El Nacimiento y Evolución del Nacionalismo: Un Análisis Detallado

El nacionalismo, una ideología política moderna, ha moldeado el panorama mundial desde su surgimiento. Para entender su complejidad, es crucial repasar su evolución histórica y sus diversas manifestaciones.

¿Qué es el NACIONALISMO? - Resumen | Definición y características.

Orígenes Medievales y la Crisis de la Iglesia

Si nos preguntamos por el origen del nacionalismo quizás podamos remontarnos al final del Medievo cuando la única institución universal, que había configurado la realidad europea, entró en una profunda crisis y acabó rompiéndose. En efecto, la Iglesia-que garantizaba el mismo suelo para todos los europeos-se fragmentó en buena medida a causa del nacionalismo, fundamentalmente el alemán, que encontró en Lutero una bandera en torno a la cual unirse. Además, los reyes (España, Francia, Inglaterra) tendieron a extender su poder a la nación.

Mapa de Europa en 1300.

La Revolución Francesa como Catalizador

La Revolución Francesa (1789) contribuyó decisivamente a desencadenar el nacionalismo en Europa, pues la defensa de la Revolución se hizo en nombre de la nación francesa: la fidelidad ya no era a una casa (los borbones), sino a la nación.

El Congreso de Viena y el Romanticismo

Tras las guerras napoleónicas el Congreso de Viena impuso un sistema difícilmente sostenible, ya que suponía la vuelta al pasado. Además, la mecha nacionalista había prendido, especialmente en Alemania en el entorno universitario (Fichte, Herder) donde se desarrollaron profusamente las ideas del nacionalismo: desde el estudio del folklore (volk es pueblo) a las reflexiones sobre la nación-pueblo en política, propiciadas por la fragmentación alemana (que nunca había sido una nación, sino un conglomerado de principados unidos lingüísticamente. Años más tarde Thomas Mann diría que Alemania estaba donde se encontraba él, refiriéndose a la lengua alemana, claro. De hecho, el cosmopolitismo no era una idea antinacional). Así, pues, el movimiento romántico, con la reivindicación del sentimiento y del pasado, tuvo una influencia decisiva en el surgimiento y fortalecimiento del nacionalismo.

El caminante sobre el mar de nubes, una obra que plasma el espíritu del Romanticismo.

Un botón de muestra: cuando el compositor polaco Chopin, instalado el París, interpretó su polonesa opus 53 (Heroica) los asistentes, en buena parte oficiales polacos, se levantaron de sus asientos gritando: “¡Mientras esta música suene en nuestros corazones la nación polaca no desaparecerá!”.

Tipos de Nacionalismo: Disgregador y Unificador

El movimiento nacionalista tomaría dos direcciones: una disgregadora y otra unificadora. En el primer caso encontramos al Imperio Austro-Húngaro, un verdadero cúmulo de diferentes nacionalidades: húngaras, checas, polacas, alemanas, serbios, rumanas, italianas, croatas, eslovenas, eslovacas… sin olvidar la importante presencia judía. Las tensiones se irán traduciendo en una serie de conflictos, en buena medida revolucionarios, muchos de ellos promovidos por las sociedades secretas (no sólo italianas y alemanas), que acabarán generando nuevos países. Debe tenerse presentes que, frente al Imperio, el nacionalismo tenía tintes liberales.

Mapa étnico del Imperio Austrohúngaro.

Encontramos, además, la disgregación del Imperio Turco, la Sublime Puerta, no sólo por intereses nacionales, sino también coloniales. Bajo la bota turca había europeos (griegos, serbios, rumanos y búlgaros) que, además, profesaban el cristianismo (en contraste con las prácticas mahometanas de turcos y albaneses). Los románticos (Byron) tomarán parte en los procesos de independencia de los estados europeos.

Fue en Turquía donde el nacionalismo comenzó a mostrar su faz verdaderamente siniestra: el genocidio armenio (por otra parte, la Sublime Puerta tenía sometidas a numerosas etnias, por llamarlas así, del Próximo Oriente, que se irán separando de Turquía en buena parte por las ambiciones coloniales rusas e inglesas). Por otra parte, como nacionalismo disgregador puede mencionarse el de las naciones que estaban sometidas a otras: Irlanda (Gran Bretaña), Noruega (Suecia), Finlandia, Estonia, Polonia… (Rusia) y algunas otras regiones alemanas sometidas a Dinamarca.

En segundo lugar, el nacionalismo unificador con Alemania e Italia. Tanto las transformaciones económicas como las sociales, religiosas y culturales contribuyeron a que las diversas naciones fueran tomando cuerpo político con el paso del tiempo.

Unificación Italiana y Alemana: Dos Casos de Estudio

Vamos a simplificar un poco: en Italia, que no sólo estaba divida en diferentes estados, sino que se encontraba también sometida a la intervención de potencias extranjeras (Austria y Francia) el nacionalismo y la unificación aparecen asociados a los movimientos liberales revolucionarios impulsados por la burguesía. Ciertamente, la ideología de fondo conocía matices (no es lo mismo Garibaldi que Cavour o Manzzini que Gioberti), pero en última instancia los objetivos principales eran casi idénticos, de forma que no fue difícil agrupar a la nación italiana en torno a la figura de Víctor Manuel II (en buena medida por la política realista de Cavour: la expulsión de los austríacos era necesaria para conseguir la unificación).

Mapa de la unificación italiana.

Ciertamente, hubo resistencias: los Estados Pontificios (garantizados militarmente por la Francia del Segundo Imperio) y Nápoles, en el que no habían triunfado las revoluciones. El romanticismo desempeñará aquí su papel: Garibaldi y sus camisas rojas que recuerdan, tristemente, a otras camisas de color menos vivo. Inteligentemente, Cavour usará a Francia para expulsar a los austríacos; hará que su rival, Garibaldi, se encargue de reducir la resistencia de Nápoles y, por fin, la crisis del Segundo Imperio permitirá que los nacionalistas ocupen e integren los Estados Pontificios, que existían al menos desde el siglo VIII, en la Italia reunificada-sin que nadie sepa con exactitud qué significa el prefijo “re” en este contexto, pues Italia nunca había sido una nación.

El caso alemán es distinto, quizás más claro, pero no menos complicado. Alemania se encontraba dividida en reinos, principados, territorios sometidos a Austria y algunas ciudades libres. Las invasiones napoleónicas, como se ha dicho más arriba, habían exaltado el sentimiento nacional alemán (recuérdese, por ejemplo, a Beethoven y su Heroica); en las universidades el nacionalismo había ido tomando auge a la vez que se creaban sociedades secretas cuya finalidad era la unificación alemana.

La Confederación Germánica en 1815.

Hasta 1848 el proceso de unificación alemán se desarrolla en segundo plano, por así decir, al compás de los grandes cambios económicos, demográficos y sociales experimentados por los diversos estados alemanes. De hecho, en las revoluciones de 1830 el nacionalismo desempeñó un papel importante.

Por otra parte, el Estado que será el eje de la unificación, Prusia, aceleró sus cambios e incluso políticamente sobrepasó el peso austríaco, pues la burguesía prusiana y los junkers (la nobleza terrateniente prusiana con marcado carácter militar) favorecieron la unificación (lógicamente, el luteranismo fue un ingrediente importante frente al catolicismo austríaco). De hecho, la Unión Aduanera (Zollverein: 1828) se hizo en torno a Prusia, que pasó a ser el reino dominante entre los estados alemanes; esa Unión dio preponderancia política a Prusia, que tomó como bandera la unificación de todos los alemanes (reivindicaciones sobre territorios polacos y franceses). La Revolución de 1848 aceleró el proceso llegando incluso a elegirse un parlamento (de tendencia liberal y democrática, pero que en la práctica fue inoperante). Lógicamente, de algunos esperaban un Estado liberal y democrático, mientras que otros parecían preferir una Alemania autocrática.

Nombrado Otto von Bismarck canciller, el objetivo de Prusia será desde 1861 conseguir la unificación alemana y un Estado fuerte. Exclusión de la católica Austria del proceso de unificación. El proceso será imparable y se realizará en una serie de acciones militares, guerras, que finalmente llevarán a la consolidación de la unidad alemana. Bismarck demostró una clarividente voluntad política: aliado con Austria consigue la derrota de Dinamarca y, así, incorporar los ducados de Shleswig-Holstein. Posteriormente, declara la guerra a Austria aliándose con los italianos, empeñados en expulsar a los austríacos de su territorio. La batalla de Sadowa puso fin a una contienda que apenas duró más de un mes.

Si había conseguido la neutralidad de Inglaterra, Francia y Rusia, en 1870 Bismarck conseguirá la neutralidad inglesa (comunicación a los ingleses de las pretensiones francesas sobre Bélgica) y, aprovechando la ocasión de la sucesión española, iniciará una guerra con Francia, que desata la euforia nacional. La batalla de Gravelotte, pero sobre todo la de Sedán, fueron una auténtica debacle para los franceses (fin del Segundo Imperio y anexión de Alsacia y Lorena) y llevó a Alemania, liderada por Prusia, a la cabeza de los estados europeos. Aprovechando este clima eufórico, Guillermo I fue proclamado en 1871 Káiser de Alemania. Es el II Reich Alemán.

El Nacionalismo en el Siglo XIX: Liberal vs. Conservador

El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un Estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Los liberales intentaron sustituir los viejos Estados absolutos de súbditos por Estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa.

El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una liberal, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras, aunque es fácil encontrar en muchos movimientos nacionalistas una mezcla de principios de una y otra.

  • Nacionalismo Liberal: Defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba, buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo.
  • Nacionalismo Conservador: Consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones.

El Nacionalismo Español: Un Recorrido Histórico

Cuando se habla de nacionalismo en España siempre dirigimos nuestras miradas a los nacionalismos sin Estado, es decir, los nacionalismos catalán, vasco y gallego, obviando que existe otro que no es periférico, sí tiene Estado, y que está viviendo en los últimos años un claro resurgir, de la mano del Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Nos referimos al nacionalismo español. Hagamos un breve recorrido sobre su historia hasta el franquismo con el fin de entender parte del renacido españolismo.

El nacionalismo español surge, en gran medida, en las Cortes de Cádiz, es decir, viene asociado al primer liberalismo, en reacción, además al dominio francés, como ocurrió en otros lugares de Europa. En la Constitución de 1812, la nación española es definida como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. La nación sería libre e independiente y no patrimonio de persona o familia alguna, rompiendo con el concepto patrimonial del Estado del Antiguo Régimen. La soberanía residiría en la nación, por lo que solamente a ella le correspondería el derecho a establecer leyes fundamentales. Sería, por fin, obligación de la nación la conservación de los derechos legítimos de todos los ciudadanos.

Pero, posteriormente, las Constituciones del reinado de Isabel -1837 y 1845- obviaron que la nación fuera sujeto -o su representación parlamentaria- del Estado. La situación cambió en el Sexenio Democrático, con el texto constitucional de 1869, fruto de la Revolución “Gloriosa” del año anterior, porque se retomó con fuerza la soberanía nacional en el mismo preámbulo. Ya no era el rey o reina el que decretaba y sancionaba la Constitución, sino la nación española.

En la época de la Restauración surgieron los regionalismos y los nacionalismos sin Estado, primero reivindicando las particularidades culturales de sus regiones y luego planteando reivindicaciones políticas autonómicas o de mayor calado. La crisis del 98 y del sistema político de la Restauración exacerbaron la cuestión nacionalista en todos los sentidos. Por un lado, cobraron fuerza los nacionalismos sin Estado al presentar alternativas de organización del Estado y estimularon, por contra, que el nacionalismo español encontrara argumentos para reaccionar, al considerar a aquellos como un serio desafío a un principio sagrado: la unidad de España.

Estas formulaciones del nacionalismo español formaron parte del discurso en la propia guerra civil del sector sublevado y llegaron al paroxismo en el franquismo, el sistema político más genuinamente nacionalista español de toda la época contemporánea y que liquidó las expresiones nacionalistas no españolistas, que no comenzaron a recuperarse hasta los años sesenta en el País Vasco y en Cataluña, con formulaciones y en contextos diferentes.

La española no es la única de las identidades nacionales que desde el siglo XIX componen el Estado español. El catedrático e historiador Álvarez Junco atribuye a las élites burguesas, en su mayoría liberales, el éxito de haber encontrado en el mito de la nación un efecto movilizador contra el invasor francés.

Tabla resumen de los nacionalismos en España

Nacionalismo Origen Características Acción Política
Español Cortes de Cádiz (siglo XIX) Asociado al liberalismo, defensa de la unidad de España Reacción contra nacionalismos periféricos
Catalán Movimiento catalanista (primera mitad del siglo XIX) Reivindicación de mayor autogobierno Moderada, buscando autogobierno dentro del Estado
Vasco Finales del siglo XIX (Sabino Arana) Fundamentado en la identidad propia de los territorios vascos PNV (Partido Nacionalista Vasco)
Gallego Territorios de Galicia y el Bierzo Identidad propia de Galicia Partidos de izquierdas, BNG (Bloque Nacionalista Galego)

El nacionalismo catalán tiene su origen en la materialización política del movimiento catalanista surgido en la primera mitad del siglo XIX. Históricamente, desde su faceta más moderada, el nacionalismo catalán ha reivindicado mayor nivel de autogobierno dentro del Estado. El nacionalismo vasco nace a finales del siglo XIX siendo Sabino Arana uno de sus principales ideólogos. Casi toda su acción política se ha centralizado en el PNV (Partido Nacionalista Vasco). Fundamentado en la identidad propia que comparten los territorios de la actual comunidad autónoma de Galicia y el Bierzo (León). La acción política del nacionalismo gallego ha sido llevada a cabo principalmente por partidos de izquierdas, el principal de ellos el BNG (Bloque Nacionalista Galego).

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