Los partidos han vuelto a situar el aborto en el centro del debate político en España.
Bajo el fuego cruzado, el ministerio de Igualdad ha lanzado con fondos públicos la página web «Quiero abortar», una propuesta de «aborto como única solución» que se ha intentado neutralizar desde la sociedad civil con la plataforma «Quiero ser madre».
En este contexto de escalada ideológica ha aparecido también una reflexión profunda, serena y racional del matemático, filósofo y teólogo francés Matthieu Lavagna.
En su libro La razón es provida, publicado recientemente por Rialp en nuestro país, este intelectual y científico ofrece un compendio de argumentos no religiosos contra el aborto que buscan elevar la discusión desde la evidencia de la biología y la lógica de la filosofía.
El matemático, filósofo y teólogo Matthieu Lavagna propone en La razón es provida un debate sereno y racional sobre esta cuestión.
El principal eje de la argumentación provida debe residir en una premisa científica que, según Lavagna, es incuestionable: el embrión es un ser humano.
Existe un consenso médico sobre el inicio de la vida en todos los manuales de embriología: la inmensa mayoría de científicos consultados por el autor, ya sean proaborto o provida, coinciden en que la vida humana comienza en la concepción.
Desde ese momento, el embrión es un organismo vivo que, además, al ser procreado entre dos seres humanos solo puede resultar en un miembro de la especie Homo Sapiens, es decir, un ser humano.
Biológicamente, es imposible que el embrión sea de otra especie.
El cigoto, como primera célula de un nuevo ser humano tras la fecundación, revela ya un patrimonio genético único y distinto al de la madre.
El médico proaborto Thomas Verney ha advertido sobre el peligro de esta «falacia biológica» y recuerda que para los facultativos es imprescindible «no mentir a las mujeres embarazadas», restando importancia al embrión y haciéndoles creer que no es lo que es.
Lo que sí nos demuestra la ciencia que es un embrión es «un organismo completo y unificado que se desarrolla continuamente hacia la madurez».
En contraste con lo que sería un puñado de arena o cualquier acumulación confusa de sustancias, «un embrión es un ser vivo organizado, dotado de una cierta autonomía y con todas sus partes coordinadas para formar un ser unificado y completo.
Desarrollo embrionario humano
Una vez demostrada de manera científica la humanidad del feto, la argumentación de Lavagna se mueve al plano ético para reconocerle su estatus moral.
Aquí, el principio fundamental es que resulta inmoral -y debería ser ilegal- matar directa y voluntariamente a un inocente.
Y qué se produce en el aborto sino la muerte intencionada de un ser humano aún no nacido.
El derecho a la vida, así las cosas, es un principio ético universal y fundamental que debe respetarse para todos los seres humanos, sin importar su raza, sexo, tamaño, grado de desarrollo o estatus social.
Y, más allá de que este estatus sagrado sea proclamado por la Palabra de Dios, la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce la dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana.
Otra de las principales defensas que se establecen desde la lógica contra la eliminación intencional del no nacido es el conocido como argumento TEDN: Tamaño, Entorno, grado de Dependencia y Nivel de desarrollo.
El aborto implica una discriminación injusta si se niega el derecho a la vida al no nacido basándose en características tan arbitrarias como su tamaño o la capacidad de valerse por sí mismo.
La dignidad intrínseca de los seres humanos después del nacimiento -o en la vejez- es independiente de sus atributos -coeficiente intelectual, aptitudes físicas, etc.- y esta se fundamenta exclusivamente en su naturaleza humana.
Dado que el niño en el útero comparte esta misma naturaleza humana, cigoto, embrión y feto poseen la misma dignidad intrínseca que los seres humanos nacidos.
Y a todo ello hay que sumar la máxima en las democracias occidentales de que la sociedad tiene la responsabilidad de proteger a los más vulnerables, incluidos los no nacidos -como hace el Código Penal, por ejemplo, ante el asesinato de una mujer embarazada-.
La defensa de la salud y la libertad de la mujer ha sido la bandera tradicional para promover el aborto legal en Occidente.
Los pro vida centraban sus argumentos en la vida del niño no nacido.
“Derecho a decidir” contra “asesinato”.
Años de cambio durante los que el movimiento pro vida ha sustituido las fotografías sanguinolentas por mensajes amables y comprensivos dirigidos a las madres empiezan a dar fruto.
