Ana Bolena: Biografía de una Reina Trágica

Ana Bolena es una de las reinas más famosas de la historia, no solo por su matrimonio con Enrique VIII, sino también por su trágico final. Su historia, llena de intrigas, ambición y un amor obsesivo, ha capturado la imaginación de muchos a lo largo de los siglos.

La leyenda y Hollywood han pintado a Ana Bolena morena, ambiciosa y sofisticada, mientras que a su hermana María la han representado rubia, dulce e ingenua. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y fascinante.

Posible retrato de Ana Bolena.

Nacimiento y Primeros Años

Se sabe que Ana Bolena nació en Norfolk o en Kent en dos posibles fechas: o en 1501 o en 1507. Era hija de Sir Thomas de Boleyn y Lady Isabel Howard, futuros vizcondes de Rochford y condes de Wiltshire y Ormonde. La pequeña inició su formación intelectual con la previsión de casarse algún día con alguien vinculado a las posiciones más elevadas de los estamentos aristocráticos.

Ana poseía notables facultades para algunas disciplinas y, en este sentido, cabe destacar su hábil manejo de las artes escénicas. Siendo apenas adolescente declamaba con virtuosismo, interpretaba con pasión a los personajes teatrales del momento y recitaba poesía con su voz modulada y encantadora.

Con 12 años de edad fue enviada a Francia, donde permaneció tres años instalada en la corte del rey Francisco I convirtiéndose, gracias a su belleza y dulzura, en una de las damas de compañía predilectas de la reina Claudia. Sin embargo, en 1521 fue llamada para ocupar su sitio natural en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra.

Ascenso en la Corte Inglesa

En 1522 debutó en la corte de Enrique VIII, quien entonces estaba casado con Catalina de Aragón. Precisamente, en una reunión social donde actuó como actriz ante el soberano, se produjo uno de los flechazos más célebres de la Historia. Dicen que el orondo Enrique quedó subyugado ante el delicioso rostro de la doncella, no tardando en otorgar títulos y prebendas a la familia Boleyn en el intento de paralizar el inminente noviazgo de Ana con el guapo Henri Percy, rico heredero del condado de Northumberland.

Ella era el “glamour” personificado. Llamaba mucho la atención su esmerado vestuario, en el que siempre predominaban vestidos con mangas muy largas. Este detalle estético no sólo realzaba su estilizada figura, sino que además disimulaba los seis dedos que tenía en una de sus manos. Otro aspecto peculiar de la futura soberana era que poseía tres pechos, aunque éste extremo nunca se llegó a confirmar del todo.

La llegada de Ana Bolena a Londres fue espectacular. Los comentarios sobre su hermosura y refinada educación corrieron de boca en boca por las estancias palatinas. Pronto, el mismísimo monarca se fijó en ella para deleite de todos que veían en esa pareja la encarnación de las máximas aspiraciones británicas en clara contraposición al matrimonio del Tudor con la española Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos.

Gracias a un complicado baile que ejecutó, Bolena se convirtió en la mujer de moda pero no fue hasta tres años después que el monarca, quien también era amante de María Bolena, hermana de Ana, empezó a perseguirla. Cabe decir que ella se resistió a convertirse en su amante y finalmente el rey le propuso matrimonio, pidiendo a la vez la anulación de su compromiso con Catalina.

Por entonces, Enrique VIII y su primera esposa habían sido padres de una niña a la que llamaron María y que, en principio, a la espera de un varón, era la principal aspirante al trono inglés. Ahora, con Ana a su lado, se podía pensar en un príncipe de sangre inglesa y en la continuidad del linaje monárquico. Por eso no es de extrañar que determinados círculos apostaran con tenacidad por el enlace del soberano con su nueva conquista. A esto hay que añadir la fuerte personalidad de la Bolena: una mujer ambiciosa que no se contentaba, como su hermana, en ser concubina real, sino que aspiraba a ocupar con todas las consecuencias el trono de la vieja Albion.

Ana Bolena ascendió al trono y fue logrando gran poder en la sombra. De hecho, fue la primera plebeya inglesa en convertirse en noble por derecho propio tras recibir el marquesado de Pembroke a manos de su esposo.

Coronación de Ana Bolena.

Matrimonio con Enrique VIII

Enrique VIII, otrora convencido defensor de la fe católica, intentó repudiar a su primera esposa ante el papa Clemente VII con el frágil argumento de ser segundo plato, ya que Catalina era viuda de su hermano Arturo. Lo único cierto es que la española había sobrepasado con creces los 40 y ya era francamente difícil que pudiera dar un hijo varón al matrimonio. El pontífice, dominado por el emperador Carlos V –sobrino de Catalina de Aragón–, no quiso conceder el divorcio, asunto que asumió personalmente Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury. Con este gesto se desencadenaba un definitivo y terrible cisma religioso que desembocó en la proclamación del anglicanismo, una corriente crítica con el Vaticano liderada por el propio Enrique VIII quien, en enero de 1533, se casó en secreto con Ana Bolena, siendo ésta proclamada reina de Inglaterra en junio de ese mismo año.

Tres meses más tarde nacería, fruto de esta unión, Isabel, futura soberana de Inglaterra y última representante de la casa Tudor. Cuenta una leyenda popular que una bruja vaticinó a Ana Bolena que sería madre del gobernante más importante que tendría Inglaterra en su Historia y, razón desde luego no le faltó a la vidente, aunque se le pasó añadir que este mandatario sería femenino y no masculino, como anhelaba el rey.

Tras el nacimiento de Isabel, la futura reina de Inglaterra, la relación con su marido comenzó a enrarecerse. El rey se encaprichaba de otras doncellas de la corte con asiduidad y eso provocaba fricciones entre ellos. Además, Ana Bolena sufrió dos abortos seguidos con lo que el deseo de Enrique VIII de tener un hijo varón cada vez era más lejano. Así que urdió un plan para quitarse a su esposa de encima: acusarla de adulterio y ejecutarla.

Desde su boda, Ana dejó de ser un dechado de virtudes convirtiéndose en un ser irascible, provocador y caprichoso, asunto que terminó por desquiciar a su marido, siempre impaciente por conseguir a su heredero. Finalmente, tras el nacimiento de un varón que falleció a las pocas horas, la pareja acabó destruida.

Las Bolena: Pasión y Traición en la Corte | Bajo el reinado de Enrique VIII

Acusaciones, Encarcelamiento y Ejecución

El 2 de mayo de 1536, Ana, víctima de una conspiración, fue acusada de alta traición, incesto, adulterio y herejía. Todo ello seguramente infundado y promovido por la camarilla cercana al monarca, ya por entonces enamorado de quien sería su tercera esposa, Jane Seymour. Primero se detuvieron a diversos hombres, entre ellos al hermano de Ana Bolena, Jorge Bolena, y se les acusó de ser los amantes de la reina consorte. Algunos de ellos, bajo tortura, admitieron tales cargos, mientras que los que eran nobles, al no poder ser presionados bajo tortura, lo negaron todo y la exculparon a ella. Pero a pesar de eso, Enrique VIII cumpliría con su plan.

El 19 de mayo se cumplió la pena capital. Ana Bolena, con gran porte, se dirigió al cadalso colocando su estilizado cuello en el tajo. Previamente, había recogido su melena en un postrero gesto de humor negro. Murió con dignidad mientras pensaba en el futuro de su hija Isabel.

La mañana del 19 de mayo de 1536, Ana Bolena fue llevada a la Torre Verde para que tuviese una ejecución privada. Se mandó llamar a un espadachín francés de gran reputación para que la muerte de la que fuera reina no fuese dolorosa. Incluso se dice que el hombre fingió haber olvidado la espada para que la víctima creyese que aún le quedaban unos segundos más de vida y no esperase el golpe seco con el que la decapitaron.

Ejecución de Ana Bolena.

El Fantasma de Ana Bolena

Con un final tan injusto, ya que la documentación de la época prueba que todo fue un complot por orden del rey y que Ana Bolena no había cometido ninguno de los crímenes de los que se le acusaba, su figura pasó a convertirse en la de una mártir que a día de hoy sigue siendo recordada y honrada. Pero más allá de eso, según dice la leyenda, su fantasma decapitado, con la cabeza bajo el brazo, vaga por las instalaciones de la realeza británica y son muchos los que dicen haberla visto, sobre todo en la Torre de Londres. Según los informes que se tienen, habría protagonizado unas 30.000 apariciones, algunas de ellas recogidas por la prensa inglesa.

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