Alfonso X El Sabio: Toledo, Cuna de un Rey Trascendental

Alfonso X de Castilla, llamado "el Sabio" (Toledo, 23 de noviembre de 1221-Sevilla, 4 de abril de 1284), fue rey de Castilla entre 1252 y 1284. Su nacimiento se produjo el martes 23 de noviembre de 1221, día de San Clemente, en la ciudad de Toledo.

Una vieja placa conmemorativa, instalada siete siglos después por iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas en el exterior del convento de Santa Fe, testimonia un acontecimiento del que en realidad sabemos muy poco, según el historiador del Arte y periodista Adolfo de Mingo Lorente.

Hijo primogénito de Fernando III 'El Santo', Rey de Castilla y León, y de Beatriz de Suabia, nieta de Federico II de Alemania, Alfonso X fue heredero de un linaje que marcaría su destino.

Para encargarse de su crianza fue designada como ama Urraca Pérez y como ayo García Fernández de Villamayor, que había sido mayordomo de la reina Berenguela y cuya segunda esposa era Mayor Arias de Limia.

Desde su juventud, antes de 1252, fecha en que fue coronado rey, el príncipe Alfonso, además de escribir cantigas de escarnio en galaico-portugués y, muy probablemente, algunos himnos de loor a la Virgen María, auspició la traducción de un libro de cuentos ejemplares (o exempla) en castellano: el Calila y Dimna.

La educación de Alfonso fue esmerada; el monarca tenía una gran sed de saber y un gran respeto a la cultura porque su madre, Beatriz de Suabia, era de hecho una erudita que, cuando quedó huérfana de ambos padres se instruyó en la culta corte siciliana de Federico II Hohenstaufen, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que protegió y fomentó la ciencia y la cultura y en 1224 fundó la Universidad de Nápoles.

En 1231, cuando contaba nueve años de edad, el infante Alfonso fue enviado por su padre a devastar los reinos musulmanes de Córdoba y Sevilla, acompañado por Álvaro Pérez de Castro el Castellano y Gil Manrique. Desde Salamanca y pasando por Toledo, se dirigieron hacia Andújar, devastando la tierra de Córdoba y tomando Palma del Río, para luego dirigirse hacia el reino de Sevilla y Jerez de la Frontera.

El emir Ibn Hud, con un numeroso ejército, se interpuso entre el ejército cristiano y Jerez de la Frontera, obligando a las tropas de Alfonso a combatir. Durante la batalla de Jerez, el ejército de Alfonso derrotó a las tropas musulmanas, a pesar de la superioridad numérica de éstos últimos.

Cumplida la mayoría de edad a los diecinueve años, Alfonso utiliza oficialmente el título de heredero y comienza a ejercer actividades de gobierno en el reino de León. En 1243, debido a la enfermedad que sufría su padre, el infante se hizo cargo de la campaña de conquista del reino de Murcia (1243-1245), con la ayuda de ciertos caudillos musulmanes del territorio. En 1247-1248 colaboró en primera línea en la conquista de Sevilla.

Dos años antes de la toma de la ciudad de Sevilla se habían celebrado los esponsales del infante Alfonso con la infanta Violante de Aragón, hija de Jaime I de Aragón, aunque hasta el 29 de enero de 1249 no se celebró la boda en la ciudad de Valladolid.

A la muerte de su padre, el rey Fernando III «el Santo», reanudó la ofensiva contra los musulmanes, y ocupó Jerez de la Frontera (1253), arrasó el puerto de Rabat, Salé (1260) y conquistó Cádiz (c. 1262).

Cantigas de Santa Maria

En 1248 comenzó la conquista del Reino Taifa de Murcia que le correspondía en virtud al Tratado de Almizra por lo que las ciudades de Villena, Alicante, Elche, Orihuela, Murcia, Lorca y Cartagena fueron incorporadas a la Corona de Castilla.

