El teatro, tal y como lo conocemos hoy y entendido como una de las artes escénicas, nació en Grecia evolucionando de antiguos ritos religiosos (Komos) a mitos, a través de la mímesis (imitación de la naturaleza como fin esencial del arte).
Hace miles de años, los seres humanos se juntaron alrededor de una persona que les empezó a contar una historia. Luego le sumaron música y bailes. Años después, en Grecia, alguien decidió escribir estas historias para representarlas de manera seguida en masivas puestas en escena.
Sé que la mayoría hemos estudiado que el teatro tiene su origen en Grecia entre los siglos V y IV a.C pero ¿surgió de repente? Obviamente no. El teatro no nació como un hongo, no brotó de la nada.
Una curiosidad: aunque entonces no tenían Instagram para ver que estaban haciendo otras personas, todas las culturas tenían sus propias ceremonias parecidas. Desde Mesopotamia hasta los Mayas, y eso que les separaban más de 10.000 kilómetros.
Sí, el arte dramático más similar al actual nació en la época de las togas y las sandálias: la Grecia Clásica. Un momento de esplendor histórico cultural y artístico.
Al principio de esta época, vive nuestro protagonista: Tespis. Y digo protagonista porque se le considera el primer actor de la Historia. ¿A que ahora te parece injusto que los Oscars no se llamen los Tepsis?
Volvamos a la Atenas del siglo V a.C. Allí vivía Tepsis, creando obras de teatro y actuando en ellas, como buen emprendedor de los de la época. Tan bueno, que Aristóteles le atribuye a él la creación de la tragedia griega.
Según los escritos de la época, fue Tespis quien comenzó a dialogar con los que hasta entonces interpretaban al personaje del coro -grupo de personas que recitaban las obras, pero sin diálogo- introduciendo así el enfrentamiento entre partes que se convertiría en la base del teatro moderno.
Con todo esto a sus espaldas, cualquiera pensaría que nuestro protagonista pudo disfrutar de una vida de éxitos y una jubilación sin preocupaciones, pero como Tepsis inventó la tragedia y no las comedias románticas, su final no fue de comer perdices.
A pesar de haber contribuido al esplendor del teatro ateniense, se enfrentó a uno de sus gobernantes, Solón, y eso le costó el destierro.
El teatro entendido como arte dramático nació en la antigua Grecia entre los siglos VI y V a. C. y en su origen se empezaro a interpretar rituales relegiosos. Por otro lado, la construcción de los conocidos como teatros clásicos, que todavía a día de hoy se pueden ver y disfrutar con actuaciones, fue entre el siglo V y III a. C.
En aquellos años todas las grande ciudades, como es el caso de Atenas, disponían de teatros que fácilmente podían albergar a 15.000 personas.
Teatro de Dionisio en Atenas, Grecia.
Volviendo al tema que nos ataña, los teatros en Grecia, podemos decir que las primeras representaciones que se realizaron eran danzas, cantos o similares que se pudieran realizar en espacios abiertos. Siempre cerca de un altar del dios cuyo honor tenían que venerar.
Por esta razón, junto al teatro la gran mayoría de las veces habían construido un templo. Al principio los espectadores no estaban sentados, ya que no había asientos pero esto cambió después de un desplome de tierra ocurrido en Atenas.
En cuanto a la disposición de las gradas o del teatro en sí tenían una gran diferencia con los romanos. Los griegos construían sus teatros al lado de una ladera para no tener que construir una grada. Los romanos, por su parte, preferían escoger una zona llana para a partir de ahí elevar una grada. Aun así, hay que destacar que los griegos no empleaban la misma técnica de los romanos porque no sabían construir bóvedas.
Sobre la acústica y la visión desde las gradas hay que señalar que el conocimiento de las matemáticas de los griegos jugó un gran papel en su favor. Tras muchas investigaciones decidieron hacer el teatro en forma semicircular para lograr que la acústica fuera buena desde todos los sitios.
Antiguo teatro de Epidauro, Grecia, conocido por su excelente acústica.
En el mundo griego nace el edificio que comparte nombre con el arte: el teatro. Este tenía generalmente forma semicircular y estaba integrado en su entorno, con las gradas labradas en pendientes naturales y con buenas vistas que hicieran de telón de fondo: theatron, de hecho, significa “lugar para ver” y se refería solamente a la parte destinada a los espectadores.
