La representación del Niño Jesús en el pesebre es una tradición arraigada en la iconografía cristiana. Dentro de esta representación, la cuna juega un papel simbólico importante. A continuación, exploraremos el significado de la cuna en el contexto del pesebre, su evolución a lo largo de la historia y su relevancia en el arte y la devoción.
Natividad Mística de Sandro Botticelli
Orígenes y Evolución de la Iconografía del Niño Jesús
Si San Francisco fue el iniciador y propulsor de la tradición del belén, Santa Teresa fue la principal impulsora de las figuras exentas del Niño Jesús en España, dando lugar durante el siglo XVII a todo un fenómeno iconográfico, de marcado sello español, que derivó en una producción masiva de tallas destinadas a iglesias y conventos, primero en Castilla y Andalucía y después propagando estas tallas devocionales por toda España.
A la talla de estas imágenes se dedicaron infinidad de escultores anónimos, pero también los grandes maestros de cada momento. Durante la apoteosis del Barroco, se fueron consolidando distintas modalidades iconográficas del Niño Jesús a partir de un desnudo infantil, configurándose una serie de modelos que permitían adaptar su aspecto a las necesidades del calendario litúrgico, fundamentalmente en las clausuras, de tal manera que a través de su indumentaria y de los múltiples accesorios que se incorporaban a las imágenes, cada figura del Niño Jesús adquiría un significado determinado.
Apareciendo así varias modalidades de presentación: como Rey de Reyes, Divino Maestro, Niño Durmiente, Niño Pasionario, Niño Eucaristico o Niño del Pesebre como en este caso. El Niño del Pesebre esta recostado, semisentado para apoyar sobre paja o cuna o bien para estar en brazos de la Virgen Maria o San Jose.
Características Iconográficas del Niño del Pesebre
La anatomía recuerda al barroco, con el tronco estilizado y musculatura vigorosa. El musculo gran dorsal destaca bien marcado. La facies elongada, orbitas grandes y con mayor separación entre ellas en proporción a la longitud de los parpados. Su rostro es alegre y despierto, con mirada atenta. Grandes ojos almendrados, con cejas largas y perfiladas. Boca entreabierta con labios finos. Mejillas carnosas. De piel clara y cabello oscuro con bucles a ambos lados de la cabeza.
Las manos buscan el abrazo y los dedos de la mano derecha no hacen el signo de bendición, como en imagenes posteriores de finales del XIX y del XX. Las nalgas no son globulosas y redondeadas, sino más bien, musculosas y ovoides. Abdomen, brazos y piernas con relieve musculado.
Ejemplo de un Niño Jesús en una cuna antigua.
Después del barroco y ya entrados en el siglo XIX, el canon estilistico está impregnado por las corrientes románticas y cambia hacia la estética neoclásica, con las influencias francesas e italianas que en Cataluña confluirian en un estilo propio de Ramon Amadeu y posterior escuela industria de Olot, y que en la escuela Valenciana artistas como Antonio Ruidavtes Ledó enlazarán el neoclasicismo con el estilo Salzillesco.
La Sagrada Cuna en Roma
Muchos podrían pensar que la sagrada cuna del Niño Jesús se encuentra en Belén, sin embargo, se ubica en Roma en la Basílica Santa María la Mayor.
Según la tradición, la sagrada cuna se conserva en una reliquia en la Basílica Santa María la Mayor y ha sido objeto de oración y devoción durante siglos. Son los restos del “cunabulum”, de la “sagrada cuna”, del pesebre en el que, según los Evangelios, el Niño Jesús fue colocado recién nacido.
En el año 432 d.C. el Papa Sixto III decidió realizar al interior de la primitiva Basílica de Santa María la Mayor una “gruta de la Natividad” similar a Belén. La Basílica tomó entonces el nombre de "Santa Maria adpraesepem", que en latín significa “pesebre”.
Todo esto fue objeto de una devoción popular que empujó a muchos fieles, que regresaban de las peregrinaciones a Tierra Santa, a llevar como regalo los que eran considerado los valiosos fragmentos de la madera del famoso pesebre que acogió al Niño Jesús, aún hoy guardado en un relicario con el nombre de la sagrada cuna (cunabulum).
En Santa María la Mayor también se conserva otra reliquia relacionada con el pesebre: el “panniculum”, un pequeño trozo de tela, del tamaño de una mano, guardado en un estuche donado por Pío IX, según la tradición, una tira de las telas con las que María envolvió el Niño Jesús.
Reliquias del pesebre en la Basílica Santa María la Mayor.
El Relicario de la Sagrada Cuna
Entre otras valiosas reliquias, aparece expuesta a la devoción popular la reliquia de la Santa Cuna en la que, según una tradición reposó el Niño Jesús recién nacido. Se trata de cinco tablillas de sicomoro que se cree debieron integrar el pesebre. Fueron encontradas por Santa Elena, madre del emperador Constantino, durante su periplo por Palestina en busca de reliquias relacionadas con la vida de Cristo.
Según algunas hipótesis, cuando los sarracenos sitiaron Jerusalén el año 635, el patriarca Sofronio pidió ayuda al papa Teodoro I, originario de Jerusalén, para poner a salvo las preciadas reliquias de las tablillas del pesebre, que fueron enviadas a Roma y depositadas en la basílica de Santa María, que pasaría a tener la advocación de Sancta María ad Praesepe. Durante la Edad Media este templo sería especialmente apreciado por los cruzados, convirtiéndose en un centro frecuentado por los peregrinos que regresaban de Tierra Santa.
Ya convertida en basílica de Santa María Maggiore, en 1370 el papa Gregorio XI colocó las sagradas astillas en un relicario en el que permanecieron hasta que fue destruido durante las obras de remodelación realizadas en el siglo XVIII. Realizado otro relicario nuevo, este fue robado, aunque no las reliquias, por las tropas francesas durante la ocupación de Roma en el bienio 1798-1799.
Para paliar el robo, la duquesa de Villahermosa, Maria Emanuela Pignatelli, tía del general Palafox y considerada como una de las heroínas de los sitios de Zaragoza de 1808, hizo una cuantiosa donación para que las reliquias dispusieran de un nuevo relicario. Fue realizado hacia 1800 por el arquitecto, arqueólogo y orfebre romano Giuseppe Veladier y que es el que actualmente aparece colocado en el hipogeo situado bajo el baldaquino de la Basílica.
El suntuoso relicario presenta un trabajo exquisito. Sobre una plataforma de madera dorada, aparece una base rectangular de plata decorada con cuatro bajorrelieves que representan el Nacimiento al frente, la Última Cena en la parte trasera y la Huida a Egipto y la Adoración de los Reyes Magos en los costados. Sobre esta base descansa el relicario que adopta la forma de una cuna de cristal cuyos soportes son cuatro querubines de plata sobredorada con forma de estípites, a los que se suman dos cabezas de ángeles a los lados. Entre ellos discurren guirnaldas entre las que son visibles las astillas. Se corona con una tapa en la que se reproduce un gran pañal sobre pajas, con la figura del Niño Jesús -de tamaño casi natural- bendiciendo, recostado sobre un cojín y luciendo una corona de rayos. En la Nochebuena es llevado a la nave central de la basílica con ocasión de la Misa del Gallo.
Junto a las astillas también se conserva una paja del pesebre, reliquia propiedad de los reyes de España. La vinculación de la corona española a la basílica de Santa María Maggiore es secular y tiene su origen en 1647, cuando el papa Inocencio X accedió a los deseos del rey Felipe IV de España, que mediante la Obra Pía de Santa María la Mayor se comprometía a asignar una renta anual al cabildo de la basílica a cambio de honores litúrgicos y oraciones a favor de la monarquía española. Desde entonces, los reyes de España tienen el rango de protocanónigos -primeros miembros del cabildo- del templo con carácter honorario, cargo ostentado actualmente por Felipe VI.
Envío de un Fragmento a Tierra Santa
Coincidiendo con el principio del Adviento, a finales del mes de noviembre de 2019, casi mil cuatrocientos años después de su llegada a Roma, el papa ha devuelto a Tierra Santa un fragmento de la reliquia del pesebre, como regalo al custodio de los santos lugares católicos. El diminuto fragmento del cunabulum, que aparece encerrado dentro de un relicario de plata con forma de florero coronado por una cruz, fue presentado a los fieles en la capilla de Nuestra Señora de Jerusalén, desde donde ha pasado a su ubicación definitiva en la iglesia franciscana de Santa Catalina de Belén, próxima a la iglesia de la Natividad.
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¿Cómo eran las cunas en tiempos de Jesús?
Si San José era carpintero, es probable que la cuna tuviera la forma de una artesa de madera con sus patas.
Datos Útiles
- Apertura del Templo: de 07:00 a 18:45 (La entrada es gratuita)
Para Saber Más
- “Visita a la Patriarcal Basílica de Santa María Mayor” Patrizia Riccitelli y Giammarco Limardi. Edit. S.r.l. Roma 2005.
- “Presepium. En torno al belén napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid”. José Miguel Travieso Alonso. Edita: Asociación Cultural Domus Pucelae.
