Saturno devorando a un hijo: Significado y trasfondo de la obra de Goya

Entre los múltiples fantasmas que atormentaron a Goya en su vejez, pocos resultan tan perturbadores como la imagen de Saturno devorando a un hijo. Esta pintura, realizada entre 1820 y 1823, es parte de la serie de las Pinturas Negras, un conjunto de catorce escenas que decoraban las paredes de la Quinta del Sordo, la casa en la que el pintor pasó sus últimos años en Madrid antes de exiliarse en Burdeos.

Las Pinturas Negras no fueron concebidas para la exhibición pública, sino como un acto íntimo, una especie de testamento visual en el que el artista plasmó sus miedos más profundos. En ellas no hay concesiones a la belleza ni a la armonía. Todo es desesperanza, locura y desolación.

Análisis de la obra Saturno devorando a su hijo

Contexto histórico y creación

El cuadro (Museo del Prado) fue originalmente pintado al óleo sobre revestimiento mural y posteriormente trasladado a lienzo en 1874 por Salvador Martínez Cubells. El proceso de traslado de la pintura de la pared al lienzo, llevado a cabo en 1874, afectó parcialmente su estado original. Fotografías de la Quinta del Sordo, tomadas en 1873 por Jean Laurent, revelan que la obra pudo haber sufrido alteraciones en su color y textura.

Tras la Guerra de Independencia y la restauración del absolutismo, España vivió una etapa de persecuciones y censura, lo que llevó a Goya a un progresivo aislamiento. Goya, en sus últimos años, se alejó de la pintura convencional y creó un lenguaje propio, en el que la forma y el color quedaban subordinados a la expresión.

Unos cincuenta años después de la muerte del artista, los frescos no eran conocidos. El barón Émile d´Erlanger adquirió “la Quinta” en 1873 y transfirió las pinturas al lienzo. Las obras sufrieron enormemente en el proceso, perdiendo gran cantidad de pintura.

Descripción y elementos de la obra

El tamaño contribuye a su impacto visual, pues la figura de Saturno, deformada y monstruosa, emerge de un fondo negro. La expresión, con los ojos desorbitados y la boca abierta en un gesto demente, es uno de los detalles más inquietantes de la obra. Los pinceles de Goya prescinden de detalles precisos y se centran en la expresión del horror.

Predominan los negros, ocres y marrones, con la única excepción del rojo intenso de la sangre. La luz es brusca y focalizada, iluminando únicamente las zonas esenciales: el rostro de Saturno, su presa y sus manos manchadas de sangre.

Más allá de su significado inmediato, el cuadro también puede interpretarse como una exploración de la violencia en su estado más puro. Goya prescinde de cualquier elemento narrativo o anecdótico que permita suavizar la escena. No hay testigos, no hay un entorno que sitúe la acción en un contexto específico. Solo el acto brutal y el rostro desencajado de Saturno. La representación del cuerpo de la víctima, desmembrado, refuerza esta sensación de crudeza absoluta.

Es una pintura muy simple, que casi raya la abstracción, en la que destaca el intenso expresionismo de la cabeza de Saturno. Posee una gran calidad plástica con fuertes y vigorosas pinceladas, bajo las que se esconde un dibujo perfecto, como indica Gudiol. Es una pintura de contrastes ya que la figura del dios sobresale de un espacio oscuro y neutro, casi irreal.

Aquí Goya pinta al dios con una terrorífica mirada de locura en su rostro. Está masticando una masa informe, la del cuerpo sanguinolento de su hijo, al que agarra con fuerza incrustando sus dedos en la carne. El cuerpo del hijo es ya adulto comparado con el otro Saturno devorando a su hijo del museo del Prado, aunque el de Rubens parece una película de Disney comparado con esta barbaridad goyesca.

El mito de Saturno

El mito de Saturno, tomado de la tradición grecorromana, narra la historia del titán que, temiendo ser destronado por uno de sus hijos, los devoraba al nacer. Sin embargo, su esposa Rea logró engañarlo, ocultando a Zeus y entregándole en su lugar una piedra envuelta en pañales. Al llegar a la edad adulta, Zeus lo derrocó, cumpliendo la profecía.

En la obra de Goya, Saturno no es un dios majestuoso, sino una criatura desesperada. Saturno, Dios del tiempo, se fue comiendo uno a uno a sus hijos por miedo a que lo destronaran. Este simpático Dios ya había castrado a su padre Urano y tirado el escroto al mar (de la espuma nació Venus). Su hijo Júpiter se salvó porque lo engañaron dándole una piedra envuelta en pañales que Saturno se tragó sin darse cuenta del engaño. No pasó lo mismo con este otro recién nacido que vemos aquí: Verdadero gore que hoy estaría prohibido mostrar en cualquier museo al alcance de los niños.

Para evitarlo Cronos, su equivalente en la mitología romana, se tragó a cada uno de los niños que había tenido con Rei. Desafortunadamente para él, Rei decidió esconder a su hijo menor Zeus.

Interpretaciones de la obra

Desde el punto de vista simbólico, Saturno devorando a un hijo ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Una de las más recurrentes es la de Saturno como una representación del tiempo, que inevitablemente devora a sus hijos, reflejando el miedo de Goya ante su propia vejez y la inminencia de la muerte. En este sentido, el cuadro se convierte en una alegoría existencial sobre el destino humano, sobre la imposibilidad de escapar al paso del tiempo.

También existe una lectura política, en la que Saturno representaría a Fernando VII devorando a su pueblo, en un acto de tiranía y represión. Quizás Saturno represente al monarca Fernando VII devorando a su pueblo, o quizás sea el pueblo devorándose a sí mismo, su futuro.

Otra lectura es la representación de los horrores de una enfermedad, el saturnismo (intoxicación por plomo) que sufría Goya, y que acabó por dejarle sordo. Saturno era el plomo para los alquimistas.

Por supuesto, siempre están ahí los locos del psicoanálisis, que ven en Saturno al perfecto ejemplo de la relación y conflicto entre padres e hijos. Ademas la figura de este dios anciano está íntimamente relacionada con la impotencia sexual. Existe la leyenda, más o menos contrastada de que el monstruo tenía el pene erecto mientras devoraba a su hijo, pero esta zona se perdió debido al deterioro del mural o durante la transferencia al lienzo. Quizás el pintor se autocensuró al ser ya suficientemente horrorosa la imagen de canibalismo.

Influencia y legado

A pesar de esto, el impacto visual y emocional de la pintura permanece intacto. Artistas como José Gutiérrez Solana y, especialmente, Francis Bacon han encontrado en la obra de Goya una fuente de inspiración para sus propias exploraciones del horror y la descomposición de la figura humana.

El expresionismo que Goya formula en esta pintura servirá de inspiración a artistas contemporáneos.

Las grandes obras de arte han sido aquellas que, más allá de su época, logran conmover y perturbar al espectador. La fuerza de Saturno devorando a un hijo radica en su capacidad para evocar el miedo en su estado más primitivo. No es solo la representación de un mito, ni una simple crítica política. Es la imagen de la desesperación absoluta, del hombre consumido por su propia naturaleza destructiva. Goya nos enfrenta aquí a la cara más oscura de la humanidad, a un horror que no necesita explicación porque es universal y atemporal.

Publicaciones populares: