Fernandisco y Hombres G: Un Viaje a Través de la Música y el Significado Detrás de "Devuélveme a Mi Chica"

Cuarenta años como 'pope' de la radio musical dan para mucho. Fernando Martínez (Badalona, 1959) es Fernandisco y la presentación ya está hecha. Su popularidad en los 90, al frente de ‘Del 40 al 1’, fue tan grande como la de muchas de las estrellas de la música que pinchaba en la radio y la tele. Ahora, tras 20 años fuera, acaba de regresar a su casa en Los 40 Classic.

Fernandisco es amigo de Fernando, es su marca y convive con él perfectamente porque no es un tío nada complicado. No colecciona coches deportivos ni yates. Es un tipo normal con una vida estándar y que tiene sus gustos como cualquiera. Le gustan el rock clásico, Edgar Allan Poe, Orson Welles y Clint Eastwood con la voz de Constantino Romero. Igual parece aburrido, pero ser un tío normal es fundamental. Si te dejas devorar por el éxito, estás muerto. Duras una década y luego desapareces. Yo llevo 40 años en esto y no es casualidad.

Fernandisco comenta que siempre ha sabido esquivar muy bien los charcos personales y profesionales. En esos años podía haberme metido en muchos, las tentaciones de todo tipo eran constantes, pero tengo dos hijos y una mujer que son lo más importante en mi vida. Mi familia y mi trabajo conviven maravillosamente bien porque yo soy un tipo normal.

Claro y eso es muy cómodo porque lo único que tengo que hacer es convertirme en un storyteller y contar las historias y las anécdotas de los artistas, que a la mayoría los conozco y los he entrevistado. Freddy Mercury, Bruce Springsteen, Phil Collins, Antonio Vega, Antonio Flores, Tino Casal… Todos forman parte de mi vida. Tino venía a verme trabajar a la radio y me traía café.

Fernandisco recuerda que estar rodeado de estrellas del rock y supongo que hubiera sido fácil creerme una de ellas. En esa época del boom de los vídeos musicales, había momentos en que me decía a mí mismo: "No sólo está la MTV, también estoy yo". Pero en vez de que ese pensamiento me llevase a creerme importante, lo que hacía era pensar cómo ser mejor cada día. Fueron 12 años sin vacaciones, currando todos los días. Fue muy chulo, pero no tenía ni tiempo para pensar en hacer tonterías. Vivía para trabajar.

Ahora he vuelto a casa, a Los 40 Classic, y disfruto porque muchas de las canciones que pongo las cree yo hace 30 años y se han convertido en clásicos. Como yo. Soy un clásico que pone clásicos [risas].

El locutor posa en la azotea de la Cadena SER, en Gran Vía.

En Spotify está todo pero, como la canción de Riccardo Cocciante, es una bella sin alma. No hay nada más que canciones y algoritmos, pero la gente quiere oírte en la radio, quiere estar en un coche y que le cuentes algo, necesita un conductor de historias. Yo soy ese tío. Al rock también le llevan matando años y ahí sigue. Soy hijo del rock y me llevan los demonios cuando escucho a chavales jóvenes que se ríen de los Beatles o de los Rolling.

Fernandisco compara el ‘Yesterday’ o el ‘Strawberry fields forever’ con cualquier canción de las que oigo ahora y a mí sí me da la risa. Lo que pasa es que entiendo que esa música que yo no comprendo es la música del tiempo de mucha gente y ahí se acaba mi diálogo.

Cuando mi madre escuchó ‘Devuélveme a mi chica’ de Hombre G , Me dijo "¿Cómo que ‘sufre, mamón’? ‘Esto es ridículo"’. Supongo que es lo que me pasa a mí ahora con el reguetón. No te gusta nada.. No, nada, pero ¿quién soy yo para hablar de la música del tiempo de mucha gente que tiene 20 años y no está en mi sintonía? A mí me espanta y lo único que me consuela es que, cuando pincho y pongo Queen o AC/DC... Son clásicos que ya forman parte de su memoria sentimental.

De lo que me quejo es de que demasiadas letras de reguetón me parecen muy ofensivas y tengo la sensación de que no es necesario para esas canciones decir tantas chuminadas. La gente joven que las canta igual ni piensa en su significado, pero el cantante sí sabe que tienen connotación sexista y quiere demostrar que es más machito que nadie. La gente se lo traga todo con el reguetón y es una pena.

La mítica banda de los 80 celebrará sus cuatro décadas de existencia con una gran gira que pasará por 18 ciudades españolas. Charlamos con David, Dani, Rafa y Javi sobre lo que significa ser un grupo generacional, el secreto de su longevidad y la corrección política que impera en la actualidad.

Hombres G: Íconos de una Generación

Nunca fueron los guapos del barrio pero se las arreglaron para reclutar a un voraz ejército de chicas cocodrilo que les perseguía allá donde fuesen. En la efervescente España de los años 80, Hombres G protagonizaron un histérico fenómeno fan de una magnitud que por estos lares solo habíamos atisbado en televisión con aquellos primerizos Beatles en blanco y negro. Con el paso del tiempo dejaron de ser pasto de la excitación adolescente para convertirse, también como los fab four, en uno de esos escasos grupos capaces de unir a varias generaciones alrededor de un ramillete de hits incombustibles e inagotables.

"No sabemos por qué, no tenemos explicación, pero nuestras canciones no acaban de envejecer nunca", admite encogiéndose de hombros David Summers, ahora que el grupo que formó con Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez y Javier Molina está a punto de cumplir 40 años. Aniversario que planean celebrar con una gran gira conmemorativa que hará parada en 18 ciudades españolas en 2023 y cuyos pormenores presentaron esta semana en el madrileño bar La Peligrosa, entre discos de vinilo clásicos y botellines de Heineken.

En cierto momento de la reciente película 'Voy a pasármelo bien', que reivindica sus canciones y el espíritu de toda una época, el niño protagonista es hostigado por los típicos abusones de colegio con una cantinela que sonará a más de uno: "A ver qué estás escuchando... ¿los Hombres G? ¿así que te gustan esos pijos?". Ante lo que el chaval protesta airadamente: "!No son pijos, son normales!". Y quizás ahí, en esa sana normalidad de la que siempre han hecho gala, resida la clave de su longevidad.

David: Lo llevamos de puta madre. Han sido 40 años muy divertidos, pero nosotros somos amigos desde hace más tiempo. Y cuando estás con tus amigos haciendo lo que te gusta, te permiten seguir haciéndolo y encima te pagan, es una vida absolutamente privilegiada.

Rafa: Nos conocimos en un momento en el que todos teníamos ganas de hacer lo mismo, de hacer música, de montar un grupo. Todos estábamos dispuestos y las cosas fueron saliendo bien, a nuestra manera. Cuando sucede eso tienes que seguir haciéndolo. Es una coincidencia de varias cosas, pero la música es lo que nos mantiene unidos.

Rafa comenta que nunca hemos discutido en plan serio. Cuando tenemos que tomar decisiones, lo hablamos entre los cuatro y siempre hay un punto en común, que es la idea que tenemos cada uno de lo que somos como grupo. Desde que empezamos a hacer las canciones, a decidir los singles y las portadas de los discos, todo lo hemos decidido siempre juntos en un consenso hablado que nunca ha llegado a discusión real.

David: Eso es una satisfacción enorme. Es increíble porque incluso nos hemos acostumbrado a tener esa sensación tan maravillosa, pero nunca dejamos de sorprendernos. Últimamente estamos viendo en las primeras filas a niños entre 12 y 15 años que son otra nueva ola de chavales enganchados a nuestras canciones, las viejas y las menos viejas. Es un placer enorme seguir cantando estos temas una y otra vez y que el público responda de la misma manera.

Javi: Yo me acuerdo de ver hace muchos años conciertos de Paul McCartney en los que estaba toda la familia: el abuelo, el padre y el crío subido a sus hombros. Yo pensaba: “Si algún día nos pasara a nosotros…”, y nos ha pasado. En España no sé a cuánta gente, pero a nosotros nos ha pasado. Creo que lo más importante que le puede ocurrir a un artista en su carrera es esto.

