San Fermín: Origen y Celebración en Pamplona

San Fermín, una de las festividades más conocidas de España, se celebra en honor a San Fermín de Amiens, patrón de Navarra. La fiesta es mundialmente conocida por los encierros, eventos en los que los participantes corren delante de toros por las calles de la ciudad. Sin embargo, San Fermín es mucho más que los encierros; es una fiesta llena de cultura, tradición y celebración que atrae a miles de visitantes de todo el mundo.

Encierro de San Fermín en Pamplona

¿Dónde se celebra San Fermín?

El epicentro de las fiestas de San Fermín es Pamplona, capital de Navarra. Durante nueve días, esta ciudad del norte de España se transforma por completo para acoger a visitantes de todo el mundo. Las calles del casco histórico, especialmente el barrio de San Nicolás y la plaza del Ayuntamiento, se llenan de color, música y emoción.

¿Cuándo es San Fermín?

San Fermín se celebra anualmente del 6 al 14 de julio. La fiesta comienza oficialmente al mediodía del 6 de julio con el lanzamiento del chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona y concluye la medianoche del 14 de julio con el canto del "Pobre de Mí", una canción de despedida que marca el final de las festividades. Durante estos nueve días, la ciudad de Pamplona se llena de actividades, eventos y celebraciones en honor a San Fermín.

Historia de San Fermín

La historia de San Fermín tiene sus raíces en la combinación de eventos religiosos y ferias comerciales que se remontan a la Edad Media. San Fermín fue el primer obispo de Pamplona y es uno de los santos patronos de Navarra. Las festividades en honor a San Fermín comenzaron como una celebración religiosa, pero con el tiempo incorporaron elementos populares y seculares, como los encierros y las fiestas en la calle.

Los orígenes de las fiestas de San Fermín se remontan a la Edad Media y están relacionados con tres celebraciones: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados a partir del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV. En los inicios, la fiesta conmemorativa de San Fermín se celebraba el 10 de octubre, pero en 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fecha original a julio y hacerla coincidir con la feria. De este modo nacieron los Sanfermines. En su primera edición duraron dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros.

Las crónicas de los siglos XVII y XVIII hablan de actos religiosos junto a músicos, danzantes, gigantes, torneos, saltimbanquis, encierros y toros y de la preocupación del clero por los abusos en el beber y el libertinaje de mozos y mozas. También relatan la presencia de gentes de otras tierras que con sus espectáculos hacían «más divertida la ciudad». Con el siglo XX los Sanfermines alcanzaron su máxima popularidad. La novela «The sun also rises» («Fiesta»), escrita por Ernest Hemingway en 1926, animó a personas de todo el mundo a participar en las fiestas de Pamplona.

¿Por qué el pañuelo rojo en San Fermín?

Uno de los símbolos más icónicos de estas fechas es el pañuelo rojo que los participantes llevan atado al cuello. Se dice que representa al martirio de San Fermín y se coloca justo después del lanzamiento del chupinazo. Llevarlo es una forma de identificarse con el espíritu de la celebración y formar parte de la comunidad festiva.

¿Qué hacer en San Fermín?

Durante las fiestas de San Fermín, Pamplona se transforma en un escenario lleno de actividades y eventos. Estas son algunas de las actividades por hacer:

El Chupinazo

La fiesta comienza oficialmente al mediodía del 6 de julio con el lanzamiento del chupinazo, un cohete que se dispara desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona. Este evento marca el inicio de las festividades y reúne a una multitud en la Plaza del Ayuntamiento.

El Chupinazo en Pamplona

Encierros

Uno de los eventos más emblemáticos de San Fermín son los encierros, que se celebran cada mañana del 7 al 14 de julio. Los participantes corren delante de los toros por un recorrido de 849 metros que va desde los corrales de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros de Pamplona.

Procesiones y eventos religiosos

El 7 de julio se celebra una procesión en honor a San Fermín, que recorre las calles del casco antiguo de Pamplona. Además, hay misas y otros actos religiosos durante toda la semana.

Corridas de toros

Cada tarde, después de los encierros, se celebran corridas de toros en la Plaza de Toros de Pamplona, donde los toreros lidian con los toros que participaron en los encierros.

Actividades culturales, gastronómicas y de ocio

Desfiles de gigantes y cabezudos, conciertos gratuitos, música en vivo en las plazas, espectáculos de fuegos artificiales, muestras de folklore navarro, exposiciones y visitas guiadas al recorrido del encierro.

