En 1554, aparecieron las primeras ediciones de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Se trata de una obra publicada de forma anónima en la que Lázaro, su protagonista, relata en primera persona y en formato epistolar sus aventuras y desventuras desde su nacimiento, junto al río Tormes, hasta llegar a su posición actual.
La fama primera del Lazarillo debió de producirse gracias al boca a oreja. Antes de pasar a las prensas corrió en copias manuscritas que se leerían o escucharían con avidez y sorpresa. La sorpresa radicaría en que antes del Lazarillo no existía eso que llamamos novela.
Un Secreto Misterioso
Un gran misterio del Lazarillo está en su revolucionaria invención, o intuición, de un género, la novela moderna, definitivamente formulada medio siglo más tarde por Cervantes con El Quijote. Un género o incluso, dentro de él, una variante específica, la picaresca. El Lazarillo pertenece a esa clase de obras que no agotan nunca su sentido. O que tiene muchos distintos pero no irreconciliables. Nada hay que objetar a quien todavía la considere como un testimonio colectivo de época, próximo a la denuncia social. También cabe ver en la novelita una historia de maduración -todo lo que cada uno tenemos que descubrir acerca del mundo para hacernos mayores- más resignada que cínica. El Lazarillo es una novela tan divertida como ácida, tan amena como inquietante. Bajo lo transparente (las cornadas del hambre) late la dignidad ofendida que se excusa sin mucha protesta.
Estos múltiples sentidos y posibilidades de una obra abierta, más la certera intuición de un estilo creativo, sobrio y eficaz, y parte la destreza para ensartar historias cada una de su padre y de su madre, no agotan la explicación de la obra. El Lazarillo ha producido una bibliografía que multiplica por miles su escuálida dimensión. Acaso no quede de él ni una coma sin comentar. Con los renovadores trabajos y enfoques de García de la Concha, Lázaro Carreter o Rico sabemos más o entendemos mejor la obra. La releemos y su encanto se mantiene intacto, aunque no virginal. Sucede con algunas obras geniales, hijas de la intuición más que del estudio, que esconden una clave difícil de desvelar. El Lazarillo complace y da que pensar. Tiene hoy una vigencia como si su primera tinta estuviera fresca. Su mundo, históricamente tan alejado de nuestro, resulta de una enorme proximidad material y emocional. Pero no sabemos con qué materia se destiló tal prodigio. Esta subyacente historia de lo mucho que cuesta al desgraciado hacer se su propio lugar en la vida guarda un secreto misterio.
En 1553, o acaso a finales de 1552, empezó a circular por España un tomito de aspecto humilde (64 folios en octavo, es decir, en formato de bolsillo) que no ha llegado hasta nosotros pero que hoy podemos reconstruir con la ayuda de las ediciones conservadas a partir de 1554. En la cubierta se leía: «La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades». Tenemos la certeza de que el texto no respondía siempre fielmente a la voluntad de quien lo compusiera, y ese título, en concreto, sin duda le era ajeno (entre otras razones, porque al lacerado protagonista se le llama «Lazarillo» sólo una vez en todo el relato, y sólo por hacer un chiste, mientras él insiste en que su nombre no es otro que «Lázaro de Tormes»). El contenido satisfacía cumplidamente la curiosidad.
Lázaro de Tormes es un pregonero de Toledo que cuenta en primera persona, estilo llano y tono jocoso cómo ha llegado al «oficio real» (a ser funcionario, diríamos ahora) y a las circunstancias familiares en que se encuentra en el momento de escribir. Nacido en un molino a orillas del Tormes, a un tiro de piedra de Salamanca, su madre, viuda y necesitada, lo puso al servicio de un ciego cuyas astucias y malas artes le abrieron, paradójicamente, los ojos a la vida. Entró después en casa de un clérigo infinitamente avaro, con quien hubo de reñir una batalla tan tenaz como ingeniosa (y al cabo sangrienta) para no perecer de hambre. Su tercer amo fue un presuntuoso escudero arruinado, al que no obstante Lázaro terminó por cobrar cariño, hasta el punto de mendigar para mantenerlo. Un vendedor de bulas (presumiblemente falsas) le enseñó luego a callar y no meterse en asuntos que no le concernieran muy directamente. Tras una temporada con un alguacil, en un quehacer arriesgado e ingrato, Lázaro, en fin, ha conseguido un empleo de pregonero municipal, gracias a la protección del arcipreste de San Salvador, con cuya criada, además, se ha casado y vive feliz.