Aborto: Los argumentos a favor y en contra
“¿Cuándo lo harás?”, le preguntó su suegra cuando tuvo a la criatura.
Lo mismo tuvo que escuchar de su marido y de sus vecinas.
Así con sus tres hijas.
“Todo el mundo me decía que debía matarlas.
Tuve tentación de darles el veneno.
Estuve a punto de hacerlo con cada una de ellas.
Rompí el tallo y puse el veneno en un cazo, pero no pude dárselo”.
Lo dice Sevandhi Ammal en un reportaje sobre el aborto y el infanticidio selectivos en la India (El Mundo, 13-05-2007).
Esa presión social -de familiares, vecinos, de otras mujeres, de medios de comunicación e incluso de médicos- la han tenido que soportar también y continúan soportándola muchas mujeres en los países avanzados, empujadas al aborto.
Lo que sucede en la India es una “crisis nacional”; los movimientos de defensa de la mujer claman contra esa aberración y los medios occidentales menean la cabeza en señal de reprobación, tratando de buscar soluciones que llegan hasta el encarcelamiento de médicos que desvelan el sexo del feto.
Pero si el aborto se aplica por igual a niños y niñas, se convierte a ojos de estos presuntos abogados de la mujer en un derecho fundamental y en cuestión capital de libertad y signo de progreso.
Este enfoque, aunque incoherente, refleja que un nuevo feminismo puede abanderar la causa del no nacido, oponiéndose a esas otras voces que, amparándose en la defensa de la mujer, sirvieron para legalizar el aborto, que actualmente se cobra millones de víctimas al año, especialmente de sexo femenino en países como India y China.
Van multiplicándose los estudios que estudian las consecuencias físicas y mentales del aborto provocado en las mujeres.
El Journal of Anxiety Disorders publicó en 2005 un trabajo sobre el síndrome de estrés generalizado en mujeres que han sufrido un aborto provocado: en ellas se da con un 30% más de frecuencia que en las que han llevado a término un embarazo no deseado.
Según otro estudio, aparecido en Acta Paediatrica (2005), las mujeres que han tenido un aborto, espontáneo o provocado, presentan un 99% más de probabilidad de infligir maltrato físico a sus hijos; si el aborto fue provocado, el incremento de riesgo es del 144%.
Un equipo dirigido por A.N. Broen, de la Universidad de Oslo (BMC Med, 2005) muestra que las mujeres que habían abortado presentaban malestar psicológico hasta cinco años después de la interrupción, siendo los efectos de evitación, pesar, angustia y ansiedad mayores en el caso de abortos provocados que en los espontáneos.
En lo relativo a los efectos físicos, algunos estudios muestran que las mujeres con antecedentes de aborto provocado presentan un riesgo mayor de tener un recién nacido altamente prematuro.
Entre otras publicaciones, existe una investigación realizada por investigadores de Canadá y Chicago y publicada en el Journal of American Physicians and Surgeons, en 2003.
Ayer se cumplieron dos décadas de la histórica intervención de la Beata Madre Teresa de Calcuta en el Desayuno de Oración Nacional que tradicionalmente se celebra cada año en Washington.
Fue el 3 de febrero de 1994 ante una clase dirigente norteamericana tolerante con el aborto.
«La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre.
Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decirle a otros que no se maten?
¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto?
Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela.
Jesús dio su vida por amor a nosotros.
Hay que ayudar a la madre que está pensando en abortar; ayudarla a amar, aún cuando ese respeto por la vida de su hijo signifique que tenga que sacrificar proyectos o su tiempo libre.
Al abortar, la madre no ha aprendido a amar; ha tratado de solucionar sus problemas matando a su propio hijo.
Y a través del aborto, se le envía un mensaje al padre de que no tiene que asumir la responsabilidad por el hijo engendrado.
Un padre así es capaz de poner a otras mujeres en esa misma situación.
De ese modo un aborto puede llevar a otros abortos.
El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que se quiere.
«El mayor regalo que Dios le ha dado a nuestra congregación es luchar contra el aborto mediante la adopción.
Ya hemos dado, sólo en nuestro hogar en Calcuta, más de tres mil niños en adopción.
Y puedo decirles cuánta alegría, cuánto amor y cuánta paz han llevado estos niños a esas familias.
Recuerdo que uno de los pequeños estaba muy enfermo, así que les pedí a los padres que me lo devolvieran y que les daría uno sano.
Pero el padre me miró y me dijo: «Madre Teresa, llévese mi vida antes que el niño».
Recen por nosotros para que podamos seguir con este hermoso regalo.
Unos años después -en el Desayuno de Oración Nacional de 2010- intervino la secretaria de Estado del Gobierno Obama, Hillary Clinton, quien recordó la participación en ese mismo acto de la Madre Teresa de Calcuta.
Hillary Clinton relató el momento en el que la religiosa le pidió hablar a solas.
La entonces secretaria de Estado imaginaba que le iba a reprobar por su postura ante el aborto, pero no fue así.
«Compartimos la convicción de que es preferible la adopción que el aborto», me dijo.
Entonces, me pidió crear juntas en Washington una casa de adopción para esos niños que están destinados a ser abortados.
«Sentí -explicó la ex primera dama- que me habían dado una orden desde lo alto, y empecé a trabajar.
Nos tomó un tiempo, necesitamos muchas aprobaciones».
Fue, añadió, la «lobbysta más infatigable que he visto».
«Me llamó desde Vietnam, desde India, y el momento llegó en junio 1995».
El Desayuno Nacional de Oración es un evento que organiza todos los años el Congreso estadounidense desde 1953 y que aunque empezó siendo sólo un desayuno -como su nombre indica- en la actualidad cubre toda una semana en la que se organizan todo tipo de encuentros con unos 3.500 invitados de hasta un centenar de países.
Desde el «derecho a decidir», hasta la «salud sexual y reproductiva» muchas son las falaces razones esgrimidas por los abortistas; los provida tenemos más, y más razonables.
En esta sociedad tan progresista que nos ha tocado vivir, quien gana la batalla del lenguaje gana la guerra de las ideas.
Y en eso, la izquierda tiene un máster.
Te llevan a su terreno dialéctico, te acorralan a base de perogrulladas engañosas, te desarman a topicazo limpio y ¡zas!, caes en la trampa y tus convicciones empiezan a tartamudear.
O eso, o te enzarzas en un combate a cabezazos con el que no vas a conseguir vencer al enemigo y mucho menos convencerle de que ese cabezazo encierra la razón.
El lenguaje progresí nos dice, nos jura y perjura, que el aborto que nos quieren vender es una interrupción voluntaria, que es feminista, que es un derecho, que es salud, que es constitucional, que es libre, que es solución, que es progresista, socialista, moderno y solidario, que es un logro social, que es inocuo, que es racional, científico y civilizado, que defiende a la mujer, que es un bien en sí mismo y hasta económicamente rentable.
Y que los pro-vida son todos machistas, de la derecha extrema y, para más inri, fundamentalistas católico-apostólico-romanos.
Sin excepción.
Pues nada, ahora nos toca hablar a nosotros.
Y argumentar.
Y razonar.
Y demostrar con datos y con hechos que todo cuanto dicen los abortistas sobre las bondades del aborto es tan falso y embustero como el beato cristianismo de Pepe Blanco, el creyente.
- No es interrupción. Interrumpir es detener la continuidad de una acción, o sea, que luego se reanuda. En el aborto podríamos hablar de frenar, liquidar, finiquitar, sacrificar, extirpar, truncar, tronchar, erradicar, triturar… pero de interrumpir, ni por asomo.
- No es voluntaria. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino obligadas por presiones insoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo, frente a las que no ven otra salida. Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria.
- No es feminista. La activista gay Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres». La realidad es que las feministas fundamentalistas odian hasta tal punto ser ellas las embarazadas en lugar de los hombres, que prefieren matar esa vida antes que reconocerse diferentes al género masculino. Y antes que ayudar a las mujeres que sí quieren tener esa vida.
- No es un derecho. Ninguna mujer tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que es el niño el que tiene derecho a ser adoptado, no sus futuros padres quienes tienen derecho a adoptar.
- No es socialista. Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos, cuyo único fin es el lucro (por 3.200 € son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas). El camino hacia un centro abortista es más conocido y facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden la vida. Por algo será.
- No es salud. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Desde perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo hasta alteraciones del deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas. El síndrome post-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar.
- No es constitucional. «La vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental -la vida humana- garantizada en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional» (sentencia 53/1985 del Tribunal Constitucional).
- No es solidaria. Si tomamos la solidadridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor al otro, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.
