La música y el entretenimiento están llenos de figuras que, con su talento y personalidad, han dejado una marca imborrable en la cultura popular. Desde ídolos de la canción hasta críticos influyentes, su legado perdura a través de generaciones.
El querido Divo de Juárez, Juan Gabriel, ha recibido todos los honores, y no por andar repartiendo coca. Tiene mucho sentido que Pitbull tenga las llaves de Miami, pero Juanga tiene las de Buenos Aires, El Vaticano, Madrid y Asunción. La versión en vivo en el Palacio de Bellas Artes de “Hasta que te conocí” lo dice todo en sus 25 minutos de dolorosísima fiesta mexicana. Adoro su ambigüedad. Lo adoro vestido de charro, maquillado como fichera y cantando las canciones que más me hacen llorar en el planeta. En el corazón podrido de cualquiera hay lugar para jurar “Amor eterno” a Juanga. Sin parámetros establecidos, yo le daría las llaves de mi casa.
Juan Gabriel - Abrázame Muy Fuerte (En Vivo Desde Bellas Artes, México/ 2013)
Fey nació en 1973. Debutó en tele a los diez años. Aunque fue una estrella infantil de Televisa, Fey debutó realmente con su disco homónimo en 1994, entre el levantamiento zapatista y la muerte de Colosio, y claro, aparentaba ser adolescente. Ese 1994, parteaguas de la historia de México, sonaba a “Mi media naranja” y “Gatos en el balcón”, existía la feymanía en México. Su carrera ascendió durante el gobierno de Zedillo, éxitos cómo “Ni tú ni nadie” y “Azúcar amargo” que la volvieron permanente referencia de la música de boda de toda una generación. Durante los sexenios panistas, Fey lanzó tres álbumes que me fueron irreconocibles, y de los cuales ya no fui target. Pero, en 2013 rompió récords con su gira “Todo lo que soy”.
Mi decepción con la carrera de Fey es que nunca perdió públicamente, como las estrellas infantiles de Disney. Debutó joven, luego fue una superestrella y ahora continúa una vida de estrella pop madura, dignificada y muy espiritual; nunca se rapó, ni tuvo problemas públicos de abuso de drogas, no salió desnuda en ninguna revista. Terrible carrera, eso sí. ¿Recuerdan que estuvo casada a un güey de Magneto? Siguiendo los pasos de Britney y Justin.
Nada más ver una foto suya me pone de buenas: ¿Qué pedo con él? ¿Tenía una anormalidad metabólica/hormonal que le impedía agüitarse? Creo que su capacidad de asimilar la filosofía de banqueta sólo era superada por su habilidad para volverla motivo de celebración. En el mundo de Chico Che se puede hablar de la voluntad autodestructiva (“¿Qué culpa tiene la estaca / si el sapo brinca y se ensarta?”, decía) sin perder el ritmo con que se mueve el bote, antes de pasar a la siguiente broma genial. La muestra más obvia de esto es cómo tomó la versión mexicana del Muro de las Lamentaciones ochenteras (la crisis económica) para nombrar a su banda. Otra, la forma en que echaba mano del mismo entusiasmo para meterse unos pases que dos litros de chocomilk.
Al contrario de tanta música pop que sólo trata de imponer la alegría como una consigna vacía, las canciones de Chico Che trazan toda una cosmovisión y llevan implícita una metodología para adoptarla. Con todo el beat del mundo, además. Si fundara una iglesia, lo propondría como primer candidato a la canonización.
Afortunadamente Robert Smith no ha alcanzado a aquella mujer etérea que desaparece entre los árboles del bosque. Y es que más de 30 años después, el tipo sigue inspirado por esa chica oruga inalcanzable, haciendo grandes canciones y cultivando esa congruencia artística que muchos de sus contemporáneos quisieran mantener. Detractor del nihilismo social del punk (alguna vez declaró que sid Vicious era un caso trágico y no un héroe), Robert Smith, desde sus inicios, trasladó esa furia a terrenos más introspectivos y de paso, fue artífice del goth y creador de un estilo que transitó por diversos senderos de metamorfosis, pero siempre con actitud y sello propios. En su momento, superó al pop plástico que lo rodeaba por la época y convirtió a The Cure en un género aparte, en un estilo de vida que a pesar de alguno que otro tropezón por la empedrada calle de la fascinación, hizo del tipo, un mito de la música. Sí, muchos quisiéramos que hubiera envejecido así de elegante como Bryan Ferry o Bowie, pero digamos que sin el maquillaje y la introversión dejaría de ser Robert smith, para convertirse en un simple mortal.
Ella sí es una de las mejores personas que han vivido en este planeta. Fue la primera crítica de pop en escribir para New Yorker, y colaboró también para Rolling Stone y Village Voice antes de que se volvieran portadas bonitas de catálogos de productos “para chavos”. Plasmaba con un lenguaje experto y emocional sus pensamientos sobre la música, por la cual tenía la misma pasión que por el feminismo, y la misma introspección y conflicto con los que hablaba del judaísmo. Murió en 2006 pero sus escritos (muchos de ellos compilados en los recientes libros Out of The Vinyl Deeps y The Essential Ellen Willis) siguen siendo completamente actuales e inspiradores.
Estas figuras, cada una a su manera, han contribuido a enriquecer el panorama cultural y musical, dejando un legado que sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas y admiradores.
