El Hada que Nació Sin Alas: Leyenda y Tradición

Hay leyendas terroríficas relacionadas con los castillos, los espíritus y los fantasmas; hay otras trágicas, las relacionadas con la muerte y con episodios derivados de la acción de seres del inframundo. Y también hay otras historias bonitas, llenas de ternura y bondad, que contrastan con las primeras.

En el corazón de estas narraciones, a menudo encontramos figuras mágicas como las hadas, seres de luz con una misión especial: proteger la naturaleza y ayudar a las personas. Se habla de seres mitológicos, pero hay verdaderas hadas de carne y hueso.

La Leyenda de la Cantamora en Peñaranda de Duero

Dicen que en la Torre del Homenaje del castillo de Peñaranda, en ciertas noches del año cuando la luna llena acaricia el horizonte, se oye la dulce voz de la Cantamora. Los más viejos del lugar cuentan que es un hada que quedó presa, atrapada, entre las paredes de piedra de la fortificada villa al sur de la provincia de Burgos. Las piedras de la fortaleza vigilan solemnes desde el alto y de vez en cuando, en esas noches luminosas como el día en las que la luna plena llena de luz la villa, por las callejuelas y plazas de Peñaranda se oye el canto amable y risueño de la Cantamora, o el Hada Encantada, que con dulzura acaricia los oídos de vecinos y forasteros.

Claro que, entre las realidades y las supersticiones, también hay un lado oscuro, porque dicen los sabios del lugar que Satanás también hace de las suyas y se pasea por la villa; que no iba a ser sólo la Cantamora quien diera rienda suelta a la fantasía salpicada de realidad. Y es que en Peñaranda también anda suelto el diablo que por las noches sale a hacer capturar almas y deja sus huellas allá por donde pasa, como en el monte de tierra roja. Ambas personificaciones del bien y del mal son muy habituales en todas las culturas, sean urbanas o rurales. Y en un lugar como Peñaranda de Duero más aún.

Porque la villa está ubicada en uno de esos lugares a los que podríamos denominar 'sitio de poder'. Es el lugar ideal en el que pueda anidar la leyenda del hada encantada Cantamora por la magia que reúne el lugar.

Las Hadas Castellanas: Encantadas y Anjanas

Y es que las hadas, según la tradición que se pierde en los tiempos, son unos seres mitológico. Estas hadas tienen una misión: proteger la naturaleza y ayudar a las personas. Las castellanas, las nuestras, son las 'encantadas', llamadas moras en el sur de la provincia y por influencia cántabra, en el norte de Burgos y Palencia, anjanas.

Jesús Callejo explica que algunas de las llamadas hadas encantadas o moras en Castilla tienen procedencia humana y «las leyendas suelen llamarlas princesas o moras a las que su padre ha castigado por enamorarse de algún infiel o por haber cambiado de religión».

Mari: El Hada Vasca por Excelencia

Mari es el hada vasca por excelencia. Callejo apunta que ciertas leyendas dicen que «su marido es Sugaar o Culebro que, según la Crónica de siete casas de Vizcaya y Castilla -de Lope García de Salazar, publicada en el año 1454- sería aquel ser que preñó a una princesa que vivía en Mundaca y de su unión nació don Juan Zuría, el primer Señor de Vizcaya».

La danza, la música y las hadas están unidas de manera íntima. Los ritmos cadenciosos del baile y los susurros musicales que estos seres de luz emiten están en la misma frecuencia. Es una mera coincidencia, pero tiene su importancia que el grupo tradicional de danzas castellanas de Peñaranda se llame como su hada. De ella toma el nombre.

El dulzainero del Ayuntamiento de Burgos Francisco Javier Plaza explica en su obra 'Peñaranda de Duero: de cómo la tradición sobrevivió a la decadencia y al abandono en la Castilla de la primera mitad del siglo XX' que, además del nombre del grupo, la Cantamora o Canta La Mora, es una «pieza a ritmo de 2/4 que fue coreografiada por Justo del Río para ser bailada sólo por mozas portando, como instrumento de ritmo y percusión, unas panderetas.

Y hay más tradición e historia relacionada con el baile; tanta como la que recoge el académico de la Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cádiz Domingo Jimeno en un artículo sobre el Castillo de Peñaranda, publicado por el Boletín de la Institución Fernán González en 1931. Habla de una tradición relativa a los casamientos.

Las Hadas en la Literatura y el Arte

Las hadas deben a la escritura sus alas. Inspirados en los ángeles de la Biblia, en los amorcillos alados greco-latinos y en la diosa Psique -habitualmente representada como una figura pequeña y con alas de mariposa-, los autores otorgaron alas a las hadas. A la redacción estos seres imaginarios les deben el no haberse perdido en el país del olvido. Y le deben a William Shakespeare (1564-1616) su belleza sin par, su poesía y su entrada en el teatro por la puerta grande.

Sueño de una noche de verano (1595) las expandió por la campiña inglesa y las inmortalizó en los escenarios. De la comedia Sueño de una noche de verano saltaron al Romanticismo, a la pintura de hadas y a la literatura gótica, adueñándose del universo fantástico de la era victoriana (1837-1901) -los estilos estéticos respetaron la imagen atractiva y bondadosa que Shakespeare les regaló a estos seres sobrenaturales de la tradición popular.

En la tradición popular, las hadas no aparecen desnudas. Dicen que las hadas pueden hacerse visibles a nuestros ojos si preparamos un ungüento con tréboles de cuatro hojas; dicen que si deseas ahuyentarlas no hay como la hierba de San Juan; dicen, también, que la acedera, el lirio y el perifollo son flores que anulan sus amenazas, porque hay hadas buenas y hadas enrevesadas.

Dicen que estos seres alados robaban caballos, los embrujaban y los hacían correr hasta dejarlos exhaustos (en Sueños de una noche de verano, Puck, duende al servicio del rey de las hadas -Oberón-, «atrae a los caballos imitando los relinchos de una yegua joven»). Dicen que sus cabalgatas son, en realidad, ejércitos de muertos y que si las espías mal final tendrás.

Las hadas dependen de las creencias populares, de la imaginación del autor que las invente y de la disposición del lector a admitir su existencia. De las creencias populares, que dieron vida a las leyendas orales, y de las obras que las recrean se escriben sus biografías.

La literatura medieval está poblada de criaturas mágicas y violentas. Pero el siglo XIX, tan rico en avances tecnológicos y científicos, regaló a las moralejas viejas un don especial. En Silvia y Bruno, Lewis Carroll (1832-1898) afirma que las hadas se hacen más visibles cuando el calor aprieta. Carroll informa a los niños buscadores de seres fantásticos: «La primera regla es que el día debe ser especialmente caluroso, eso no admite discusión».

El arcoíris ofreció a las hadas su paleta de colores para que escogieran aquel con el que querían ser identificadas. Ellas decidieron vestirse con los verdes de la naturaleza, así vivieran en las aguas, o bajo tierra, o en los robles y espinos, o en las frágiles flores o en el corazón de los bosques. No existe hada «original» que no lleve en sus alas pinceladas verdes.

Si las hadas te raptan -los entendidos dicen que suelen hacerlo por amor o por envidia-, o no regresas a tu cotidianidad o si lo haces descubres, por ejemplo, que lo que pensabas que en su mundo duró un día en el tuyo se ha llevado toda una vida; de modo que no reconoces, ¡qué espanto!, tu entorno cuando te devuelven a la realidad.

En los libros que leí de niña, a diferencia de la literatura oral donde los desenlaces solían dejar al oyente tiritando de miedo, se llega siempre a un final feliz. El final feliz es la recompensa al esfuerzo, al compromiso y a las buenas acciones, pues aunque parezca que es la vara mágica de las hadas la que resuelve los entuertos de las tramas… ¡no es así! Los marrones se transforman en bonanzas gracias a un cambio positivo en el comportamiento de los protagonistas.

Escribió Charles Perrault (1628-1703) en el prefacio de una de sus recopilaciones que los cuentos clásicos infantiles «son semillas que se lanzan, que al principio no producen más que movimientos de alegría o de tristeza, pero que hacen germinar las buenas intenciones».

Tres pequeñas hadas | Three Little Fairies in Spanish | @SpanishFairyTales

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