Es en esa etapa cuando Lázaro de Tormes se resuelve a consignar la relación de todas sus pasadas «fortunas, peligros y adversidades», para dar así contestación a la pregunta de un corresponsal anónimo (a quien trata de «Vuestra Merced») acera de cierto episodio que en los primeros párrafos queda sin precisar: «Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso…». Pero en las últimas páginas se descubre que el episodio en cuestión son los rumores que corren por Toledo sobre si la mujer del pregonero es o no barragana del Arcipreste: «Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso…». Sólo entonces se advierte, retrospectivamente, que las estampas autobiográficas que Lázaro ha ido presentando a lo largo de la carta a su merced están en buena parte orientadas a explicar el comportamiento que practica o los toledanos le atribuyen en relación con tal «caso»: transigir con la situación y no abrir la boca, para no perder la modesta prosperidad y el relativo bienestar que a la postre ha conseguido.
En los dos mil años de la literatura occidental no se había escrito otro libro como ese que al mediar el Quinientos llegaba a las manos de los españoles (y pronto de todos los europeos, traducido al italiano, al francés, al inglés, al alemán, al flamenco y hasta al latín). Pocos podían rivalizar con él en gracia y en ingenio, a la vez que en una ironía benévola -y sin embargo implacable- alzada a visión del mundo relativista y rebosante de humanidad. Es posible que nunca antes un personaje de la pobre categoría de Lázaro hubiera recibido una atención tan amplia y tan minuciosa, tan respetuosa con el punto de vista que un pregonero en sus condiciones podría haber tenido de sí mismo, y tan centrada en la materialidad y en los pormenores cotidianos de la existencia.
Pero, como sea, nos consta que no se conocía ningún otro relato en prosa con las singulares características, con la insólita ontología -digámoslo así-, del Lazarillo de Tormes. Porque el tal librillo ¿era historia o era ficción? Ficción no lo parecía, porque hacia 1553 no tenía curso corriente ningún género de prosa de imaginación que se atuviera íntegramente a los criterios de probabilidad, experiencia y sentido común que gobiernan la vida y el lenguaje de todos los días. Desde luego, como se presentaba era como historia, como «carta mensajera», en principio estricta y escrupulosamente verídica, a la manera de tantas otras que entonces estaba de moda publicar. (De ahí que al verdadero autor no se le pasara por la cabeza revelarnos su nombre, que sigue ocultándosenos, y probablemente sin remedio: en rigor, el Lazarillo no es un libro anónimo, sino más bien un libro apócrifo, atribuido a un falso autor, el propio protagonista, Lázaro de Tormes.)
¿Historia o Ficción?
Nada de cuanto en él se refería, en efecto, llevaba a pensar en los temas y en los modos distintivos de la ficción literaria en la edad del Renacimiento; todo, por el contrario, estaba poblado de cosas y personas tan vulgares, tan naturales y, en apariencia, tan verdaderas, que en la época no podían despertar ninguna sospecha de ser pura creación de un fabulador. Todo, digo, salvo un primer detalle: todavía en los comienzos de su carta, Lázaro contaba el amancebamiento de su madre con un esclavo negro. Lo hacía con delicadeza y afecto, pero no lo encubría. Y ¿quién en el siglo XVI se hubiera atrevido a escribirlo poco menos que con todas las letras? El dato no podía sino levantar un serio recelo (¿no sería todo aquello una patraña?), y a partir de ese momento el lector forzosamente tenía que escudriñar el texto con cien ojos, decidido a comprobar si en alguna otra parte se infringía la presunción de veracidad con que lo había empezado.