- No es un logro de la sociedad. Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, en la asistencia, la formación y la información. Algo que, según el doctor Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.
- No defiende a la mujer. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni las feministas ni, desde luego, el Estado. Sí organizaciones provida, como Fundación Madrina, que ya ha atendido a 140.000 mujeres en ocho años.
- No es progresista. No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? ¿Cuál será el próximo ´avance´?
- No es moderno. Ganarse los votos de los jóvenes incitando a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar siquiera con el consejo de sus padres, no es ser moderno, es ser miserable. La nueva ley convertirá el aborto no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.
- No es inocuo. Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. Y es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo.
- No es libertad. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo.
- No es "europeo". Continuamente se nos planta en la cara el ejemplo de países europeos "legislativamente más avanzados". Lo que nos ocultan es que esos países están reduciendo el número de abortos precisamente porque ahora están legislando a favor de la prevención, la información y la asistencia. Países como Alemania, Bélgica y Holanda, que tienen el porcentaje de abortos más bajo del continente pese a sus leyes más permisivas.
- No es ciencia. En la Declaración de Madrid, más de 2.000 Académicos, médicos y expertos se han unido para afirmar que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación»; «el cigoto es una combinación nueva y singular», con ADN propio. Aunque para la Ministra Aído, un feto de 13 semanas sea un ser vivo pero no un ser humano, «porque eso no tiene ninguna base científica».
- No es racional. Para la Comisión de expertos de la Ministra Aído, el feto no es viable antes de la semana 22, y por tanto no es ser humano y por tanto es eliminable sin problemas. Pero a partir de ese tan preciso momento, por arte de magia, el feto ya sí es viable y por tanto se convierte en ser humano y por tanto ya no es eliminable. Todo muy racional y científico.
- No es una mejora. En los países donde se ha establecido la ley de plazos el resultado es unánime: más banalización, más embarazos, más abortos, más indefensión, más adolescentes y más veces. Y eso, sencillamente, no es una mejora.
- No respeta los derechos humanos. No me lo invento yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» (Art. 1). «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona» (Art. 3).
- No es económicamente rentable. El aborto es un negocio más que rentable, pero sólo para los centros abortistas, claro. Para el resto de la sociedad es una gigantesca pérdida económica. Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, ha evaluado en el 5% del PIB la pérdida de riqueza que supone el aborto en nuestro país en concepto de desierto demográfico y por la marginación laboral que sufre la mujer madre.
- No es solución. La única solución es que el aborto sea la última solución posible. El aborto es casi siempre un problema profundo. Para la madre, para su entorno familiar y laboral, para la sociedad… La única solución es evitarlo en lo posible. Pero ¿cómo? Simplemente con que la madre acuda al ginecólogo y vea la ecografía de su hijo se evitan 3 de cada 4 abortos.
- Los provida no son de derechas. La bipolaridad izquierda-derecha asociada a defensa-rechazo del aborto es absolutamente infundada. «No hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo». Lo dicen los Socialistas Cristianos. Además existen muchos ateos y agnósticos que defienden la vida humana como principio. Y todas las Iglesias, por cierto, no sólo la Católica.
- Ni son fundamentalistas. Los provida rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve obligada a realizarlo por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Y lo hacen con respeto, entrega, generosidad y gran sacrificio personal.
Conclusión. Probablemente no podamos hacer ni deshacer la nueva Ley del Aborto, que saldrá tal y como quiere la ministra Aído, o sea, tal y como desean los centros abortistas.
Pero sí podemos concienciar y presionar a las consejerías de salud de cada Comunidad Autónoma para reglamentar la aplicación de esa Ley e implantar políticas de prevención y de información, planes de apoyo a la maternidad y a la adopción, etc.
¿Y qué más podemos hacer los ciudadanos de a pie?
Pues tener las ideas claras, para empezar.
Y apoyar cualquier iniciativa que respete la vida, con nuestras simpatías, con nuestra involucración, con ayudas materiales y, por supuesto, con nuestra presencia el día 17 de octubre en la Concentración por la Vida.
Si creemos que cada vida importa.
Termino con una cita del poeta y filósofo bengalí Rabindranath Tagore, Nobel de literatura en 1913, que no era precisamente católico ni de derechas ni machista confeso ni sopechoso de fundamentalismo ninguno: «La vida nos la dan y la merecemos dándola».
