Diego Niño Palencia: Un Historiador Apasionado por Palencia

Diego Niño Palencia es un historiador y profesor profundamente arraigado a su tierra natal, Palencia, y a su vasto patrimonio cultural. Su formación académica culminó con una Licenciatura y un Doctorado en Historia por la Universidad de Valladolid, donde también colaboró durante cuatro años bajo un contrato de investigación.

Actualmente, Diego Niño Palencia ejerce como profesor de Enseñanza Secundaria, impartiendo Geografía e Historia en el IES de Saldaña. A lo largo de su trayectoria, ha cultivado diversas pasiones que enriquecen su perspectiva y su conexión con el mundo.

Vista panorámica de Palencia, ciudad natal de Diego Niño Palencia.

Pasiones de Diego Niño Palencia

  • Amigos: Valora profundamente las relaciones personales y el tiempo compartido con sus amigos.
  • Arte: Disfruta del arte y ha trabajado como voluntario enseñando el monasterio burgalés de Santa María de La Vid durante muchos veranos.
  • Música Rock de los 80: Es un aficionado a la música rock de los años 80, con artistas como Bruce Springsteen, Tom Petty y Dire Straits entre sus favoritos.
  • Viajar: Le apasiona explorar nuevos lugares y culturas.
  • Dulces y Chocolate: Disfruta de los dulces en general y del chocolate en particular.

Lugares Emblemáticos de Palencia en la Vida de Diego Niño Palencia

La ciudad de Palencia y sus alrededores tienen un significado especial para Diego Niño Palencia. Estos son algunos de los lugares que han marcado su vida:

  1. Palencia: «Mi tierra natal. Ciudad pañera y conventual por excelencia, se halla enclavada en la cuenca del Duero, en medio de paisajes de campos abiertos y amplios horizontes de la Tierra de Campos. Cuenta con una destacada y prolija historia a sus espaldas. En su devenir, muchos y variados han sido los personajes que han transitado por sus calles, siendo testigos del esplendor de épocas pasadas. Domingo de Guzmán, Teresa de Jesús, Carlos V, Felipe II o Jovellanos son algunos de sus nombres. Resulta fascinante acercarse a la ciudad que te ha visto nacer y crecer a través de sus vestigios, su historia narrada, sus personajes o su paisaje urbano».
  2. Puentecillas y el Sotillo de los Canónigos: «Este puente, símbolo de la ciudad, forma parte, necesariamente, de mis caminatas urbanas al anochecer. Es uno de los más antiguos (siglo XVI, de origen romano) y permite el acceso a una de las zonas verdes con más encanto. Antaño fue lugar de paso de los clérigos que acudían al Sotillo y de los hortelanos que cultivaban las orillas del río Carrión».
  3. Canal de Castilla: «Esta pintoresca vereda me ha acompañado durante los veranos de mi infancia y adolescencia. Aparece indisolublemente asociado a la figura de mi abuela materna -y quizá también porque mi bisabuelo nació circunstancialmente en Alar del Rey-. En la mente permanecen, a buen recaudo, los interminables juegos y paseos en bicicleta hasta Villamuriel, acompañado de Carlos, Marta, mis primos y mi hermano Miguel».
  4. Catedral y plaza de la Inmaculada: «Es imposible no valorar la calidad y cantidad de tesoros artísticos que guardan los muros de este templo gótico. En su archivo, situado en el claustro, he pasado muchas horas entre documentos y libros. También me gusta la plaza de la Inmaculada, especialmente en invierno, porque, al sol, es posible encontrar un remanso de paz».
  5. Parque de la Carcavilla: «Constituye, para mí, un lugar entrañable, situado en San Antonio, el barrio donde me he criado. Aún conserva las ruinas de algunos panteones del viejo cementerio, lo que otorga a este espacio destinado al esparcimiento y recreo un carácter romántico singular».
  6. Cuatro Cantones: «Pocos lugares son más palentinos que la calle Mayor. Parte de esa bulliciosa esencia se puede ver aquí -fue sede del antiguo Ayuntamiento en época moderna-, en el cruce que marca la confluencia de dos calles, desde donde se puede vislumbrar la iglesia de la Compañía, hoy dedicada a la Virgen de la Calle, patrona de la ciudad; y el bonito palacio de la Diputación».
  7. Plaza de San Pablo: «Es, quizá, el espacio más familiar que recuerdo, siendo niño, por la cercanía a mi colegio (Blas Sierra) y los paseos con mi abuelo paterno, quien me enseñó algunas de las cosas importantes de la vida. El primitivo convento, fundado a petición de Santo Domingo de Guzmán, me evoca los tiempos en que Palencia albergó la primera universidad de España».
  8. Iglesia de San Miguel: «Es, sin duda, una de las estampas más hermosas de la ciudad gracias a su genuina torre almenada que se alcanza a ver desde el río, en cuyo legendario templo parece ser que contrajeron matrimonio el Cid y doña Jimena. Próxima a la iglesia, se encuentra la plaza de los Zurradores, un lugar mítico de encuentro con los amigos las noches de muchos sábados de mi juventud».
  9. Palacio Episcopal: «Este peculiar edificio neoclásico, que sirvió como residencia del obispo de Palencia, alberga un Museo Diocesano, poco conocido por el público, con valiosas obras de arte de autores de talla excepcional (Pedro Berruguete, entre otros). El edificio atesora, además, un archivo y biblioteca. Mi recuerdo sobre este lugar gira en torno al primer trabajo que tuve, junto a don Ángel Sancho, hombre bueno y sabio, fundador del citado Museo, con quien aprendí a valorar nuestro rico patrimonio cultural».

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Contribuciones a la Cultura y la Educación

Además de su labor como profesor, Diego Niño Palencia ha participado en numerosos proyectos de investigación y divulgación relacionados con la historia y el patrimonio de Palencia. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y valoración de la riqueza cultural de esta provincia española.

La pasión de Diego Niño Palencia por su tierra y su dedicación a la historia lo convierten en una figura relevante en el ámbito cultural palentino.

La Catedral de Palencia, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.

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