Pero a partir de ahí, y hasta la página final, a Lázaro no volvía a escapársele ni una línea que pudiera tacharse de inverosímil o inaceptable. La duda se desvanecía en los dos últimos folios, donde el pregonero descubría otro episodio paralelo pero aún más vergonzoso que los amores de su madre: las relaciones de su mujer y el arcipreste. Per hasta llegar al desenlace el lector había de sentirse obligado a seguir la carta a su merced con la sospecha de que toda ella podría ser mentira, pero comprobando a cada paso que nada dejaba de parecer verdad. El Lazarillo lograba así que por primera vez en la literatura de Occidente una narración en prosa fuera leída a la vez como ficción y de acuerdo con una sostenida exigencia de verosimilitud. Así se abría la mayor revolución literaria desde la Grecia clásica: la novela realista.
«El Lazarillo es una broma», afirma Rico. «Empieza a circular como manuscrito, una supuesta carta que cuenta un caso, así es como se llama en el libro; Eduardo Mendoza tomó la palabra para su novela La verdad sobre el caso Savolta, que termina con un triángulo como el del Lazarillo. Es, pues, una falsificación; y es distinto si lo tomas al pie de la letra o si sabes que es una ficción. Si al libro le pones anónimo, le quitas esa raíz y aparece como ficción. Para entenderlo como fue, hay que verlo como si Lázaro fuera el que escribe, el autor de una carta dirigida a una persona, no escrita para ser publicada».
«Al poner el nombre del autor, reconstruyes las circunstancias originales», remacha Francisco Rico. «Y ese procedimiento diabólico crea la novela realista moderna. Todo lo narrado tiene coherencia, pero a la vez sabes que no es verdad. Hay dos detalles que sugieren al lector que está leyendo una ficción, la relación de la madre con un negro y la confesión del narrador de que está siendo engañado por su mujer. Eso hace que el libro se lea como verosímil y como ficción a la vez. Y eso es la primera vez que ocurre en la historia.
El propio Francisco Rico reconoce que del autor verdadero «no tenemos ni puñetera idea» de quién era. Las tesis sobre la autoría del Lazarillo vienen de lejos. Desde las primeras atribuciones a fray Juan de Ortega y a Diego Hurtado de Mendoza, no han faltado las hipótesis más o menos disparatadas. Se pensó en alguien del círculo de alumbrados cercano a los hermanos Valdés y en Lope de Rueda. El mismo Tierno Galván echó su cuarto a espadas, sugiriendo que el Lazarillo era un libro comunero. Y la erudición bienhumorada de Francisco Rico (Primera cuarentena) registra dos afirmaciones de paternidad colectiva: una cofradía de pícaros («seis mozos, sin más ni más»), y un conciliábulo de obispos, camino de Trento, para más señas. En esta última, que venía de Inglaterra, cabe ver un punto de mala leche protestante. Pero ese tipo de investigaciones parece dar irremediablemente a un callejón sin salida. Mejor parece intentar ver qué es exactamente ese libro mal llamado La vida de Lazarillo de Tormes, y de su fortuna y adversidades («el título es un disparate», sentencia Francisco Rico, apuntando a que el nombre del protagonista no es Lazarillo sino Lázaro»).
«El Lazarillo no es una novela, es una falsificación», dice Rico; «algo como lo que hizo Orson Welles en su célebre adaptación radiofónica de La guerra de los mundos. El ejemplo está muy bien traído. El joven y ya amigo de dar quebraderos de cabeza a sus productores, Orson Welles no avisó a sus oyentes de que iban a escuchar una dramatización radiofónica, sino que les metió de lleno en la historia como si aquello fuese un informativo… con las consecuencias sabidas.
«No existían novelas en 1550, es decir, libros que trataran la realidad con la perspectiva cotidiana. El relato es una carta que «Lázaro de Tormes» escribe a «vuestra merced». Las cartas eran el medio de comunicación y difusión de noticias, eso se imprimía y circulaba, eran las gacetas de entonces. La sugerencia de Rico de que el autor que debe aparecer en la solapa es el propio narrador, «Lázaro de Tormes», no es compartida por todos sus colegas. Así, el anterior director de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, sostiene que «es una inteligente gracia de Francisco Rico, inteligente como suya; pero no hay que alterar el hecho de que el Lazarillo es anónimo; es autobiográfico, sí, porque está escrito en primera persona, en forma de una carta de relación, género que cuenta con precedentes claros y que tuvo mucha importancia en la época».
El Lazarillo de Tormes es una obra representativa de la literatura picaresca española. Este relato autobiográfico se centra en la vida de un joven llamado Lázaro que sirve a varios amos, cada uno representando diferentes aspectos de la sociedad en el siglo XVI en España.
EL LAZARILLO DE TORMES | Resumen y Análisis Literario
Origen y Contexto de la Obra
El Lazarillo de Tormes es una obra anónima, publicada por primera vez en 1554. Su importancia radica en ser una de las primeras novelas en emplear la narrativa picaresca, un género que ofrece una visión crítica y humorística de la sociedad a través de las aventuras de un pícaro.
Estructura y Argumento
La estructura de la obra se divide en tratados, cada uno narrando las vivencias de Lázaro bajo los servicios de diferentes amos. La historia inicia con su infancia en Salamanca, donde sufre las desventuras como criado de un ciego avaro. A lo largo de la novela, Lázaro sirve a distintos personajes, incluyendo un clérigo tacaño y un escudero empobrecido, que reflejan la hipocresía y la corrupción de la época.
En cada capítulo, se revelan las dificultades y habilidades de Lázaro para sobrevivir en un mundo hostil y despiadado, lo que le permite ganarse el respeto y comprensión de los lectores. Estos episodios se entrelazan para resaltar las críticas sociales presentes en la obra, abordando cuestiones de pobreza, hambre y desigualdad.
Un ejemplo notable de la ingeniosidad de Lázaro se encuentra cuando utiliza su astucia para ingerir el vino del ciego aprovechando la forma del jarro. A pesar de los castigos, estas situaciones muestran su capacidad para adaptarse y burlar a sus superiores.
Temas Principales
A lo largo de la novela, se exploran diversos temas relevantes para la época y el contexto social español:
- Hipocresía religiosa: Critica cómo los representantes de la iglesia, como el clérigo y el fraile, a menudo muestran una conducta contraria a la espiritualidad que predican.
- Pobreza y hambre: La obra destaca las luchas diarias de aquellos en los estratos más bajos de la sociedad, como una reflexión de la injusticia social.
- La astucia del pícaro: Lázaro representa la habilidad y el ingenio de una persona para superar las adversidades mediante el ingenio y la audacia.
El Lazarillo de Tormes no solo se distingue por su narrativa innovadora, sino también por sus críticas subversivas hacia las instituciones prominentes del periodo. Se cree que el anonimato del autor pudo ser una estrategia para evitar represalias, dado el contenido satírico hacia la iglesia y la nobleza. Además, la estructura de la obra como una carta confesional invita al lector a cuestionar la verdad detrás de cada relato del protagonista, desdibujando la línea entre realidad y ficción.
Análisis Antropológico
El Lazarillo de Tormes no solo representa una obra literaria trascendental, sino también un importante documento para el análisis antropológico de la España del siglo XVI. A través de la historia del joven Lázaro, se revelan aspectos culturales, sociales y económicos de la época que ofrecen una ventana crítica para entender el contexto histórico.
Contexto Social y Cultural
La sociedad española del siglo XVI enfrentó considerables cambios que afectaron sus estructuras sociales y dinámicas culturales. La literatura picaresca surge como un reflejo de estos cambios, exponiendo las desigualdades y contradicciones internas de la sociedad.
- La jerarquía social: Resalta la rigidez de las clases sociales y la lucha cotidiana de los estratos bajos para sobrevivir.
- La moralidad y religión: Plantea una crítica hacia la hipocresía de las figuras religiosas, reflejando la tensión entre los ideales predicados y las acciones.
Estos elementos se reflejan en las interacciones de Lázaro con sus diferentes amos, donde la justicia social y la dignidad humana son temas recurrentes.
Comprender el contexto social del Lazarillo de Tormes es esencial para un análisis antropológico. La obra sitúa a los lectores en un periodo donde la pobreza y el ingenio eran fundamentales para la supervivencia. El impacto de la Reforma Protestante y los cambios económicos por el crecimiento del comercio influyeron en la literatura y cultura de la época, estableciendo un precedente a la crítica social que se observa en esta novela.
Religión y Su Influencia
La religión desempeñó un papel central en la vida del siglo XVI, afectando desde las prácticas cotidianas hasta las grandes decisiones políticas. En el Lazarillo de Tormes, se examina cómo las autoridades eclesiásticas a menudo contradicen sus propios principios. Esto se ve reflejado a través de los amos religiosos de Lázaro, que evidencian la hipocresía y corrupción existentes. Por ejemplo, el clérigo para el que trabaja explota el hambre de Lázaro para mantener sus propios intereses. Este retrato deja entrever las fallas en el cumplimiento de las virtudes cristianas, proporcionando una crítica mordaz de las figuras religiosas de la época.
El anonimato del autor del Lazarillo refuerza la audacia del texto al desafiar abiertamente las instituciones de poder.
Simbolismo en Lazarillo de Tormes
El Lazarillo de Tormes está repleto de simbolismo que enriquece su trama y ofrece una capa adicional de significado. Estos símbolos no solo embellecen la narrativa, sino que también revelan las críticas sociales y las tensiones culturales de su tiempo.
El Río Tormes
El río Tormes, que aparece al principio de la historia, simboliza el cambio y la transición. Desde que Lázaro es llevado al mundo por su madre cerca del río, hasta su viaje de vida que comienza en ese punto, el Tormes representa el flujo constante de la vida y la transformación que experimenta.
La Ceguera
La figura del ciego, el primer amo de Lázaro, es significativa en más de una forma. La ceguera del amo no es solo física sino también representativa de la ignorancia y la ceguera moral que se presentarán a lo largo de la novela. Esto destaca las indiferencias e hipocresías de las figuras de autoridad que Lázaro encuentra. Un ejemplo clave es cómo el ciego enseña a Lázaro a ser astuto y desconfiado en el mundo. Aunque el ciego no puede ver físicamente, su entendimiento de la vida es agudo, simbolizando un conocimiento práctico frente a la ignorancia de las normas morales.
El Pan
El pan en el Lazarillo de Tormes es un símbolo claro de sustento y de las constantes dificultades de Lázaro para sobrevivir. Recurrentemente, las escenas en las que Lázaro se las ingenia para obtener pan subrayan la crudeza de su lucha por sobrevivir en una sociedad dura. La recurrencia del pan en la novela destaca la división entre las clases sociales y la constante lucha de los menos afortunados por satisfacer sus necesidades básicas. El juego de ingenio que Lázaro desarrolla con el clérigo para obtener provisiones refleja cómo el pan, un objeto común, se convierte en un símbolo de poder y control en su vida diaria. El pan simboliza no solo el alimento físico, sino también la búsqueda simbólica de dignidad y respeto en un mundo hostil.
Función Social en Lazarillo de Tormes
La obra de Lazarillo de Tormes desempeña una función social al ofrecer una crítica aguda de las condiciones de vida y las estructuras sociales del siglo XVI en España. Esta novela sirve como un espejo de la sociedad, mostrando cómo las personas navegaban por un mundo lleno de desigualdades y corrupción.
Crítica a las Instituciones Sociales
El Lazarillo de Tormes no escatima en exponer las falencias de las instituciones que debían velar por el bienestar social. Este comportamiento ilustra la corrupción dentro de la iglesia y el impacto negativo sobre los más necesitados.
| Institución | Crítica |
|---|---|
| Iglesia | Hipocresía, avaricia, falta de caridad |
| Nobleza | Orgullo vacío, dependencia de las apariencias |
| Sociedad | Desigualdad, falta de oportunidades para los pobres |
Reflejo de las Condiciones de Vida
El relato de Lázaro se adentra en las duras condiciones de vida enfrentadas por la mayoría en su época. La búsqueda constante de alimento y la necesidad de sobrevivir rigen sus acciones y pensamientos. A través de situaciones cómicas y trágicas, la novela logra:
- Mostrar la realidad de la pobreza extrema.
- Explorar las estrategias de los personajes para enfrentarse a sus adversidades.
- Criticar las desigualdades endémicas de la sociedad.
Profundizando en la función social del Lazarillo de Tormes, vemos que su objetivo no es solo entretener, sino despertar la conciencia del lector hacia las realidades de la vida cotidiana. La novela nos invita a reflexionar sobre la moralidad y la ética, especialmente cuando los personajes adaptan sus conductas para sobrevivir en una sociedad que no proporciona un apoyo equitativo.
