El Origen del Neoclasicismo: Un Retorno a la Antigüedad Clásica

El Neoclasicismo, un movimiento artístico y cultural que floreció principalmente durante el siglo XVIII y XIX, representa un retorno a los ideales estéticos y filosóficos de la antigüedad clásica.

Neoclasicismo literario: Historia/Características/Representantes

Este estilo, que se manifiesta en diversas disciplinas artísticas, surge como una reacción al recargado y emocional Barroco y Rococó, buscando la claridad, la sencillez y el equilibrio que se consideraban inherentes al arte griego y romano.

Juramento de los Horacios, Jacques-Louis David, un ejemplo icónico de la pintura neoclásica.

Contexto Histórico y Filosófico

La abolición del Antiguo Régimen a finales del siglo XVIII y la progresiva instauración de un nuevo sistema político y socioeconómico, con la burguesía como protagonista, quedaría reflejado también en las diferentes manifestaciones artísticas. La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. En el campo de las artes la Ilustración lleva a un proceso de inmoralización, rechazando el estilo rococó como frívolo y decadente.

Quizá el rasgo más característico de la influencia de la Ilustración en las artes, sea el deseo de que sirvan de instrumento educativo; ya no deben contribuir a exaltar el poder de la iglesia o de la Monarquía, sino ser reflejo de las virtudes cívicas. El carácter moralizante adjudicado a las artes hizo que cambiara el papel del artista que de artesano pasó a ser interprete de los valores cívicos. Así los talleres artesanales fueron sustituidos por las Academias que racionalizaron el aprendizaje del artista y difundieron el nuevo estilo.

El sentido didáctico de las artes propició el nacimiento de exposiciones y Museos que mostraban al público en general, y no sólo a un grupo de eruditos, las diferentes etapas de la historia del arte.

El Redescubrimiento de la Antigüedad

Desde mediados del siglo XVIII diversas circunstancias volvieron a poner de moda todo «lo Clásico». Por ejemplo, las excavaciones arqueológicas que redescubrieron las “olvidadas” ciudades romanas de la Antigüedad, Pompeya y Herculano, que habían sido sepultadas por el Vesubio sobre al año 75 de nuestra era. Se encontraron gran cantidad de esculturas y decoraciones del mundo romano, muchas más de las ya conocidas y encontradas esporádicamente. Estos hallazgos influyeron en las nuevas formas y motivos decorativos de los palacios y los salones europeos.

Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations rhtrt, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas.

Otra circunstancia o factor determinante en el surgimiento de esta nueva corriente cultural y artística, sería el creciente número de viajeros a Italia para conocer el arte de ese mundo clásico perdido, aunque todavía muy presente en ciudades como la misma Roma, donde conocían también excelentes ejemplos artísticos del Renacimiento italiano. O en Paestum, ciudad con ruinas de evidente influencia grecolatina, donde podían admirar las grandes muestras de la arquitectura clásica.

Excavaciones en Pompeya, un catalizador del interés por la antigüedad clásica.

Roma como Centro de Peregrinación

También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Para Winckelmann la obra de arte es producto de un determinado contexto histórico que debemos imitar. En su libro llama la atención sobre todo la idea de que las obras de arte son susceptibles de producir sentimientos en el espectador; a la vez que define un concepto racional y científico del ideal estético, introduce el sentimiento como motor para captar la belleza.

El Neoclasicismo en Francia

Para muchos especialistas, el movimiento neoclasicista nació en Francia, donde era llamado simplemente «Clasicismo». Los orígenes del estilo neoclásico se hallan en la Francia de la segunda mitad del siglo XVII y tienen estrecha relación con el ascenso de esta nación como potencia hegemónica en el continente. De hecho, podríamos definir el Neoclasicismo, al menos en sus orígenes, como la reinterpretación francesa de los fundamentos estéticos del Renacimiento italiano.

