El eczema atópico en bebés o niños, también conocido como dermatitis atópica del bebé, es una afección frecuente que suele aparecer antes del primer año de vida. Igual que el de los adultos, el eczema infantil se caracteriza por piel enrojecida, irritada e inflamada. Además de un picor persistente, el eczema infantil provoca inflamación y se manifiesta como una dermatitis.
La piel puede perder mucha hidratación o descamarse y ocasionar lesiones parecidas a ampollas que supuran o se endurecen. El eczema en bebés y niños suele aparecer con mayor frecuencia primero en el rostro, los codos y las rodillas, ya que son zonas fáciles de rascar y expuestas a la fricción durante el gateo. Con el paso del tiempo, puede aparecer en el interior de los codos, las manos y, posiblemente, se observe inflamación o dermatitis infantil detrás de las orejas, los pies y el cuero cabelludo.
Sin embargo, es importante recordar que los síntomas del eczema en bebés y niños pueden variar de un caso a otro, por lo que es mejor acudir a un dermatólogo o pediatra si crees que tu hijo podría tener eczema o dermatitis infantil.
Causas del Eczema en Bebés
La inflamación, la sequedad, la irritación y otros síntomas del eczema infantil aparecen cuando un elemento del entorno provoca una reacción excesiva del sistema inmunitario. Existen muchas causas del eczema en bebés diferentes, incluidas la piel seca, los tejidos ásperos, los jabones, los detergentes, el calor, la transpiración, las infecciones y los alérgenos como el polvo, el polen o la caspa animal.
¿La causa? Disfunción de la barrera cutánea que da lugar la sequedad cutánea (llamada xerosis) y a la inflamación (de ahí las manchas rojas). Las causas de la dermatitis atópica son genéticas, hereditarias y ambientales. Más de la mitad de los niños que tienen piel atópica tienen un progenitor que también la padece.
Sin embargo, se ha observado que la atopia se desarrolla cada vez más en los países industrializados, probablemente debido a un cambio en el entorno, la contaminación, etc.
Factores de Riesgo
Existen diversos factores que predisponen a padecer dermatitis atópica:
- Genéticos o hereditarios: El riesgo aumenta si en la familia existe alguna persona que la padezca. Si una persona sufre dermatitis atópica, cada uno de sus hijos tiene un 40% de posibilidades de padecer la enfermedad y un 25% de tener rinitis, conjuntivitis o asma alérgico. Si ambos padres padecen dermatitis atópica, la probabilidad de que cada hijo la padezca aumenta a un 80%.
- La edad: El 60% de los pacientes se inicia en el primer año de vida, el 85%, en los primeros 5 años y sólo un 10% inician la enfermedad después de los 7 años.
- El estilo de vida occidentalizado: Los datos de prevalencia de la dermatitis atópica son del 15% en países desarrollados frente al 5% de los países en vías de desarrollo, y las cifras son más altas en las zonas urbanas y en las poblaciones con mayor nivel de vida.
- Vivir en ciudades o climas secos.
Síntomas del Eczema en Bebés
El eczema infantil puede extenderse a otras partes del cuerpo, pero casi nunca se manifiesta en el área del pañal por la humedad adicional. En los bebés y niños, las manchas rojas se localizan principalmente en el rostro (mejillas, debajo y detrás de las orejas), el cuello y las extremidades. El torso puede verse afectado.
Los síntomas de la dermatitis atópica, que alterna siempre episodios de mejoría con otros de empeoramiento, abarcan:
- Piel reseca y escamosa.
- Comezón o prurito.
- Grietas detrás de las orejas.
- Sarpullidos en las mejillas, brazos y piernas.
- Erupciones en el cutis y en la piel detrás de las rodillas, en las manos y los pies y en el área interior de los codos.
Las zonas donde se han producido lesiones persistentes pueden quedar blanquecinas, debido a una pérdida del pigmento transitorio o prolongado.
En casos muy graves, la piel de los niños puede infectarse con bacterias, virus o distintos tipos de herpes u hongos.
Además, el rascado al que con frecuencia impulsa el picor puede provocar enrojecimiento, hinchazón, rajaduras, llagas con secreciones de líquido claro, costra y piel gruesa.
Tratamientos para el Eczema en Bebés
Una buena forma de tratar el eczema infantil es conocer los síntomas y desencadenantes específicos de tu hijo, así como ayudar a mantener la hidratación de la piel con una rutina diaria a partir de limpiadores y lociones o cremas para la dermatitis suaves.
Los baños breves y con agua templada resultan ideales, y es mejor secar la piel presionando delicadamente en lugar de frotar. Inmediatamente después del baño, aplica una loción o crema para el eczema en bebés hidratante, sin fragancias ni sulfatos. En este sentido, un producto formulado con ceramidas puede ayudar a mantener la barrera cutánea.
Asimismo, puedes acudir a un pediatra o dermatólogo para que te recomiende una loción o crema para el eczema infantil que trate los síntomas. Aparte de esta rutina durante el momento del baño, vuelve a nutrir la piel a lo largo del día para conservar su hidratación, sobre todo ante la presencia de sequedad o irritación.
El tratamiento de los brotes de dermatitis atópica en niños
Consejos Adicionales para el Tratamiento
Tanto en fase de brote como en fase de remisión: aplicar sobre la piel todos los días los tratamientos específicos para el eczema atópico recomendados por el dermatólogo (dermocorticoides, cuidados emolientes). Más allá de los brotes: seguir aplicando diariamente un cuidado emoliente y un producto limpiador adecuado para espaciar los brotes al máximo.
