¿Cuándo Nace Vox Partido Político? Orígenes, Ideología y Evolución Electoral

En diciembre de 2013, un grupo de personas lideradas por Santiago Abascal fundaron en Madrid la formación de extrema derecha Vox. En aquel momento, no parecía más que otro pequeño partido ultra. Sin embargo, con ellos, toda España se subía a la ola neoconservadora que despertaba en Europa tras la crisis financiera de 2008.

Para un grupúsculo del ala dura de los populares en la capital, encabezada por Abascal, las políticas de austeridad impuestas por el PSOE y el PP habían empezado a ser consideradas tibias y servían como la perfecta excusa para crear desafección en una parte de la sociedad.

Su propuesta, una suerte de "Make USA great again" a la española aderezada con una buena dosis de catolicismo y patriotismo, permaneció arrinconada durante los primeros años de vida de la formación. Encontró su filón en la oposición al movimiento feminista, que el 8 de marzo 2018 llenó las calles del país bajo el lema "Si nosotras paramos, se para el mundo". A finales de ese mismo año, Vox entraba por primera vez en un Parlamento autonómico: Andalucía.

Actualmente, los ultraconservadores han acumulado más de tres millones de votos en las elecciones generales y han conseguido el bastón de mando en solitario en 33 municipios. También han consolidado su alianza con el PP, junto al que gobiernan en cinco capitales de provincia y seis comunidades autónomas. En todas ellas, los de Abascal presionan por imponer su agenda antifeminista, contraria a las políticas LGTBI+, la migración y la diversidad cultural, además de una política económica ultra liberal.

El camino no ha estado exento de purgas internas, que se han cobrado las expulsión de algunas de sus figuras más relevantes, como Macarena Olona o Iván Espinosa de los Monteros.

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Orígenes y Fundación

Vox se registró como partido político en diciembre de 2013. Abascal y compañía decidieron lanzarse a la arena política con la vista puesta en las elecciones europeas de mayo del año siguiente y la intención de recoger el voto del ala más conservadora de la derecha, que estaba desencantada con el Gobierno de Rajoy.

El fundador y actual líder de Vox había abandonado el PP hacía un mes, con una carta llena de reproches hacia Rajoy y la gestión de su Gobierno, especialmente por Cataluña y las políticas relacionadas con los presos de ETA. Pero Abascal no era el único miembro del partido que había criticado al ejecutivo de España en los últimos meses. El proceso independentista catalán había comenzado ya.

En noviembre de 2012 se celebraron elecciones anticipadas en Cataluña y Artur Mas llevaba un referéndum de independencia como punto estrella de su programa después de que Rajoy no aceptase un pacto fiscal. Aznar estuvo lanzando dardos a Rajoy durante todo ese tiempo. Así, a menos de dos meses del nacimiento de Vox y a un año del 9N, en octubre de 2013, ya cargaba contra su sucesor pidiendo “liderazgo” ante el conflicto catalán y que el Gobierno no se quedara “impasible” ni “en silencio”.

Parte de la derecha española, de la que formaban parte tanto Aznar como Abascal, pedía más mano dura ante el independentismo, pero no era lo único que le afeaban al presidente del Gobierno.

En el libro se agrupan los relatos de doce víctimas del terrorismo. Entre ellos el de Ana Velasco, hija del comandante del ejército Jesús Velasco Zuazola, asesinado por ETA, y una de las fundadoras de Vox. No se trata de una mera coincidencia. La otra gran crítica del ala dura del PP a Rajoy fue su gestión de las políticas relacionadas con las víctimas y los presos etarras. El aznarismo y la derecha española más conservadora, de nuevo, le acusaron de blando.

En ese contexto nace la nueva formación a la derecha del PP, que se presenta en sociedad el 16 de enero de 2014. Entre los fundadores no solo estaban Santiago Abascal, que había sido un peso pesado del PP en el País Vasco, y la propia Ana Velasco.

La relación de los fundadores de Vox con el PP, especialmente con el ala dura y la corriente más aznarista, era muy clara. En un primer momento algunos medios llegaron a definir al partido como una escisión de la formación fundada por Manuel Fraga porque, entre otras cosas, Abascal había llegado a ser diputado autonómico y presidente de Nuevas Generaciones en el País Vasco.

Abascal era hijo político de Aznar y también había tenido una gran relación con Esperanza Aguirre, quien le colocó como director de la Agencia de Protección de Datos de Madrid (APDM) cuando este se peleó con la nueva cúpula del PP vasco después de la marcha de María San Gil, a quien Aguirre también ofreció un cargo en la capital. La APDM fue suprimida en 2012 y entonces el nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, volvió a nombrar a Abascal para un cargo elegido a dedo: director de la Fundación de Patrocinio y Mecenazgo de la Comunidad.

Abascal no era el único que había sido nombrado para un cargo por un gobierno del PP ni el único que había militado en el partido. El Gobierno de Aznar eligió a María Jesús Prieto-Laffargue, otra de las fundadoras, como directora general del Instituto Nacional de Meteorología y José Antonio Ortega Lara, igual que José Luis González Quirós, aunque nunca pasó de afiliado de base, había militado en el Partido Popular. Este funcionario de prisiones estuvo más de 500 días secuestrado por ETA. Por lo cual, además, su célebre trayectoria como activista contra la banda terrorista también estaba más que clara.

Otro fundador con claros vínculos con el expresidente del Gobierno es González Quirós, que fue miembro del Consejo Asesor de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), la célebre fundación política presidida por Aznar.

Hay otros padres y madres del partido que no tienen claros vínculos anteriores con otras formaciones políticas. El ejemplo más claro es, seguramente, Cristina Seguí. Seguí representa la ideología más ultra y escorada a la derecha de Vox. Ella misma se define como “capitalista contra la corrección política y la ideología de género”, pero esta colaboradora de medios como Okdiario o Intereconomía, después de abandonar Vox por discusiones con otros miembros del Comité Ejecutivo Nacional, se ha ido acercando al Partido Popular.

Ignacio Camuñas, igual que Seguí o el destacado empresario y economista Enrique Álvarez López, es otro fundador de los que nunca había militado en el PP, pero sí que participó en la fundación de otro partido antes que en la de Vox. Camuñas fue uno de los padres de la UCD de Adolfo Suárez e incluso llegó a ser ministro de Relaciones con las Cortes en 1977. Invitado al Club Bilderberg en 1980, también ha tenido relaciones con el aznarismo.

Camuñas es patrono de la Fundación Valores y Sociedad, una organización presidida por Jaime Mayor Oreja y de la que María San Gil también es patrona. La Fundación Valores y Sociedad organiza multitud de actos junto a la Fundación Villacisneros; ambas entidades están muy vinculadas a la lucha contra ETA. María San Gil también es patrona de la Villacisneros, además de vicepresidenta. Entre estas fundaciones todo queda en casa.

Velasco es una vieja conocida de los medios. Es colaboradora de Libertad Digital, un medio en internet que tiene a Federico Jiménez Losantos como uno de sus accionistas de referencia y al que, según Bárcenas, el PP había inyectado más de 400.000 euros directos de la Caja B. La relación de Vox con el activismo de las víctimas de ETA está más que clara.

El propio Abascal en la carta en la que anunció el abandono de la militancia del PP, un mes después de la sentencia del TEDH, reconoció que eso había sido “la gota que colmaba el vaso”, aunque sus críticas fueron más allá y acusó a Rajoy de no actuar contra “la corrupción que había afectado al PP”.

Primeras Elecciones y Consolidación

Las elecciones al Parlamento europeo de 2014 fueron la primera cita electoral en la que los ciudadanos pudieron encontrar una papeleta de Vox entre las candidaturas de unos comicios. Su cabeza de lista era el exdirigente popular y cofundador del partido de extrema derecha Alejo Vidal-Quadras.

Sólo el 1,57% del electorado -246.833 personas- votó a Vox aquel año, insuficientes para que la formación llegara a participar en el concierto europeo.

Un año después, en las generales de 2015, los de Abascal también se quedaron lejos de las puertas del Congreso, con sólo el 0,23% de los votos que les proporcionaron 58.114 españoles. Sí consiguieron escaños Podemos y Ciudadanos, rompiendo por primera vez los equilibrios del bipartidismo.

A los partidos tradicionales les costó aceptar el nuevo marco político y ninguno de los candidatos de los dos grandes partidos -Rajoy por el PP, Pedro Sánchez por el PSOE- logró amarrar los 176 votos necesarios para la investidura, por lo que el 26 de junio de 2016 se volvieron a celebrar elecciones generales.

De nuevo, Vox se quedó fuera de la Cámara Baja, con sólo 47.182 votos. El 19 de julio daba comienzo la XII Legislatura, con un reelecto Mariano Rajoy (PP) al frente del Gobierno.

