Aroma intenso y sabor inconfundible. Son dos de las cualidades que han convertido al chocolate en uno de los alimentos más apreciados en todo el mundo. En tableta, en bombones o servido caliente, sigue siendo un placer para los sentidos. Lo que muchos desconocen es que el primer chocolate que se consumió en Europa tiene origen aragonés.
Aragón es una tierra con bonitos lugares y destinos que visitar. Ahora es el turno de la provincia de Zaragoza. En el municipio de Nuévalos, en la comarca de Calatayud y al sur de Zaragoza, se localiza el Monasterio de Piedra donde tiene origen el chocolate a la taza.
El Monasterio de Piedra sigue siendo un lugar emblemático no solo por su patrimonio, historia y entorno natural, sino también como cuna del chocolate europeo.
Historia del Monasterio de Piedra
Su contrucción data de la segunda mitad de siglo XII en honor a Santa María la Blanca, en un entorno natural a orillas del río Piedra y con un gran número de cascadas. La historia del Monasterio de Piedra comienza con la donación a los monjes de Poblet el castillo de Piedra por parte de Alfonso II de Aragón, el Casto, y su esposa, Sancha de Castilla. A comienzos del siglo XIII se termina su construcción y comienza a ser usado por los monjes.
Sin embargo, con la Guerra de la Independencia en 1808 fue desalojado y comenzó a derrumbarse. Finalmente, la desamortización de Mendizábal en 1835 supuso el fin del monasterio, que quedó vacío. Aunque esta desgracia no duraría mucho, pues en 1844 Juan Federico Muntadas, propietario del terreno donde se localizaba el monasterio, transformó el edificio y sus alrededores en lo que conocemos hoy en día: convirtió el monasterio en un hotel y el huerto en un jardín.
Como decíamos, Juan Federico Muntadas creó alrededor del edificio un impresionante parque natural. Especialmente destacables son todas sus cascadas y su entorno hidrográfico. Las más conocidas y que no te puedes perder son la cascada Cola de Caballo -con más de 50 metros-, la de los Chorreadores o La Caprichosa, la más visitada de todas.
El parque cuenta con diferentes senderos por los que pasear entre la naturaleza y en los que, además de estos saltos de agua, también te toparás con lagos y zonas donde poder bañarse. También destacan sus numerosas cuevas.
El Llegar del Cacao a Europa
El chocolate llegó a Europa en 1534 gracias a los viajes de exploración hacia México liderados por Hernán Cortés. Uno de estos exploradores era Fray Jerónimo de Aguilar, que trajo las semillas de cacao y una receta tradicional de los aztecas que consideraban esta bebida como un alimento sagrado.
El motivo está ligado con México y con Hernán Cortés. Cuando el conquistador viajó en el siglo XVI hasta el país mexicano se llevó consigo a Fray Jerónimo Aguilar, quien hizo llegar al abad del Monasterio de Piedra el primer cacao junto a la receta para poder cocinarlo.
Poco después de la conquista de América, en 1527, Hernán Cortés trajo consigo a España desde México el primer saco con granos de cacao, que ofreció como regalo a la corte real. Fue algunos años después, en 1534, cuando Fray Jerónimo de Aguilar envió el primer saco de cacao puro al Monasterio de Piedra, ubicado en Zaragoza. En este monasterio los monjes pudieron disfrutar del primer chocolate a la taza de Europa, ya que lo consumieron en una especie de infusión líquida.
Así pues, la primera referencia hacia el cacao se produjo en una carta que Hernán Cortés escribió nada más y nada menos que el 30 de octubre de 1520. En ella, se refería a este producto como una fruta con almendras, que se vendía molida en tierras mexicanas y a la que los aztecas daban tanta importancia que incluso se utilizaba como moneda en algunos pagos.
Un monje de la orden del Císter, Fray Jerónimo Aguilar, que había acompañado a Hernán Cortés en su expedición a México, decidió mandar a su amigo, el abad del Monasterio de Piedra Antonio de Álvaro una carta con la receta y con una remesa de granos de cacao.
No fue hasta 1534 cuando el cacao llegó a España y fue en la localidad zaragozana de Nuévalos donde se fabricó chocolate por primera vez en el continente europeo. Fray Jerónimo de Aguilar fue quien envió el primer saco de semillas de cacao y la receta del chocolate a Don Antonio de Álvaro, abad del Monasterio de Piedra.
EL MONASTERIO DE PIEDRA Y LA RELACIÓN CON EL CHOCOLATE
La Evolución de la Receta en el Monasterio de Piedra
Las cocinas del Monasterio de Piedra fueron testigos de los primeros intentos de los monjes por adaptar la receta azteca al paladar europeo. El cacao, mezclado con agua, era inicialmente amargo, pero los monjes encontraron la manera de endulzarlo con diversos alimentos.
Inicialmente, el cacao traído de América se mezclaba con agua caliente, siguiendo la tradición azteca. Sin embargo, los monjes del Císter que residían en el Monasterio de Piedra adaptaron esta receta a los gustos europeos. Añadieron azúcar para contrarrestar el amargor, así como especias como canela y vainilla, lo que dio como resultado una bebida mucho más dulce y aromática.
En Zaragoza, los monjes se decantaban por un sabor más dulce y solían mezclarlo con vainilla, azúcar y canela. Aunque este producto ya había llegado antes a España, no fue hasta 1534 cuando se elaboró este producto derivado del cacao, al que se le añadía azúcar, canela y vainilla, ya que su amargor original era difícil de aceptar para los europeos.
La Expansión del Chocolate en Europa
Con el tiempo, este chocolate evolucionó hasta convertirse en una bebida de lujo asociada a las cortes reales de toda Europa. Desde España, el chocolate se envío a países como Francia y Austria, donde también se popularizó.
Este alimento se propagó rápidamente entre los monjes y se conviritó en un gran aliado para combatir el frío. En su popularidad tuvo una importancia fundamental que el cacao no estuviese prohibido por la Biblia para las épocas de ayuno.
Los monjes del monasterio cocinaron esa receta, en la que por primera vez se le añadía al cacao, azúcar, canela y vainilla, para así endulzarlo y evitar el característico sabor amargo del chocolate puro. Con el tiempo, el tazón de chocolate caliente adquirió la fama de bebida característica de los españoles, y por ende del mundo católico.
Así pues, si alguna vez visitáis el Monasterio de Piedra, no dudéis en dar un paseo por sus estancias, y recordad que en sus cocinas se hizo Historia.
