increíble.

¿Eddy, quién es Eddy? Una pregunta parecida a esa debió de hacerse Bobby Shafran cuando en 1980 se trasladó al campus de la Universidad de Sullivan, en Nueva York. Aunque era la primera vez que se paseaba por el centro todo el mundo parecía conocerlo. Se interesaban por cómo le iban las cosas y le trataban con una confianza que le resultaba incomprensible, con palmadas en la espalda, abrazos e incluso besos. "Yo estaba nervioso. Nunca había sido popular. Y entonces empecé a caminar buscando mi habitación y mucha gente empezó a acercárseme y a preguntar cómo estaba. Todos eran muy amigables y se desvivían por serlo", recordaría tiempo más tarde Robert: "Estaba un poco desconcertado porque a nadie lo reciben así en su primer día".

Aquel misterio empezó a aclararse cuando un joven llamó a su puerta y se presentó como Michael, compañero de habitación y amigo de aquel misterioso Eddy a quien todo el mundo parecía confundir con Robert. Michael tenía buenas razones para hacerle una pregunta tan extraña. Aquel joven recién llegado a Sullivan era calcado, idéntico, a su amigo Eddy. El parecido era tan asombroso que Robert y Michael acudieron a una cabina, llamaron al tal Eddy y al rato estaban ya en la carretera, conduciendo para encontrarse con él.

Cuando al fin se reunieron, Bobby y Eddy, Eddy y Bobby, descubrieron que eran como dos gotas de agua. Idénticos. Coincidía hasta la fecha de su nacimiento, en julio de 1961. Demasiado parecidos para tratarse de una casualidad. "El mundo desapareció y nos quedamos solo él y yo". Contra todo pronóstico, los dos jóvenes, ambos adaptados y hermanos, se habían encontrado en un puro golpe de suerte. Y eso que desconocían la existencia del otro.

Bobby, Eddy y David

Su historia resultaba tan rocambolesca que no tardó en despertar el interés de los periodistas estadounidenses. Uno de esos artículos, en los que aparecían retratados Eddy y Bobby, risueños y abrazados, acabó llegando a algunos lectores a los que la historia les llamó la atención de forma peculiar. Y no por lo extraña que resultaba o lo estrambótico de que aquellos hermanos se hubiesen reencontrado tantos años después de separarse.

Los jóvenes Eddy y Bobby eran idénticos a otro chaval de su misma edad, David Kellman, el tercer protagonista de esta historia. Y cuando hablamos de "idéntico" lo hacemos de nuevo a un nivel que solo se puede explicar por la genética.

Si la historia del reencuentro de dos gemelos que no sabían nada el uno del otro resultaba increíble, la de unos trillizos que se reúnen tras pasar sus infancias ignorando la existencia de sus hermanos era directamente un bombazo. Y así fue. De la noche a la mañana Eddy, Bobby y David se convirtieron en celebridades, el centro de un circo mediático: hicieron un cameo en 'Buscando desesperadamente a Susan', una película de 1985 protagonizada por Madonna, y llegaron a montar su propio negocio: un restaurante que, claro está, bautizaron Triplet´s y acabó triunfando entre los turistas deseosos de conocerlos. Su historia era digna de Hollywood, desde luego.

Aparte de la separación y reencuentro, los trillizos descubrieron que compartían mucho más que su aspecto: les gustaban los cigarrillos Marlboro, la lucha libre y el mismo tipo de chicas. Dos de ellos incluso habían afrontado el mismo problema de visión durante la infancia.

"Todo era nuevo, todo era celebración. Pero… ¿Cómo es posible? Por grande que fuera la alegría del reencuentro, las celebraciones y la diversión, había una pregunta incómoda en la historia de Bobby, Eddy y David. Sobre todo para ellos y los matrimonios que los habían adoptado en los años 60: ¿Cómo era posible que se hubiese separado a aquellos tres hermanos al nacer?

La explicación de Louise Wise, la agencia que se había encargado de los trámites en su día, fue sencilla: había separó a los bebés por una cuestión práctica, para facilitar la adopción. Tras aquella historia de hadas, reencuentros y reuniones fraternales había sin embargo otra crónica, mucho más oscura y macabra.

El experimento secreto de Neubauer

Si hoy la conocemos es en gran medida gracias al reportero Lawrence Wright, quien publicó un artículo en The New Yorker en el que arrojaba luz sobre lo que realmente le había pasado a los trillizos: la suya no era una historia de reencuentros emocionantes, o esa no era al menos toda la verdad.

"Parecía cosa de nazis". La frase es de Bobby y resume sus sentimientos al enterarse del experimento que había protagonizado sin ser consciente junto a sus dos hermanos. El objetivo de Neubauer era esclarecer hasta qué punto influye en nuestras vidas la genética y hasta qué punto la crianza, así que decidió realizar un experimento descabellado: separar gemelos y trillizos cuando eran pequeños para darlos en adopción a hogares en los que afrontarían educaciones y circunstancias distintas. Luego su equipo se encargaba de hacer un seguimiento de cada uno de aquellos "conejillos de indias" involuntarios.

El caso de Bobby, Eddy y David parecía preparado al dedillo. La agencia los entregó en adopción a tres hogares de diferente extracción social: uno de clase obrera, otro de clase media y un tercero acomodado. Cuando los investigadores acudían a sus domicilios a realizarles entrevistas lo hacían bajo el pretexto de que solo buscaban controlar el progreso de los niños. Pura formalidad. Nada más.

"Nos llamaban 'sujetos'. Somos víctimas. Hay una gran diferencia. Ahora no queremos sonar como personas heridas y como adultos tenemos familias, hijos y somos relativamente normales; pero nos trataron como ratas de laboratorio. Nada más.

La de Bobby, Eddy y David es la crónica de una historia cambiante. Empezó como un cuento de hadas milagroso, no tardó en convertirse en la crónica de unos trillizos exultantes y acabó transformándose en la tragedia de tres jóvenes reducidos a cobayas humanas. En su historia hubo sin embargo un giro más de guion. Con el paso de los años los hermanos emprendieron sus propios caminos. Se casaron y se distanciaron. El mayor mazazo llegó sin embargo en 1995, cuando uno de ellos, Eddy Galland, se suicidó tras luchar contra una enfermedad mental.

"No sé por qué decidieron hacer esto, no puedo verlo como algo humano. No podéis jugar con las vidas humanas. Teníamos que estar juntos y nos separaron por motivos científicos", confiesa Bobby.

A su cabreo contribuyen una serie de circunstancias: Neubauer falleció en 2008 y buena parte de su investigación acabó en la Universidad de Yale, donde permanecerá cerrada hasta 2065.

"Se recopilaron los datos, pero los resultados nunca se publicaron y estamos llegando a un punto en el que estamos bastante seguros de que nunca se hizo nada con eso", lamenta Bobby, que acabó ejerciendo de abogado en Brooklyn, en declaraciones a Los Angeles Times: "Entonces… ¿Qué sentido tenía todo esto, verdad?

En 2018, después de ver la cinta, Michele Mordkoff logró identificar a través de Ancestry.com a una mujer que resultó ser su hermana gemela, Allison Kanter, de cuya existencia no tenía constancia hasta ese momento.

Otros casos sorprendentes de familias numerosas

Más allá de la historia de los trillizos separados, existen otros relatos fascinantes de familias numerosas que desafían las probabilidades y nos muestran la diversidad de la experiencia humana.

Maxine y Jake Young: De 0 a 9 hijos en tres años

Maxine y Jake Young jamás imaginaron la sorpresa que el destino le tenía preparada. Y es que tras varios años intentando tener hijos sin éxito alguno, hoy son padres de nueve niños . Una hazaña que han logrado en apenas tres años.

Esta pareja estadounidense, residente en Pensilvania, acaba de comenzar una nueva vida tras convertirse en una familia con 9 hijos después del nacimiento de sus cuatrillizos este pasado mes de agosto. «No pensé que me podía quedar embarazada sin hacerme una fecundación in vitro (FIV), tal y como hice previamente con mi hijo», explica Maxine a al canal local « WFMZ ».

La aventura de esta pareja como padres comenzó en julio de 2017, cuando ella y Jake recibieron una llamada para una acogida de emergencia de cuatro hermanos : un niño de 4 años, dos niñas de 3 y un bebé recién nacido. Un par de meses después de la adopción, Maxine descubrió que estaba embarazada de su primer hijo . «Pasamos de 0 a 5 niños en menos de un año», recuerda la joven.

Estos cuatro bebés nacieron, a las 32 semanas, este mes de agosto en Phoenix, Arizona, donde la pareja localizó a un médico especializado en partos múltiples. A finales del mismo mes, la familia voló de regreso a casa al condado de Berks, Pensilvania, en aviones médicos privados para que los pequeños fueran ingresados en la unidad de neonatos del Banner University Medical .

Mientras se preparan para dar la bienvenida al último de los cuatrillizos y comenzar la vida como una familia de 11, Maxine y Jake dicen que están nerviosos y emocionados por la aventura que se avecina.

Alejandro Barbancho e Irene Merino: La llegada inesperada de trillizos

En casa de Alejandro Barbancho e Irene Merino no hay tiempo para un respiro y el espacio está medido milimétricamente. Cada centímetro cuenta. No es para menos. Esta pareja de treintañeros convive con dos gatas súper cariñosas, dos niñas de diez y 3 años respectivamente y sus trillizos, que nacieron el pasado 9 de septiembre.

Mael ('príncipe' en celta) y Baldr (dios de la luz y la belleza) son gemelos, mientras que Idúnn (diosa de la eterna juventud) es su hermana melliza. Estos trillizos nacieron por cesárea y de forma natural. Según los expertos, es un caso único, uno entre 7.000. «El ginecólogo nos decía que teníamos más probabilidades de que nos tocase la lotería a tener un parto múltiple de estas características. El caso de estos trillizos es muy especial, no solo porque ha sido un embarazo natural; también porque son dos gemelos y un mellizo, que no es algo que suceda habitualmente; sino porque los partos múltiples están en franco retroceso en nuestro país.

Cuando decidieron ir a por el tercero, jamás se les ocurrió que tendrían tres de golpe: «Cuando el ginecólogo me dio la noticia, debo confesar que me quedé en shock. Jamás me imaginé algo así. «Cuando llamé a mi padre para decirle que iba a ser abuelo por partida triple, me colgó el teléfono; me volvió a llamar a los tres minutos para decirme que estaba muy contento», rememora esta joven.

«En realidad toda nuestra familia y amigos pensaban que no estábamos riendo de ellos, incluso cuando les enseñábamos las ecografías. El embarazo fue sin sobresaltos, a pesar de ser múltiple, y el parto, inducido, se tuvo que realizar a los ocho meses. Rondaron los dos kilos de peso.

«Había más de 20 personas en el paritorio, un equipo de ocho profesionales por bebé y muchos residentes interesados en nuestro caso», explica la pareja, que se deshace en elogios con el equipo de Ginecología y de la UCI de Neonatología de Son Espases: «Nuestros niños se pasaron 23 días allí. Les salvaban la vida cada minuto que estaban en la incubadora», señala la madre.

Chris y Lori Coble: La tragedia y el milagro de la vida

Se trata de la desgarradora, y también controvertida, historia de la familia Coble, que pone de manifiesto como la más grande de las tragedias y el milagro de la vida elevado al cubo pueden confluir en la misma familia en menos de 365 días.

Chris y Lori Coble, un matrimonio formado por un ingeniero de software y una ama de casa, representaban a la clásica familia media americana y eran los orgullosos padres de tres hijos; Kyle de 5 años, Emma de cuatro y Katie de dos.

El 4 de mayo de 2007, Lori decidió acudir junto a su madre y los niños a un centro comercial para festejar el cumpleaños de Kyle, que había sido el día anterior. Conforme se acercaba la hora de la siesta de los niños, Lori decidió que era el momento perfecto para volver a casa, antes de que se pusieran demasiado nerviosos.

Lori conducía el monovolumen, mientras que la abuela iba de copiloto y los tres niños iban en la fila de asientos de atrás, correctamente sujetos en sus asientos infantiles. Al salir de la autopista se encontró con un atasco y detuvo el coche.

Lori se giró y miró a sus hijos. Kyle jugaba con el videojuego que le habían regalado por su cumpleaños mientras que Emma miraba una película. Su hija Katie empezaba a quedarse dormida y Lori le hizo cosquillas en los pies para despertarla. Ya quedaba poco para llegar a casa y no quería que se durmiera en el coche. Esta escena es el último recuerdo que tiene Lori de sus tres hijos con vida.

Justo entonces un camión cargado con más de 18.000 kilos de equipamiento eléctrico embistió al coche de la familia Coble a más de 100 kilómetros por hora, convirtiendo la parte trasera del coche en un amasijo de hierros, en el mismísimo infierno.

Las consecuencias del accidente fueron tan sumamente graves que los miembros de la familia tuvieron que ser repartidos en tres hospitales distintos.

Chris Coble estaba en el trabajo cuando recibió la llamada que cambiaría su vida para siempre. En ese momento no le advirtieron de la gravedad del accidente, pero en cuanto llegó al hospital en el que estaba ingresada su mujer le llevaron a una sala aparte y le pusieron al tanto de la situación.

“Lo primero que me dijeron es que Katie había muerto. Pasados unos minutos me dijeron que había una llamada de otro hospital. Me puse al teléfono y lo primero que dije fue, por favor, dígame que Emma está viva. Y el doctor me contestó, lo siento, ha fallecido. Dejé caer el teléfono. No podía creer que algo así estuviera sucediendo.”

Chris salió corriendo al hospital en donde estaba ingresado su hijo Kyle. No quería que estuviese solo y sintiese miedo al despertar en un lugar desconocido. Al verle abrir los ojos Chris recobró algo de esperanza, pero los médicos le dijeron que su cerebro no estaba recibiendo oxígeno y que debían desconectarle de las máquinas que le mantenían con vida.

Lori fue trasladada a ese mismo hospital para que pudiera despedirse de su hijo. Se arrastró desde su silla de ruedas para abrazarle como pudo mientras que Chris apoyó la mano en el pecho de su hijo hasta que sintió que su corazón dejaba de latir. Tan sólo dos días después de su quinto cumpleaños, el matrimonio Coble asistía impotente a la muerte del último de sus tres hijos.

La tragedia se hizo más real cuando les tocó enterrar a sus hijos. La quietud de su casa les atormentaba. Pasaron de tener una casa llena de ruido y jolgorio al más lúgubre de los silencios.

Tan sólo tres meses después del accidente el matrimonio decidió tratar de tener más hijos. “Siempre nos describíamos a nosotros mismos como padres sin hijos”, afirmaba Chris, “me refiero a que cuando tienes varios hijos de esa edad tu vida entera está dedicada a ellos y además es algo que te encanta”.

Pero había un problema, y es que Chris se había realizado una vasectomía después del nacimiento de Katie, así que, después de tratar de revertir en vano la operación, tuvieron que acudir a la fecundación in vitro. De los 10 óvulos que le extrajeron a Lori, sólo hubo tres embriones viables.

El doctor les aconsejó implantarse sólo dos embriones pero, media hora antes de la transferencia, les comunicaron que se trataba de dos embriones de sexo femenino y uno de sexo masculino. Justo como sus hijos fallecidos. Lo interpretaron como una señal y decidieron transferir los tres embriones.

Durante el embarazo de los trillizos los Coble definían su situación como una moneda de dos caras. Por un lado, la felicidad que estaba por venir, y por otro lado, el dolor por el duelo que estaba atravesando. La vida y la muerte. La desesperación y la esperanza.

Los trillizos Coble nacieron casi exactamente un año después del trágico accidente, el 30 de abril de 2008. Ashley, Ellie y Jake vinieron al mundo pesando entre 1.500 y 1.800 grs. A la seis semanas de edad, Ashley adquirió una grave infección (sepsis neonatal) y estuvo a punto de fallecer, aunque afortunadamente dos semanas después estaba recuperada.

Hoy en día los trillizos Coble tienen 5 años y está perfectamente sanos. En honor a sus hermanos mayores, cada uno de ellos ha recibido como segundo nombre el nombre de uno de sus hermanos. Los niños conocen la historia de la tragedia familiar y van con frecuencia al cementerio a visitar a sus hermanos.

Los trillizos Coble junto a sus padres poco después de nacer.

En cuanto al conductor del camión, también padre de tres hijos y con antecedentes por exceso de velocidad, fue condenado a un año de prisión y cinco de libertad condicional por tres homicidios involuntarios después de quedar probado que conducía con exceso de velocidad y utilizando el teléfono móvil. Los Coble declaran haberle perdonado.