Tres eventos marcaron su presidencia. En primer lugar, la declaración unilateral de independencia en Catalunya el 1 de octubre de 2017, duramente reprimida en las calles y en los tribunales. Por otro lado, la crecida del movimiento feminista, que desbordó las calles en 2018 y puso en el centro del debate político la violencia sexual contra las mujeres.

Por último, la proliferación de casos de corrupción relacionados con el PP, que condujo finalmente a una moción de censura contra Rajoy y que dio la presidencia a Pedro Sánchez el 1 de junio de ese mismo año 2018.

Vox alcanzó su máximo histórico en la repetición electoral de 2019, sumando 3,6 millones de votos. Antifeminismo, tensión nacionalista y el desgaste de la derecha tradicional fueron los ingredientes de la receta perfecta para que los de Abascal subieran como la espuma en las generales de 2019. En abril de ese año, Vox entró por primera vez en el Congreso de los Diputados con 2,6 millones de votos -un 10,26% de los votos útiles- y 24 escaños.

No obstante, fue en la repetición electoral de noviembre de 2019 cuando la extrema derecha alcanzó su máximo histórico, añadiendo un millón de votos a su resultado anterior. En total, el 15,08% de los votos y 52 diputados. Esta burbuja ultra se ha desinflado en las últimas elecciones generales, celebradas en julio de 2023, en las que ha mantenido un suelo electoral importante al obtener el 12,39% de los votos -más de tres millones- y 33 escaños.

Esta pretendida renovación política puede sorprender y no solo por los años que llevaba Abascal en política, sino también por el cabeza de lista elegido: Alejo Vidal-Quadras. Ya desde la fundación de Vox se especulaba con la incorporación del popular, que era crítico con la deriva del partido a cargo de Mariano Rajoy.

“Fue una estrategia de comunicación que Alejo se sumase más tarde. Vidal-Quadras fue presidente del Partido Popular en Cataluña, puesto al que llegó después de haber sido nombrado líder de una gestora elegida directamente por Aznar. Vox obtuvo 246.833 votos en las europeas de 2014, pero esos sufragios no fueron suficientes".

Más de cuatro años después parece que Vox vuelve con fuerzas renovadas y lo hace con un liderazgo indiscutible, que recae en la figura de Santiago Abascal, y con la vista puesta, de nuevo, en las próximas europeas, que se celebrarán en mayo de 2019. La lista para el Parlamento Europeo, salvo sorpresa de última hora, en 2019 no volverá a estar encabezada por Vidal-Quadras.

Lo que no mencionaron en su carta de renuncia fue que las discusiones internas en el partido eran muy fuertes. Seguí, que había dejado Vox meses antes, acusó a González Quirós de lucrarse gracias al partido.

El partido creado a la derecha del PP se ha ido radicalizando en todos estos años. A la defensa de las víctimas de ETA y la lucha contra el independentismo catalán han sumado un discurso xenófobo similar al del Frente Nacional de Marine Le Pen. González Quirós, uno de los fundadores, define ahora al partido como “radical, identitario, xenófobo y antiinmigrantes”.

A pesar de ello, las relaciones y los piropos con el PP no han cesado. Ya decía Aznar en un mitin del PP en 2015: “Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Pablo Casado, que es un tío fantástico”.

Vox es una historia de éxito para sus promotores. En muy poco tiempo ha pasado de reunir menos de 50.000 votos a sumar más de tres millones y medio de sufragios. Pero para entender ese éxito “es imprescindible tener presente que Vox no surge de la ultraderecha sino del PP”.

La hipótesis del estudio plantea que “las raíces de Vox remiten a la fractura de dos sensibilidades o ‘almas’ que coexistían en el PP”. La primera, denominada “radical, no admite concesiones en los principios”, mientras que la otra, “guiada por la Realpolitik ”, se rige por “posiciones flexibles, juzgadas como claudicantes” por sus antagonistas.

Ahora bien, “la conversión del alma radical del PP en partido rival” es un proceso que distingue “tres etapas asociadas a cambios en la movilización de la derecha”. La primera correspondería a la ascensión del “alma radical en la última legislatura del Gobierno de Felipe González (1993-1996)”. La segunda etapa presenciaría su “cristalización en las movilizaciones contra el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero (2003-2008)”.

En definitiva, según Casals, “la irrupción de Vox no reside en una ultraderecha supuestamente escondida en el PP, sino en la escisión de un sector de su alma radical, que conoció una rápida mutación”. Pero para llegar hasta ahí, la derecha española ha vivido una atribulada trayectoria.