Tal y como describiremos con más detalle a continuación, san Fermín, según narra la tradición, vivió en la segunda mitad del siglo III y fue el primer obispo de Pamplona, su ciudad natal, y, más tarde, de Amiens (Francia), adonde le condujo su infatigable actividad misionera y donde sufrió el martirio por decapitación, durante la persecución del emperador del Diocleciano.

Las noticias de su vida han llegado a nosotros por medio de las Actas de la vida y del martirio de san Fermín, redactadas probablemente hacia el siglo VI en su parte más esencial que habría sido ampliada posteriormente, y de los breviarios medievales. A pesar de que su existencia no puede testimoniarse con documentos históricos, no podemos concluir que san Fermín sea fruto de la devoción popular o de leyendas hagiográficas. No parece lógico que la lápida con la inscripción “Firminus M.” (“Fermín mártir”), hallada en Saint Acheul (Francia) cerca de Amiens, lugar donde la tradición afirma que fue enterrado el santo obispo tras su martirio, diera origen al culto que allí se empezó a tributar a san Fermín. Y, más aún, que a ese santo se le atribuyese como lugar de procedencia Pamplona, ciudad situada a mil kilómetros de distancia de Saint Acheul, impidiendo, además, que ninguna Iglesia de Francia pudiera apropiarse de un hijo tan ilustre. De modo que algún fundamento tuvieron aquellos cristianos de Amiens para atribuir al mártir y obispo un origen tan lejano y para muchos de ellos desconocido.

Por otra parte, la diócesis de Pamplona cuenta actualmente con un obispo, que tuvo un antecesor, que a su vez sucedió a otro, y éste a otro, etc. Alguna vez, uno de ellos tuvo que ser el primero. Según cuenta la tradición, san Fermín nació, a mediados del siglo III, en Pamplona -Pompaelo en aquél tiempo-, ciudad romana situada al norte de la provincia de Hispania del Imperio Romano, ahora capital de la provincia de Navarra (España). En aquél tiempo, en esta región se daba culto a los dioses romanos. Vino por aquél entonces a Pamplona para anunciar el evangelio el presbítero Honesto.

Según Goñi, San Fermín nació a mediados del siglo III en la romana Pompaelo, actual Pamplona, primogénito de un senador local, Firmo. Años después de su nacimiento llegó a la zona el predicador Honesto, discípulo de Saturnino de Toulouse (Francia) dispuesto a evangelizar una región en la cual todavía se veneraba a los dioses romanos.

Tras persuadir a los Firmo, Honesto volvió a Toulouse para informar a Saturnino de sus progresos. Éste decidió trasladarse a Pamplona, dónde convirtió en masa al pueblo pamplonica al cristianismo, incluyendo al joven Fermín. Convencido de haber hecho lo correcto al abandonar los dioses paganos, Firmo entregó a su primogénito a Honesto para que le formara en la doctrina cristiana.

Recién cumplidos los treinta años, Fermín abandonó su tierra por última vez para evangelizar las tierras de las Galias vecinas. Allí visitó Agen y Anjou, y después Beauvais, a dónde se dirigió, según Goñi «con entusiasmo y gozo, dispuesto a padecer por Cristo habiéndose enterado de que Valerio, gobernador de los belovacos, perseguía a los cristianos y los martirizaba».

El siguiente destino de San Fermín fue Amiens, dónde acabaría sufriendo martirio a manos de Sebastián, el gobernador de la provincia, quién, azuzado por la persecución religiosa contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano, mandó apresarlo y decapitarlo.

«Ordenó sus soldados que lo prendieran y lo encerraran en la cárcel, indicándoles que lo decapitaran silenciosamente por la noche y que escondieran su cuerpo para que no lo encontraran los cristianos y le tributaran honores» escribe Goñi. Según el prefecto de liturgia, Sebastián tenía reservado al cuerpo del santo un destino cruel: «descuartizarlo y desparramarlo por los campos para que los cristianos no lo encontraran».

Fue también en Amiens donde se inició el culto al santo pamplonica. Según Goñi, «la tradición habla del hallazgo de sus reliquias a comienzos del 615. En Pamplona el culto a la figura de San Fermín no llegaría hasta 1186, cuando el obispo Pedro de París recibió unas reliquias del cráneo del mártir. Sin embargo, el culto al mismo pronto crecería en intensidad hasta el siglo XVII, cuando se inició una disputa entre seguidores de San Fermín y de San Francisco Javier, patrocinado por los jesuitas.

Pese a estos datos, los detalles que se conservan de su biografía aparecen entremezclados con retazos legendarios e incluso no son pocos los que se plantean si de verdad existió. Otros, sin embargo, encuentran motivos suficientes para defender que el santo vivió de verdad.

«A pesar de que su existencia no puede testimoniarse con documentos históricos, no podemos concluir que San Fermín sea fruto de la devoción popular o de leyendas hagiográficas», explica Goñi en su texto. «Algún fundamento tuvieron aquellos cristianos de Amiens para atribuir como lugar de procedencia Pamplona, ciudad situada a mil kilómetros de distancia, al mártir y obispo, en lugar de permitir que alguna Iglesia de Francia pudiera apropiarse de un hijo tan ilustre». Además, recuerda que «la diócesis de Pamplona cuenta actualmente con un obispo, que tuvo un antecesor, que a su vez sucedió a otro, y éste a otro.

De la guía Sanfermines, 204 horas de fiesta. Culto al santo. Fermín, su hijo, fue educado por Honesto y, cuando tuvo diecisiete años, comenzó a predicar por los alrededores. Más tarde, a los veinticuatro, fue consagrado obispo por Honorato, que era prelado de Toulouse.

A la edad de treinta y un años, Fermín marchó a predicar el Evangelio a las Galias: en un primer momento, estuvo en Aquitania, Auvernia y Anjou; más tarde, en Amiens, donde consiguió muchas conversiones, sufrió cárcel y, con posterioridad, el martirio por decapitación, un veinticinco de septiembre.

Su cuerpo fue sepultado en secreto por algunos cristianos, apareció siglos después, el trece de enero del año 615, en el episcopado de san Salvio, y fue trasladado a la cercana ciudad: unos magníficos relieves góticos del siglo XV, labrados en el trasaltar de aquella catedral que conserva los restos del santo, narran esta historia.

La leyenda nació hacia el siglo IX en la localidad francesa de Amiens, y desde allí llegó a Pamplona en el siglo XII, convirtiéndose en un santo de devoción para cientos de pamploneses.

Cuenta la leyenda que Firmus, un senador que vivía en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, era gobernador general de la región y tenía un hijo llamado Fermín. Así se recoge en uno de los primeros textos que se conocen acerca de la leyenda de San Fermín, el del escritor Jacobo de Voragine titulado “La leyenda dorada” y que data de 1264.

Al parecer, Firmus confió la educación de su hijo Fermín al presbítero Honesto, quien envió a Fermín a realizar sus estudios a Toulouse y pidió al arzobispo de la localidad que lo ordenase sacerdote para que pudiese predicar la fe cristiana. Así lo hizo, y Fermín volvió a Pamplona con la misión de evangelizar, consagrado ya como obispo, donde permaneció hasta los 31 años, antes de marchar a las Galias.

Fermín primero estuvo en Agen, luego en la comarca de Beauvais y por último en Amiens donde, tras soportar la persecución romana, convirtió, según cuenta la leyenda, en tan sólo cuarenta días, a tresmil personas. Parece ser que a los gobernadores romanos no les hizo especial gracia y, tras detenerlo y encerrarlo en la cárcel, lo degollaron en secreto un 25 de septiembre, que es la fecha en la que se recuerda su martirio.

Esta leyenda recogida en el texto de Jacobo Vorágine data su origen en la Alta Edad Medía, en la localidad francesa de Amiens, capital de Picardía, situada a unos 150 km. de París. Aunque no existe una fecha exacta, los primeros datos históricos la sitúan en el siglo IX.

Para los habitantes de Pamplona, que existiera un santo que, además, había sido el primer arzobispo de Pamplona, fue un auténtico hallazgo; cambiaron parte de la historia francesa adelantando la evangelización de la capital navarra al siglo I, dato que contradecía la fecha de la leyenda de Amiens, que la situaba en el siglo III.

Distintos cronistas navarros recogieron esta versión y la fueron adornando cada vez más. Con el paso del tiempo, el culto a San Fermín se fue acrecentando en las dos localidades, con particularidades locales.

En el siglo XVIII se dieron a conocer “Las Actas Sinceras”, de Miguel Joseph de Maceda, que mostraban la versión pamplonesa de la leyenda. Algún tiempo más tarde, cuando el texto llegó a Amiens, se suscitó una gran polémica respecto a la fecha, ya que la tradición pamplonesa decía que San Fermín había vivido en el siglo I, y la de Amiens, en el siglo III.

Ya en el siglo XX, en la década de los 70, el bibliotecario de la Catedral de Pamplona, José Goñi Gaztanbide, después de investigar sobre el tema llegó a la conclusión de que la historia de San Fermín era “legendaria e inverosímil”, ya que no disponía de base histórica alguna. Posteriormente, el historiador Jimeno Jurío realizó un exhaustivo trabajo de investigación que confirmó tales sospechas.

La procesión en honor a San Fermín se remonta en el tiempo, probablemente tanto como el culto mismo que Pamplona le tributa. Jesús Arraiza escribe en su obra “San Fermín patrono” que, aunque se desconoce con certeza, la costumbre pudo haberse iniciado hacia 1187, cuando el obispo Pedro de Artajona trae de Amiens la primera reliquia del mártir, e impulsa su veneración en Pamplona.

Por su parte, José María Corella, en su trabajo “Sanfermines de ayer”, apunta la existencia de testimonios gráficos de dudosa autenticidad en los que se puede apreciar que, ya en la segunda mitad del siglo XV, había en Pamplona desfile de caballicos que bailaban en la procesión. Sin embargo, a diferencia de los actuales ‘zaldikos’ de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, la gaita la tocaban entonces los mismos bailarines mientras se movían con sus caballos de madera, compitiendo al parecer entre ellos por realizar la pirueta más vistosa.

José María Corella también apunta que el primer testimonio documental fehaciente, en el que consta la procesión de San Fermín, está fechado en 1527, cuando todavía se celebraba Sanfermin el 10 de octubre. En aquella época ya acudía el Ayuntamiento a la Catedral a recoger al Cabildo para asistir a la procesión y al acto litúrgico posterior en San Lorenzo, donde se rendía culto al santo desde antiguo.

San Fermín es un santo muy especial porque durante las fiestas acuden a él a pedirle favores o pedirle protección en el encierro tanto devotos fieles como otros que no creen en nada. Desde el siglo XIV, existía una capilla dedicada a San Fermín. Era gótica y de reducidas dimensiones. En el siglo XVII, el Ayuntamiento, muchos ciudadanos de Pamplona y de otras partes de Navarra y América se involucraron en costear económicamente la construcción de un templo nuevo (el que ahora conocemos). Por ello, la gente de Pamplona y de Navarra consideran al santo y su capilla como una cosa casi suya, y así se ha transmitido de generación en generación.

La capilla de San Fermín está construida junto a la parroquia de San Lorenzo, al final de la calle Mayor de Pamplona. Para acceder a la capilla, hay que entrar por la puerta de la parroquia o por la calle San Francisco. La capilla de San Fermín se comenzó a construir en 1696 y se terminó de construir en 1717. El siete de julio de ese mismo año se inauguró. El arquitecto original es Santiago Raón, y su proyecto fue continuado por Juan de Alegría y Martín de Zaldúa, manteniendo el estilo barroco del proyecto original.

Una de las anécdotas más importantes sobre la capilla es que en el siglo XVIII, a resultas de varios pleitos entre el Ayuntamiento de Pamplona y la Obrería de San Lorenzo, se planteó la posibilidad de construir un nuevo templo en el lugar que actualmente ocupa el Paseo Sarasate. En el Archivo Municipal de Pamplona se guardan planos y bocetos de esta obra que nunca llegó a realizarse y que firma Juan Lorenzo Catalán.

En cuanto a lo que sí ocurrió de verdad en la capilla de San Fermín es que en 1800 se realizaron reparaciones urgentes a cargo de Santos Ochandategui, que le dieron el actual aspecto neoclásico, y de las que se hizo cargo el Ayuntamiento de Pamplona. En 1823, la linterna de la cúpula de la capilla tuvo que ser reconstruida tras la demolición e incendio posterior al bombardeo de Pamplona por parte de los ‘Cien mil hijos de San Luis’.

La efigie de San Fermín está alejada dentro de la capilla en un altar específico. El original tenía 17 metros de altura, pero fue sustituido por otro en 1819. Las esculturas y relieves que podemos ver ahora son de Anselmo Casanova, con proyecto de Pedro Onofre. Las vidrieras son obra de Mayer y están fabricadas en Londres.