Limpiar suavemente la piel atópica de bebés y niños
Lavar, pero con suavidad. No hay que utilizar productos que hagan mucha espuma: optar por geles espumosos especiales para bebés, aceites o geles 2 en 1. Realizar duchas o baños cortos (no más de 5 minutos) porque el agua dura reseca la piel, y asegurarse de que el agua no está demasiado caliente (35 °C como máximo) porque el calor puede reactivar la inflamación. Aclarar bien el limpiador con agua limpia y secar con toquecitos, sin frotar. Optar por toallas de baño suaves, lavadas con un detergente hipoalergénico, sin suavizante y secadas en la secadora si es posible.
Nota: si dispones de tiempo, un baño por la mañana puedes refrescar y calmar al bebé después de una noche de sueño difícil en caso de picores.
Si el bebé tiene piel atópica es importante elegir el cuidado limpiador. Este cuidado limpiador emoliente debe ser:
- Relipidizante y antiinflamatorio: la piel atópica es siempre muy seca e inflamatoria, por lo que es importante tener una acción relipidizante y antiinflamatoria nada más ducharse para preparar, potenciar y completar la acción de los cuidados hidratantes emolientes, aplicados posteriormente.
- Respetar el pH de la piel: los productos limpiadores deben tener un pH ácido (ligeramente inferior a 5,5) para reducir el pH de la piel atópica. Se recomienda utilizar productos sin jabón.
Hidratar a diario la piel atópica del bebé
Aplicar una crema emoliente adecuada para la piel atópica una o dos veces al día, o en los cambios de pañal. Lo ideal es aplicarla también poco después del baño o la ducha para mantener la piel lo más hidratada posible.
Elige una crema, un bálsamo o una leche emoliente según la textura que prefieras y que tu hijo acepte mejor: la textura de las cremas o bálsamos es untuosa y confortable, ideal para las pieles más secas; la textura de las leches es más fresca y ligera, apropiada para la sequedad moderada.
Elige siempre un producto hipoalergénico para el cuidado de la piel: la piel atópica es una piel alérgica. Se recomienda aprovechar el momento de aplicar el emoliente en la piel de los pequeños para crear un momento de relajación. Esto tendrá un efecto calmante muy beneficioso. Lo mejor es asegurarse de que el niño está cómodo (¡y el cuidador también!) y de que la temperatura de la habitación sea agradable. Y cuando se aplique el tratamiento, masajear todo el cuerpo con movimientos amplios para relajarlos.
10 Consejos para Controlar la Dermatitis Atópica
Adoptar una serie de hábitos puede ayudarnos a prevenir y/o mejorar los brotes de esta enfermedad:
- Mantén limpia tu piel: Opta por la ducha antes que por el baño; usa agua tibia en vez de caliente; elige un gel de baño de pH ácido, pero no en demasiada cantidad; y no frotes la piel demasiado fuerte cuando te seques.
- Hidrátate con frecuencia: En los tres minutos posteriores a la ducha, debes aplicar un producto emoliente, que te ayudará a mantener la humedad de la piel. Los expertos recomiendan, sobre todo, el empleo de cremas hidratantes específicas. Las lociones y aceites son menos efectivos para personas con dermatitis atópica.
- Controla el sudor: Tras el deporte o el ejercicio físico, es necesario que te laves o duches inmediatamente. Evita también abrigarte en exceso, si no hace demasiado frío, para no pasar calor y evitar así la transpiración.
- Apuesta por los tejidos naturales: Utiliza prendas de algodón o lino y evita las de fibras sintéticas o las lanas, que son más ásperas y pueden provocarte picor. Acuérdate de eliminar siempre las etiquetas y asegúrate de que la ropa queda bien aclarada, sin restos de detergente, cuando la laves. El calzado debe ser de cuero y estar bien aireado.
- Elimina los picantes y los excitantes de tu dieta: Es conveniente que, además de los alimentos a los que sean alérgicos, prescindan en su dieta de aquellos ácidos como los cítricos, el tomate y los frutos secos, así como de excitantes como el café, el cacao y el alcohol. También alimentos como las fresas o el marisco pueden desencadenar el prurito por su alto contenido en histamina
- Evita los alérgenos e irritantes que más te afecten: Mantén tu entorno libre de todas las sustancias que puedan producirte reacciones alérgicas como el polvo, los ácaros o el pelo de los animales. Igualmente, aléjate de las sustancias que puedan irritar tu piel, como algunos detergentes y perfumes o la exposición a humos.
- Evita la sequedad ambiental: Controla la temperatura y la humedad de tu casa para evitar que tu entorno sea demasiado seco. Lo ideal es que el termómetro no supere los 20 grados y el barómetro indique un 50% de humedad ambiental. Para lograrlo, no abuses de la calefacción y, si es necesario, recurre a humidificadores.
- Toma el sol, pero sin riesgos: La exposición al sol suele mejorar la dermatitis atópica, pero debe hacerse siempre protegiéndose de sus efectos nocivos, utilizando un fotoprotector adecuado y evitando la exposición en las horas centrales del día. También puedes bañarte en el mar o la piscina, siempre y cuando no tengas demasiadas lesiones y te apliques una crema hidratante al salir del agua.
- Aprende a relajarte: El estrés es otro de los factores que puede desencadenar o empeorar la enfermedad, por lo que es conveniente tratar de mantener la calma en las situaciones complicadas. Te puede ayudar a conseguirlo aprender técnicas de relajación y respiración y practicar actividades como el yoga, el taichí o la meditación.
- Registra cuándo te rascas: Trata de mantenerte alerta y registrar en un diario las situaciones en las que te rascas más o los factores o estímulos que te incitan a hacerlo, con el fin de tratar de evitarlos en el futuro.