David: Nuestra intención siempre ha sido transmitir buen rollo a la gente, diversión, humor, amor… nunca en la vida hemos hecho canciones con intención de polemizar, molestar u ofender a nadie. Por eso nunca vamos a pedir perdón ni a cambiar ni una sola coma de lo que hemos escrito. Además, ni siquiera me vale la excusa de que esta canción está hecha hace 40 años. ¿Eso qué significa? ¿Qué hace 40 años se podía decir todo lo que quisieras y ahora no? Tendría que ser al revés. Tendríamos que decir esto hace 40 años no se podía hacer y ahora sí.

David: Hombre, por supuesto que sí. No es que haya una censura oficial, porque no hay un policía que te prohíba decir lo que quieras, ni hay un censor como en la época de Franco, en la que te cortaban trozos de películas con unas tijeras como le hacían a mi padre. Pero sí hay una autocensura alarmante. Incluso yo mismo, si ahora escribo una letra y veo una línea que pueda molestar o escandalizar a alguien, me digo "no lo hago, para qué?".

David opina que nunca he pretendido molestar a nadie, pero antes no me lo pensaba, decía lo que quería, escribía lo que me daba la gana y todo era positivo. Es más, en los años 80 lo que era ridículo era ofenderse por algo. Estrenábamos una libertad que no habíamos tenido durante todo el franquismo y de repente hubo una explosión, y la gente podía ser irreverente y decir lo quisiera. Me acuerdo cuando las Vulpes hicieron ‘Me gusta ser una zorra’, que quienes se escandalizaron fueron las señoras que iban a misa.

Rafa: A todos esos (risas) ¿Qué tendría ahora Marta en vez de un marcapasos?

David: Pero un marcapasos no es ofensivo…

Javi: Bueno, la asociación de cardiólogos… (risas)

Rafa: Tendría un marcapasos más pequeño, más potente y más duradero, porque la tecnología ha avanzado.

Dani: Nuclear.

David: Cuando ves a la gente cantando esas canciones contigo se vuelven a recargar de emociones cada noche. Hemos tocado 'Sufre mamón' miles de veces, pero cada vez que la tocamos vemos a la gente tan feliz que merece la pena. Son 3 minutos 10 segundos en los que la gente se lo pasa bomba.

Rafa: Secretos, Siniestro Total, Mikel Erentxun… Tenemos relación de amistad con muchos.

David: 'La chica de ayer', algún tema de Antonio (Vega), que hizo canciones preciosas.

David: Nosotros hemos dado lugar a la aparición de muchos grupos que querían ser como nosotros, cosa que nos halaga mucho. Pero realmente yo creo que ni siquiera esos grupos son como nosotros. Tienen su propia personalidad y su estilo. Pero sí es verdad que tenemos un montón de “hijos”.

Rafa: No, nosotros respetamos todo tipo de música, por supuesto, pero hay estilos en los que no nos vemos. Como el reguetón o el flamenco, porque no sabríamos hacerlo bien y no nos interesa.

David: No tenemos nada malo que decir del reguetón, para nada. Lo que pasa es que no es nuestro rollo, ni nuestro estilo, ni la música que nos gusta. Tampoco vamos a hacer nunca un disco de sevillanas, ni de fandangos de Huelva ni de jazz.

Rafa: ¡Sí!

Si hay un músico español que ha sabido capturar el espíritu de toda una generación y mantenerlo vivo durante décadas, ese es David Summers (Madrid, 1964). Como líder de Hombres G, ha sido la voz de canciones que han trascendido el tiempo, como Devuélveme a mi chica, Venezia, Sufre, mamón o Te quiero.

Aunque han pasado muchos años, David Summers sigue haciendo lo que más le gusta: cantar, escribir y subirse a un escenario con la misma pasión del primer día. El artista ha vivido una vida llena de desplazamientos, de ciudades que se cruzan con canciones, de noches en carretera y madrugadas de aeropuerto.

David Summers, líder de Hombres G, reflexiona sobre su vida y carrera:"Nunca hemos sido personas raras ni con ínfulas. Para mí, este es un oficio maravilloso: poder dedicarme a la música, cantar para la gente y ver cómo disfruta. Soy muy consciente de que tengo el mejor trabajo del mundo, uno que consiste en hacer feliz a los demás. Pero siempre lo he tomado con mucha naturalidad. Lo veo como un oficio más, sin darle mayor importancia de la que tiene. Hay que quitarle la tontería que a veces lo rodea. Al final, se trata de escribir canciones bonitas, con una letra que intenta llegarte al corazón. Para mí, mis canciones son más importantes que yo. No voy de David Summers por la vida. Soy David Summers cuando estoy en el escenario, pero cuando voy por la calle soy David, y en casa soy papá".

Antes de salir al escenario, todos nos deseamos un buen bolo, nos damos un abrazo fuerte, un beso y salimos con una sola idea: la vamos a liar hoy, y ya está.

Cuando David Summers nació, su padre se compró un Sunbeam Alpine (del mismo color que el de la foto), que el propio cantante aún conserva como un tesoro.

David levanta una cortina y veo sus dos joyas sobre ruedas: el Sunbeam Alpine del 64 y un Porsche 911 Carrera, de color negro, del 83.

El día que nací, mi padre lo compró. Siempre me decía: “Este coche lo tienes que cuidar, porque lo compré el día que tú naciste”. Y yo siempre le hice caso. Lo tengo impecable, aunque justo ahora, por circunstancias puntuales, está sucio. Por otro lado, el Porsche se lo compré nuevo a Emilio de Villota, que, en aquel momento, era presidente del Club Porsche España. Aunque yo quería un cabrio, el vendedor me lo desaconsejó porque yo era muy joven y me dijo “tienes 20 años, vas a ir fuerte y vas a dar una vuelta de campana”. Así que me quedé este. Lo tengo conmigo desde entonces y se quedará para siempre.

En casa tenemos tres vehículos más, un Jeep que conduce mi mujer, un Mini eléctrico y un Land Rover Defender (el nuevo), que es una maravilla. Donde esté este todoterreno, que se quite todo lo demás. Como hago tiro deportivo, me va muy bien para meter las armas, la munición y las dianas, e irme al campo a practicar.

Cuando estamos de gira, lo habitual es que vayamos en una furgoneta grande, salvo en América, donde nos llevan en avión privado normalmente, porque las distancias son enormes y tienes que llegar rápido a los sitios. Eso ahora, porque también hemos hecho largos trayectos por carretera, como ir de punta a punta en México. Dos días enteros en un autobús… Eran unos viajes increíbles, que a mí me encantaban.

Fue un Ford Fiesta, pero azul marino. Lo heredé de mi hermano y era el coche que mi padre le compró cuando se sacó el carnet; luego ya lo compartíamos entre nosotros. Cuando empecé a tener algo de dinero, le compré un Golf GTI de segunda mano a un amigo. Era el primero, con la mítica tapicería de cuadros en los asientos y el pomo de la palanca del cambio que imitaba una bola de golf. Era un cochazo. Luego tuve otro igual, pero cabrio, muy bonito, en color corinto y con la capota negra de tela. En aquella época, era como un boxeador sonado; cada año me cambiaba de coche.

Con el Fiesta tuve algún golpe, porque era un conductor novel. Iba con la L y el coche tampoco tenía mucha estabilidad. Una vez, en la M30, entré en una curva un poco rápido y acabé montado en el guardarraíl. Recuerdo que me saqué el carnet, y en cuanto lo tuve en la mano, dije: “Me voy a la facultad”. Estaba muy lejos de mi casa. Al final, llegué sin saber ni por dónde iba, con un dolor de piernas y de huesos por la tensión. Con ese coche también nos íbamos de fiesta a la sierra y cogíamos unas borracheras... Éramos unos impresentables absolutos.