Había una razón práctica para esta arquitectura en forma de medio cono, ya que aprovechaba la acústica natural y creaba una zona de resonancia. El teatro era uno de los entretenimientos favoritos de los griegos, accesible a todos sin distinción de clase o ciudadanía, e integrado en las ceremonias públicas y religiosas de la ciudad.
El teatro griego fue esencialmente un proceso de transformación de la tradición poética anterior, dotando las historias cantadas por los artistas ambulantes de un escenario, unos actores y un coro que se ocupaba de la música. Por ese motivo no es de extrañar que el núcleo del teatro griego sean las grandes historias del pasado, ya fueran reales o legendarias: los héroes, las guerras y la desigual lucha de los mortales contra el destino y los dioses.
Esquilo, Sófocles y Eurípides conforman la gran tríada de la tragedia griega, de cuyas obras proceden gran parte de las leyendas del mundo micénico como Heracles, el ciclo tebano y los destinos trágicos de los protagonistas de la guerra de Troya y sus familiares. A partir del siglo V a.C. se hizo también popular la comedia, realizada a menudo en forma de sátira para criticar las costumbres y actitudes de la sociedad.
Puesto que la educación era privilegio de unos pocos, los autores eran hombres instruidos, expertos en la dialéctica y la retórica, y a menudo trataban temas históricos, políticos y filosóficos, especialmente la guerra; Aristófanes, uno de los más famosos autores de comedia clásica, ridiculiza algo tan solemne para los griegos en su obra Lisístrata: en esta las mujeres se valen de la huelga sexual para forzar a los hombres a detener la guerra, algo que en la realidad seguramente no se habría resuelto de forma tan cómica.
Los personajes suelen ser arquetipos, es decir, modelos con una serie de características definidas -el sabio, el avaro, el criado, etc- que se comportan de forma similar en todas las obras. Esta característica se debe a que los autores griegos consideraban el teatro como una manera de educar y no importaban tanto los personajes como aquello que representaban: una obra era una puesta en escena de valores representados mediante los personajes, por lo que estos últimos debían resultar fácilmente comprensibles.
Las máscaras, más que el actor, eran el alma de los personajes.
El Teatro Romano: Entretenimiento para las Masas
En cambio, en el mundo romano el teatro tenía una función y una consideración completamente opuestas a las que tenía en Grecia. Para los romanos era un simple entretenimiento, propio de las masas; y aunque los poderosos lo usaban convenientemente para ganar votos e influencia, veían con desprecio a aquellos que lo disfrutaban y especialmente a quienes lo realizaban.
Al contrario que los griegos, los romanos nunca dieron al teatro un valor moral; por ese motivo, desarrollaron mucho más la comedia. Su humor era, además, más burdo y burlesco que el griego, en busca de la risa fácil y la exageración. Igual que en el caso de los griegos estos personajes suelen ser arquetipos, pero con sus propias particularidades: en el teatro romano, manifiestan las actitudes privadas que un romano considerado decente debía disimular, como la promiscuidad de los maridos, los celos de las esposas y la avaricia de los militares y magistrados.
Y tal vez fuera por esto por lo que las clases altas miraban el teatro con desprecio y desconfianza: porque mostraba una cara de la sociedad completamente opuesta a los valores que en Roma se consideraban ejemplares.
Una consecuencia de esto era que los actores estaban considerados entre las profesiones indignas (infames), al mismo nivel que los gladiadores, los músicos, las bailarinas y las prostitutas. Los romanos consideraban que convertirse en el entretenimiento de otros representaba una infamia, es decir, una grave pérdida de honor y, con ello, de estatus social.
Teatro romano de Mérida, España.
Es por ese motivo que emperadores como Nerón, que cantaba para los senadores y el pueblo, o Cómodo, que se exhibía como gladiador disfrazado de Hércules, fueron tan despreciados. También por ese motivo los romanos no dieron casi ninguna importancia a la construcción de teatros durante la mayoría de su historia: estos consistían generalmente de estructuras de madera montadas para cada ocasión.
El primer teatro permanente, patrocinado por Pompeyo el Grande y hoy sepultado bajo edificios posteriores, no fue construido hasta mediados del siglo I a.C. De nuevo, los romanos más conservadores y moralistas veían con horror una actividad en el que las mujeres compartían espacio con los hombres y por ello el recinto estaba segregado por sexos, asignándoles a ellas los espacios posteriores para evitar posibles contactos “indecentes”.