Esta reacción francesa consiste en esencia en un regreso a los modelos teóricos clásicos predominantes en el Renacimiento del siglo XVI, es decir, los artistas romanos del siglo I a. C. Pero junto a esa retórica ya conocida y bien establecida, cuyo mejor ejemplo es el recurso a Horacio como modelo lírico y preceptista, la importancia de la cultura francesa de la época de Luis XIV consiste, sobre todo, en proporcionar al resto de Europa un arsenal de modelos clásicos adaptados a los gustos cultos de la época.

Así, la arquitectura renacentista de estilo romano se simplifica y amplía en los modelos gigantescos del palacio de Versalles, la pintura clasicista se remansa en una amplia lista de modelos mitológicos para todos los gustos o la propia lírica se demora en todo tipo de juegos retóricos sin llegar a abandonar el fondo petrarquista de siglos anteriores. De este modo, el [Neo]Clasicismo francés de la primera mitad del siglo XVIII se convierte en la esencia destilada de lo que la intelectualidad europea podía considerar una auténtico estilo “europeo” de origen clásico después de los esfuerzos creadores y renovadores del Renacimiento y el Barroco.

La Arquitectura Neoclásica

La arquitectura puede ser interpretada como una rama de las artes social y moral; La Enciclopedia le atribuyó la capacidad de influir en el pensamiento y en las costumbres de los hombres. Proliferan así las construcciones que pueden contribuir a mejorar la vida humana como hospitales, bibliotecas, museos, teatros, parques, etc., pensadas con carácter monumental. Nacen movimientos de Crítica que propugnan la necesidad de la funcionalidad y la supresión del ornato en los edificios.

Todos los arquitectos parten de unos supuestos comunes como son la racionalidad en las construcciones y la vuelta al pasado. Los modelos Greco-romanos dieron lugar a una arquitectura monumental que reproduce frecuentemente el templo clásico para darle un nuevo sentido en la sociedad civil. También el inglés James Stuart (1713-1788), un arquitecto Arqueólogo al que se ha llamado el Ateniense, en su monumento a Lisícrates en Staffordshire, reprodujo el monumento corágico a Lisícrates de Atenas. Italia prefirió recrear sus modelos antiguos ya bien avanzado el siglo XVIII y en los comienzos del siglo XIX.

La Puerta de Brandeburgo en Berlín, un ejemplo destacado de la arquitectura neoclásica.

El Neoclasicismo en España

Si el Neoclasicismo tiene en Francia la mejor representación sería no solamente por tener allí su origen, además sería por aplicar el historicismo francés preferente “revisionismo” sobre las artes del mundo grecolatino. En arquitectura neoclásica destacarían en España los trabajos de Juan de Villanueva (1739-1811). Es quizá el arquitecto más academicista, aunque también el más personalista en sus diseños dentro de las normas del neoclasicismo. Destacar los diseños de edificios tan importantes como el Museo del Prado, el Jardín Botánico y el Observatorio astronómico de Madrid.

En escultura neoclásica española nos encontramos con cierto “vacío” representativo de este estilo. La imaginería policromada religiosa en madera continuaba siendo la principal manifestación, que tendió más a recoger las influencias del Barroco francés que de la escultura neoclásica. Aún así se podría destacar el trabajo muy académico de dos artistas que en realidad trabajaban para la “Administración política” del país. Estos escultores serán los principales autores de las grandes esculturas o grupos escultóricos que se estaban realizando en los ensanches y nuevas grandes vías de la ciudad de Madrid.

Sobre la pintura neoclásica en España habría que apuntar estar copada por artistas de origen extranjero. Son los pintores que se trajeron los primeros Borbones, Felipe V y su sucesor Fernando VI, para la decoración del nuevo Palacio Real, obra también con marcado componente extranjero, pues continuó el diseño inicial de Filippo Juvara su compatriota el también italiano Juan Bautista Sachetti. Entre esos pintores italianos y franceses que decorarían todos los nuevos palacios de los Borbones se destacan: Louis Michel van Loo, Jacopo Amigoni, Corrado Giaquinto o el todavía barroco (rococó) Giambattista Tiépolo. Si hubiese que destacar artistas españoles con mayores rasgos neoclásicos, tendríamos a José Aparicio (1773-1838), José de Madrazo (1781-1859) y Juan Antonio Ribera (1779-1860).

Publicaciones populares: