Dian Fossey (1932-1985) fue una famosa antropóloga debido a sus trabajos en relación con los Gorilas de Montaña. Nació en San Francisco, Estados Unidos, el 16 de enero de 1932. Su muerte fue el 26 de diciembre de 1985 en Ruhengeri, Ruanda.
Conocida como una de las primeras primatólogas del mundo, Fossey, junto con Jane Goodall y Birutė Galdikas, formaron las Trimates, el grupo de las tres investigadoras principales en primates: (Fossey en gorilas, Goodall en chimpancés y Galdikas en orangutanes).
El 26 de diciembre de 1985, Dian Fossey, fue asesinada en su cabaña con un panga, un machete que la propia Fossey tenía colgado en una de las paredes de su vivienda. A pesar de ser recordada por sus estudios científicos y por su defensa a ultranza de estos grandes simios, su brutal muerte sigue siendo, a día de hoy, un misterio.
El cuerpo de Dian Fossey fue enterrado en el cementerio que ella misma creó para los gorilas, junto a su querido primate Digit. En su lápida se la llama Nyiramachabelli, que es el nombre con el que los ruandeses se referían a ella y que significa "la mujer que supo adaptarse al bosque".
Dian Fossey Secrets in the Mist: Murder on the Mountain (Full Episode)
Primeros Años y la "Llamada" de la Selva
Tras graduarse en Terapia Ocupacional en la Universidad Estatal de San José, en California, Fossey sintió la llamada de África cuando leyó la obra de George Schaller, un destacado zoólogo norteamericano dedicado al estudio de los gorilas. En 1963 invirtió todos sus ahorros y viajó al continente africano donde conoció al famoso paleontólogo Louis Leakey, del que aprendió que para comprender la evolución humana primero era necesario estudiar a los grandes simios.
Dian Fossey era una amante de los animales que en 1963 decidió hacer realidad un sueño largamente acariciado, reunió todos sus ahorros y se los gastó en un viaje de vacaciones a África. Una vez allí, determinada a ver al antropólogo más afamado del momento, Louis Leakey, se desplazó hasta la Garganta de Olduvai, en Tanzania, donde se encontraba el famoso yacimiento de fósiles en el que el científico trabajaba junto a su mujer.
Su vocación se vio acrecentada porque en este safari africano, Dian Fossey vio a los gorilas por primera vez en su hábitat natural y, según ella misma ha revelado, este hecho cambió su vida. Posteriormente, en referencia a aquellos momentos, escribió: «Su individualidad combinada con la timidez de su comportamiento, fue lo que conformó la impresión más cautivadora de este primer encuentro con el mayor de los grandes simios».
Asimismo ha relatado que cuando en ese viaje su mirada se cruzó con la de un gran gorila, en medio de una espesa vegetación, se sintió fuertemente unida a esos tranquilos y misteriosos animales. De esta manera, Dian Fossey tomó la decisión de explorar aquel vínculo tan poderoso que la unía a aquellos sugestivos simios, y se propuso aprender más sobre ellos.
La situación se mostraba, sin embargo, poco prometedora. Por una parte, estos animales vivían en una región que en aquellos años estaba muy convulsionada políticamente y, además, eran cazados con tanta crueldad que los expertos opinaban que difícilmente llegarían al final del siglo. Pero Dian Fossey era una mujer muy determinada y así, cuando en marzo de 1966 supo que Luis Leakey daría una conferencia en Kentucky, decidió volver a ponerse en contacto con él.
Sólo nueve meses después de que tuviera lugar la entrevista en Kentucky, el 2 de diciembre de 1966, Dian Fossey llegaba a Nairobi firmemente decidida a establecer su campamento en las lejanas montañas del centro de África. La valerosa investigadora ha escrito: «Ni el destino ni la suerte me llevaron a África. Ni tampoco el romanticismo. Tenía un profundo deseo de ver y vivir con los animales salvajes en un mundo que todavía no hubiese sido totalmente cambiado por los humanos.
Dian Fossey con un gorila.
