La díada madre-hijo constituye el núcleo primordial del desarrollo psicológico humano. Esta relación única, que se inicia incluso antes del nacimiento, juega un papel fundamental en la formación de la personalidad, la salud mental y la capacidad de establecer vínculos emocionales saludables a lo largo de la vida.
Antecedentes históricos y teóricos
La investigación sobre la importancia de los primeros años de vida se puso en evidencia en el siglo XVII, debido a los famosos casos de los niños salvajes, como el de Aveyron. De estos casos surgió la teoría del período crítico: lo que no se aprende en su momento no puede aprenderse con posterioridad.
En los orfanatos alemanes del siglo XIX se intentó incrementar la esperanza de vida de los menores, que era muy inferior a la de aquellos niños que vivían en familias normales. A pesar de los esfuerzos en cuanto a incrementar las condiciones de salubridad, al final se constató que lo importante era el cariño y la afectividad del cuidador, y su ausencia provocaba trastornos físicos y psicológicos del desarrollo.
René Spitz y el "hospitalismo"
René Spitz, basándose en observaciones directas de niños en instituciones, elaboró tres conceptos fundamentales que transformaron nuestra comprensión del desarrollo infantil:
- Hospitalismo: Conjunto de perturbaciones somáticas y psíquicas en niños (0-18 meses) por permanencia prolongada en instituciones sin contacto materno.
- Depresión Anaclítica: Depresión en bebés por privación afectiva parcial tras haber disfrutado de relación normal con la madre.
- Marasmo: Fase terminal del hospitalismo: deterioro físico y psicológico severo por privación afectiva total prolongada.
En su estudio de 100 niños en un orfanato, Spitz descubrió que incluso cuando las necesidades básicas (alimentación, higiene) estaban cubiertas, la ausencia de vínculo afectivo producía mortalidad del 37% en el primer año de vida. Sus películas documentales mostraron bebés con ojos vacíos, sin respuesta a estímulos, que literalmente «se dejaban morir». Este hallazgo transformó radicalmente las prácticas de cuidado infantil en instituciones a nivel mundial.
JOHN BOWLBY - TEORÍA DEL APEGO
John Bowlby y la Teoría del Apego
John Bowlby integró conceptos de biología evolutiva, etología, psicoanálisis y psicología cognitiva para desarrollar la Teoría del Apego. Propuso que los bebés humanos, como otros mamíferos, nacen con un sistema conductual de apego innato que los impulsa a mantener proximidad con sus cuidadores para asegurar la supervivencia.
Sistema de Apego: Sistema motivacional innato que organiza comportamientos (llorar, sonreír, agarrar, seguir) para mantener proximidad con figuras de apego, especialmente en momentos de estrés o peligro.
Base Segura: El cuidador sensible proporciona una «base segura» desde la cual el niño puede explorar el mundo, sabiendo que puede regresar en busca de confort y protección.
Modelos Internos de Trabajo: Representaciones mentales del self y otros formadas a partir de interacciones repetidas con cuidadores. Guían expectativas y comportamientos en relaciones futuras.
Período Sensible: Los apegos primarios se forman principalmente entre los 6 meses y 2 años de edad.
Mary Ainsworth y los estilos de apego
Mary Ainsworth desarrolló el Strange Situation Procedure (SSP), considerado el «estándar de oro» para evaluar el apego en bebés de 9 a 30 meses. Las clasificaciones de apego se basan principalmente en el comportamiento del bebé durante los episodios de reunión (5 y 8), evaluando cómo utiliza a la madre como base segura y cómo busca confort tras el estrés de la separación.
Los cuatro estilos de apego
Existen cuatro estilos de apego principales, cada uno con características y consecuencias distintas:
- Apego Seguro (Tipo B): (~65%) Busca activamente a la madre, se calma rápidamente con su confort, y retorna a la exploración. Origen: Cuidadores sensibles y consistentemente responsivos a las señales del bebé. Pronóstico: Mejor regulación emocional, relaciones más satisfactorias, mayor resiliencia.
- Apego Evitativo (Tipo A): (~15%) Muestra poca o ninguna angustia visible. No muestra mucha diferencia de trato con la madre vs. el extraño. Origen: Cuidadores que rechazan o ignoran las necesidades emocionales del bebé. Pronóstico: Dificultad para expresar emociones, relaciones distantes, supresión de necesidades de apego.
- Apego Ambivalente (Tipo C): (~10%) Muestra gran angustia y dificultad para calmarse. Origen: Cuidadores inconsistentes, a veces responsivos y a veces negligentes. Pronóstico: Ansiedad, inseguridad, dificultad para regular emociones, relaciones demandantes.
- Apego Desorganizado (Tipo D): (~10%) Muestra comportamientos confusos, contradictorios o aprensivos. Origen: Cuidadores que son fuente de miedo o peligro para el niño (ej., maltrato, negligencia severa). Pronóstico: Mayor riesgo de problemas de salud mental, dificultad para formar relaciones estables, falta de estrategias de afrontamiento.
Neurobiología del apego
La oxitocina es un neuropéptido liberado durante el parto, la lactancia y las interacciones afectivas. Actúa sobre el cerebro para estimular el comportamiento maternal y juega un papel central en la formación del vínculo madre-hijo.
Hallazgos neurobiológicos clave
- Oxitocina y Comportamiento Maternal: Los niveles de oxitocina durante el embarazo y posparto predicen comportamientos de vínculo maternal: mirada al bebé, contacto afectivo, y verificación frecuente del bebé (Feldman et al., 2007).
- Sincronía Conductual: En condiciones de alta sincronía afectiva madre-bebé, los niveles de oxitocina del bebé correlacionan significativamente con los de la madre (Feldman et al., 2010).
- Sincronía Cerebral: Estudios de neuroimagen (2023-2024) muestran que ~44% de las regiones cerebrales se sincronizan cuando madres observan interacciones madre-bebé. La sincronía es mayor durante lactancia (Minagawa et al., 2023).
- Activación Diferencial: Madres con estilo sincrónico muestran mayor activación del núcleo accumbens (recompensa).
Investigaciones recientes describen la díada madre-bebé como un sistema de «dos cerebros funcionando como uno» (two-in-one-system). Esta sincronía neural facilita el aprendizaje social, la regulación emocional co-regulada, y la transmisión de información emocional de madre a hijo.
Transmisión intergeneracional del apego
Uno de los hallazgos más consistentes en la investigación del apego es la transmisión intergeneracional: los patrones de apego de los padres predicen los patrones de apego de sus hijos.
Apego Madre (AAI) → Modelos Internos de Trabajo → Sensibilidad Materna → Apego Bebé (SSP)
Mecanismos de transmisión
Los padres con modelos internos seguros interpretan correctamente las señales del bebé y responden sensiblemente. En un meta-análisis de 661 díadas en 13 estudios (van IJzendoorn, 1995), se encontró que 75% de madres e hijos tenían clasificaciones de apego concordantes (seguro vs. inseguro).
| Estudio | Porcentaje de concordancia apego madre-hijo |
|---|---|
| Meta-análisis de van IJzendoorn (1995) | 75% |
Investigaciones recientes ofrecen esperanza: si una madre ha podido construir un nuevo modelo de trabajo del self en una relación de apego de apoyo, el bebé no experimentará una repetición de las relaciones infelices de la infancia de la madre. Bretherton (1990) concluyó que «sobre la base de comunicación recíproca abierta y adecuada, tal bebé desarrollará un apego seguro a pesar del hecho de que la madre no experimentó relaciones seguras en su propia infancia.»
El vínculo materno-fetal
El vínculo de apego que establece una madre con su hijo, reconocido por su relevancia en el desarrollo psicológico infantil (Bowlby, 1976), ha constituido un terreno fértil donde diversos estudios e intervenciones se han centrado en establecer los factores relevantes en el origen y desarrollo del mismo, así como en las estrategias para su promoción en la primera infancia (Tizón, 2010). Sin embargo, investigaciones provenientes de diferentes ramas de la salud señalan desde hace más de 20 años, que este vínculo no surge en el período posterior al nacimiento sino que tiene su origen en la etapa prenatal.
Los primeros datos acerca de la existencia del llamado vínculo materno-fetal -de carácter unidireccional desde la madre hacia el feto, frente al carácter bidireccional del vínculo de apego- provienen de investigaciones clásicas acerca de la pérdida perinatal y el dolor asociado a la misma. Provienen también del estudio de la relación existente entre la madre y el bebé en el post-parto temprano (Brandon, Pitts, Denton, Stringer y Evans, 2009; Klaus et al., 1972) y del trabajo de Rubin (1967) en el cual, buscando definir la importancia y los factores que intervienen en el inicio del rol materno, postula que la relación existente entre una madre y su hijo recién nacido es consecuencia de un proceso de vinculación prenatal.
Sobre esta base, Condon y Dunn (1988) rescatan la hipótesis de Caplan (1961), que afirma que si se conoce la calidad de vinculación de la madre con el feto, es posible predecir la calidad de la vinculación en el post-parto temprano, ya que en la mayoría de los casos ambas vinculaciones son idénticas, constituyendo el parto un episodio de transición entre ellas. (Condon y Dunn, 1988). Otra fuente de resultados significativos relativos a la construcción teórica del concepto de vínculo materno-fetal, proviene del ámbito empírico de la enfermería.
Mecca Cranley (1981) es considerada pionera en establecer tanto una definición operativa (Tabla 1) "el grado en el que las mujeres se dedican a comportamientos que representan una filiación y la interacción con su hijo por nacer" (Cranley, 1981, p.282), como en la creación del primer instrumento de medición del vínculo materno-fetal Maternal fetal attachment scale (Cranley, 1981). Siguiendo esta línea investigadora, Muller (1992) redefine el concepto introduciendo una nueva visión, según la cual el vínculo materno-fetal es una relación única de la madre hacia el feto y es independiente de los sentimientos que ésta tiene acerca de sí misma como madre o como mujer embarazada.
La primera definición procedente del campo de la salud mental, se origina en la investigación acerca del vínculo en el post-parto temprano del psiquiatra australiano John Condon (1988) que plantea que este vínculo es predecible con un alto grado de certeza si se presta atención a la calidad del vínculo de la madre hacia su hijo no nacido. Su teoría de la "primera impresión" abarca tanto aspectos cognitivos, como aspectos afectivos. Dentro de los primeros se encuentran el examen físico minucioso al recién nacido, valorando su comportamiento y apariencia; los segundos se basan en representaciones, que pueden incluir desde un profundo cariño y ternura hasta shock o ambivalencia. La hipótesis central es que el parto no cambia ni instaura el vínculo que las madres sienten hacia su bebé, ya que éste abarca todo el periodo perinatal incluyendo embarazo y post-parto (Condon y Dunn, 1988).
Posteriormente Condon y su equipo, definen el vínculo materno-fetal como "el lazo emocional que normalmente se desarrolla entre una mujer embarazada y su hijo no nacido" (Condon y Corkindale, 1997, p.359). Los avances tecnológicos en el campo del diagnóstico prenatal han aumentado el interés de la comunidad científica acerca del vínculo materno-fetal. La posibilidad de acceder a técnicas de ultrasonido que permiten ver más claramente al feto en etapas tempranas de su desarrollo y en tiempo real, han facilitado que los futuros padres imaginen y representen al feto como un ser independiente (Alhusen, 2008; DiPrieto, 2010). Según Brandon et al. (2009) los primeros estudios acerca de cómo la visión temprana del feto en imágenes ecográficas contribuye a la creación de un lazo afectivo con él, datan de la década de los 80. Lumley (1982) sugiere que esta visión permite a las madres pensarlo como una persona real y diferente de sí misma estableciendo una primera relación afectiva. Si bien existe un consenso entre los investigadores de diferentes disciplinas, acerca de la existencia e importancia del lazo emocional que una mujer establece con su bebé no nacido (Shieh, Kravitz y Wang, 2001), no lo hay en cuanto a la terminología utilizada.
Esta controversia en la literatura científica sobre el tema se centra en la utilización del término "apego" para designar esta relación (Condon y Corkindale, 1997; Cranley, 1982; Muller, 1992). Siguiendo las definiciones clásicas acerca del apego (Bowlby, 1976), este se activa en la interacción recíproca madre-bebé, promoviendo la proximidad y contacto necesarios para proporcionar al niño la base segura que le permite la exploración del mundo a la vez que consuelo y protección. El apego es un sistema que se dirige tanto en su componente cognitivo como afectivo hacia el cuidador principal que es esencialmente la madre (Walsh, 2010). Partiendo de esta premisa, algunos autores exponen que las representaciones que activan el lazo emocional de la madre hacia el feto tienen más que ver con un sistema de cuidado, que con uno de apego; debido a que la función de los sistemas de cuidado es la disponibilidad y cercanía afectiva de la madre para proveer la atención y protección necesarias para el óptimo desarrollo (Van den Bergh y Simons, 2008). Otros autores sugieren que el sistema de cuidados concebido como la necesidad y deseo de protección al feto, es parte de una relación más amplia que incluye cognición, emoción y comportamientos y donde se experimentan y expresan afectos de modo estable (Doan y Zimerman, 2003).
Siguiendo la línea de estos trabajos (DiPietro, 2010; Doan y Zimerman, 2008), definir el vínculo materno-fetal es una tarea compleja; el mismo, podría ser definido como la filiación de la madre hacia el feto asociada con los aspectos emocionales y cognitivos necesarios para recrearlo como otro ser humano. Como síntesis de los argumentos expuestos hasta ahora, parece oportuno distinguir entre apego como un conjunto de sistemas e interacciones bi-direccionales y el vínculo materno-fetal como un sistema unidireccional con diversas manifestaciones cognitivas, afectivas y comportamentales. Dichas manifestaciones permiten el desarrollo habilidades propias de la función materna, como la protección y la búsqueda de contacto, las cuales se expresan también, en el periodo posterior al nacimiento (Doan y Zimerman, 2003).
En lo referente al estudio de las variables influyentes en el origen y desarrollo del vínculo materno-fetal, autores como Doan y Zimerman (2008) han señalado los cambios en el bienestar psicológico de la madre, diferentes aspectos de la historia personal y múltiples variables psicosociales. De igual manera estos autores indican, que la presencia de habilidades cognitivas y emocionales para recrear al feto como un individuo diferenciado, así como el propio estilo de apego seguro en la infancia o una relación positiva actual con los padres, establecen las bases para un desarrollo positivo del vínculo materno-fetal; dicho vínculo experimenta un incremento exponencial a partir de la percepción de los movimientos fetales y en las últimas semanas de gestación de cara al parto (Damato, 2000; DiPietro, 2010). Dentro de las variables psicosociales se encuentran las características de personalidad de la madre como la empatía, las características específicas del embarazo como la planificación del mismo, el control de la ansiedad y el estrés en los procesos de fertilización asistida, el manejo del impacto emocional de las pérdidas perinatales anteriores, un buen perfil socio-demográfico y un buen apoyo social percibido (Damato, 2000; Doan y Zimerman, 2008).
De la misma forma que las habilidades cognitivas y emocionales son necesarias en el inicio y fortalecimiento del vínculo, su expresión tiene que ver con componentes cognitivos y afectivos. Dentro de los elementos cognitivos se encuentran los pensamientos o representaciones mentales acerca del feto, que permiten a las madres realizar incluso, atribuciones de personalidad y comportamiento; por otra parte, los elementos afectivos hacen referencia a la empatía y el placer en la interacción. Finalmente un último elemento de la expresión del vínculo materno-fetal, se relaciona con comportamientos asociados a las prácticas de salud en función del bienestar del feto, por ejemplo el seguimiento obstétrico, la intención de no hacerle daño y la reducción o finalización del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas (Doan y Zimerman, 2008; Yarcheski, Mahon, Yarcheski, Hanks y Cannella, 2009). Estas prácticas dirigidas a la búsqueda de bienestar en el embarazo y a la protección del óptimo desarrollo fetal constituyen además un fértil campo de estudio; así lo demuestran diversas investigaciones actuales enfocadas en el campo de la salud primal, el cual reúne la vida fetal, parto, post-parto y primer año de vida (Magee et al., 2014; Pisoni, 2014; Shieh, y Kravitz, 2006). Estas investigaciones permiten aumentar el entendimiento y la importancia de la relación materno-fetal, como variable indiscutible en la prevención y en el fortalecimiento y promoción de las prácticas de parentalidad positiva.
Vínculo materno-fetal, estado emocional materno y desarrollo psicológico
El estudio acerca de la importancia de factores emocionales, ambientales y sociales en el periodo gestacional, ha permitido detallar la influencia del estado psíquico materno tanto en variaciones en tiempo real del comportamiento fetal; como en algunas alteraciones fetales del desarrollo, las cuales presentan un correlato en el periodo post-natal. Así mismo se ha descrito su repercusión en el vínculo materno-fetal y posteriormente en el comportamiento, desarrollo y vinculación neonatal.
Una considerable cantidad de literatura científica ha permitido detallar y conocer entre otras, cómo el grado de ansiedad materna (Allison, Stafford y Anumba, 2011; Talge, Neal y Glover, 2007), el estrés percibido (DiPietro, 2012; Hernández-Martínez, Arija, Balaguer, Cavallé y Canals, 2008), la presencia de depresión (Alhusen, Hayat y Gross, 2013; Lindgren, 2001) y los factores socio-económicos poco favorables (Alhusen, Gross, Hayat Rose y Sharps, 2012), se relacionan con el grado de vinculación materno-fetal y con las prácticas de salud o comportamientos que pueden afectar el desarrollo del embarazo y el bienestar fetal. Dentro de estos comportamientos y prácticas de salud se encuentran la abstinencia o reducción del consumo de alcohol (Sedgmen, McMahon, Cairns, Benzie y Woodfield, 2006), del tabaco (Magee, et al., 2014; Massey et al., 2015) y de otras drogas (Shieh y Kravitz, 2006), así como los efectos positivos del descanso, la alimentación adecuada y la atención prenatal (Lindgren, 2001).
Estudios realizados tradicionalmente desde la medicina materno-fetal y la psicobiología han descrito dos tipos de cambios relacionados con la influencia del estado psicológico de la madre durante el embarazo (Tabla 2). Los primeros inducidos por medio de la manipulación experimental de dicho estado, indican variaciones en tiempo real de la dinámica del comportamiento fetal, principalmente aspectos medibles que se expresan así mismo en el recién nacido tales como los patrones de frecuencia cardiaca, su variabilidad o estabilidad y la actividad motora (DiPrieto, 2010, 2012); este comportamiento refleja además, los procesos de desarrollo y maduración del sistema nervioso central (Kurjak, Stanojević, Predojević, Laušin y Salihagić-Kadić, 2012).
Dentro de las investigaciones en este campo, se encuentran las de exposición materna a la tarea Stroop Color-Word la cual se relaciona con una importante respuesta del sistema nervioso simpático en la mad...
En definitiva, la díada materno filial es esencial para un desarrollo psicológico saludable. Un vínculo seguro y una relación afectiva positiva entre madre e hijo sientan las bases para la autoestima, la regulación emocional y la capacidad de establecer relaciones interpersonales satisfactorias a lo largo de la vida.