Carlos Wollenstein y Dalit Bielaz: Padres de mellizos y trillizos

Carlos Wollenstein (38 años) y Dalit Bielaz (35) jamás imaginaron lo que el destino les tenía preparado. Esta pareja mexicana, residente en Dallas (Texas, EE.UU.), lleva 14 años juntos y, entre sus planes, siempre estuvo la idea de tener hijos.

Lo que jamás pensaron es que llegarían a tener entre sus brazos a dos hijos a la vez. Incluso a tres. Porque Carlos y Dalit son padres de mellizos y trillizos de forma natural . Pero en esta aventura ha habido también desventuras: cinco abortos de por medio.

Tras tres abortos, vienen los mellizos. Nos enteramos a la semana 6 de gestación del cuarto embarazo. Estábamos los dos con el ginecólogo mientras él le estaba haciendo una ecografía a mi esposa. Él sabía nuestra historia y estuvo en las dos pérdidas anteriores. De repente nos dijo que nunca había llorado con una paciente. Giró el monitor para mostrarnos las imágenes. «Esta es la pared del útero», nos dijo, y movió la imagen. «Y aquí está el bebé», continuó. Mi esposa y yo empezamos a llorar de la felicidad y de repente movió un poco más la imagen: «Y aquí está el otro bebé». No nos lo podíamos creer.

Los mellizos, niño y niña, nacieron el 21 de septiembre del 2015, a las 34 semanas y 6 días. Fue un parto muy intenso y rápido. Dalit me avisó al mediodía de que había roto la bolsa y seis horas después ya habían nacido. Fue cesárea y fue una locura de la buena. Mucha gente en el quirófano, muchos doctores y enfermeras. Mucha sangre, mucho movimiento, pero en calma. Fue increíble ver a esos dos bebecitos salir a la luz del mundo .

Y tras otras pérdidas, supieron que esperaban trillizos. Nos dijo que había dos latidos, y que había otra bolsita pero que no se veía nada. Nos dijo que tal vez no se iba a desarrollar, o que si hubiéramos ido un día después se hubiera visto algo. Nos dijo que regresáramos en dos semanas. Sacamos cita para una semana después y cuando regresamos, nos confirmó y vimos 3 latidos.

El parto de los trillizos fue cesárea, y fue exacto: a la semana 33 de embarazo, el lunes 19 de agosto de 2019. Fueron dos niñas y un niño . Dalit estuvo ingresada una semana para recuperarse de la cesárea y los bebés estuvieron un mes en el hospital.

El ginecólogo nos dijo que las probabilidades de tener mellizos y luego trillizos naturales, es 1 en 10 millones .

Los hermanos Scott: ¿Trillizos ocultos?

Seguramente ya conozcas a Jonathan y Drew Scott, los hermanos favoritos de Canal Decasa. ¿Te consideras un auténtico seguidor de estos hermanos canadienses? No, no; ni son trillizos, ni han estado ocultando la existencia del tercero… Jonathan y Drew tienen un hermano mayor al que llaman JD (iniciales de James Daniel). Ha trabajado en distintos sectores, como el financiero, la construcción y el entretenimiento. Ahora forma parte de la productora Scott Brothers Entertainment junto a sus hermanos.

De los tres, Drew es el hermano pequeño y Jonathan el mediano. La verdad es que siempre han tenido una afición increíble por hacer cosas nuevas. Aunque el país de origen es Canadá, sus programas se han emitido en 140 países dentro de los cinco continentes. Lo cierto es que la música siempre ha estado presente en sus vidas. También han sido voluntarios en el hospital de niños de Calgary (Canadá) y han participado en eventos para recaudar dinero para organizaciones benéficas.

Y tú, ¿conocías ya estas curiosidades sobre ellos?

Familia Hijos Particularidades
Maxine y Jake Young 9 De 0 a 9 hijos en 3 años: 4 adoptados, 1 hijo biológico y cuatrillizos.
Alejandro Barbancho e Irene Merino 5 Trillizos naturales (2 gemelos y 1 mellizo), un caso único.
Chris y Lori Coble 6 (3 fallecidos) Tragedia y milagro: pierden 3 hijos en accidente y tienen trillizos un año después.
Carlos Wollenstein y Dalit Bielaz 5 Mellizos y trillizos naturales tras 5 abortos.
Jonathan, Drew y JD Scott 3 hermanos Famosos hermanos de la televisión, JD es el hermano mayor menos conocido.

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