El contacto con la cultura griega suavizó un poco este desprecio por el teatro, en parte gracias a la introducción de nuevos temas más heroicos. Esto contribuyó a despertar el interés de un público más variado e incluso animar a figuras como el filósofo Séneca a escribir obras.
A partir de la época imperial se construyeron numerosos teatros -copiados casi completamente del modelo griego-, especialmente en las provincias de cultura helénica. Les gustara o no, los emperadores y altos magistrados entendieron que era un método para ganarse el aprecio del pueblo y, además, eran considerablemente más baratos de organizar que los juegos romanos como carreras de carros y luchas de gladiadores.
A pesar de su gusto por la guerra, los romanos no compartían el estilo de los helenos y solían modificar bastante las obras para hacerlas más ligeras para el público latino: por ejemplo, era habitual que las historias griegas se organizaran en ciclos, que narraban una historia continua a lo largo de varias obras; los romanos tendían a condensarlas para contar una historia completa en una sola obra.
Esto implicaba deshacerse de las florituras del lenguaje, eliminar elementos como el coro y rebajar el dramatismo fatal propio de la épica griega; a pesar de algunos autores romanos como Terencio, que consideraban que esto destruía la esencia del teatro.
El Teatro en la Edad Media: Diálogo con Dios y el Diablo
El teatro en la Edad Media tiene contradicciones. Habla con Dios y el diablo y provoca e ignora las prohibiciones de la iglesia. Las representaciones en el recinto de las iglesias, constituyeron el punto de partida en la misa de las dos festividades cristianas más importantes, Pascua y Navidad. El altar entonces se transforma en escenario.
También en esta época las representaciones espirituales se desplazan de los pórticos de las iglesias a los patios de los monasterios y a las plazas de los mercados: a la luz del día, que les daba así colorido y originalidad. Se construían sobre el suelo podios de madera, llevaban imágenes vivientes en las procesiones y en algunos puntos del recorrido se ofrecían representaciones escénicas.
En la Edad Media aparecieron las corporaciones y los gremios. Se descubre el mimo y la comedia en todas sus variantes: en los carnavales, en las representaciones campesinas, en la farsa y en la sátira, en la alegoría y morales.
La Popularización del Teatro en el Renacimiento
En el Renacimiento se produce la liberación del individuo y el despertar de la personalidad. Gremios, corporaciones y gentes, fueron los transmisores de la cultura. Los impulsos teatrales propiciaron el cultivo humanístico y los dramas se popularizaron.
La línea divisoria para el “Renacimiento” del teatro, es el año 1486. En esta fecha los humanistas representan en Roma la primera tragedia de Séneca y el Duque de Ferrara, la primera comedia de Plauto. Y en este año también salieron a la luz los diez libros sobre la Arquitectura de Vitruvio, que contribuyó a reproducir el escenario y el teatro según el modelo de la Antigüedad.
El Teatro Barroco: Un Mundo en Escena
En el Barroco, el mundo se convierte en escenario, la vida en el teatro. Alegorías y mundanidad llenan los escenarios: palabras, versos, imágenes, cuadros, fines pedagógicos y empleo de la música. En el Barroco nació la ópera.
Su origen estuvo en Italia, traída por el mecenazgo de los Papas, príncipes, reyes y emperadores. Pintores y arquitectos muestran interés por ella y la apoyan. El Barroco es un período de transformación.
El Teatro Moderno y Contemporáneo
En el siglo XVIII se produce una alteración del orden social y del pensamiento, naciendo un nuevo postulado: el dominio de la razón. En este siglo prevalecen los pensamientos humanitarios, el entusiasmo por la naturaleza, las ideas de tolerancia y las filosóficas.
Con la Revolución Francesa, se juntaron todas las grandes emociones del siglo: pueblo, naturaleza, sentimiento, la razón, reclamando derechos humanos y ciudadanos. El teatro en este siglo fue apoyo en esta nueva sociedad convirtiéndose en cátedra de la moral.
En el curso de pocos años, surgieron en toda Europa teatros de la ópera y de espectáculos, con diferentes clases de localidades con forma de semicírculo o de herradura ante altos y grandes escenarios en forma de concha. El teatro tenía una construcción lujosa y ofrecía un moderado reflejo de la época.
En el siglo XX, apareció Bertolt Brecht, que formuló junto a Piscator las bases del teatro político, épico o dialéctico y dividió al teatro entre uno de énfasis social y un teatro puente entre la cultura clásica de Roma y Grecia, y la moderna que llamó ”teatro aristotélico”.
Brecht tomó una dirección pura. No quería despertar emociones, sino apelar a la razón crítica del espectador. Quería que su teatro proporcionara conocimiento, no experiencias. Brecht veía al hombre, como parte del mundo, con el que es necesario contar y como un instrumento para manipular.
Los signos representativos de su teatro son los suplementos textuales que comentan la acción pronunciada por un narrador y subtítulos sobre grandes tablas y proyecciones. Brecht de su contacto con el arte teatral chino a base de su teatro épico definió el “efecto distanciamiento”: este consistía en la total anulación de los medios de expresión habituales.
Se mantenía distancia entre actores y público, anulando la abstracción entre el escenario y el espectador, anulando las emociones y sin sentimentalismo. Su pretensión era despertar la conciencia crítica.
Educación moral, propaganda o simple diversión, el teatro desarrolló en la Antigüedad la mayoría de sus características que han perdurado hasta hoy, sumadas a las innovaciones realizadas a lo largo de los siglos. Ya sea para recordar las leyendas de hace milenios, para dar rienda suelta a la risa o para poner en escena las bondades y flaquezas del ser humano, es una parte esencial de nuestra cultura.
Seis Teatros Antiguos que Aún Siguen Activos
Antes de mencionar los seis teatros antiguos que en la actualidad siguen activos hablaremos sobre el teatro griego.
El primero del que hablaremos será el Odeon de Herodes Atticus. Se construyó durante la época romana, entre 160 y 174 d. C. y durante cientos de años estuvo desaparecido por completo bajo tierra. Lo redescubrieron en el siglo XIX y durante ese periodo trataron de reconstruirlo pero no fue hasta mediados del siglo XX, concretamente en 1955, cuando lo lograron.
El segundo será el teatro antiguo de Epidauro situado en el Santuario de Asclepio. Es conocido por su gran acústica y puede albergar a un máximo de 14.000 personas sentadas en las gradas. Una vez finalizó la Segunda Guerra Mundial este teatro empezó a usarse para representaciones de drama griego clásico, con actores griegos y extranjeros, y ocasionales actuaciones musicales importantes.
El tercero es el pequeño teatro antiguo de Epidauro, en el Peloponeso. Nunca ha podido albergar a más de 2.500 espectadores y dispone de 9 niveles con 18 filas de asientos. Lo construyeron en el siglo IV a. C. y fue redescubierto en 1970.
El antiguo teatro de Filipos situado en el norte de Grecia se fundó bajo el mandato del padre de Alejandro Magno, el rey Felipe II de Macedonia. Desde entonces se ha ido manteniendo y pasando de mano en mano en base de quién tenía el poder en cada momento. En este teatro se puede disfrutar del Festival de Philippi en el mes de julio y agosto.
El teatro de Tasos se construyó en el siglo V a. C. y siempre está en obras, aunque hay veces en las que sí se puede visitar.
El último teatro del que hablaremos es el teatro de la antigua Dion, muy cerca de Salónica. Se descubrió en el siglo XIX pero no empezaron la obras de excavación hasta el 1970. Aun así, no se pusieron a trabajar en serio o por lo menos con una estrategia de excavación hasta 1982.
A continuación, se presenta una tabla con información resumida sobre los teatros mencionados:
| Teatro | Ubicación | Capacidad Aproximada | Características Destacadas |
|---|---|---|---|
| Odeon de Herodes Atticus | Atenas, Grecia | N/A | Reconstruido en el siglo XX, sede de eventos culturales. |
| Teatro Antiguo de Epidauro | Epidauro, Grecia | 14,000 | Famoso por su acústica excepcional. |
| Pequeño Teatro Antiguo de Epidauro | Peloponeso, Grecia | 2,500 | Descubierto en 1970. |
| Teatro de Filipos | Norte de Grecia | N/A | Sede del Festival de Philippi. |
| Teatro de Tasos | Tasos, Grecia | N/A | En constante restauración. |
| Teatro de la Antigua Dion | Cerca de Salónica, Grecia | N/A | Excavaciones iniciadas en 1970. |