Me acuerdo de cuando éramos pequeños y pasábamos los veranos en Andalucía. Mi madre, que tiene 88 años, todavía vive allí, en una finca en Huelva que pertenece a la familia desde hace casi 200 años. En verano íbamos siempre a pasar unos días allí y luego nos acercábamos a la playa de Huelva. Esos viajes, que ahora los hago en tres horas y media, antes nos llevaban ocho. Íbamos mi madre, mi padre, mi hermana, Manolo, la Tata, el canario de la Tata y yo. Todos metidos en un coche, pasando un calor de muerte. Me sentía como los españolitos de verdad, haciendo ese tipo de viajes. Mi madre hacía ese mismo trayecto en el 600 rojo que tenía. Muchas veces íbamos en ese coche los cinco: mi madre, la Tata, mi hermano, mi primo Curro y yo; los tres detrás, con el coche a reventar de cosas.

¡Mogollón de veces! Todavía hoy me sigue reconociendo muchísima gente. Mira, a mí lo peor que me podía pasar en los años 80 era que se me pusiera en rojo el semáforo delante de un colegio a las cinco de la tarde, la hora en la que salían las niñas. Imagínate la escena: yo parado con mi Porsche, que era precioso, pronto empezaban a mirar, primero al coche y luego me veían dentro. Entonces se formaba una melé encima del capó. Se me tiraban encima, empezaban a dar golpes, puro histerismo. Y yo ahí, sin saber qué hacer. El histerismo que había en esos años era una locura. La gente tiende a pensar que aquella época fue más importante para nosotros que la de ahora, y es justo al revés. Ahora lo es mucho más, puesto que tocamos en sitios mucho más grandes, con mucha más audiencia en todos los sentidos, con un público más amplio. Sin embargo, el ruido que provocaba la locura de los años 80 no tiene comparación.

Nunca lo he entendido. Por eso, ya en los años 80, hice la canción El ataque de las chicas cocodrilo, en la que decía “Nunca fuimos los guapos del barrio, siempre hemos sido gente normal, ni mucho ni poco, sin comernos el coco”. No entendíamos por qué, de repente, de un día para otro, nos convertimos en unos tíos irresistibles sexualmente. Pero también debo admitir que todavía me cuesta más comprender lo que nos pasa hoy en día. A estas alturas tendríamos que estar un poco en retirada, tocando en sitios pequeños, como hacen muchos compañeros de mi generación que siguen en activo. Y nosotros estamos al máximo nivel.

En el año 88 hicimos una gira descomunal en México: 26 conciertos en unos dos meses y medio. Fue una gira al estilo The Doors, viajando por carretera en un autobús plateado como los de las películas americanas, como en Midnight Cowboy. Atravesamos el país de punta a punta, tocando en sitios enormes, con tramos de niñas gritando como locas. En la parte de atrás del autobús teníamos montado un saloncito con un equipo de música que sonaba a todo volumen, una bolsa de basura llena de marihuana y una garrafa de cinco litros de tequila artesanal que compramos por el camino a una señora. Los “ciegazos” que cogíamos eran legendarios. Nosotros queríamos ir por carretera, no solo por la hierba, que no la podíamos llevar en el avión, sino porque queríamos conocer de verdad el país, entenderlo, vivirlo. Esa es la forma real de viajar, no yendo de turista.

Ray Charles decía: “Nunca quise ser famoso, pero siempre quise ser genial”. La fama en sí misma no me interesa, es solo una molestia. Lo importante es ser bueno en lo que haces, creer en ello y transmitirlo con honestidad. Mi padre siempre me decía: “No le des demasiada importancia ni al éxito ni al fracaso, porque ambos son temporales”. El éxito es efímero; lo verdadero es estar años haciendo lo que te gusta. El fracaso no lo contemplo; si un disco no funciona, es solo aprendizaje, no el fin. Yo disfruto el proceso; lo importante es la pasión y ser buena gente. Me cuesta lo mismo tratar con amabilidad que ser un gilipollas, así que prefiero lo primero. Al final, quiero que me recuerden como una buena persona, no como un cretino. Creo que ser buena gente te hace mejor artista, porque el ego no te lleva a nada.

Hace 32 años que murió mi padre, y no hay un solo día que no lo recuerde. Siempre lo tengo presente, hablando de él con amigos, recordando los consejos que me dio... Mi padre nunca me ayudó económicamente, pero sí me dio algo mucho más valioso: una caña de pescar. Me enseñó a ser dueño de mis sueños, a ser el que llame para hacerlos realidad, a no esperar a que nadie venga a buscarme. Me decía que tenía que ser mi propio jefe, crear mis propios proyectos y liderar lo que hacía. Si no lo hacía, nunca sería feliz. Siempre he sido así, siguiendo sus enseñanzas. Y hoy, cuando me atasco con una canción o no sé qué hacer, miro al cielo y digo: ”¿Qué hago? “Échame una mano”.

Cuando hice esa canción, no había estado nunca en Venecia. La escribí porque tenía una novia italiana, Lidia, y en aquella época, los artistas de su país, como Umberto Tozzi, Claudio Baglioni y Matia Bazar, eran muy populares, sobre todo en verano; con sus canciones se convertían en hits. Pensé: “Tengo que hacer un hit de verano”. Así que decidí hacer una parodia de esos temas. Lidia me ayudó a traducir las partes de la letra al italiano, que son como una mezcla de humor medio punky, con un toque de burla.

Además, Venezia tiene una historia especial: un día mi hijo Dani, cuando tenía 15 años, compuso su primera canción, titulada La estrella. Cuando la vi, aluciné y lo acompañé a la SGAE a registrarla. Cuando terminamos, la china que nos atendió le dijo: “Ya está, mira, ya está registrada La estrella. Esta es tu primera canción, no lo olvides nunca”. Y me preguntó si sabia cuál fue la primera que registré yo. Pero no tenía ni idea. Y ella me lo dijo: fue Venezia. Y añadió que “Es increíble, porque la mayoría de la gente ni recuerda ni toca la primera canción que registró, mientras que tu primer tema registrado, ¡es uno de los más importantes!”.

Y ahora te voy a explicar el secreto de Venezia: es una canción que no tiene una estrofa, un puente y un estribillo; tiene un estribillo, otro estribillo y luego otro estribillo.

A mí me salió de casualidad, pero esto es justo lo que hay que hacer para que una canción sea un gran hit: que todas las partes sean importantísimas, que no haya relleno, que cada trozo sea memorable.

Íbamos a Huelva, a la playa de Lepe, donde mi madre todavía tiene una casita. Cuando yo era niño, aquello era una maravilla. Para que te hagas una idea, la dirección de nuestra casa es Océano Atlántico número 12, porque solo había doce casas, y la nuestra era la última. Mi padre la construyó allá por 1961, creo, porque en ese momento el Ayuntamiento de Lepe te cedía terreno en la playa si te comprometías a construir, porque querían fomentar el turismo. Aquello era una playa vacía, sin nada ni nadie, y empezaron a levantarse casitas. Durante toda mi infancia, desde los diez u once años, aquello fue mágico: la playa era pequeñita, todos nos conocíamos, el ambiente era increíble. Ahora es un horror, parece Detroit, pero entonces era el paraíso.

Hombres G en concierto. Fuente: YouTube

Devuélveme a Mi Chica: Un Clásico Inolvidable

La canción "Devuélveme a Mi Chica" de Hombres G es un himno generacional que ha trascendido el tiempo. Su letra, aunque sencilla, captura la esencia de la juventud y el desamor de una manera única. La frase "sufre, mamón", que causó controversia en su momento, se ha convertido en un grito de rebeldía y desahogo para muchos jóvenes.

David Summers recuerda que la letra de 'Sufre mamón' era "una broma y fue escrita hace 40 años". A pesar de las críticas, la banda se mantiene firme en su decisión de no cambiar ni una sola coma de la canción, ya que consideran que forma parte de su historia y de la historia de toda una generación.

Hombres G. Fuente: Wikipedia

La canción ha sido versionada por numerosos artistas y sigue sonando en fiestas y discotecas de todo el mundo. Su ritmo pegadizo y su letra desenfadada la convierten en un clásico atemporal que sigue haciendo bailar y cantar a jóvenes y mayores.

A continuación se presenta una tabla con algunos datos relevantes sobre la canción:

Dato Valor
Título Devuélveme a Mi Chica
Artista Hombres G
Álbum Hombres G
Año de lanzamiento 1985
Género Pop rock

David Summers: “Compuse 'Sufre mamón' solamente por joder”| Historia de una canción

Publicaciones populares: