Diosas de la Fertilidad en la Prehistoria: Características y Significado

Desde tiempos inmemoriales, la fertilidad ha sido un tema central en la vida humana, intrínsecamente ligado a la supervivencia y al desarrollo de las sociedades. En la prehistoria, esta importancia se manifestó en el culto a las diosas de la fertilidad, figuras femeninas que encarnaban la capacidad de dar vida y asegurar la continuidad de la comunidad. Estas diosas no solo eran veneradas por su poder generativo, sino también como símbolos de la conexión entre la humanidad y la naturaleza, la tierra y el cosmos.

La lucha actual por la feminidad verdadera encuentra su explicación en que el arquetipo de la Diosa Madre lo podemos encontrar en el pasado y en nuestro inconsciente, en nuestros sueños y el arte, en leyendas, ritos y fiestas que todavía se celebran. En la antigüedad, la Diosa Madre era una imagen que inspiraba la percepción del universo como un todo orgánico, sagrado y vivo de la que ella era el núcleo, una ontología de la que formaban parte como ¨sus hijos¨, la humanidad, la tierra y toda forma de vida terrestre. Esto significa que todo está entrelazado en una red cósmica que vincula entre sí todos los órdenes de vida manifiesta, porque todos ellos participan de la santidad de la fuente original.

La aparición de miles de esculturas de la diosa en todo el mundo, son la prueba más palpable de la existencia de antiguos matriarcados y de símbolos integrales procedentes de una fuente mítica que siempre es y ha sido compartida por la humanidad. Ante la gravedad de la situación, en lo profundo del inconsciente de muchas personas surge de nuevo la imagen de la vieja diosa, que exige reconocimiento y homenaje, guiándonos hacia la necesaria transformación. El viejo mito emerge entremezclado con la reivindicación del verdadero papel de la mujer y lo que representaba su imagen: una visión de la vida como un Todo sagrado en el que sus componentes se manifiestan en un perpetuo dinamismo. La red espacio-temporal que la diosa Madre tejió antaño de su vientre eterno, se ha convertido en la red cósmica que relaciona entre sí toda forma de vida.

El mensaje que nos transmite la Diosa es que debe aparecer una nueva ética colectiva enraizada más profundamente en la conciencia individual. En nuestro contexto y en nuestro tiempo, la agresividad humana, las necesidades y los derechos humanos son los grandes dilemas de las personas, que sienten ya una obligada integración de la conciencia y tienden hacia una forma nueva de funcionar en el mundo.

La sabiduría de la diosa llega desde nuestras abuelas y madres y a través de nosotras para sumergirse en nuestras hijas, sobrinas o nietas, manifestando que somos naturaleza y universo en todo su esplendor. El sentido último de todo esto es zambullirse en ese inconsciente colectivo de miles de seres que antes que yo han vivido y han experimentado el verdadero sentido de la vida.

Diosas de la Prehistoria: Serie Neomíticas

Desde el VIII milenio adne., los pueblos que se asentaron en la región Euroasiática y Próximo Oriente, estuvieron progresando dentro de un modelo cultural único denominado “proceso de neolitización” con logros similares que culminó en sociedades con matices propios a partir del V milenio.

Las necesidades mitológicas de las sociedades en formación llevaron a la Diosa paleolítica a tener que manifestarse a través de muchas advocaciones o epifanías diferentes, como Diosa Fertilidad de la Tierra, Diosa del Grano, Diosa Serpiente, Diosa Pez, Diosa Rana, Diosa Erizo, Diosa Mariposa o Abeja…, pero su omnipotencia y funciones ancestrales permanecieron intactas, también su simbolismo clásico siguió vigente aunque incorporó nuevos diseños que acabarían teniendo mucha importancia ritual.

De este periodo se han encontrado más de 30.000 esculturas en la llamada Vieja Europa. La Diosa se diferencia en tres grandes grupos con características propias identificativas, si bien están relacionadas entre sí y poseen rasgos comunes.

Con el correr del tiempo hacia la Edad del Bronce y la usurpación de sus poderes por parte del dios masculino, la diosa se desgajará y encontraremos atributos sueltos en cada diosa posterior como diosa de la tierra, diosa del río, del mar, de las estrellas, de fenómenos atmosféricos, etc,. También aparecerán mitos con el dios varón como hijo-esposo de la diosa. Posteriormente veremos al dios masculino usurpando todos los poderes de la diosa y a esta soterrada y devaluada.

Según Marija Gimbutas (experta en diosas del neolítico europeo), se distinguen tres grandes grupos de diosas:

  • Gran Diosa, Diosa Madre, Diosa de la Vida, la Muerte y la Regeneración, Diosa de la Fertilidad o Señora de las Bestias: En el neolítico agrícola pasó a ser la Diosa de la Regeneración o Diosa de la Luna. Destaca en ella su corpulencia, ideal femenino en la prehistoria, sobre todo en torso, nalgas, caderas y muslos. Solía llevar los brazos cruzados, la cabeza fálica, y mostraba un pubis poderoso indicando que ella era el seno universal, fuente inagotable de vida y reina subterránea o regazo de los muertos que renacen en su interior. Lleva dibujados motivos que evocan los cuartos lunares o los cuernos de toro. Se le representaba con grandes manos de 4 dedos y se la identifica con animales de gran poder fertilizador.
  • Diosas de las Aguas o Diosas Pájaro-Serpiente, Señoras de las Aguas Primordiales: Estaban presentes tanto en el cielo como en la tierra, gobernando la fuerza vivificante del agua, asociada siempre a lugares húmedos y a la lluvia. Muchas tenían forma de pájaro, otras cabeza de serpiente, y se decoraban con líneas paralelas, en zig-zag, uves, galones, y meandros. Las líneas serpentiformes y ovoides repetidas en vientre, nalgas o muslos de las esculturas evocan la gran importancia que tuvo la serpiente en la prehistoria, símbolo de vitalidad y rejuvenecimiento periódicos, pues no en vano aparece en muchas cosmogonías.
  • Diosa de la Naturaleza o Diosa Preñada de Vegetación

Diosas de la fertilidad danubiano balcánicas

La Gran Diosa Madre: Fuente de Vida y Regeneración

La Gran Diosa en el neolítico fue heredera de los tiempos preagrícolas: fuente de vida y fertilidad a la vez que con poderes destructores. El estereotipo es de diosa crisálida: brazos cruzados, pechos apenas señalados, piernas esquemáticas, sentadas o de pie, cabezas enmascaradas, grandes ojos semicirculares, nariz o boca con agujeros y pendientes, gran triángulo púbico y pose rígida de crisálida.

El gran triángulo púbico era el seno universal fuente de vida, donde el muerto regresaba para volver a la vida. Representa lo que a la tierra la cueva-útero, lugar sagrado, santuario de la diosa y fuente de su poder regenerador. Como lugar de transformación, enlazaba el pasado con el futuro de hombres y mujeres.

La vulva simbolizaba la creación y el renacimiento, al igual que el laberinto, meandro y espiral en muchas cuevas simbolizan la manera de acercarse a una dimensión invisible para los sentidos. Como poseedora del secreto de la vida su música o palabras debieron tener una significación mágica e inmutable.

Diosas de las Aguas: Conexión entre Cielo y Tierra

Con el retroceso de las glaciaciones hacia el 15000 adne. las aves migratorias indicaban el cambio de las estaciones y a la diosa se la representó como híbrido mujer/ave. La diosa Pájaro era la diosa que se encargaba de proveer la humedad que precisaba el conjunto de la vida para seguir existiendo, y como ave acuática era el nexo entre la tierra y el cielo, quizás imaginado como universo acuático por ser el cielo, el origen de la lluvia y el aparente destino de las ánades migratorias.

Llevaba máscara con pico de ave, brazos como alas, glúteos con forma de ave. En su simbolismo acuático y pubiano, aparece la V que se empleaba desde el paleolítico. La leche y la lluvia eran fuente de alimento vital. Era Diosa Donante de vida. Parece que también era diosa de la muerte, referida a la regeneración cuando adoptaba forma de ave de presa.

La Venus de Willendorf: Un Icono de la Fertilidad Prehistórica

Un ejemplo icónico de estas representaciones es la Venus de Willendorf, una figurilla de casi once centímetros de altura que fue tallada hace 30.000 años y que representa a una mujer de anchas caderas y grandes senos. Fue descubierta en 1908 en la localidad de Willendorf, en el valle de Wachau, en Austria, y hoy se expone en el Museo de Historia Natural de Viena.

Se conoce muy poco acerca de su origen, método de creación o significado cultural. Las Venus prehistóricas suelen estar hechas de marfil o hueso, mientras que la de Willendorf está tallada en una roca llamada oolita, un tipo de material que, curiosamente, no se encuentra ni en Willendorf ni en sus alrededores.

Un estudio reciente sugiere que la oolita en la que fue tallada la estatuilla puede proceder del norte de Italia. El equipo de investigación también analizó los tamaños de los granos en las otras muestras de roca procedentes de otros lugares. Cientos, a veces incluso miles de granos fueron marcados y medidos mediante el uso de programas de procesamiento de imágenes, y a veces de un modo manual. El resultado no dejaba lugar a dudas: ninguna de las muestras procedentes de un radio situado a doscientos kilómetros de Willendorf coincidía ni remotamente con el material de la Venus,excepto las que venían de la zona del lago de Garda, en el norte de Italia.

La gente del período Gravetiense buscaba y habitaba lugares que le eran favorables. Cuando cambiaba el clima o la situación de las presas, se desplazaban, preferentemente a lo largo de los ríos. Pero un viaje de estas características podría haber llevado incluso generaciones.

Así, aunque las estadísticas apuntan claramente al norte de Italia como lugar de procedencia de la oolita en la que fue tallada la Venus de Willendorf, hay otro sitio que también se ha postulado como lugar de origen de la roca. Se encuentra en el este de Ucrania, a más de 1.600 kilómetros de distancia en línea recta de Willendorf.

Los investigadores creen que todos estos datos pueden arrojar nueva luz sobre los humanos que habitaron la región alpina hace 30.000 años y las rutas que utilizaron para desplazarse y arrojaría una nueva perspectiva sobre la movilidad de las primeras poblaciones de humanos modernos que habitaron el sur y el norte de los Alpes.

Conclusión

Las diosas de la fertilidad en la prehistoria son un testimonio de la importancia de la vida, la naturaleza y la conexión entre la humanidad y el cosmos. A través de sus representaciones artísticas, podemos vislumbrar las creencias y valores de las sociedades antiguas, y comprender cómo la figura femenina era venerada como fuente de creación y sustento.

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