Un Reinado de Aspiraciones Imperiales y Conflictos Internos

Como hijo de Beatriz de Suabia, aspiró al trono del Sacro Imperio Romano Germánico, proyecto al que dedicó más de la mitad de su reinado sin obtener éxito alguno.

Su aspiración al trono del Sacro Imperio Romano Germánico fue el proyecto más ambicioso que emprendió, dedicándole más de la mitad de su reinado. Alfonso X descendía por línea materna de la familia Staufen, la última que había ostentado la titularidad del Imperio. Junto a él, apareció otro aspirante a poseer el Sacro Imperio: el inglés Ricardo de Cornualles. Finalmente, en septiembre de 1272, Rodolfo de Habsburgo fue elegido emperador y en mayo de 1275 Alfonso X renunció definitivamente al Imperio ante el papa Gregorio X.

En los comienzos de su gobierno, Alfonso X retomó un viejo proyecto de su padre, el de continuar la Reconquista allende el estrecho de Gibraltar. Finalizó las grandes atarazanas de Sevilla para construir la flota necesaria para la invasión de África, nombró un almirante mayor de la mar, y consiguió de Roma la autorización para predicar la Cruzada en Castilla, lo que significaba poder recaudar dinero a cambio de beneficios espirituales.

En 1264, tuvo que hacer frente a una importante revuelta de los mudéjares de Murcia y el valle del Guadalquivir.

Este levantamiento dejaba al poder castellano en una grave situación, por lo que Alfonso X 'El Sabio' solicitó la ayuda aragonesa de Jaime I 'El Conquistador', que sofocó la rebelión y recuperó el control cristiano en 1266.

Los últimos años de su reinado fueron especialmente sombríos, debido al conflicto sucesorio provocado por la muerte prematura de su primogénito, Fernando de la Cerda, y la minoría de edad de sus hijos, lo que desembocó en la rebelión abierta del infante Sancho y gran parte de la nobleza y las ciudades del reino.

En 1272 la gran mayoría de los nobles, encabezados por el infante Felipe (hermano de Alfonso X) y Nuño González de Lara, plantearon una serie de reivindicaciones al monarca. Éstas podrían resumirse en: la petición de más ingresos percibidos de la Corona por los «ricoshombres»; la renuncia a la política autoritaria y centralizadora del soberano; y la derogación de las leyes que éste había impuesto para llevarla a cabo.

Al hacer Alfonso oídos sordos a estas protestas, los aristócratas se «desnaturaron» y se exiliaron en Granada junto a sus ejércitos feudales, provocando graves daños a su paso.

Finalmente, el infante Sancho y buena parte de la nobleza del reino se rebelaron, llegando a desposeer a Alfonso X de sus poderes, aunque no del título de rey (1282). Sólo Sevilla, Murcia y Badajoz permanecieron fieles al viejo monarca.

Alfonso maldijo a su hijo, a quien desheredó en su testamento, y ayudado por sus antiguos enemigos los benimerines empezó a recuperar su posición. Cuando cada vez más nobles y ciudades rebeldes iban abandonando la facción de Sancho, murió el Rey Sabio en Sevilla, el 4 de abril de 1284.

Sepulcro de Alfonso X el Sabio

Sancho, a pesar de haber sido desheredado, fue coronado en Toledo el 30 de abril de 1284.

Legado Cultural y Económico

También es reconocido por la obra literaria, científica, histórica y jurídica realizada por su escritorio real. Alfonso X patrocinó, supervisó y a menudo participó con su propia escritura y en colaboración con un conjunto de intelectuales latinos, hebreos e islámicos conocido como Escuela de Traductores de Toledo, en la composición de una ingente obra literaria que inicia en buena medida la prosa en castellano.

La Escuela de Traductores de Toledo es un ejemplo de este mestizaje, ya que aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes, que desarrollaron una importante labor científica recuperando textos antiguos. En ella se elaboraron las tablas astronómicas en 1272.

Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo | Inés Fernández-Ordóñez

Elaboró de su pluma, las Cantigas de Santa María y otros versos, realizando una gran aportación a la lengua culta del momento en la corte del reino, el galaicoportugués, que por su noble autor nos ha perdurado.

Alfonso X facilitó el comercio interior en su reino mediante la concesión de ferias a numerosas villas y ciudades. Estableció también un sistema fiscal y aduanero avanzado que potenció los ingresos del reino.

Fue el del Rey Sabio un reinado reformador, que iniciaría el proceso que desembocaría en el Estado Moderno de época de los Reyes Católicos. Alfonso X pretendía renovar y unificar los diversos fueros que regían sus dominios. El Espéculo sería la primera redacción de un código legal unificado, en la línea del Fuero Real. Sería promulgado en 1255. Sin embargo, al año siguiente llegó una embajada de la ciudad italiana de Pisa ofreciendo a Alfonso su apoyo para optar al trono imperial. El rey castellano decidió entonces que su equipo de juristas elaborara un nuevo código legal ampliado, basado en el Espéculo y en el Derecho romano-canónico.

Las reformas legislativas del rey produjeron el rechazo de elementos ciudadanos y nobiliarios, cuyos privilegios se veían amenazados por la creciente intervención del Estado en las legislaciones privativas.

Sin duda, la labor más importante en este ámbito emprendida por este monarca fue la repoblación del antiguo reino de Sevilla, que permitió consolidar las conquistas de Fernando III. Nada más rendirse la ciudad hispalense, se procedió al reparto de las casas de su casco urbano y de las tierras de alrededor entre los soldados de las huestes reales y nobiliarias, así como entre gentes procedentes de todos los rincones de la Corona de Castilla.

Este modelo de repoblación, que vació de musulmanes aquellas localidades que habían sido tomadas por fuerza o que capitularon tras un sitio (caso de las principales ciudades del valle del Guadalquivir), convivió con el mantenimiento de la población autóctona en diferentes zonas. Este sistema no fue viable después de la revuelta mudéjar de 1264.

La expulsión que se produjo de musulmanes en las tierras andaluzas y el agotamiento demográfico de los reinos de Castilla y de León tuvo como consecuencia una bajísima densidad de población en el Sur, que no pudo ser paliada por la labor repobladora de Alfonso X en la comarca del Guadalete y en la bahía de Cádiz, ni por las iniciativas señoriales en la frontera con Granada.

También impulsó Alfonso X la llamada repoblación interior, con la fundación de villas y polas (pueblas) nuevas en regiones del Norte e interior peninsular. Con ello pretendía reforzar la jurisdicción realenga en zonas en las que tradicionalmente habían predominado los señoríos de distinto tipo. Villa Real, actual Ciudad Real, fundada en Pozuelo de don Gil en 1255.

Matrimonio y Descendencia

Antes de casarse con Violante de Aragón, había sido tratado su matrimonio en dos ocasiones, siendo un adolescente. La primera fue en 1234 con la infanta Blanca de Champaña, hija del rey de Teobaldo I de Navarra. Posteriormente, con Felipa de Ponthieu, hermana de su madrasta la reina Juana, para cuyo enlace el papa emitió dispensa el 31 de agosto de 1237.

Entre sus hijos se encuentran:

  • Berenguela Alfonso (c. 1241-¿?).
  • Berenguela (1253-1300). Fue proclamada heredera del reino en 1254, pero el nacimiento de su hermano Fernando la postergó. Estuvo prometida a Luis de Francia, hijo y heredero de Luis IX, pero no se llegaron a casar por la muerte prematura del novio en 1260.
  • Beatriz (1254-1280).
  • Fernando de la Cerda (1255-1275), heredero del trono castellano, se casó en 1269 con Blanca de Francia, hija de Luis IX de Francia, con quien tuvo dos hijos.
  • Isabel de Castilla (1263-1264).
  • Urraca Alfonso, citada también en el codicilo del testamento de Alfonso X, que le encomendó a su hija natural Beatriz la misión de casarla honradamente.

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