Hieronymus Bosch, conocido simplemente como El Bosco, es uno de los pintores más misteriosos y fascinantes de la historia del Arte. De él sabemos muy pocos datos biográficos, apenas su lugar de nacimiento, Bolduque ('s-Hertogenbosch en flamenco, literalmente "el bosque del duque," de donde deriva su apodo). Fue en 's-Hertogenbosch donde El Bosco nació, vivió y falleció.
Cuando nació, era uno de los principales centros del ducado de Brabante junto a Bruselas, Lovaina y Amberes. No se tiene constancia de que abandonara la ciudad, aunque se le presupone un viaje juvenil a Utrecht y otro de madurez al sur de los Países Bajos.
El Jardín de las Delicias de El Bosco, una de sus obras más emblemáticas.
Los Primeros Años y la Influencia Familiar
Los Van Aken eran una familia de pintores que trabajó durante seis generaciones en Nimega y más adelante en Bolduque. Su padre, Antonius van Aken (+1478), tres de sus tíos y su hermano Gooseen eran pintores, por lo que su formación como artista acaecería en el seno familiar aunque, de nuevo, no hay datos que lo corroboren.
De hecho, su primera aparición es en 1474 junto a dos hermanos y una hermana, en un registro municipal. Su familia estaba relacionada con la Hermandad de Nuestra Señora, de la que recibía encargos, su padre aconsejó a sus dirigentes en algunas ocasiones y se tiene constancia de que Hieronymus ya era miembro hacia 1486-1487.
En la década de 1480, se abría paso como pintor en su ciudad natal amoldándose a los gustos de la época. Sin embargo, la primera obra que se le atribuye, Crucifixión con un donante, se inscribe perfectamente en la tradición iconográfica más tradicional del siglo XV. La temática de esta obra temprana es típicamente gótica y religiosa, la crucifixión.
Crucifixión con un donante, una de las primeras obras atribuidas a El Bosco.
La Crucifixión: Un Modelo Tradicional
La composición presenta a Jesucristo crucificado flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista y el donante, quien encargó la obra, arrodillado junto a San Pedro. La Crucifixión de El Bosco se habría basado en otras obras del mismo tema de los maestros flamencos primitivos. En concreto, se ha querido ver en su Cristo ecos de una pintura mural de la iglesia de Sint-Jan salida del taller familiar en Bolduque, que a su vez se habría inspirado en una de las célebres crucifixiones de Rogier van der Weyden.
Este modelo primigenio presenta un Jesucristo demacrado, casi imberbe, con la cabeza inclinada 45 grados a su derecha, de largos y delgados brazos y piernas. Tal vez las principales diferencias sean el menor dibujo interior de los músculos que hizo El Bosco y una composición menos ilusionista (por ejemplo, del taparrabos) y el tratamiento de los personajes, mucho más dramáticos en Van der Weyden.
A diferencia de las crucifixiones románicas, rígidas y solemnes, a partir del gótico, el Jesucristo se humaniza, con la agonía reflejada en su rostro, heridas visibles, ojos cerrados y desmayado. Su cuerpo y cabeza cuelgan, una posición favorecida por la representación de un único clavo que sujeta sus dos pies al travesaño, a diferencia de las representaciones románicas, en las que los dos pies están enganchados por sendas tachuelas.
La copia y repetición de un modelo para el Cristo crucificado ejemplifica la manera de trabajar de los artistas flamencos de la época, herederos de la tradición artesanal de la copia como método de trabajo y El Bosco debió conocer multitud de modelos entre las creaciones del taller familiar. El único personaje no bíblico aparece arrodillado junto a la cruz.
Se trata del donante, la persona que encargó la obra a El Bosco para cederla a una institución religiosa, como una iglesia o un convento. No sabemos nada del mecenas ni del templo a que iba destinada la pintura. El hombre parece alguien relativamente joven y su ropa (manto, pantalón a rayas, gorro y espada) hace pensar que se trataba de un cortesano burgués con algún cargo en la administración de justicia.