Esta asociación se fundó en 1885, en gratitud a los favores de San Fermín quien, según la tradición católica, protegió a la ciudad de Pamplona de varias epidemias que mermaron las poblaciones cercanas. Tiene su sede en el despacho parroquial de San Lorenzo, en la calle Mayor 74 de Pamplona, ya que el párroco siempre preside la junta de gobierno de la Corte que además integran un secretario, un tesorero y cuatro vocales. Su objetivo principal es mantener el culto (cristiano católico) y promover la devoción a San Fermín. En este momento esta promoción, más allá de la iniciativa singular de algunos cortesanos, se ciñe al mantenimiento material de las reliquias de San Fermín y al acompañamiento en la celebración de las grandes fiestas.

La Corte celebra a San Fermín: el segundo domingo de enero es la fiesta de las reliquias, que conmemora el traslado de las mismas desde Amiens (Francia) a Pamplona. El 6 de julio tienen lugar las Vísperas de San Fermin, el 7 de julio se celebra el día del patrón, con procesión, a la que se suma la junta de la Corte y los miembros que lo desean, y la posterior celebración religiosa en la capilla del santo. El día 14 de julio se celebra a las 11.00 la Octava (siete días después del día del santo), a la que asiste el Consistorio en cuerpo de ciudad como cierre religioso de fiesta de Sanfermin.

Además, en septiembre se festeja el día grande de San Fermín desde el punto de vista religioso. El día 25 se conmemora el día del Martirio de San Fermín, que va precedido desde el día 17 de una novena dedicada al santo (nueve funciones religiosas).

El Archivo de la Casa de Misericordia y el Archivo Municipal de Pamplona ofrecen un tratamiento profesional a las donaciones sobre Sanfermin. Existen dos archivos que están interesados en conservar y catalogar todo lo que tenga relación con Sanfermin. Uno es el Archivo Municipal de Pamplona y, el otro, el Archivo de la Casa de Misericordia de Pamplona. Ambas instituciones aceptan donaciones altruistas con el objetivo de conservar el recuerdo de la fiesta, y ofrecen profesionalidad en el tratamiento de los datos, la transmisión y defensa de la propiedad intelectual y la conservación y custodia de los documentos.

El Archivo Municipal de Pamplona conserva la mejor fototeca sobre la fiesta y el encierro que existe, especialmente, tras los legados fotográficos de Zubieta y Retegui o José J. Arazuri. También conserva la mayor colección de carteles y programas de mano de Sanfermin, los planos y documentos relacionados con la capilla del santo y el registro de toda la actividad municipal en relación con la fiesta. Su responsable es Ana Hueso y se puede contactar con el archivo aquí.

Otro Archivo menos conocido es el de la Casa de Misericordia de Pamplona, que pertenece a la Fundación de la Meca y no tiene ánimo de lucro. Allí se custodian 300 añ...

Es sin duda uno de los santos más conocidos, sirvió de inspiración a un premio Pulitzer (A Hemingway en su novela «Fiesta») y las celebraciones que cada siete de julio le rinden tributo convocan a miles de corredores de todos los rincones del planeta. Entre lo que se sabe del santo, cabe destacar que el siete de julio no fue una fecha significativa en su vida ni en su muerte.

Según cuenta la leyenda, San Fermín era hijo del jefazo romano de Pamplona hacia el siglo III. Un cura francés que estaba de visita por aquí, San Saturnino, lo convirtió al cristianismo, así que se fue a Toulouse (Francia) a hacer un máster de obispo y volvió para liberar al pueblo trabajador de sus supersticiones. Luego regresó otra vez a Francia, cristianizó a miles de paganos y se quedó a vivir en Amiens.

Alguna bronca debió de tener con las autoridades, porque acabó torturado y degollado. Su cuerpo reposa en Amiens, aunque anda repartido por ahí en forma de reliquias (en Pamplona hay tres).

La verdad es que con este curriculum, es una ironía que le den tu nombre a una bacanal famosa en todo el mundo. Así es la vida. De todos modos no todo en estas fiestas es juerga. Al santo le dedicamos una procesión muy bonita el día de su onomástica y él, en agradecimiento, nos hace de doblador en los encierros protegiendo a los corredores: es lo que llamamos el famoso “capotico de San Fermín”.

Aqui hay un propuesta para un video:

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