El Centro de Investigación Karisoke
A su regreso a Estados Unidos, y tras ocho meses aprendiendo suajili con el apoyo de National Geographic, Fossey se instaló en África, primero en el Congo, en las montañas Virunga, donde existía una de las colonias más grandes de gorilas conocidas. Meses más tarde, y debido al inestable clima político, tuvo que trasladarse definitivamente a Ruanda. Allí, entre los montes Karisimbi y Visoke, cerca de las fronteras con Zaire y Uganda, fundó el Karisoke Research Center, que funcionó desde 1967 hasta 1980.
Fossey fundó el Centro de Investigación de Karisoke (Ruanda) en 1967. Sus reportajes publicados en National Geographic concienciaron a miles de personas sobre la caza furtiva de gorilas, siendo asesinada en 1985 para silenciarla. En 1983 publicó Gorilas en la niebla, libro que expone sus observaciones y su relación con los gorilas en todos sus años de estudios de campo (convertido en película).
En 1967 Fossey empezó su trabajo en una región no sólo aislada y alejada, sino que sufría una situación de gran inestabilidad bajo la amenaza de un posible golpe de estado militar. Una semana después de haber montado su campamento, escribió a Louis Leakey: «Hasta ahora, en 23 horas y 17 minutos, he tenido nueve contactos con dos ‘familias’ de gorilas». Había descubierto que eran «más curiosos que aprehensivos» con respecto a ella, y que disfrutaban especialmente mirándola trepar a los árboles, «pelar cortezas y comer hojas».
Los primeros meses que Fossey pasó observando a los gorilas de montaña fueron bastante difíciles debido a la dureza del clima y lo escarpado de la zona. Este inconveniente preocupó notablemente a Fossey, pues ya desde los comienzos de su proyecto se había dado cuenta del alto riesgo existente de que estas magníficas criaturas se extinguieran sólo cien años después de haber sido descubiertas por la ciencia.
Inasequible al desaliento, buscó y finalmente halló un lugar, en sus propias palabras: «espectacular […] e impresionante en las montañas Virunga […] ideal para el estudio de los gorilas». establecí el Centro de Investigación de Karisoke. […]. Poco después empezaron nuevos problemas para Dian Fossey, esta vez con los habitantes del lugar y los cazadores furtivos.
La Lucha Contra la Caza Furtiva
Fossey lo tenía todo en contra. Los gorilas eran unos animales poco acostumbrados al contacto con los humanos, los cazadores furtivos no aceptaban su trabajo con los simios y durante los primeros años, Fossey tuvo que realizar sus estudios en soledad y sin ningún tipo de apoyo. La infinita paciéncia de Fossey y el estudio que llevó a cabo en el hábitat natural de los gorilas contribuyeron a cambiar por completo la percepción que se tenía de estos grandes simios ya que la sociedad -debido a películas como King Kong, por ejemplo- los consideraba seres peligrosos y violentos.
Conviene aclarar que, aunque la nueva zona de estudio se encontraba supuestamente en una reserva natural, los furtivos mataban bandas completas de gorilas para capturar las crías y enviarlas a zoológicos que les pagaban un alto precio; además, seccionaban la cabeza, manos y pies a los cadáveres adultos para venderlos como trofeos. Sin embargo, y a pesar de las dificultades, durante los tres años siguientes, Dian Fossey fue capaz de seguir tenazmente el rastro de los gorilas de montaña y terminó por lograr, poco a poco, acostumbrarlos a su presencia. A medida que su relación con los gorilas se iba profundizando, Fossey registraba con gran detalle todo lo que observaba acerca del modo en que vivían y se comportaban, y a comienzos de 1970 había ya recopilado un gran volumen de información.
Pero por esas fechas el problema de los cazadores furtivos se estaba volviendo cada día más grave. Antes tales acontecimientos, Fossey literalmente declaró la guerra a todo aquel que intentase cazar en la reserva. Rápidamente tuvo conciencia de que la situación de los simios era tan urgente como alarmante, y asumió la responsabilidad de luchar para salvarlos. Se dedicó a ello con gran devoción y entrega, lo que la llevó a cometer actos de enorme valentía pero también de suma imprudencia.
Para Fossey se inició una desesperada etapa en la que ya le resultaba imposible ser una observadora académica desapasionada. Y, precisamente por estar tan involucrada emocionalmente en su trabajo, con posterioridad algunos científicos intentaron desacreditarla. Se generó entonces un vivo debate en torno a su persona, mientras unos censuraban su actitud, otros demostraron, sin embargo, su simpatía y un notable experto llegó a manifestar: «Cuando se está ante algún tipo de especie rara lo más urgente es trabajar por su protección.
Dian Fossey Trabajando.
Digit y la Fundación para la Conservación
Su furia contra los cazadores furtivos desembocó en una cacería sin cuartel contra ellos el día que encontró muerto a Digit. Digit era uno de los gorilas que Fossey había estudiado y con el que había logrado una auténtica conexión. Simio y humana llegaron a compenetrarse hasta tal punto que el animal le permitía jugar e interactuar con sus crías.
Digit murió en una emboscada que le tendieron los cazadores furtivos. Poco después, Dian Fossey creó la fundación Digit que serviría para recaudar fondos que ayudaran a la conservación de los gorilas, los desconocidos y misteriosos seres que ella defendería hasta el fin de sus días.
A finales de 1977, Digit, el gorila favorito de Dian Fossey, apareció muerto. El primate murió defendiendo a su grupo de una emboscada de cazadores. Los demás gorilas consiguieron escapar, pero los hombres lo atraparon, lo apuñalaron varias veces, y le cortaron las manos y la cabeza. A esta muerte la siguieron las de varios gorilas más.
Entonces, la cruzada anti furtivos de Fossey se convirtió en una lucha personal y obsesiva. Fossey endureció sus ataques -a menudo físicos- contra los cazadores, y denunció la situación con una campaña mediática. Utilizó la trágica historia de Digit para ganar apoyo para la conservación de los gorilas, y estableció la Fundación Digit para recaudar fondos.
"Gorilas en la Niebla" y el Legado Cinematográfico
En 1983, Fossey publicó Gorilas en la niebla, un libro donde la primatóloga explica su experiencia en África y que constituye uno de los estudios de campo más importantes realizados nunca. El libro se llevó a la gran pantalla en 1988 de la mano del director Michael Apted y el papel de Fossey fue interpretado por la actriz Sigourney Weaver.
Película: Gorilas en la Niebla.
El Misterio de su Muerte
Una semana antes de la muerte de Dian Fossey, la Oficina de Turismo de Ruanda le denegó la renovación de su pasaporte, pero gracias a la ayuda de un amigo que era secretario de inmigración, la primatóloga consiguió que se lo renovaran dos años más. Sin saberlo, este favor significaría su sentencia de muerte.
Treinta y cuatro años después, el asesinato de Dian Fossey sigue sin estar claro. Descartado el móvil del robo, se arrestó a todos los trabajadores de la fundación, incluido un rastreador que había sido despedido unos días antes y que posteriormente se suicidó en la cárcel. Entre los acusados como responsables de su asesinato figuran un hombre conocido como "Señor Z", acusado de instigar y participar en el brutal genocidio ruandés, y Protais Ziriganyirago, cuñado del entonces presidente de Ruanda, Juvénal Habyarimana, y jefe de la mafia de los cazadores furtivos.
Tras el asesinato de Dian Fossey, se arrestó a todos los trabajadores de la fundación, incluido un rastreador que había sido despedido unos días antes y que posteriormente se suicidó en la cárcel.
Fossey, en continua lucha con los cazadores furtivos, creó un centro de investigación para proteger a los gorilas y difundió la idea de que era una bruja para ahuyentar a los visitantes no deseados.Según palabras de la primatóloga Kelly Steward que trabajó con Fossey una temporada: "Su amor por los gorilas y su odio hacia los cazadores furtivos realmente influyeron en su comportamiento, y algunas personas piensan que al final esos sentimientos se interpusieron en el camino de la gestión racional del centro de investigación".
Sumida en una profunda depresión tras la muerte de Digit, Fossey se encerró en su cabaña, donde empezó a beber más de la cuenta, y se aisló del resto de colaboradores, con los que tampoco mantenía una buena relación. Acusó al gobierno ruandés de dar la orden de matar al gorila, y acabó ganándose un enemigo mucho más poderoso.
Con todo, Fossey logró reunir fondos para la conservación de los gorilas, aunque la mayoría de ese dinero al final se destinó al rodaje de películas que sirvieran para concienciar a la opinión pública del peligro al que estaban sometidos estos animales.
