Federico García Lorca: Cuna y Primeros Años de un Poeta Universal

En la parte occidental de la comarca de la Vega de Granada, la población granadina de Fuente Vaqueros vio nacer el 5 de junio de 1898 a quien sería el autor de grandes obras de la literatura española como El Romancero Gitano y Poeta en Nueva York, en poesía, y Bodas de Sangre y Yerma, en teatro. Federico García Lorca, uno de los poetas más insignes de nuestra época, nació en Fuente Vaqueros, un pueblo andaluz de la vega granadina, el 5 de junio de 1898, el año en que España perdió sus colonias.

Federico García Lorca en 1914

Su madre, Vicenta Lorca Romero, había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre, Federico García Rodríguez, poseía terrenos en la vega, donde cultivaba remolacha y tabaco. Era ésa una casa de pueblo, bien acomodada. Su hogar era de labradores. En 1900 nace su hermano Luis, que morirá de neumonía en 1902, año en que nace su hermano Francisco; y en 1903 nace María de la Concepción (Concha). En 1906-1907 la familia se traslada al pueblecito vecino, al llamado Asquerosa hoy Valderrubio, también en la vega granadina. Asiste a la escuela primaria. Nace su hermana Isabel.

Más tarde, aun después de haber viajado mucho y haber vivido durante largos períodos en Madrid, Federico recordaría cómo afectaba a su obra el ambiente rural de la vega: Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española.

Infancia y Primeros Estudios

Federico García Lorca en su infancia enfermó gravemente y hubo que enviarlo a casa, de parálisis infantil. No pudo andar hasta los cuatro años. Antonio Rodríguez Espinosa marcha a Almería y se irá a vivir con él Federico García Lorca en el año 1906 y pasa el curso de 1907/1908 y los meses de julio y agosto de ese mismo año. En dicho año (1908) solicita hacer el examen de ingreso en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Almería y estuvo estudiando en dicho Instituto durante el curso 1908/1909, aunque este curso no lo terminó.

Sólo estuvo seis meses porque cayó enfermo de una enfermedad bucal. Esta enfermedad hace que se traslade a Granada y estudie a partir de 1909 en el Sagrado Corazón de Jesús. En Almería, entre 1906 y 1909, Federico García Lorca tenía la edad de 10 a 13 años. En 1909 se traslada con su familia a vivir a Granada, quedando la casa de Valderrubio como casa de vacaciones. 1909-1914 Cursó estudios de bachillerato en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús de Granada.

Familia García Lorca en 1917. Sentados Federico e Isabel García Lorca. De pie, Concha y Francisco García Lorca.

Estudios de música realizó con Antonio Segura. La familia pasa temporadas de veraneo en Málaga; allí conocerá a Emilio Prados y a Manuel Altolaguirre. Aquella noche no quiso cenar, en su ansia de asistir al espectáculo que era visto por Federico. Sus dos pasiones eran la música y los títeres. Antes de iniciarse como "maese Pedro" con títeres propios, sentía más afinidad por la música que por la literatura. Estudió piano, tomando clases con Antonio Segura Mesa, ferviente admirador de Verdi. Su primer asombro artístico surgió no de sus lecturas sino del repertorio para piano de Beethoven, Chopin, Debussy y otros.

La madre le fomentó el gusto literario, leyéndole obra de Victor Hugo y de Miguel de Cervantes, Regnier, Rimbaud,... El ambiente intelectual que rodeaba al joven estudiante era de una riqueza sorprendente para una ciudad provinciana. Federico cumplió dieciséis años y se gradúa de bachiller. En 1914 se matriculó en la Universidad de Granada, estudiando las carreras de Derecho -para complacer a su padre- y Filosofía y Letras -por satisfacción personal-. Aparte de esto, continuará con lecciones de guitarra y piano.

Como estudiante fue algo irregular. En la tertulia llamada «El Rinconcillo», del animado café Alameda, García Lorca se reunía con frecuencia con un grupo de jóvenes de talento que llegarían a ocupar puestos importantes en el mundo de las artes, la diplomacia, la educación y la cultura. A ella asisten, entre otros, José Mora Guarnido, Constantino Ruiz Carnero, Francisco Soriano, Melchor Fernández Almagro, Antonio Gallego Burín, Miguel Pizarro, José y Manuel Fernández Montesinos, Hermenegildo Lanz, Ángel Barrios, Ismael González de la Serna.

Primeras Incursiones Literarias

Desde muy pronto, Lorca empieza a publicar poemas así como artículos literarios en revistas. En Granada escribe los versos del "Alba", y los borradores de esta época denotan teatro en verso, gusto por lo popular, tono infantil de tintes trágicos. En 1916 o 1917, cuando empezaba a interesarse por la literatura, redactó un largo ensayo autobiográfico en el que evocaba Fuente Vaqueros. Escribe la prosa autobiográfica "Mi pueblo". Muere Antonio Segura, su profesor de música; Federico García Lorca abandona los estudios musicales.

En 1917, su padre financia la publicación de su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, una obra nutrida de los viajes universitarios del autor por Galicia, Castilla, León y Andalucía, coordinados por su profesor, el catedrático Martín Domínguez Berrueta. Con Domínguez Berrueta hicieron Federico y sus compañeros una serie de viajes de estudios a Baeza, Úbeda, Córdoba y Ronda (junio de 1916); a Castilla, León y Galicia (otoño del mismo año); otra vez a Baeza (primavera de 1917); y un último viaje a Burgos (verano y otoño de 1917). Estos viajes pusieron a Federico en contacto con otras regiones de España y ayudaron a despertar su vocación como escritor.

JUNIO Realiza un viaje de estudios, bajo la dirección de Martín Domínguez Berrueta, a Baeza -donde conoce a Antonio Machado-, Úbeda, Córdoba y Ronda. OCTUBRE-NOVIEMBRE El 15 de octubre - 8 de noviembre: segundo viaje de estudios con Domínguez Berrueta; los estudiantes visitan El Escorial, Ávila, Medina del Campo, Salamanca -donde conoce a Miguel de Unamuno-, Santiago de Compostela, La Coruña, Lugo, León, Burgos, Segovia y Madrid. Nuevo traslado familiar, esta vez a la Acera del Casino n º 31. Publica con motivo del centenario de Zorrilla, en el Boletín del Centro Artístico y Literario de Granada, la prosa “Fantasía simbólica”. JUNIO Viaja a Baeza con Domínguez Berrueta.

El 29 de junio: escribe su primer poema: “Canción. (Ensueño y confusión)”. Nuevo viaje de estudios por Madrid, Burgos y Palencia. Testimonio de estos viajes son numerosas prosas -algunas publicadas en el Diario de Burgos durante el verano- que serán la base de su futuro libro, Impresiones y paisajes. MARZO Lectura en el Centro Artístico y Literario de Granada de Impresiones y paisajes, que publicará al mes siguiente. A esta época pertenecen muchos poemas de su futuro Libro de poemas.

Con la publicación de Impresiones y paisajes y la muerte de su profesor de música al año siguiente, el aprendiz de músico entró, en palabras suyas, en el reino de la Poesía y acabé de ungirme de amor hacia todas las cosas. En el otoño de 1918 confesaría: Me siento lleno de poesía, poesía fuerte, llana, fantástica, religiosa, mala, honda, canalla, mística. ¡Todo, todo! Primavera de 1919. Le reprochaba su desvío por las letras positivas y provechosas, con una sorna de buena ley.

Traslado a la Residencia de Estudiantes

Fue Fernando de los Ríos quien, al fin, tuvo que convencer a los padres del poeta para que le dejaran salir de Granada y seguir con sus estudios en la Residencia de Estudiantes de Madrid, dirigida por Alberto Jiménez Fraud. En 1919, se muda a Madrid donde ingresa en la Residencia de Estudiantes, animado por su profesor y amigo Fernando de los Ríos. Allí, traba nuevas amistades, no solo con condiscípulos sino también con maestros tales como Juan Ramón Jiménez, que influirán en su escritura.

Fundada a semejanza de los colleges de Oxford y Cambridge, la Residencia de Estudiantes representaba, en aquel entonces, un punto de contacto importantísimo entre las culturas española y extranjera. Aquel hervidero intelectual supuso un excelente caldo de cultivo para el desarrollo del poeta. Su vida en «la Colina de los Chopos» le dio una nueva visión de la responsabilidad del artista frente a la sociedad y reforzó su amor por la cultura, desde la clásica a la popular española. Así, entre 1919 y 1926, Federico conoció a muchos de los más importantes escritores e intelectuales del país. En la Residencia se hizo amigo de Luis Buñuel, de Rafael Alberti o de Salvador Dalí.

Además, gracias a la muy activa política cultural de Jiménez Fraud, pasaron por allí numerosos conferenciantes, científicos, músicos y escritores extranjeros: Claudel, Valéry, Cendrars, Max Jacob, Marinetti, Madame Curie, H. G. Los dos primeros años de Federico en la capital (1919-1921) constituyeron una época de intenso trabajo. Sus caminatas por la ciudad, sus visitas a Toledo con Pepín Bello, Buñuel y Dalí, sus encuentros con directores teatrales -como Eduardo Marquina o Gregorio Martínez Sierra- y con la vanguardia -los ultraístas, Ramón Gómez de la Serna o el creacionista Vicente Huidobro-, aún le dejaron tiempo para terminar y publicar su Libro de poemas, componer las primeras Suites, estrenar El maleficio de la mariposa -que fue un fenomenal fracaso- y elaborar otras piezas teatrales.

Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos: recíbalo usted con amor, que lo merece; es uno de los jóvenes en que hemos puesto más esperanzas -y a la que respondió Juan Ramón de esta manera: Su poeta vino y me hizo una excelentísima impresión. Con aquella visita se inició una amistad duradera, y la correspondencia de Lorca deja claro que Juan Ramón -generoso mentor de todos los poetas jóvenes de aquel entonces- tuvo una influencia decisiva en su visión del quehacer poético. Libro de poemas contiene versos seleccionados, con la ayuda de su hermano Francisco, de todo lo que había escrito desde 1918.

Algunos de ellos giran alrededor de la fe religiosa, tema al que había dedicado cientos de páginas en prosa y en verso. Otros tratan del anhelo del poeta de unirse con la naturaleza o de recuperar una infancia perdida. Cuando se publicó este libro, en mayo de 1921, Federico ya se había entregado a otros proyectos y volvió a Granada ilusionado con la composición de sus Suites. El entusiasmo señalado por Juan Ramón le llevaba hacia el estudio del folclore: títeres, cante jondo, la canción popular.

Manuel de Falla y Federico García Lorca

Falla se había trasladado a Granada a mediados de septiembre de 1920, y en el verano de 1921 se instaló en el Carmen de Santa Engracia, próximo a la Alhambra, donde Federico le visitó con frecuencia. Entre los primeros en dar al compositor la bienvenida a Granada, en 1920, estuvo el grupo de jóvenes amigos que se reunía en el café Alameda de la plaza del Campillo, y que formaba la ya citada tertulia de «El Rinconcillo». La vida granadina de Federico a partir de 1920 o 1921 giró, pues, alrededor de esos dos focos culturales: Falla y los integrantes de «El Rinconcillo». Estos últimos intentaban dar nuevo brío a la vida cultural de la ciudad, defendiendo aquella parte del patrimonio artístico que pudiera orientar a las nuevas generaciones en su rebelión contra el «costumbrismo» y el «color local», y asustando a la «Beocia burguesa», en palabras de Mora.

Algunos de los proyectos apenas transcendieron el ámbito local, como, por ejemplo, la colocación de azulejos conmemorativos en honor a los «viajeros europeos ilustres» que habían contribuido al conocimiento de Granada en el extranjero. Promovido por Falla, Lorca e Ignacio Zuloaga, y apoyado por el Ayuntamiento de Granada, aquel concurso tenía varios objetivos: marcar la diferencia entre el cante jondo -de orígenes antiquísimos, según Lorca y Falla- y el cante flamenco -creación, según ellos, más reciente-; ganar respeto para el cante jondo como arte; preservarlo de la adulteración musical y de la amenaza de los cafés cantantes y la ópera flamenca; premiar a los cantaores no profesionales, y demostrar la influencia que habían tenido el cante, el baile y el toque jondos no sólo en la música española, sino también en la francesa y la rusa. El concurso fue un atrevido intento de conectar el arte musical de Andalucía con el arte «universal».

Otro fruto de su interés por el cante jondo fue su segundo libro de versos, Poema del cante jondo, escrito en 1921 y publicado una década más tarde. En este libro, como en sus Suites, Lorca explora las posibilidades de la secuencia de poemas cortos. El poeta acariciaba la idea de crear con el compositor gaditano un teatro ambulante, Los Títeres de Cachiporra, que sería comparable, en su tratamiento estilizado del folclore, a los Ballets Russes de Diaghilev, con los que Falla había colaborado. En casa del poeta ofrecieron ambos, a sus familiares y amigos, un espectáculo inolvidable de títeres en la festividad de los Reyes Magos de 1923, en el que, con Falla al piano, estrenó Federico La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón y se interpretó -«por primera vez en España», según Federico- La historia del soldado de Igor Stravinski. Fiesta en que se reunían, pues, lo tradicional (La niña...

La amistad de Falla seguiría orientando a Federico García Lorca a la hora de reconciliar las nuevas corrientes estéticas con las formas populares. En abril de 1925, desde la Residencia de Estudiantes, Federico anunció a sus padres que había recibido una invitación para pasar la Semana Santa en Cadaqués con su amigo Salvador Dalí: Dalí me invita espléndidamente. He recibido una carta de su padre, notario de Figueras, y de su hermana (una muchacha de esas que ya es volverse loco de guapas) invitándome también, porque a mí me daba vergüenza de presentarme de huésped en su casa. Pero son una clase de familia distinta a lo general y acostumbrada a vida social, pues esto de invitar gente a su casa se hace en todo el mundo menos en España.

Dalí había ingresado en 1922 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y vivía en la Residencia, donde había trabado amistad con el poeta granadino. Durante cinco años, desde 1923 hasta 1928, los mundos artísticos de Dalí y de Federico se compenetraron hasta tal punto que Mario Hernández ha hablado, con razón, de un período daliniano en la obra del poeta, y Santos Torroella, de una época lorquiana en la del pintor. En sus discusiones en Madrid y Cadaqués, y en un riquísimo epistolario que se ha conservado sólo en parte, los dos amigos abordaban cuestiones estéticas de hondo interés para ambos. Juntos exploraron la pintura y la poesía contemporáneas y el arte del pasado. Cuando Federico preparaba su tragedia Mariana Pineda, en la que intentaba captar la historia de la heroína granadina en bellas «estampas» románticas, le pidió a Dalí que diseñara el decorado para su estreno en Barcelona (1927). Dalí alentó al granadino en su esfuerzo por comprender la pintura moderna (véase su conferencia «Sketch de la nueva pintura») y lo animó como dibujante, reseñando su primera exposición, en el verano de 1927, en las Galeries Dalmau de Barcelona; Y fue Federico, sin duda, quien más animó a Dalí como escritor.

De la mano de Dalí pudo adquirir Federico un conocimiento más profundo del arte popular y culto de Cataluña, región por la que sentiría siempre gran afecto. Mientras Federico descubría el mundo cultural de Cataluña, los poetas españoles estaban a punto de rescatar y celebrar a un poeta barroco cuya estética -originalidad de la metáfora, esplendor sintáctico y léxico- les impresionaba hondamente. Luis de Góngora y Argote (1561-1627) dejó huella en la poesía de García Lorca -por ejemplo, en «La sirena y el carabinero» y en algunos de los romances gitanos-, y la celebración de su tricentenario sirvió para aunar a los poetas españoles en lo que algunos de ellos empezaron a llamar una «generación».

El cri de guerre inicial lo lanzó Gerardo Diego en un ensayo titulado «Escorzo de Góngora». Desde Valladolid, en febrero de 1924, Jorge Guillén acusa recibo de ese ensayo y de este nuevo «contemporáneo»: Aunque esto de las generaciones es casi un mito, y casi una tontería, sin embargo, siento cada día más vivamente la convivencia con mis verdaderos contemporáneos. Sí, creo en la contemporaneidad de los espíritus. Leyendo, atisbando su Góngora, me siento tan aludido que ¿cómo no expresarlo, cómo no sacar esta alusión a evidencia amistosa? [Correspondencia. Pedro Salinas, Gerardo Diego, Jorge Guillén (1920-1983), edición de José Luis Bernal, pp.

Dos años más tarde, Lorca envió a Guillén las primicias de un hermoso ensayo suyo leído como conferencia en febrero de 1926: «La imagen poética de don Luis de Góngora», donde expresaba la imponderable grandeza del poeta cordobés. Según Lorca, Góngora armonizaba mundos diversos gracias a su uso de la mitología, dominó como nadie el mecanismo de la metáfora y de la inspiración, y su lenguaje cayó sobre la lengua española como un rocío vivificador. En diciembre de 1927, en el Ateneo de aquella ciudad, el grupo formado por el propio Lorca, Alberti, Cernuda, José Bergamín, Juan Chabás, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Mauricio Bacarisse, comunicó a un público entusiasta una nueva visión no sólo de Góngora sino de su propio arte frente al de las generaciones anteriores.

En la más sustanciosa y sabia de esas intervenciones, Dámaso Alonso pidió una completa revisión de los valores de la literatura pretérita. El viaje en tren de Madrid a Sevilla fue narrado graciosamente por Jorge Guillén en una serie de cartas a su mujer, Germaine Cahen (editadas por Biruté Ciplijauskaité): Es absurdo -escribe Guillén-. Los actos oficiales -dos veladas literarias y un banquete en la venta de Antequera- fueron conmemorados en la prensa sevillana de aquel entonces. El éxito crítico de Canciones (1927) y el éxito popular de Primer romancero gitano, publicado en julio de 1928, dejó descontento a Federico García Lorca, que, en cartas a sus amigos en el verano de 1928, confesaba estar atravesando una gran crisis sentimental, una de las crisis más hondas de mi vida. [Cartas a Sebastià Gasch y a José Antonio Rubio Sacristán, agosto de 1928]. Estoy convalecient.

Con sus compañeros Jorge Guillén, Luis Cernuda, Pedro Salinas y Dámaso Alonso, forma parte de la “Generación del 27”, que se da a conocer al organizar un homenaje a Luis de Góngora, en conmemoración del tricentenario de la muerte de este autor barroco. El grupo reivindica una escritura creativa, sofisticada, metafórica, y que incorpore recursos surrealistas.

Otra constante de la obra de Lorca es su recurso a elementos populares. En 1928 se publica el Primer Romancero Gitano, obra que concede al poeta un gran éxito, y en el que integra elementos del folclore andaluz, rescatando, sin embargo, sus aspectos más amargos. A través de este retablo de su Andalucía natal, muestra su preocupación por una sociedad que carece de libertad y justicia. Una profunda crisis personal lleva a Lorca a trasladarse a Nueva York en 1929.

Además de reflejar los fantasmas existenciales del escritor, el poema se presenta también como una denuncia de la civilización capitalista, de la injusticia y la discriminación de esta sociedad. Al regresar a España en 1930, Lorca se impone como dramaturgo: Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933), Bodas de sangre (1934), Yerma (1934) y el famoso drama contra el autoritarismo, La casa de Bernarda Alba (1945), son algunas de sus obras más destacadas. El tema de la marginalidad sigue estando presente en su teatro, poniendo de relieve la importancia de los instintos humanos frente a las normas sociales. A principios del verano de 1936, el autor regresa a Granada donde vive su familia. Cuando estalla la Guerra civil, no tarda en ser detenido.

Federico García Lorca: vida y obras

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