La cuestión de si los seres humanos son buenos o malos por naturaleza ha sido objeto de debate durante siglos y sigue siendo una cuestión abierta en la filosofía y la psicología. Algunos argumentan que los seres humanos son inherentemente egoístas, mientras que otros sostienen que somos naturalmente altruistas.
El título de esta entrada se corresponde con una tesis que se hizo bastante famosa a partir de Jean Jacques Rousseau (1712-1778), quien propuso la hipótesis del buen salvaje.
El mito del buen salvaje: ¿Qué aprendemos de Rousseau? 🌳
La idea de Rousseau era justificar el Estado, el cual existiría porque los hombres deciden unirse por la imposibilidad de vivir en solitario. Es un mal necesario. Y es precisamente la cultura y la vida social la que corrompe la naturaleza humana, pues tal y como el filósofo ginebrino concibe a los seres humanos, estos nacen buenos.
Aunque el estado de naturaleza es conforme a la naturaleza del ser humano, este decide dejarlo porque su vida así es muy precaria.
Rousseau, a diferencia de Hobbes, no pensaba que el hombre fuera malo por naturaleza, sino todo lo contrario. El hombre es bueno e inocente por naturaleza, lo que le corrompe es la sociedad.
Pero, ¿qué pasaría si no tuviéramos estas influencias sociales? A veces me pregunto si mi perra es buena de nacimiento. Obviamente, de serlo, ella no estaría corrompida, pues aunque vive en la sociedad con seres humanos y está más o menos socializada, lo cierto es que no desempeña papel activo alguno como miembro de la sociedad.
Ahora bien, parece que resulta absurdo decir que mi perra es buena por naturaleza, pues es un perro y los perros no son buenos ni malos. Y no lo son, no porque la bondad o la maldad sean una propiedad natural de los humanos no compartida con los perros, sino que hablar de «bueno» y «malo» con respecto al carácter de una persona o sus acciones tiene sentido en el contexto de las instituciones sociales.
La bondad o la maldad de los seres humanos no es una propiedad natural de estos. Esto quiere decir que, por naturaleza, los seres humanos no son buenos ni malos.
Perspectivas filosóficas sobre la naturaleza humana
Los filósofos han abordado esta cuestión desde ópticas muy distintas:
- Thomas Hobbes sostenía que el ser humano, en su estado natural, es egoísta, competitivo y violento, y que solo la presencia de una autoridad fuerte (el Estado) puede mantener la paz.
- Jean-Jacques Rousseau, por el contrario, afirmaba que el ser humano es naturalmente bueno, y que es la sociedad la que lo corrompe.
- Immanuel Kant argumentaba que el ser humano tiene una tendencia al mal, pero también posee una capacidad moral para obrar el bien, guiado por la razón.
- Sócrates sostenía que la bondad está ligada al conocimiento: el ser humano es bueno por naturaleza, pero puede actuar mal cuando desconoce la verdadera naturaleza del bien.
- Platón, influido por Sócrates, vinculaba el bien con una verdad suprema: el Bien es la forma ideal, y el mal surge cuando el alma se aleja de esta verdad atrapada en el mundo material.
Estas posturas muestran la complejidad del tema y cómo las condiciones sociales, culturales y políticas influyen en nuestra conducta.
Evidencia científica de la inclinación humana
Avances en psicología y neurociencia han aportado evidencia relevante al debate. Investigaciones realizadas por el psicólogo Michael Tomasello y el científico Felix Warneken han demostrado que niños pequeños muestran conductas altruistas desde edades tempranas, como ayudar espontáneamente a otros sin esperar recompensa. Esto sugiere una inclinación natural hacia la cooperación.
Además, estudios con imágenes cerebrales han revelado que actos de generosidad y empatía activan los centros de recompensa del cerebro, indicando que ser buenos nos hace sentir bien a nivel neurológico.
Numerosos estudios sugieren que los seres humanos poseemos una inclinación natural hacia la amabilidad y la cooperación, inscrita profundamente en nuestra biología evolutiva. Este impulso altruista no solo es socialmente deseable, sino que parece formar parte del núcleo genético de nuestra especie.
Perspectiva evolutiva: la cooperación como ventaja adaptativa
Desde la biología evolutiva, se sostiene que la cooperación ha sido esencial para la supervivencia humana. Lewis Dartnell, en su obra «Ser humano», argumenta que el altruismo y la empatía tienen raíces profundas en nuestra evolución, ya que los grupos cooperativos sobrevivieron mejor que los individuos aislados.
Este enfoque sugiere que la bondad no solo es deseable moralmente, sino también adaptativa desde un punto de vista biológico.
Implicaciones prácticas en la educación y la sociedad
Comprender la naturaleza humana tiene implicaciones directas en cómo diseñamos nuestras sociedades. Si partimos de la base de que el ser humano tiene una predisposición hacia el bien, podríamos promover sistemas educativos que fortalezcan la empatía, el trabajo en equipo y la resolución pacífica de conflictos.
Por otro lado, reconocer la existencia de tendencias negativas también es importante, ya que nos permite crear mecanismos de regulación y prevención.
La sociedad actúa como molde: puede potenciar nuestros aspectos positivos o reforzar comportamientos egoístas, dependiendo de sus estructuras y valores.
Sí. Rousseau decía que el ser humano era bueno por naturaleza. Hasta cierto punto puede entenderse su posición, pero yo no la comparto. Porque todo no es ni completamente bueno, ni completamente es malo. La sociedad, como la evolución no es opcional, sino órdenes impuestas por la vida.
Existen unas condiciones dadas en un momento dado a las que hay que responder adecuadamente. En mi opinión el hombre puede ser bueno o malo por tener la capacidad de razonar. Cuando catalogamos al hombre «malo» quizá es porque vemos en él al hombre que prefiere lo fácil, que se deja llevar por sus placeres y deseos, mentiras y autoengaños, por el sueño de la razón, que producen fantasías e ignorancia que no quiere superar.
Sí, el hombre se corrompe por sus vicios, por las condiciones de vida y las exigencias que implica el tener que sobrevivir. El hombre no es bueno por esencia, sino que tiene las herramientas para poder ser bueno, pero que depende del contexto donde se sitúe, las herramientas pueden jugarle en contra y hacer de él justamente lo contrario. Por lo tanto depende de nosotros y de «lo» y «los» que nos rodean, y sobre todo que nos quede claro que ese «paquete de herramientas» puede ser usado para bien o para el mal.
Alrededor de un siglo antes, Thomas Hobbes (1588-1679) asistía a la caída del feudalismo y al nacimiento de un nuevo orden. Los estados nacionales estaban emergiendo y el poder político cada vez se centralizaba más. En este contexto, Hobbes veía la monarquía absoluta como un modo de salir del estado de naturaleza, en el que el ser humano, malvado y cruel de nacimiento, vivía matándose y conspirando unos contra otros.
La sociedad, con sus normas y leyes, juega un papel crucial en la formación de la moralidad de un individuo. Desde la infancia, se nos enseña a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Se nos inculcan valores y se nos enseña a comportarnos de ciertas maneras.
Ahora bien, solo de una forma de pensar que coloque categorías morales en el reino natural puede derivar la idea de que el hombre puede ser moralmente bueno o malo por naturaleza, es decir, que la maldad o la bondad moral son una característica natural de la especie. Esta forma de pensar es religiosa.
Se trata de la antropología judeocristiana, según la cual los seres humanos son creaciones de Dios, a su imagen y semejanza. Estos serían buenos por naturaleza, porque son a imagen y semejanza divinas, aunque también podrían ser considerados malos por naturaleza, pues esta podría estar manchada por su forma de pensar.
En 1750 Rousseau se presenta en la Academia de Dijon, la cual había creado un concurso de ensayos (muy típicos de esa época) con el tema de: ”¿Han sido las ciencias y las artes beneficiosas para la moral de la humanidad?”. Rousseau ganó el concurso con un ensayo pesimista y que sin duda marcó sus posteriores obras e ideas.
Planteó esta crítica desde una hipótesis que chocaba frontalmente con el pensamiento imperante de la época, representado por Hobbes y su famosa frase del “hombre es lobo para el hombre”, y con la cual se justificaba que existiera un gran monstruo controlador, “El Leviatán”, un estado todopoderoso, para poder convivir unos con otros.
Como ya criticó en su anterior discurso, el origen del estado social es la propiedad. Rousseau, a diferencia de Hobbes, no pensaba que el hombre fuera malo por naturaleza, sino todo lo contrario. El hombre es bueno e inocente por naturaleza, lo que le corrompe es la sociedad.
En 1754 vuelve a escribir otro ensayo polémico, una durísima crítica a las instituciones y sociedad del momento como corruptoras del hombre libre y natural. En 1762 escribe sus dos mejores obras, «El contrato social” y “Emilio”.
Como ya criticó en su anterior discurso, el origen del estado social es la propiedad. Para proteger la propiedad se crean las leyes, y para que éstas se cumplan, aparece la autoridad. Es así como el hombre pierde su libertad y su bondad natural. Al hacerse las leyes para proteger a los ricos = propietarios, los pobres = no propietarios, se convierten en auténticos esclavos de los primeros, con leyes injustas y “no naturales”.
En 1762 escribe sus dos mejores obras, «El contrato social” y “Emilio”. En ellas establece ya unos planteamientos más maduros de su visión de la civilización, pero no sólo eso, aporta las posibles formas para poder cambiar al mundo y sus individuos.
Rousseau nos plantea una sociedad en la que volvamos a un estado parecido al que teníamos en nuestro estado natural. Su pensamiento se resume en su célebre frase “el hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado”.
Para evitar esto, cree que la mejor forma es crear un pacto social en el que cada uno se une a todos; el contrato se formaliza con la comunidad, un pacto entre la comunidad y el individuo. Dentro de esta comunidad se creará una “voluntad general”, distinta a la suma de las voluntades individuales, y que es el fundamento de cualquier poder político.
De este poder emana la “soberanía popular”, la cual es indivisible (otra vez en contraposición a los liberales políticos y sus teorías de división de poderes). Pero ¿cómo puede el hombre ser libre y a la vez renunciar a parte de su libertad dentro de la comunidad?
La moral, concepto muy analizado en este siglo, es entendido por Rousseau como lo “justo”, y lo justo es lo que beneficia al interés común. En ese momento ya no importa ceder parte de nuestra libertad y derechos personales pues la comunidad nos dará parte de la suya.
Escrita al mismo tiempo que El contrato Social, en el Emilio trata un tema del que casi nunca se había escrito antes: la educación a los niños. Hasta entonces no existía la “Infancia”, es decir, los niños eran tratados como pequeños adultos, no había un trato especial para ellos, siendo por tanto los más marginados de la sociedad.
En este ensayo vuelve a plantear sus ideales a través de la imaginación, en donde Emilio es un niño, imaginario, al cual le va enseñando un educador o él mismo. Partiendo de esa base, plantea que la educación debe adecuarse a cada momento de las etapas de crecimiento del niño. Así nunca hay que atribuirle al niño conocimientos que no tiene o razonamientos totalmente incomprensibles para él. Lo más importante no es enseñarles, sino estimularles el deseo de aprender.
En esta etapa es absurdo intentar explicar el entorno a través de libros o explicaciones, pues son incomprendidas por un niño que todavía no utiliza la razón.
A Rousseau no deberíamos tomarle como un “revolucionario”, nunca pasó del plano teórico; sin embargo, sus novedosos planteamientos abrieron muchas mentes para que en el siguiente siglo se pusieran en práctica gran parte de sus ideas.
Pero no sólo influyó en estos crepúsculos revolucionarios, sino que a partir de sus obras también se empezó a valorar la vida sana en la naturaleza, mal vista hasta entonces, con una nueva forma de ver y respetar el medio ambiente.
Y es aquí dónde entra en juego la responsabilidad como valor individual y social y, como ejemplo, es vertebral el caso de la vivienda. La Estadística Inmobiliaria del Colegio de Registradores publicada en el mes de septiembre refleja que el precio de la vivienda ha continuado su crecimiento con un incremento interanual del 8,3%, acumulando un ascenso del 36,2% desde 2014.
Por otra parte, el Banco de España en un estudio publicado el mes de agosto pasado indica que en los últimos años el precio del alquiler se ha incrementado en un 50%, con especial incidencia en las rentas más bajas y clases más desfavorecidas.
Por ello, con la mirada puesta en los efectos de la crisis que devastó España en los últimos lustros, la responsabilidad juega un papel trascendental. Responsabilidad en el mercado, en la oferta y en los compradores y arrendatarios.
Mantengo la convicción de que la honestidad está impresa en el código de barras de la humanidad. Probablemente la realidad no sea la de que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe, que mantenía Rousseau, pero seguro que no es, como afirma Segrelles, la de que que el hombre nace malo y la sociedad lo vuelve peor.
Por ello hay que lamentar la timorata e ineficaz regulación de la legislación española de la Segunda Oportunidad, que hoy se sustancia en nuestro ordenamiento jurídico en la Ley 25/2015, y que no permite en la práctica sacar de la “muerte civil” a quienes de buena fe se han visto imposibilitados al pago de sus deudas, muchas de ellas de carácter hipotecario.
"El primer hombre que colocó una verja alrededor de un pedazo de tierra, exclamando 'esto es mío' y que luego encontrara a gente que fuera lo suficientemente tonta para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad. Cuántas guerras, asesinatos y cuánta miseria hubieran podido evitarse, si tan solo uno hubiera arrancado un trozo de esa verja, gritando: 'Cuidado, no debéis creer al impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de Todos, pero la tierra no pertenece a nadie."
J.J. Rousseau falleció -al parecer- de un derrame cerebral, y a los dos meses de su muerte, tras la caída de Robespierre, la Convention Nationale hizo trasladar sus restos mortales en una marcha triunfal al Panteón de París. Y allí descansa.
Preguntas frecuentes sobre la naturaleza humana
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| ¿Qué dicen los estudios actuales sobre la bondad innata? | Diversas investigaciones han demostrado que los niños pequeños muestran comportamientos cooperativos y solidarios sin necesidad de aprendizaje previo, lo que sugiere una base biológica para la bondad |
| ¿Cómo influye la sociedad en nuestra naturaleza? | La sociedad actúa como molde: puede potenciar nuestros aspectos positivos o reforzar comportamientos egoístas, dependiendo de sus estructuras y valores. |
| ¿Puede la educación modificar nuestra inclinación natural? | Sí. |