Del personaje tan solo podemos intuir que tal vez se llamara Pieter, Piet, Petrus o Peeter, debido a que tras él se encuentra san Pedro sosteniendo unas llaves. A diferencia de sus obras de madurez, el Bosco se atiene en esta crucifixión a la tradición iconográfica establecida en este tipo de obras.
Esta establecía que el donante se mostrara rogando a Jesucristo por su salvación, pero no directamente, sino a través de una especie de escala jerárquica: su patrón, San Pedro, lo señala e intercede por él ante San Juan Evangelista, a quien se reconoce por su aspecto juvenil (se dice que era el apóstol de menor edad) y por sostener un libro en su mano.
Como discípulo más querido de Jesucristo (a quien había encargado velar por su madre tras su muerte), Juan se dirige directamente a la Virgen y traslada la súplica con un gesto de sus manos. Repartidos a los pies de los protagonistas y por todo el primer plano de la pintura se extienden una calavera y varios huesos humanos.
Se trata de otra convención iconográfica de este tipo de obras que representaría tanto la muerte como el lugar en el que fue crucificado Jesucristo, el monte Calvario o Gólgota, el lugar de la calavera. Según una tradición que partía de los textos apócrifos, se consideraba que el Calvario era el sitio en el que había sido enterrado Adán, con lo que se vinculaba el pecado original con quien moría por redimirlo.
Tal vez las principales diferencias sean el menor dibujo interior de los músculos que hizo El Bosco y una composición menos ilusionista (por ejemplo, del taparrabos) y el tratamiento de los personajes, mucho más dramáticos en Van der Weyden.
La aportación más original de El Bosco, que en adelante caracterizaría el resto de su obra, es tal vez el paisaje, repleto de caminantes y parejas que se mueven de un lugar a otro. Este elevado nivel de detalle en el que el pintor destacó por encima de sus compatriotas, representó una verdadera revolución que aportó la escuela flamenca en el advenimiento de la pintura del Renacimiento.
Gracias a tomar un punto de vista ligeramente elevado y a difuminar los paisajes en una bruma a medida que se van alejando del punto de vista del espectador (una técnica perfeccionada por Pieter Brueghel el Viejo), El Bosco logra la representación de una virtuosa perspectiva de la que carecía El Nacimiento de Venus, obra maestra del Renacimiento italiano realizada por las mismas fechas por Sandro Botticelli.
1.1 Biografía del Bosco
El Bosco y su Legado en España
Aunque holandés de nacimiento, este maestro de los Países Bajos, se considera tan español como El Greco (nacido en Grecia). Los expertos aseguran que Isabel de Aragón, hija mayor de los Reyes Católicos, tenía una o dos de sus pinturas, que al morir legó a Isabel La Católica.
Pero la enorme presencia del Bosco en España se debe a la admiración que sentía por él Felipe II. La historia apunta a Juana I de Castilla, más conocida como Juana La Loca como nexo de unión. Juana se casó en 1496 y ese mismo año conoció a El Bosco en Hertogenbosch (lugar de nacimiento y muerte del artista). Seguramente fue ella la mediadora en el encargo y envío de estas obras.
El Carro de Heno, una de las obras de El Bosco que llegó a España.
La mayoría de sus pinturas llegaron a nuestro país en vida del pintor. Felipe II, el principal y más insigne coleccionista de sus obras, consiguió reunir varias en el Monasterio de El Escorial. En su entorno surgieron también los primeros críticos.
El interés que mostró Felipe II por el pintor flamenco posibilita que en España se encuentre el mayor número de sus cuadros. En su cámara real de El Escorial, el monarca tenía El jardín de las delicias, la producción de El Bosco más emblemática y admirada, reflejo de una innovadora técnica pictórica y enorme capacidad de invención.
El tríptico llegó al Museo del Prado en 1933 para su restauración y ya no salió. Felipe II interpretaba la composición en clave devota, “como una sátira pintada de los pecados y desvaríos de los hombres”. Para otros es una traducción pictórica de refranes populares, o bien la han leído en clave herética, erótica o esotérica, y realizado reflexiones psicoanalíticas, “quien busca significados simbólicos quiere algo seguro a lo que agarrarse para salvarse del vacío”.