En el principio fue Alianza Popular, una federación de grupos conservadores que intentaban atraer el voto del “franquismo sociológico”. Tras el naufragio del centrismo de UCD, en 1982, AP “aglutinó el voto antisocialista” mediante una oferta de amplio espectro “en la que coexistían” centro derecha, derecha y ultraderecha, así como liberales y democristianos.

En ese escenario, y con el objetivo de derrotar a un PSOE en declive, el PP protagonizó la denominada “legislatura de la crispación” entre 1993 y 1996. Esa percepción también produjo tensiones “en el PP a raíz del acuerdo de Aznar con CiU” en 1997. Y el partido vivió una cierta crisis de identidad que se tradujo en la “escisión” de quienes “se sentían españoles y de derechas”: el PADE. Pero esa marca no tuvo éxito ante Aznar.

Esa radicalidad se vio reforzada por la derrota electoral del 2004, tras los atentados yihadistas del 11-M, cuya atribución a una oscura conspiración para favorecer a la izquierda constituyó una de la señas del ‘alma radical’ del PP. Junto a la ofensiva contra el Estatut, el PP encontró otras “líneas de choque” en el “republicanismo” del socialista Rodríguez Zapatero.

Más allá "del ideario socialdemócrata clásico", el nuevo presidente impulsó la “ampliación de derechos civiles”: matrimonio homosexual y leyes de violencia de género, interrupción del embarazo o memoria histórica. Frente a ello, las reacciones de “afirmación nacionalista española” generaron el nacimiento de Ciudadanos y UPyD .

Esa etapa consolidó en sectores del PP la imagen de que la izquierda representaba la “anti-España”, aliada del “separatismo y el terrorismo”. Pero esa “derecha combativa” no evitó una nueva victoria de Rodríguez Zapatero que llevó a Rajoy a un cambio de estrategia “y a huir del radicalismo”. El problema es que el centrismo de Rajoy fue juzgado una traición dentro del PP y lo enfrentó a figuras destacadas de la era de Aznar. Sobre todo porque, en paralelo, estalló el proceso soberanista catalán, que favoreció a los partidarios de la “recentralización”.

Vox se quedó a 1.740 papeletas de obtener escaño en Bruselas en las europeas del 2014, pero el PP ya había perdido más de 16 puntos con respecto a los anteriores comicios europeos, y eso dejaba “un potencial espacio de crecimiento a la derecha”. A partir de ahí, Vox logró atraer “a los críticos de la derecha con el régimen del 78”, que no anidaban en la atomizada ultraderecha sino en el ala radical del electorado popular.

Ese sector se había consolidado en las grandes protestas contra Zapatero y se reactivó con el gobierno de Pedro Sánchez. Sus componentes rechazaban el aborto y el matrimonio gay y defendían la abolición del estado autonómico ante la “derecha cobarde” del PP.

La elección de Pablo Casado en el 2018, tras la caída de Rajoy, y su anuncio de que el ‘alma radical’ del PP había vuelto, llegaba tarde y venía a legitimar aún más a Abascal, “consolidado ya de forma larvada como una oferta rival competitiva”. En definitiva, Vox asumía temas esenciales para el ‘alma radical’ del electorado popular y los “reformulaba” muy agresivamente y desde una “lógica pasional”.

En un primer momento algunos medios llegaron a definir al partido como una escisión de la formación fundada por Manuel Fraga porque, entre otras cosas, Abascal había llegado a ser diputado autonómico y presidente de Nuevas Generaciones en el País Vasco.

Vox ha asumido temas esenciales para el sector radical del electorado del PP y los ha reformulado agresivamente desde un "lógica pasional".

Evolución Electoral

Desde su fundación, Vox ha experimentado una notable evolución electoral, marcando hitos importantes en la política española:

  • Elecciones Europeas de 2014: 1,57% de los votos (246.833 votos).
  • Elecciones Generales de 2015: 0,23% de los votos (58.114 votos).
  • Elecciones Generales de 2016: 47.182 votos.
  • Elecciones Generales de Abril de 2019: 10,26% de los votos (2,6 millones de votos) y 24 escaños en el Congreso de los Diputados.
  • Elecciones Generales de Noviembre de 2019: 15,08% de los votos (3,6 millones de votos) y 52 escaños.
  • Elecciones Generales de Julio de 2023: 12,39% de los votos (más de 3 millones de votos) y 33 escaños.

Resultados de las elecciones generales de España de 2023 por provincia. Fuente: Wikipedia

Entrada en Parlamentos Autonómicos

Vox ha vivido tres ciclos electorales autonómicos desde su fundación. En el primero, entre 2015 y 2016, el partido no tuvo un impacto significativo. Sin embargo, en las elecciones autonómicas entre 2018 y 2020, Vox logró representación institucional por primera vez. El 2 de diciembre de 2018, en las elecciones al Parlamento de Andalucía, Vox obtuvo el 10,97% de los votos, lo que le proporcionó 12 escaños y fue crucial para que Juan Manuel Moreno Bonilla (PP) llegara a la presidencia.

Diputados de Vox en el Parlamento de Andalucía. Fuente: eldiario.es

En 2019, Vox entró en los parlamentos de País Valencià, Madrid, Murcia, Aragón, Asturias, Illes Balears, Cantabria y Castilla y León. En 2020, también obtuvo representación en el parlamento de Euskadi.

En la tercera ronda de elecciones autonómicas, Vox no solo se ha consolidado en todos los parlamentos autonómicos (a excepción de Galicia), sino que ha llegado al gobierno de siete de ellos. El primero fue el de Castilla y León, donde los de Abascal pasaron de un escaño a 13 en las elecciones de 2022. Gracias a ellos, consiguieron negociar con el PP la vicepresidencia, ahora en manos de Juan García-Gallardo (Vox), además de cuatro consejerías.

Después de las autonómicas de 2023, Vox y PP han repetido esta alianza en Illes Balears, País Valencià, Extremadura, Aragón, Murcia y Cantabria.

Presencia Municipal

El partido de extrema derecha tiene una escasa implantación territorial: sólo tiene una presencia relevante en municipios grandes y capitales de provincia. Paradójicamente, únicamente ha logrado gobernar en solitario en pueblos de la España vaciada, otrora feudos del PP.

Las primeras elecciones locales en las que Vox hizo acto de presencia fueron las de 2015 y sólo en 28 pueblos consiguieron superar el 3% de los votos. Sin embargo, se llevaron la alcaldía de tres pueblos, los burgaleses Moncalvillo y Cardeñuela Riopico y el vallisoletano Barruelo del Valle. En 2019, añadieron a esta lista otras cuatro localidades: Vita (Ávila), Roales (Zamora), Hontecillas (Cuenca) y Navares de las Cuevas (Segovia).

Tras las municipales del 28 de mayo de 2023, Vox gobierna en 33 pueblos, la mayoría con menos de 1.000 habitantes. Actualmente, el partido de extrema derecha tiene 1.637 concejales repartidos por los consistorios de todo el territorio nacional.

Financiación Pública

El incremento de la representación institucional que ha experimentado Vox en los últimos años ha conllevado un aumento de la financiación pública que percibe acorde a lo estipulado legalmente. En el caso de las formaciones con presencia parlamentaria, la asignación mensual recibida es proporcional al número de escaños poseídos en cada una de las dos cámaras que conforman el Parlamento español -Congreso y Senado-.

De esta forma, los 33 diputados conseguidos en 2023 en la Cámara Baja retribuirán a Vox unos 1,7 millones anuales. Además, cada año los partidos políticos reciben del Ministerio del Interior una subvención en concepto de gastos de seguridad y financiación ordinaria.

En 2019, la ayuda recibida por los de Abascal era tan sólo de 3,5 millones de euros, mientras que en 2020 se disparó hasta los 9,6 millones, para estabilizarse en los 8,4 millones anuales entre 2021 y 2023. Así se refleja en la Base de Datos Nacional de Subvenciones (BDNS) del Ministerio de Hacienda y Función Pública consultado por Público.

El portal del organismo público también muestra las subvenciones recibidas por el partido y los grupos municipales y autonómicos de Vox desde 2019, último año del que se ofrece información tal y como establece la regulación de la BDNS. Desde entonces y según la información volcada por las diferentes administraciones públicas, las distintas formaciones agrupadas bajo el paraguas de Vox han sumado, como mínimo, entre 4 y 11,5 millones de euros anuales.

Estas cifras son un punto de partida, ya que en el listado no aparecen todas las administraciones públicas en las que el partido de ultraderecha consiguió representación, a pesar de que, como ha informado Hacienda a este periódico, "tanto las comunidades autónomas como las entidades locales están obligadas a suministrar información de las subvenciones y ayudas públicas que concedan".

Quedan fuera de esta operación las ayudas a los gastos en publicidad y propaganda electoral que reciben los partidos después de la campaña electoral.

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